No hemos pasado hambre. No hemos pasado frío. Incluso muchos somos hijos de quienes no conocieron la miseria más cruda. Nuestra educación fue ley, no privilegio. Teníamos más de un par de zapatos. Varios pares, incluso, en cada temporada. Luz eléctrica. Agua corriente potable incluso para ducharnos. Nevera. Cocina. Jabón. Supermercados. Sanidad pública. Vacunas. Discúlpenos, señor Barbería. Discúlpanos, Historia.
Nos ha llegado el momento de arrepentirnos. De arrepentirnos de haber nacido en este sistema, en este tiempo. Porque ahora no podemos mantenerlo.Hemos mamado que, lo bueno, es "vivir bien". Tener tu casa, enorme, a ser posible tu casa en la playa. Tener más, cada vez más. Muchas veces nuestros padres tenían más de lo que tuvieron los suyos y nos hicieron creer que nosotros podríamos lograr más y más. Nos han transmitido la importancia de poseer y poseernos2.
Nos han hecho -la cultura actual, no tanto los padres- desear más y más. Tus chalés, tus viajes, tu yate, tus fiestas privadas, tu spa, tu todo. Nos quieren hacer desear vivir como Bekham. Como Carla Bruni. Como Bill Gates. Como quieras, pero con todo lo que puedas.
Nos han educado en la cultura del esfuerzo. Si te esfuerzas, lo consigues. Pero nadie nos ha enseñado por qué cosas merece la pena esforzarse y, como hemos tenido tanto al alcance de nuestras manos, hemos perdido la perspectiva sobre lo que significa el esfuerzo por la LIBERTAD durante nuestra juventud. Y nos hemos creído que, por lo que había que esforzarse, aquello por lo que merecía la pena el esfuerzo, era "vivir mejor". Porque, en los últimos 30 años, los de MI GENERACIÓN, ha aumentado la calidad de vida cada vez más, como bien indicaba usted, señor Barbería.Pero mientras la calidad de vida crecía, la calidad laboral descendía. Y ya no vale el "qué-quieres-ser-de-mayor" con el que crecimos, porque todos sabemos que, con suerte, seremos pulgas que saltan de empleo inestable a empleo inestable. Todo el esfuerzo que nos habían inculcado, el que hicieron nuestros padres para estar donde están, el que nos habíamos creído que nos ayudaría, no ha servido para nada. En parte precisamente porque la educación está al alcance de todos. Ya no vale sólo con esforzarse. Nos encontramos con salarios insuficientes para precios exorbitados3.
La cultura del esfuerzo ha muerto. De hecho, nunca existió. Y no existirá hasta que dejen de existir los ricos. No hablo de comunismo, por Dios. Digo lo
s ricos de verdad. Hablo de limitar el liberalismo rampante. Hablo de los indecentemente ricos. Hablo de la cultura que subyace en nuestra sociedad. Hablo de que mientras exista este sistema de valores, el de educar hacia querer ser archihipermegarico, no será viable la cultura del esfuezo. Nos han hecho creer que tenemos que llegar a ser como ellos4, cuando, en realidad, no hace falta. Nos han hecho creer que limitar la riqueza de una persona está mal. Que si tiene "su" dinero, mejor para él. Que si fuera "nuestro" dinero no querríamos que nos pusieran límites por arriba. Por debajo sí. Eso es fácil y populista. Pero, ¿por arriba? No, eso mataría la cultura del esfuerzo.Estoy empezando a pensar que eso es mentira. Todo el sistema de valores que nos han creado está mal. No hablo ya de capitalismo-comunismo-liberalismo-socialismo-blablaismo. No. Hablo de valores. De lo que nos hacen pensar que está bien o mal, de lo que nos han enseñado que debemos desear u odiar.
Perdónenos, señor Barbería, nos hicieron creer que "desear vivir mejor que nuestros padres" significaba "desear tener más y mejor que nuestros padres". Perdónenos por habernos creído que merecía la pena estudiar/trabajar y por habernos decepcionado cuando hemos llegado a una realidad en la que no existe la recompensa, sino la suerte; mientras nuestros padres no paran de decirnos "lo duro que era antes". Discúlpenos por ser tan jodidamente apáticos. Pero es que ya no nos lo creemos.Y que nos perdone la Historia si nos perdemos entre los posos de esa desidia que nos han quedado en nuestra taza vacía -ni siquiera medio vacía- cuando dejamos de creer en las recompensas. Que nos perdone si permitimos que la apatía nos venza y pensamos que no podemos cambiar la realidad. Que no merece la pena el esfuerzo. Perdónanos, Historia, si se nos olvida cómo se lucha. Perdónanos si resultamos ser una generación perdida, que asume la realidad como inamovible y desiste de intentar cambiarla. Hacia dónde irás, Historia, si empezamos nosotros a perder la fe en que merezca la pena plantearnos qué será del futuro. Cómo deslumbrarás si nosotros nos creemos que no podemos fraguarte.
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1 Empieza hablando de lo que él define como "ni-ni", jóvenes que ni estudian ni trabajan, para después adentrarse en una reflexión sobre la crisis de valores de la juventud actual. Lo de los "ni-ni" y el titular quedan en mera anecdotilla de intento curiosón del periodista, al que, por lo general, admiro bastante como profesional.
2 Sólo poseyéndonos a nosotros mismos podremos ser libres.
3 Y a mí, que me lo expliquen: en qué momento un euro empezó a valer 100 pesetas en el mercado, y cuándo 100 euros se convirtieron en 10.000 pesetas. Y por qué el Gobierno no controló ni hizo amagos por amarrar el TIMO absoluto que ha supuesto la implantación del euro en relación a los precios.
4 No hablo sólo de "famosos", también hay inventores, brokers, estafadores, científicos y artistas inmensamente ricos, por enumerar algunas opciones.

