viernes 24 de junio de 2011

Spreading #spanishrevolution

Era martes, 17 de mayo, y salí del trabajo súper emocionada camino hacia Sol, donde había quedado con mi chico. Según iba acercándome, temía que hubiese tan poca afluencia como el día anterior. Pero nada más llegar me dio un vuelco algún órgano vital interno al ver que había cerca de dos mil personas, la mayoría jóvenes pero de edades diversas, asegurando que los poderes políticos no les representaban. Me emocionó muchísimo pensar que verdaderamente había una corriente crítica con el sistema y cargada de sentido común, sin llegar a los extremos políticos que tanto me agotan.

Saqué la Blackberry y subí al Rodilla para empezar a inmortalizar todo aquello. Cuando bajé habían cerrado la planta baja. Me metí en el tumulto y empecé a fijarme en la cartelería. Atendí al Speaker que hablaba de la falta de representación política y de la organización de la concentración. Propusieron hacer grupos asamblearios por la noche para que todos pudiesen hablar, y después asamblea general. Me pareció genial, porque así verdaderamente se podría construir un discurso unificado a raíz de las opiniones de muchos. Estaba feliz. Por fin la gente reventaba e incluso a mi, que estaba bastante Roberpierre, me calmaron y me convencieron de que incluso siendo pacíficos podríamos cambiar algo.

Me fui a casa a cenar y a por ropa de abrigo y una manta y volví a Sol. Di una vuelta, y me senté en una de las asambleas de las comisiones. Aún se estaba decidiendo cómo se organizaría aquello y qué hacía cada comisión, así como cuáles hacían falta. Y empecé a desmontar los mitos que estaban surgiendo en el ambiente externo a Sol. En efecto, allí no había nadie que pidiese abstención, se hablaba mucho de la necesidad de un cambio en la ley electoral y de la falta de opciones políticas, así como de la cantidad de dinero destinado a los privilegios políticos y que podría aprovecharse en otro tipo de políticas. El 22M no resultaba ser más que el detonante, el contexto, en el que surgía el movimiento. Pero ya desde entonces yo tuve claro que no era una “revolución” que pretendiese nada con respecto al 22M, sino que se iba mucho más allá.

Hablábamos de la castración política que sufríamos, porque la política, en España, resultaba ser como el fútbol. No puedo hablar por España, ni siquiera por los españoles, pero sé que quienes allí pasábamos la noche en vela, nos planteábamos que esta falta de representatividad no era un problema puntual y personificado en figuras clave de la política, sino que era un problema sistémico. Y, por primera vez, nos sentamos, de un lado, de otro, tanto los habituados a la crítica como los que no, tanto los más leídos como los menos, de diferentes tendencias y, sobre todo, nos sentamos los con sentido común y no sólo los extremistas, a charlar y plantearnos, simplemente, que esta no era la forma en la que queríamos vivir nuestra faceta política. Simplemente, había hecho erupción un concepto hasta entonces sólo latente en la sociedad: que vivimos en un sistema representativo mediante el que muchos no nos sentimos representados, y que durante años habíamos otorgado a nuestros políticos lo más poderoso: la impunidad de nuestro silencio.

Aquella semana la pasé prácticamente 24/7 con el corazón en Sol y la cabeza en el Congreso. Me dediqué a hacer ver a todo el que conocía que podíamos hacer algo para cambiar el sistema y a desmontar la mitología que surgía en torno a aquello. La Junta Electoral de Madrid negó el permiso para la concentración el miércoles. Tuve que trabajar casi hasta las ocho, pero volví, y llovía, pero dio igual El miércoles me encontré a tanta gente conocida allí que no podía creer lo que estaba creciendo aquello. El jueves, sin embargo, empecé a escuchar radicalismos desde los altaoces que me parecía que iban a romper con la unión tan impresionante que habíamos conseguido (cuando les oí gritar "Hasta la viktoria" (lo gritaron con ka, seguro) desde los altavoces después de ensalzar el comunismo me llevaba las manos a la cabeza de que depsués pretendiesen argumentar que aquello intentaba recoger a todas las tendencias políticas, y de paso me acordaba de mis amig@s venezolan@s, a los que yo considero prácticamente refugiados políticos en España, independientemente de que yo sea bastante roja, creo que hay que tener cuidado y cultura con los mensajes que se expresan desde los speakers. Por otra parte ya desde el miércoles empezaba a oir hablar de la abolición del sistema de partidos y la democracia directa, lo que me parece, personalmente, muy impracticable, aunque me parece muy interesante, espero sacar el rato para explicar porqués).

Dato al margen, el día anterior a las elecciones, de hecho, trasladamos la despedida de una gran amiga a @acampadasol y la convertimos en una #despedidadereflexión.

Aún así, y aún hoy, sigo feliz de lo que ocurrió, porque se removieron conciencias. Porque hicimos lo que teníamos que hacer, y verdaderamente se construyó una masa crítica.
Yo voté en las elecciones del 22M, porque creo que, desgraciadamente, la democracia es el mejor de los sistemas excluyendo los que no existen (precisamente por eso no me parece bien que una minoría muy minoritaria bloquee las decisiones en el sistema “asambleario por unanimidad” que trataron de establecer en Sol). Pero de lo que pasó después del 22M intentaré escribir otro post, que seguramente sea el más crítico, porque adelanto desde ya que, si bien el fondo es bueno, las formas no siempre han sido las mejores. Pero tengo que darle un buen rato a ese post porque este llevaba en borrador más de un mes y me ha costado la vida acabarlo. Ahora mismo tengo la cabeza en otras muchas cosas, a ver si ahora que he resuelto mi primera deuda con este post me pongo a contároslas.


Yo, el 22M ejercí el voto responsable. Nada más identificarme, me puse la mascarilla de nuevo, agarré las papeletas y las eché, como cada año, en “urna rota”.