martes 9 de agosto de 2011

Acosta, las carreteras y la piedra de la ignorancia

Mi primer fin de semana en Costa Rica lo pasamos en Chirraca de Acosta, con mi familia tica. La carretera es bastante jodida pero, con perspectiva, no es para tanto. Es una carretera de montaña, de subida, con muchísimas curvas, aunque posiblemente lo más peligroso es que algunas partes del pavimento están resquebrajadas (e inhabilitadas con señalización), tengo entendido que debido a las fuertes inundaciones que se dieron el año pasado, que causaron desprendimientos y aludes de tierra por la zona. Es de dos direcciones y hay que ir con muchísimo cuidado para ver a quién le toca el turno de paso por la parte de la calzada que no está hundida. Parece que cuando uno está de viaje, si es que a esto mío lo puedo considerar viaje y no vida en sí, se empeña en mostrar sólo imágenes bellas de todo.
Creo que una de las principales carencias de este país son las infraestructuras de transporte. No sólo porque haya inundaciones y lluvias tropicales y terremotos y esas cosas, que también. Pero no. No es sólo eso. Hay un importantísimo factor humano. Mientras más tiempo paso aquí más me convenzo de que no se puede culpar a la naturaleza del subdesarrollo.
Para empezar, tengo entendido que hace entre quince o veinte años (no sé la fecha exacta) algún gobernante en el clímax de su lucidez decidió clausurar buena parte de la infraestructura ferroviaria del país (me cuentan que debido a la corrupción, ya que él tenía intereses compañías de autobuses), que lo atravesaba de este a oeste. Cuando los siguientes gobernantes quisieron recuperarlo, la selva había devorado las vías, por lo que se hace prácticamente imposible recuperarlas, y la inversión necesaria para reconstruirla es elevadísima, ya que no tuvo mantenimiento durante lustros. Y sigo con mi disertación sobre el subdesarrollo:
La carencia de infraestructura ferroviaria, como es lógico, supone que el transporte de mercancías se realice en su mayoría por carretera. Por si no lo sabéis, el firme de la carretera se construye con una resistencia limitada (lógicamente), que se calcula en función de la presión que ejercen los neumáticos sobre el asfalto, que a su vez depende de la presión de inflado de las ruedas, que es más alta cuando más peso lleva el transporte (por rueda) y que, como imaginaréis, es muy alta en los camiones. Los camiones desgastan muchísimo las carreteras (esto también podéis observarlo en España, que las carreteras más desgastadas son las que tienen mayor tránsito de camiones) y en un país forzado al transporte por carretera (como es este) el firme sufre muchísimo y necesitaría un mantenimiento claramente impagable. Las carreteras duran poquísimo en buen estado, y claro, son muchísimo más caras, no da tiempo a que se amorticen. Además, tardan décadas en contruir vías anchas (estilo autovías), por lo que el tránsito para el que estaban calculadas en su proyecto (a lo mejor hace 30 años) no tiene nada que ver con el tránsito que soportan cuando se acaban (ahora). Cuando sufre el transporte de mercancías y personas, sufre absolutamente toda la economía del país de una forma aberrante.
Todo impulsado por un caprichito de mala gestión humana.
Al fin, conseguimos llegar a Acosta. Debían de ser las ocho de la tarde del sábado cuando empecé a quedarme dormida en el sofá. Aún me cuesta acostumbrarme a tantas horas de noche cerrada antes de que llegue la hora de acostarse.
La zona es preciosa y, por primera vez, estuve entre cafetales, en una caminata matutina. Yo ni siquiera sabía que aquella planta tan común era café. La vegetación era impresionante, pero desde entonces hasta hoy ha pasado tiempo, y en realidad he encontrado nuevos favoritos. La que muestro a la entrada del post es una "bandera" entre otros arbustos, esa es enorme, debía de tener cerca de un metro de largo.
El domingo hice uno de mis famosos arroces, y pasamos la tarde tomando café, mimosas y margaritas, mientras jugábamos a una especie de "Trivial" tico, pero lineal, de forma que avanzas hacia la meta si sabes la respuesta a la pregunta. La familia había añadido al juego "la piedra de la ignorancia", que jugaba como un jugador invisible y avanzaba cuando nadie conocía la respuesta a las preguntas. Así, el juego no era sólo contra los otros, sino más bien de todos contra la ignorancia. Creo que esto expresa mucho sobre ellos. Verdaderamente, la ignorancia es una piedra -no sólo cultural, sino humana y política- que avanza por nuestros errores y prácticamente imposible de derrotar si no es entre todos.

1 comentarios:

M. San Felipe dijo...

Me uno a la piedra de la ignorancia. Me temo que será difícil ganarla :S