miércoles 4 de enero de 2012

Navidad en Costa Rica

Sois varios quienes me habéis preguntado qué tal mis navidades fuera de casa.
Todo bien, chicos, aquí también, cada vez más, está mi casa. He intentado no pensar demasiado que era navidad. Ha sido fácil, porque en San José ha salido en Sol, ha dejado de llover y hay un clima que me recuerda a todo menos al invierno. Además a mediados de diciembre estuvimos en el Caribe, en Puerto Viejo, de ahí es la imagen que os dejo, y esa figurilla que camina en la playa desierta de personas soy yo. Ese atardecer paseamos por playas tan vírgenes que daban pudor, y encontré una poza, en la orilla, en la que vivían pequeños peces de colores. Meti los pies y allí estuve, mirándolos revolotear tranquilamente entre mis tobillos, como media hora. Tranquila, disfrutando. Vimos aves de zancos largos y bandadas de polluelos en tierra. Disfruté muchísimo caminando prácticamente sola por la orilla (prácticamente, con mi chico a lo lejos, echando fotos, como siempre que puede).
Nada más lejos de una estampa navideña, así que la nostalgia no hizo estragos los días previos a navidades.
Y llegaron los días clave.
El día 24 fuimos a cenar con la madre de mi chico (y su pareja, al que he ascendido a "padre honoris causa" de mi chico) y el día 25, invitamos a comer al padre de mi chico y a su esposa, hermano (+1) a casa.
En Nochebuena cocinó el "honoris causa", que es una persona dulce, meticulosa y un tanto ácrata, que estoy aprendiendo a querer mucho. Estuvo todo delicioso, pero fue una comida tan diferente que tampoco me supo a navidades. También comimos tamales que había cocinado mi suegra. Eché de menos las cenas en casa de mi tío Miguel, y a los locos de mis primos haciendo chistes entre verdes y amarillos, a mis primas, mis sobrinos y sobre todo los guisos y las salsas de mi tía Cris y mi madre. Y a mi madre, claro. Pero nada grave, tampoco.
Para el 25 hice un pavo, al horno. Hice el relleno el 24, lo rellenamos, le hicimos un takatekote y lo guardamos, para hacerlo despacio (durante 4 horas) el día 25. Quedó tan rico que no sé si sabré repetirlo en otra ocasión.
En realidad sí noté que me faltaba mi familia pero de forma subconsciente, porque, por primera vez desde que mi familia tica me recibió aquí, en navidades no tenía ganas de verles. Sentía ganas de estar sola con mi chico, de no acercarme a nada que pareciera una familia. Ahora, unos días después, imagino que eso era una (injusta) reacción a que, en realidad, echo de menos estar con mi familia, su forma de ser, su forma de pensar y de sentir, de ver el mundo en general, y no quiero que ese papel intente siquiera suplirlo nadie más.
En nochevieja tomamos las uvas, pero como a las doce y diez de costa rica, y dando las campanadas en una botella de chardonnay espumoso riquísimo que me había regalado la directora de la película que estoy desarrollando y que decidí llevar ese día a compartir con la familia tica. Fue muy bonito que la madre de mi chico se acordara de comprarlas. Y fue genial ver sus caras de alucine tomándose una uva cada cinco segundos, como algo suuuper raro, y mi chico, con el cronómetro, dando cucharadazos en la botella de chardonnay, y olvidándose de dar el duodécimo: él se comió la uva número doce sin darnos el toque, y todos nos quedamos como bobos mirándole como diciendo "¿¡y el 12º chin!? ¡Me salté uno!".
El día 25 subimos a Acosta y, de regreso a San José, estaba el cielo tan estrellado que le hice prometer a JotaPe que me llevaría a ver las estrellas una noche. El 26 volvimos a Acosta, bien abrigados y equipados, y nos detuvimos entre los caminos de cafetales a mirar el cielo. Es hermoso ver estrellas que no se ven en España, pero me dio rabia que no estuvieran algunas de las que yo reconozco con facilidad. Estuvimos mirando el cielo y haciendo fotos, varias horas. Vimos bichejos y escuchamos coyotes. Las luces dispersas de las casas bajas de las montañas, a lo lejos, parecían también estrellas, pero pegadas en la superficie de la tierra.
El 16 de febrero vienen mis padres a visitarme a Costa Rica. No sé cómo explicar el torrente de sensaciones que me produce su visita. Este año es bisiesto, y querían estar conmigo en mi cumpleaños.
Creo que arranco con decisión y energía. Creo que va a ser un gran año. Pero en fin, poco a poco.
Piano, piano, si va lontano.

1 comentarios:

Josele Ruiz dijo...

Veo que para ti también va a ser un gran año, o por lo menos compartimos sensación. Brindo por ello desde el frío Torrejón

Josele