lunes 16 de enero de 2012

Una exiliada feliz

El marido de una de mis mejores amigas de Madrid, hoy ya mi amigo, hacía hoy noche en San José, de paso hacia Tegucigalpa, por trabajo. Me contactó desde España para ver si cenábamos y llevo toda la semana entusiasmada.
Hoy le he visto y el tiempo no ha pasado. Le llegaban las ojeras hasta la sonrisa. Eso: cansado, pero divertido como siempre. Le enseñamos la moto, cenamos una hamburguesota, charlamos de trabajo, de Fraga y del habichuelín que crece ahora dentro de la barriga de mi amiga, su esposa.
Le dejamos en su hotel y nos volvimos a casa.
Me hace sentir mucho más cerca de casa.
Que las distancias no son tantas y el tiempo no importa.
Me hace feliz y me da mucha paz.
Y encima me ha traído queso, turrón y aceitunitas; para acompañar el guijuelo de recebo que me llegó esta semana.
Hoy vuelvo a ser una exiliada feliz.