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viernes, 24 de junio de 2011

Spreading #spanishrevolution

Era martes, 17 de mayo, y salí del trabajo súper emocionada camino hacia Sol, donde había quedado con mi chico. Según iba acercándome, temía que hubiese tan poca afluencia como el día anterior. Pero nada más llegar me dio un vuelco algún órgano vital interno al ver que había cerca de dos mil personas, la mayoría jóvenes pero de edades diversas, asegurando que los poderes políticos no les representaban. Me emocionó muchísimo pensar que verdaderamente había una corriente crítica con el sistema y cargada de sentido común, sin llegar a los extremos políticos que tanto me agotan.

Saqué la Blackberry y subí al Rodilla para empezar a inmortalizar todo aquello. Cuando bajé habían cerrado la planta baja. Me metí en el tumulto y empecé a fijarme en la cartelería. Atendí al Speaker que hablaba de la falta de representación política y de la organización de la concentración. Propusieron hacer grupos asamblearios por la noche para que todos pudiesen hablar, y después asamblea general. Me pareció genial, porque así verdaderamente se podría construir un discurso unificado a raíz de las opiniones de muchos. Estaba feliz. Por fin la gente reventaba e incluso a mi, que estaba bastante Roberpierre, me calmaron y me convencieron de que incluso siendo pacíficos podríamos cambiar algo.

Me fui a casa a cenar y a por ropa de abrigo y una manta y volví a Sol. Di una vuelta, y me senté en una de las asambleas de las comisiones. Aún se estaba decidiendo cómo se organizaría aquello y qué hacía cada comisión, así como cuáles hacían falta. Y empecé a desmontar los mitos que estaban surgiendo en el ambiente externo a Sol. En efecto, allí no había nadie que pidiese abstención, se hablaba mucho de la necesidad de un cambio en la ley electoral y de la falta de opciones políticas, así como de la cantidad de dinero destinado a los privilegios políticos y que podría aprovecharse en otro tipo de políticas. El 22M no resultaba ser más que el detonante, el contexto, en el que surgía el movimiento. Pero ya desde entonces yo tuve claro que no era una “revolución” que pretendiese nada con respecto al 22M, sino que se iba mucho más allá.

Hablábamos de la castración política que sufríamos, porque la política, en España, resultaba ser como el fútbol. No puedo hablar por España, ni siquiera por los españoles, pero sé que quienes allí pasábamos la noche en vela, nos planteábamos que esta falta de representatividad no era un problema puntual y personificado en figuras clave de la política, sino que era un problema sistémico. Y, por primera vez, nos sentamos, de un lado, de otro, tanto los habituados a la crítica como los que no, tanto los más leídos como los menos, de diferentes tendencias y, sobre todo, nos sentamos los con sentido común y no sólo los extremistas, a charlar y plantearnos, simplemente, que esta no era la forma en la que queríamos vivir nuestra faceta política. Simplemente, había hecho erupción un concepto hasta entonces sólo latente en la sociedad: que vivimos en un sistema representativo mediante el que muchos no nos sentimos representados, y que durante años habíamos otorgado a nuestros políticos lo más poderoso: la impunidad de nuestro silencio.

Aquella semana la pasé prácticamente 24/7 con el corazón en Sol y la cabeza en el Congreso. Me dediqué a hacer ver a todo el que conocía que podíamos hacer algo para cambiar el sistema y a desmontar la mitología que surgía en torno a aquello. La Junta Electoral de Madrid negó el permiso para la concentración el miércoles. Tuve que trabajar casi hasta las ocho, pero volví, y llovía, pero dio igual El miércoles me encontré a tanta gente conocida allí que no podía creer lo que estaba creciendo aquello. El jueves, sin embargo, empecé a escuchar radicalismos desde los altaoces que me parecía que iban a romper con la unión tan impresionante que habíamos conseguido (cuando les oí gritar "Hasta la viktoria" (lo gritaron con ka, seguro) desde los altavoces después de ensalzar el comunismo me llevaba las manos a la cabeza de que depsués pretendiesen argumentar que aquello intentaba recoger a todas las tendencias políticas, y de paso me acordaba de mis amig@s venezolan@s, a los que yo considero prácticamente refugiados políticos en España, independientemente de que yo sea bastante roja, creo que hay que tener cuidado y cultura con los mensajes que se expresan desde los speakers. Por otra parte ya desde el miércoles empezaba a oir hablar de la abolición del sistema de partidos y la democracia directa, lo que me parece, personalmente, muy impracticable, aunque me parece muy interesante, espero sacar el rato para explicar porqués).

Dato al margen, el día anterior a las elecciones, de hecho, trasladamos la despedida de una gran amiga a @acampadasol y la convertimos en una #despedidadereflexión.

Aún así, y aún hoy, sigo feliz de lo que ocurrió, porque se removieron conciencias. Porque hicimos lo que teníamos que hacer, y verdaderamente se construyó una masa crítica.
Yo voté en las elecciones del 22M, porque creo que, desgraciadamente, la democracia es el mejor de los sistemas excluyendo los que no existen (precisamente por eso no me parece bien que una minoría muy minoritaria bloquee las decisiones en el sistema “asambleario por unanimidad” que trataron de establecer en Sol). Pero de lo que pasó después del 22M intentaré escribir otro post, que seguramente sea el más crítico, porque adelanto desde ya que, si bien el fondo es bueno, las formas no siempre han sido las mejores. Pero tengo que darle un buen rato a ese post porque este llevaba en borrador más de un mes y me ha costado la vida acabarlo. Ahora mismo tengo la cabeza en otras muchas cosas, a ver si ahora que he resuelto mi primera deuda con este post me pongo a contároslas.


Yo, el 22M ejercí el voto responsable. Nada más identificarme, me puse la mascarilla de nuevo, agarré las papeletas y las eché, como cada año, en “urna rota”.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Before #spanishrevolution

Volvíamos de Setúbal (Portugal) mi hermano Arthegarn, mi cuñada, mi chico y yo. El día anterior había sido la boda de mi hermana Zylgrin (que fue preciosa).
Era un domingo, 15 de mayo. Para quien no lo sepa, mi chico no sólo es extranjero sino que es extracomunitario. Mi cuñada iba dormida y, no sé muy bien cómo (supongo que por las elecciones) Arth y yo empezamos a explicarle la historia de la "democracia" en España desde la transición. Cualquiera que nos conozca a Arth y a mi puede suponer que nuestras visiones tienden a ser contrapuestas en política. Pero, a la hora de la verdad, de contar lo que ya es "historia", inexplicablemente los hechos tendían a imponerse con su realidad común. Tal vez fueron dos horas de conversación. Creo que no exagero.
Y es que, si uno se para a pensarlo, hay que ver lo que ha sufrido mi país con sus políticos. No hay ni uno sólo que no haya traicionado a quienes alguna vez le apoyaron. Millones de personas dejaron de sentirse representadas por el PSOE de Felipe González (recordemos el "qué hay de lo mío, felipe"). Millones de personas (incluso quienes pensaron que lo había hecho admirablemente en su primera legislatura) se volvieron rabiosamente contrarias a la política del PP de "Ansar" en sus últimos años (¿hace falta recordar Irak y las "AMD"?) y, ahora, millones de personas nos dejamos de sentir representadas por Zapatero, en quien, en su día, verdaderamente creímos (y que nos ha respondido cruzándose de brazos).
Recuerdo que en mi paso por la Universidad tuve unas cuantas gordas por ser crítica con la política de Zapatero, porque entre ciertos grupos había tanto simplismo que criticar a Zapatero equivalía para ellos a apoyar al Partido Popular. Claro. Y yo me preguntaba, ¿TAN arraigado está el bipartidismo en España? Repetí y repetí, que estos no eran socialistas, ni izquierdistas. Que eran izquierdosos. Que no hacían la política que yo quería o esperaba. Pero seguía imperando, entre mis compañeros, la POLÍTICA del "conmigo o contra mí". "¿Y entonces qué, PP?". Y a mi me enrabietaba hasta los tuétanos esa actitud.
Ya en 2008 yo criticaba que ZP negase la crisis, para muestra, un botón. Y os puedo asegurar que había una buena panda de "izquierdosos" para quienes simplemente eso era ser "pro-PP". Y ya estaba yo cansada de que la política en España fuese como el fútbol, que o eres del Madrid, o del Barsa, o del equipo de tu pueblo. O del Atleti, tal vez, este último muy loable pero ante el que todo el mundo te responde que si "te gusta sufrir". Creo que hay un claro paralelismo con los partidos políticos (PP-PSOE-regionalistas-minoritarios).
Vuelvo al coche, por la A5, en un atasco. Hablándole a mi chico de política, de la ahora tan renombrada Ley D'hondt, del bipartidismo, de la falta de representatividad, de las tragedias de España... y nos enteramos de la manifestación por la radio, que está teniendo lugar en Madrid, de "unos cuantos miles de indignados por el sistema político". Empezamos a oír hablar del "no nos representan".
Cuando llegamos a casa, es tarde. Organizamos la cena mientras me sigue doliendo España.
Al día siguiente, lunes 16, ví los trending topics de twitter. Indagué, y me enteré de que unos cuantos seguían en Sol, y que había convocada una protesta-asamblea a las 20.00. Estaba feliz. Por fin la gente salía a la calle. Se iba a liar. "Voy para allá, a echar una mano, a ver qué hace falta". Salí lo antes que pude del trabajo, pasé a por mi chico y tiré para Sol.
Cuando llegué, había allí cerca de 300 personas junto a la cristalera de Cercanías. Menuda decepción. En el centro del corrillo, un muchacho con un megáfono. No había forma de oír nada. Se iban proponiendo cosas sobre el movimiento, se hablaba sobre la falta de representación a través de los partidos políticos, sobre la crisis, sobre los políticos. "Mierda, lo que necesitan es megafonía. Así no podemos hacernos oír. Mierda. Tendríamos que ser miles, y aquí no hay ni 500. Qué le pasa a mi generación. Cómo puede ser que no esté todo el mundo en la calle cuando deberíamos estar tomando la Bastilla. Mierda de país. Mierda, mierda, mierda". Se me empezaron a aguar los ojos. Mi chico me agarró la mano. Sabía que me dolía el alma por la decepción. Yo esperaba una "reacción", esperaba poder decirme "por fin".
Cuando nos fuimos, vi que a menos de 70 metros había un "stand" del Partido Popular (en Sol, junto al caballo) con micrófono y altavoces. Con su musiquita y su blablablá. Me dieron ganas de arrancárselo para dárselo a los ciudadanos que intentaban hacerse oír junto a la cristalera. "No tenemos los medios para competir con esto", esto está fallando, no, no, no...
Finalmente deshecha por la falta de asistencia de gente, por "todo lo que la gente pasa de lo que pasa en España", le dije "vámonos". Subimos hacia casa por la calle Preciados. Había allí más gente mirando escaparates que la reunida en Sol. Otro bajón.
El martes 17, desperté y leí que habían desalojado a los acampados de Sol. Y ya me rebelé del todo. A las siete estaba fuera del trabajo yendo hacia el centro. Esto no podía seguir así. Aunque fuésemos sólo 300.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ni nini ni leches

Hoy El País ha iniciado una serie de artículos sobre aquello que el director del Fondo Monetario Internacional ha querido llamar "lost generation": la mía. Y aunque no servirá de nada no puedo mantenerme al margen.
Estoy cansada de que gente que no tiene ni puta idea de aquello por lo que estamos pasando se permita el lujo de ponernos en el microscopio y escribir la historia. No hablo por El País, que esta vez (por fin) ha intentado aproximarse al tema desde dentro. Hablo de personas como el Strauss-Kahn de las narices, que tiene la osadía, sentado en su butaca de doscientosmil euros, de llamar "lost generation" a una enorme cantidad de personas que cada día se deja la piel en conseguir sus sueños. Y estoy cansada de la gente, que desde sus trabajos de dos mil euros al mes, nos dicen que dejemos de perseguir lo imposible y que nos resignemos a la realidad. Una mierda, señores, se coman ustedes en sus platitos de porcelana. Estoy cansada del darwinismo político social raído de esta peña basado en el lema de "el que se adapta sobrevive". "Deja el cine, métete a cajera y confórmate con pagar tus facturas". "No investigues, vete a la empresa privada que se gana más y se cobra seguro". "No pierdas el tiempo escribiendo tu novela, métete de maquetador en la web de un diario". Hace falta ser corto de miras.
He de aclarar que hace años que defiendo que "la felicidad es la capacidad de ajustar tu nivel de expectativas a la realidad". Pero eso no quiere decir rendirse. Rendirse no es una opción, es no tener opción. Hay que saber hacerlo, de acuerdo, y sobre todo hay que saber respetarlo y respetarse a uno mismo a pesar de rendirse. Pero de ahí a que "todo valga" hay un paso muy grande.
La humanidad avanza a base de sueños, señores. De conseguir algo que hoy para nosotros era imposible, y que mañana estará a la orden del día. Luchar por aquello que uno persigue es lo único que nos salva de ser una generación perdida. En el momento en el que todos nos rindamos, seamos conformistas con la realidad, sólo en ese momento, estaremos verdaderamente perdidos. No sólo nosotros, también quienes vengan detrás y tal vez hasta quienes vinieron delante. La naturaleza de la juventud debe ser plantearse el sistema en el que vive y luchar por uno mejor. Es algo que no debemos perder, ni mucho menos nos dejemos vencer por la desidia. Que alguien piense un poco en la Historia. En cómo empezó la Revolución Francesa, por ejemplo. Que busquen los porqués de los grandes avances sociales y filosóficos de la humanidad. Pocos fueron por decir "bueno, esta es la realidad, me vale, me da igual, no puedo hacer más por ello".
Por supuesto que estamos sobrecualificados. Desde el momento en que el acceso a la educación no es un privilegio, sino una Ley, esto se vuelve más jodido. Cada vez, en términos relativos, hay más gente con carrera. Obviamente es más difícil encontrar un curro cualificado si la oferta de curros cualificados anduviese más o menos como antes (no digo ya con la crisis). Ahora es más jodido y mucho más competitivo que era. Y si no les gusta a los de "con todo lo que luchamos nosotros por el Estado del bienestar" pues que no lo vean. Pero vamos, es lógica pura.
Adaptarse no significa dejar de luhar por lo que consideramos necesario. Significa saber cambiar de estrategia. Admitir cuándo fallamos e intentarlo por otro camino. Y eso es algo de lo que esta generación, Mi Generación, sabe mucho más de lo que es consciente. Quieren vendernos que nos quedamos ojipláticos y maniatados ante la adversidad. Pues que me digan quiénes, porque yo, que conozco muchos de mi generación, creo que no conozco a ninguno de esos "ni-nis" que dicen que abundan: que ni estudian, ni trabajan, ni les interesa porque "oh dios mío hay crisis y no puedo ser X como estudié, entonces no hago nada".
Es cierto que hay gente vaga o que tiene tanta suerte que no sabe valorar lo que tiene. Pero curiosamente, y lo veo mucho, coincide mucho más con aquellos que tienen curro sin habérselo curra'o que con aquellos que no lo tienen...
Pero qué queréis que os diga; mi amiga La Vaga (dos carreras, casi tres idiomas, cursos, iniciativa y buena educación) emigra en busca de fraguar su futuro fuera de España. Mi querido Orsonbuels va a meterse a editor para poder seguir escribiendo. Mi amiga Laura se niega a trabajar gratis porque sabe lo que vale su trabajo y, aún con eso, se busca mil estrategias para salir al paso sin traicionarse a sí misma. Podría llenar folios y folios de gente válida que se busca la vida por caminos alternativos para llegar a lo que quieren. ¿Perdida? No, amigos, tal vez buscando su sitio, pero cada vez con las cosas más claras sobre a dónde van y, sobre todo, de dónde vienen. Una generación que sabe que es ruin que la generación que creó este sistema y generó esta crisis les obligue a ser becarios siete años para que ellos puedan mantenerse en sus butacas de doscientosmil euros a pesar de tener la mitad de valía que la gente de MI GENERACIÓN tiene. Lo que tiene que ser es una generación de luchadores, de gente realista y con los pies en la tierra. Y joder, si a alguien que lee esto se le olvida lo de luchar por lo jodido que es dada la situación acordáos de esto y no os dejéis vencer.
Me van a decir a mi ellos cómo son aquellos a quienes veo cada día.

martes, 10 de agosto de 2010

Las redes sociales


Yo había vuelto a Madrid tan feliz de mis vacaciones. Descansada. Plácida. Feliz. Con pajarillos y mariposas flotando a mi alrededor, oliendo a eucalipto y lavanda. Pacifista de nivel cinco: incapaz de matar un tomate. Vamos, perfectamente dispuesta a ser paciente y comprensiva con mi búsqueda de empleo, paciente y comprensiva conmigo misma y paciente y comprensiva con todas las personas a las que mi existencia les influye.
Pero ha sido llegar a Madrid y que se asfixien las mariposas. Y es que estoy bastante hartita ya del facebook de los cojones. Bueno de las redes sociales en general. Con lo feliz que estaba yo sin cobertura en la montaña, joder.
Nada más llegar, sin haber deshecho aún la maleta, ya empezaron a contarme historias de gente que estaba metiéndose en asuntos de mi vida en los que no tenían absolutamente nada que hacer ni opinar. Claro y pensaréis, "tú te lo has buscado, no tengas facebook, no tuitees, no lleves un blog abierto".
Ah-ah... pero no. El problema no son las redes sociales, somos los usuarios. He estado pensando en la política de privacidad del facebook. Sí, ese texto infiniiito escondido tras un vínculo que nunca pulsaste y junto al que pusiste un hermoso 'tic' rápidamente cuando te hiciste de facebook porque alguien había subido una foto tuya y tenías curiosidad por verla. De ser algo honesta, la política de privadicad debe de empezar diciendo algo así: "Estimado usuario: poniendo este 'tic' entras en una de las plataformas de comunicación más importantes del planeta. No obstante, FACEBOOK (R) no garantiza la calidad ni veracidad de su contenido. Cualquier riesgo de bocachancla queda asumido por el usuario: sea esta bocachanclez propia o ajena, el usuario asume que formará parte de su 'identidad virtual'. Ni Facebook ni sus usuarios se responsabilizarán de las repercusiones de las bocachancleces ajenas en el normal funcionamiento de la vida del usuario...".
Bueno, y es que la gente es increíble. Ha sido llegar a Madrid y empieza el conocido bzzz de los moscones mentales en vez de el frufrú de mis mariposas: "Oye que me ha dicho Pepita que ha visto una foto tuya con este tío, que ya te vale haberla subido, por si la ve tu ex". "Oye que dice Fulanita que eres una zorra sin escrúpulos por haber subido la foto abrazándote al maromo ese al que te tiras".
Y oye, yo que ni sé de que foto me hablan.
Luego resulta que entre la gente con la que tienes que ser 'paciente y comprensiva' hay uno de tus 288 amigos que ha subido aquella foto que os hicísteis una vez medio borrachos en... en... (foto con un fondo negro). Y oye, que se le ha ocurrido etiquetarte. Y tú: 'ehm... ¿en qué parte de la foto dice que me estoy tirando yo a este tío?'
Y a los cinco minutos, la recontrallamada:
"Oye he visto una foto de tu ex con tu hermana, ¿es que habéis vuelto?, que fuerrrrteeee"
Y tú 'he visto a tu novio con tu perro, ¿es que os lo montáis con animales?, que fuerrrrteee'
Y es que los ex y las redes sociales son como las bombas de las pelis malas (música de intriga chinchinchinchin): un frasquito con un líquido azul y otro con un líquido rojo. Un tubo que los une. Una combinación explosiva. He aquí a la protagonista, empeñada en mantener los frasquitos quieteciiitos, quieteciiitos. Una gota de sudor recorre su frente. ¡Pero no! Tienen 78 amigos en común, 78 putos tubitos de los cojones transfiriendo información de un lado para otro. ¡¡Horroooor!! ¡Morado, morado, peligro, peligrooooo!
Claaaro y diréis: "Bloquéale". Já! ¿Y arriesgarte a que tu ex llame diciendo 'me has bloqueado en el facebook, después de todo lo que hemos pasado juntooos, no quieres saber más de mi?'
Ni hablar. Yo paso. No hay escapatoria posible.
Y eso cuando no te salta por chat un compañero de profesión:
- "Oye tu hermano ha subido unas fotos en las que sales vestida de cuero, no sabía que te iba el sadomasoquismo, que fuerte, tía (chorrillo de baba binario)". Y tú pensando 'encima de pegajoso eres simple, chaval'.
O alguien a quien adoras pero con cierta manía persecutoria:
- "Que tu prima ha posteado lo bien que os lo pasásteis el sábado, ¿no dijiste que no salías?, ¿eh, eh? qué fuerte, tía". Y tú 'sí, del sábado PASADO'
O peor:
- "Es que puse en mi estado que estaba triste y no comentaste nada, que fuerte, tía". Y tú 'WTF! ¡Pero cuántos años tienes!'
Así que te quedas, con cara de idiota, sin tener ni idea de qué hacer con las redes sociales. Y la gente erre que erre a colgar fotos de tu ex.
Y tú: Que no, que no quiero saber que se ha hecho una foto con Isabel. Que no la subáis, que no me dejéis verla, que la bloqueéis para mi... (siguiente foto) Que no me importa que se vayan de barbacoa. (otra) Que no me importa que la estuviese metiendo mano... Espera, ¿con Isabel? ¿Con Isabel-Isabel? Qué fuerte, tía.

Hay que ver lo que se aburren los usuarios, cojones. Y a mi que lo que me preocupa es encontrar trabajo. Por cierto, si lees este post y tienes un curro para mi, no dudes en dejarme un comment, un mensaje por FB, un reply, un correo o en buscarme por skype. Abrazos:

jueves, 25 de junio de 2009

Mi generación

El otro día Arthegarn me pasó un artículo de José Luis Barbería que hablaba de nuestra generación. En él, se preguntaba si había nacido una generación apática1. Tras días mascando el concepto, digiriéndolo y regurgitándolo en ciclos breves, he decidido responderle desde este humilde foro que probablemente él jamás leerá. Pero que vosotros, mi generación, tal vez leáis. Serán dos artículos sobre cómo lo veo yo. Y no pienso pedir disculpas por la extensión. Menos aún por el contenido. Nadie obliga a la lectura.

Somos una generación acomodada.

No hemos pasado hambre. No hemos pasado frío. Incluso muchos somos hijos de quienes no conocieron la miseria más cruda. Nuestra educación fue ley, no privilegio. Teníamos más de un par de zapatos. Varios pares, incluso, en cada temporada. Luz eléctrica. Agua corriente potable incluso para ducharnos. Nevera. Cocina. Jabón. Supermercados. Sanidad pública. Vacunas. Discúlpenos, señor Barbería. Discúlpanos, Historia.

Nos ha llegado el momento de arrepentirnos. De arrepentirnos de haber nacido en este sistema, en este tiempo. Porque ahora no podemos mantenerlo.

Hemos mamado que, lo bueno, es "vivir bien". Tener tu casa, enorme, a ser posible tu casa en la playa. Tener más, cada vez más. Muchas veces nuestros padres tenían más de lo que tuvieron los suyos y nos hicieron creer que nosotros podríamos lograr más y más. Nos han transmitido la importancia de poseer y poseernos2.

Nos han hecho -la cultura actual, no tanto los padres- desear más y más. Tus chalés, tus viajes, tu yate, tus fiestas privadas, tu spa, tu todo. Nos quieren hacer desear vivir como Bekham. Como Carla Bruni. Como Bill Gates. Como quieras, pero con todo lo que puedas.

Nos han educado en la cultura del esfuerzo. Si te esfuerzas, lo consigues. Pero nadie nos ha enseñado por qué cosas merece la pena esforzarse y, como hemos tenido tanto al alcance de nuestras manos, hemos perdido la perspectiva sobre lo que significa el esfuerzo por la LIBERTAD durante nuestra juventud. Y nos hemos creído que, por lo que había que esforzarse, aquello por lo que merecía la pena el esfuerzo, era "vivir mejor". Porque, en los últimos 30 años, los de MI GENERACIÓN, ha aumentado la calidad de vida cada vez más, como bien indicaba usted, señor Barbería.

Pero mientras la calidad de vida crecía, la calidad laboral descendía. Y ya no vale el "qué-quieres-ser-de-mayor" con el que crecimos, porque todos sabemos que, con suerte, seremos pulgas que saltan de empleo inestable a empleo inestable. Todo el esfuerzo que nos habían inculcado, el que hicieron nuestros padres para estar donde están, el que nos habíamos creído que nos ayudaría, no ha servido para nada. En parte precisamente porque la educación está al alcance de todos. Ya no vale sólo con esforzarse. Nos encontramos con salarios insuficientes para precios exorbitados3.
La cultura del esfuerzo ha muerto. De hecho, nunca existió. Y no existirá hasta que dejen de existir los ricos. No hablo de comunismo, por Dios. Digo los ricos de verdad. Hablo de limitar el liberalismo rampante. Hablo de los indecentemente ricos. Hablo de la cultura que subyace en nuestra sociedad. Hablo de que mientras exista este sistema de valores, el de educar hacia querer ser archihipermegarico, no será viable la cultura del esfuezo. Nos han hecho creer que tenemos que llegar a ser como ellos4, cuando, en realidad, no hace falta. Nos han hecho creer que limitar la riqueza de una persona está mal. Que si tiene "su" dinero, mejor para él. Que si fuera "nuestro" dinero no querríamos que nos pusieran límites por arriba. Por debajo sí. Eso es fácil y populista. Pero, ¿por arriba? No, eso mataría la cultura del esfuerzo.

Estoy empezando a pensar que eso es mentira. Todo el sistema de valores que nos han creado está mal. No hablo ya de capitalismo-comunismo-liberalismo-socialismo-blablaismo. No. Hablo de valores. De lo que nos hacen pensar que está bien o mal, de lo que nos han enseñado que debemos desear u odiar.

Perdónenos, señor Barbería, nos hicieron creer que "desear vivir mejor que nuestros padres" significaba "desear tener más y mejor que nuestros padres". Perdónenos por habernos creído que merecía la pena estudiar/trabajar y por habernos decepcionado cuando hemos llegado a una realidad en la que no existe la recompensa, sino la suerte; mientras nuestros padres no paran de decirnos "lo duro que era antes". Discúlpenos por ser tan jodidamente apáticos. Pero es que ya no nos lo creemos.

Y que nos perdone la Historia si nos perdemos entre los posos de esa desidia que nos han quedado en nuestra taza vacía -ni siquiera medio vacía- cuando dejamos de creer en las recompensas. Que nos perdone si permitimos que la apatía nos venza y pensamos que no podemos cambiar la realidad. Que no merece la pena el esfuerzo. Perdónanos, Historia, si se nos olvida cómo se lucha. Perdónanos si resultamos ser una generación perdida, que asume la realidad como inamovible y desiste de intentar cambiarla. Hacia dónde irás, Historia, si empezamos nosotros a perder la fe en que merezca la pena plantearnos qué será del futuro. Cómo deslumbrarás si nosotros nos creemos que no podemos fraguarte.

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1 Empieza hablando de lo que él define como "ni-ni", jóvenes que ni estudian ni trabajan, para después adentrarse en una reflexión sobre la crisis de valores de la juventud actual. Lo de los "ni-ni" y el titular quedan en mera anecdotilla de intento curiosón del periodista, al que, por lo general, admiro bastante como profesional.
2 Sólo poseyéndonos a nosotros mismos podremos ser libres.
3 Y a mí, que me lo expliquen: en qué momento un euro empezó a valer 100 pesetas en el mercado, y cuándo 100 euros se convirtieron en 10.000 pesetas. Y por qué el Gobierno no controló ni hizo amagos por amarrar el TIMO absoluto que ha supuesto la implantación del euro en relación a los precios.
4 No hablo sólo de "famosos", también hay inventores, brokers, estafadores, científicos y artistas inmensamente ricos, por enumerar algunas opciones.

sábado, 26 de julio de 2008

Crisis? What Crisis? (Por los veteranos)

Como bien sabe todo aquel suertudo que tiene tiempo para ver Caiga Quien Caiga con cierta asiduidad, este es el disco preferido de nuestro presidente, ZP. La banda es Supertramp.
A mí lo de Supertramp me recuerda a un personaje de un libro recomendable (Into the wild). Lo de crisis ya no se a qué me recuerda. Últimamente a despidos injustificados a palas.

Hoy me quiero centrar en el despido de cerca del 40% de los redactores del semanario en el que trabajo. Y digo redactores. Acorde a los parámetros que establece el periódico me parece que las cerca de 16 cabeceras locales que lleva el grupo en Madrid van a estar llevadas por, como mucho, dos redactores. El resto, pues serán becarios y "ayudantes de redacción", que es un puesto absurdo, como su propio nombre indica, porque si un redactor necesita un ayudante de redacción yo no le llamaría "redactor". Puede necesitar un documentalista, vale. Pero un ayudante de redacción es un redactor pero que echa las miusmas o más horas y cobra menos. Eso todo el mundo lo sabe.

El caso es que no se si os hacéis una idea de lo que supone que echen a cerca del 40% de la plantilla. Yo pensaba, de hecho estaba convencida, de que echarían a dos o como mucho tres personas, después de que hace unas semanas echaran a una de mis compañeras también de forma improcedente. Bien, esta semana han echado al menos a seis redactores. La semana pasada también estuvieron echando a gente, pero de otros departamentes. La semana que viene toca fotografía y maquetación, creo. Con cuentagotas, los cabrones. Cuentagotas, sí, para ir contando las gotas de la tortura china que supone esto para los que trabajamos (trabajamos? trabajan?) allí. Hablaré de redacción porque son obviamente los más cercanos a mí.

Para empezar han echado a una de mis mejores amigas, a la que llamaré Cherre, con la que me consta que su jefa directa estaba encantada y que curraba todo lo que hubiera que currar sin poner mala cara. En realidad no es echarla, es no renovarle el contrato. Hace quince días le habían dicho que le iban a renovar, que no se preocupase. Gracias a dios es joven y se puede permitir cierta movilidad. Sigue siendo una putada, porque obviamente después de aquellas noticias y de llevar casi un año en el medio había hecho sus planes.

Han echado a todas las redactoras con hijos. De hecho a una de ellas, que llamaré La Alegría de la Huerta por razones obvias, la han echado durante su permiso de maternidad (se reincorporaba ahora). Siempre he oído comentar por lo bajinis que si las madres tal que si las madres cual que si no echan horas. En concreto de una de ellas pienso que francamente el medio se la pierde porque era de las pocas personas que de vez en cuando sacaba temas propios. Una de ellas dice que de momento lo deja, que se pone a dar clases o lo que sea. También tiene una familia que mantener. También han echado a dos redactores con los que he tenido menos contacto, pero que a mí me han ayudado. Cervantes siempre tenía un número cuando se lo pedías y Laforet siempre te pasaba temas cuando le llegaba algo que creía que te podía interesar.

A lo que voy es que han echado a absolutamente todos los redactores veteranos. Me encantaría recoger vuestras opiniones sobre una redaccion supuestamente periodística en la que nadie supera los 30 años. Yo tengo 24, queiro decir, no tengo nada en contra de la gente joven, al contrario. Pero creo que todo tiene un proceso y que, en tu trabajo, tienes que contar con alguien que sepa más que tú. Mucho más que tú. Con gente de esa con 15 años de experiencia. Gente que ha pasado por varios medios, varias etapas, varios gobiernos. Creo que los jóvenes podemos aportar esfuerzo y ganas, y creo que más que nuestros veteranos; pero también creo que se evoluciona muchííísimo más despacio sin veteranos. O que incluso no se evoluciona porque no tienes nadie a quien admirar (quiero decir cerca, no me vale que alguien admire a Grijelmo, todo el mundo que empieza en este mundillo debería adorar a ese hombre un par de veces en semana). Nadie que aporte serenidad. Coño, y dignidad, por qué no decirlo. Los jóvenes como somos jóvenes nos vendemos por tres duros cuando valemos por lo menos 25 pesetas como la partida a la maquinita. Hablar con veteranos nos hincha la vena del cuello y saca a relucir nuestra dignidad obrera. No es malo decir que sabemos menos, hemos cometido menos errores que por tanto nos quedan por comoter, hay ideas que no se nos pueden ocurrir solos. Creo que es un error dejar en una redacción una media de edad taaaan baja. Sólo puede salir un periódico echo deprisa (que los jóvenes queremos hacer mucho y lo hacemos muy rápidamente y no dejamos que las cosas reposen) y con desconocimiento.

Y mientras yo necesito dos trabajos y currar uno de cada dos fines de semana para poder llegar apenas a mileurista. Y se me hincha la vena del cuello de rabia e impotencia. De dignidad. De que yo, por ser joven, acepte trabajos tan mal pagados, en los que dejan en la calle a los veteranos precisamente porque los pipiolos cobramos menos. JODER, detrás de cada uno de estos despidos hay una familia. Quiero decir hijos, hipoteca. Lo de que haya una familia es bueno, si no a ver donde se refugiaba uno.

Todas mis amigas en la redacción, salvo dos, se han ido. No dudo que a mi me echen la semana que viene o a la vuelta del verano. Esté en el medio que esté, las echaré de menos los martes. Todas saben por qué.