miércoles, 31 de agosto de 2011

Little sister

En el aeropuerto de Barajas, me encontré al hermano que siempre había querido tener y que tanto eché en falta de niña y adolescente. Mi madre me echó una bendición, porque es creyente. Mi hermano, que se declara agnóstico con esperanza, apareció por sorpresa y me trajo un libro que me tenía prometido desde hacía tiempo, dedicado con una bendición irlandesa.

May the road rise up to meet you
may the wind be ever at your back
may the sun shine warm upon your face
and the rain fall softly on your fields.
And until we meet again, may God hold you in the hollow of his hand.

And remember, little sister... "stick them with the pointy end!"1

Hoy le echo en falta más que cuando creía que no estaba ahí, porque sé que ese hermano existe.

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1 Si no lo habéis pillado, empezad a leer Juego de Tronos, ¿a qué esperáis? Si queréis, me pedís el pdf. Mejor el libro, pero por la recrisis. Hasta entonces, os dejo esto.

viernes, 12 de agosto de 2011

Lo más irritante

Hay veces, como anoche, que hasta lo más irritante de las personas me hace falta. Echo de menos hablar con mi hermana mayor, y que, mientras le cuento algo, se gire a media frase y regañe a uno de sus hijos como si no me estuviera haciendo caso. Echo de menos a Zylgrin, y su forma de empanarse de repente, incluso su forma de quitarte toda la razón con una frase mientras levanta una ceja escéptica. Echo de menos ver a mi padre tirado en el sofá, simplemente, ahí, tranquilo; echo de menos las discusiones insostenibles con Arthegarn. Hasta echo de menos ver a mi madre refunfuñando por el estado del país mientras ve Intereconomía.
Podría quedarme horas mirándoles por el ojo de una cerradura, incluso en esos momentos.
Eso es la nostalgia.

martes, 9 de agosto de 2011

Acosta, las carreteras y la piedra de la ignorancia

Mi primer fin de semana en Costa Rica lo pasamos en Chirraca de Acosta, con mi familia tica. La carretera es bastante jodida pero, con perspectiva, no es para tanto. Es una carretera de montaña, de subida, con muchísimas curvas, aunque posiblemente lo más peligroso es que algunas partes del pavimento están resquebrajadas (e inhabilitadas con señalización), tengo entendido que debido a las fuertes inundaciones que se dieron el año pasado, que causaron desprendimientos y aludes de tierra por la zona. Es de dos direcciones y hay que ir con muchísimo cuidado para ver a quién le toca el turno de paso por la parte de la calzada que no está hundida. Parece que cuando uno está de viaje, si es que a esto mío lo puedo considerar viaje y no vida en sí, se empeña en mostrar sólo imágenes bellas de todo.
Creo que una de las principales carencias de este país son las infraestructuras de transporte. No sólo porque haya inundaciones y lluvias tropicales y terremotos y esas cosas, que también. Pero no. No es sólo eso. Hay un importantísimo factor humano. Mientras más tiempo paso aquí más me convenzo de que no se puede culpar a la naturaleza del subdesarrollo.
Para empezar, tengo entendido que hace entre quince o veinte años (no sé la fecha exacta) algún gobernante en el clímax de su lucidez decidió clausurar buena parte de la infraestructura ferroviaria del país (me cuentan que debido a la corrupción, ya que él tenía intereses compañías de autobuses), que lo atravesaba de este a oeste. Cuando los siguientes gobernantes quisieron recuperarlo, la selva había devorado las vías, por lo que se hace prácticamente imposible recuperarlas, y la inversión necesaria para reconstruirla es elevadísima, ya que no tuvo mantenimiento durante lustros. Y sigo con mi disertación sobre el subdesarrollo:
La carencia de infraestructura ferroviaria, como es lógico, supone que el transporte de mercancías se realice en su mayoría por carretera. Por si no lo sabéis, el firme de la carretera se construye con una resistencia limitada (lógicamente), que se calcula en función de la presión que ejercen los neumáticos sobre el asfalto, que a su vez depende de la presión de inflado de las ruedas, que es más alta cuando más peso lleva el transporte (por rueda) y que, como imaginaréis, es muy alta en los camiones. Los camiones desgastan muchísimo las carreteras (esto también podéis observarlo en España, que las carreteras más desgastadas son las que tienen mayor tránsito de camiones) y en un país forzado al transporte por carretera (como es este) el firme sufre muchísimo y necesitaría un mantenimiento claramente impagable. Las carreteras duran poquísimo en buen estado, y claro, son muchísimo más caras, no da tiempo a que se amorticen. Además, tardan décadas en contruir vías anchas (estilo autovías), por lo que el tránsito para el que estaban calculadas en su proyecto (a lo mejor hace 30 años) no tiene nada que ver con el tránsito que soportan cuando se acaban (ahora). Cuando sufre el transporte de mercancías y personas, sufre absolutamente toda la economía del país de una forma aberrante.
Todo impulsado por un caprichito de mala gestión humana.
Al fin, conseguimos llegar a Acosta. Debían de ser las ocho de la tarde del sábado cuando empecé a quedarme dormida en el sofá. Aún me cuesta acostumbrarme a tantas horas de noche cerrada antes de que llegue la hora de acostarse.
La zona es preciosa y, por primera vez, estuve entre cafetales, en una caminata matutina. Yo ni siquiera sabía que aquella planta tan común era café. La vegetación era impresionante, pero desde entonces hasta hoy ha pasado tiempo, y en realidad he encontrado nuevos favoritos. La que muestro a la entrada del post es una "bandera" entre otros arbustos, esa es enorme, debía de tener cerca de un metro de largo.
El domingo hice uno de mis famosos arroces, y pasamos la tarde tomando café, mimosas y margaritas, mientras jugábamos a una especie de "Trivial" tico, pero lineal, de forma que avanzas hacia la meta si sabes la respuesta a la pregunta. La familia había añadido al juego "la piedra de la ignorancia", que jugaba como un jugador invisible y avanzaba cuando nadie conocía la respuesta a las preguntas. Así, el juego no era sólo contra los otros, sino más bien de todos contra la ignorancia. Creo que esto expresa mucho sobre ellos. Verdaderamente, la ignorancia es una piedra -no sólo cultural, sino humana y política- que avanza por nuestros errores y prácticamente imposible de derrotar si no es entre todos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Historia y cuentos

Casi siempre es mejor reducr el nivel de melodrama vital cuando intenta asediarnos. Por ejemplo, el suburbio donde vive mi familia tica se llama Desamparados. Pero es, simplemente, "Desampa". Tal vez simplemente siento que aquí los nombres de las ciudades hablan más que en Europa, eso las ciudades que no se refieren directamente a Europa, como Cartago, Antenas o Florencia; o las que no tienen un origen claramente orográfico o tribal.
Por ejemplo, camino al Pacífico hay una pequeña población, llamada Parrita. Parrita no es una parra pequeña. Es un lugar en mitad de ningún sitio, entre el océano y la capital, que servía de paso. Se dice que allí, desde el principio de los tiempos, había una casa de putas, al que iban mucho los marineros tras descargar en el puerto de Quepos. El lupanar estaba regentado por una Madamme en toda regla, al parecer, una tal Rita. Y, cuando en el puerto de Quepos preguntaban a dónde iban los hombres que salían de allí por tierra, ellos decían "Voy pa'Rita". Y todo el mundo sabía a dónde iban. Aunque esta historia se cuenta por lo bajinis, porque por lo visto indigna mucho a los habitantes de la zona, que no quieren ni oírla.
Hay otro lugar, creo que cerca de Cartago, que se llama Taras, dicen ahora que por el Cacique Taras; pero mucha la gente es escéptica, y se cuenta que el Cacique Taras no existió jamás y que es un invento de los habitantes de la zona para no asumir que allí era a donde enviaban a los cojos, los ciegos y los demás lisiados. Para no admitir que descienden de los "tarados" del caciquismo.
Yo no sé hasta qué punto estas historias serán verdad, pero desde luego me resultan verosímiles.
Es curioso vivir en un lugar en el que los nombres de los sitios no tienen tantos siglos que sus habitantes hayan olvidado de dónde vienen. Siento que aquí se me difuminan las fronteras entre la Historia, la geografía humana, el "wannabe", y la leyenda indígena. Y, cada vez más, me convierto en una convencida de que la Historia, definitivamente, nunca es unívoca.