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viernes, 12 de agosto de 2011

Lo más irritante

Hay veces, como anoche, que hasta lo más irritante de las personas me hace falta. Echo de menos hablar con mi hermana mayor, y que, mientras le cuento algo, se gire a media frase y regañe a uno de sus hijos como si no me estuviera haciendo caso. Echo de menos a Zylgrin, y su forma de empanarse de repente, incluso su forma de quitarte toda la razón con una frase mientras levanta una ceja escéptica. Echo de menos ver a mi padre tirado en el sofá, simplemente, ahí, tranquilo; echo de menos las discusiones insostenibles con Arthegarn. Hasta echo de menos ver a mi madre refunfuñando por el estado del país mientras ve Intereconomía.
Podría quedarme horas mirándoles por el ojo de una cerradura, incluso en esos momentos.
Eso es la nostalgia.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Like water in a teapot

Hoy, aproximadamente a estas horas, hace un año, lo dejé con mi chico. Estoy sola en casa y las personas que más me importan hoy por hoy y que están en Madrid han ido a verle a él esta tarde. Y no recuerdo cuando fue la última vez que me dedicaron media hora de mirarme a los ojos y decirme "estoy aquí, contigo".
No entiendo cómo puedo seguirme sintiendo traicionada por estas cosas. Lleva siendo así desde el principio. Nadie pregunta, simplemente, ¿cómo estás?
Sí, estoy en plan autocompasivo. Sí, yo también tengo mis momentos. No soy de acero, ni de hierro, ni siquiera de cobre. Soy de carne y hueso y entrañas, y algunas cosas más que no enumero pero que, hasta donde sé, nada tienen que ver con el frío de ningún metal que pueda imaginarme.
Según escribo, pienso que soy un chorrocientos por ciento de agua. Y me acuerdo de Bruce Lee. Es mi última noche en esta casa. No es que esperase una despedida, pero tampoco imaginé que la pasaría sola. Y ¿qué descubro? Algo que aprendí en 2001 y que nunca debí haber enviado al fondo del cajón de la consciencia. Que, al final, sólo me tengo a mi misma. Que lo demás da igual: mientras esté yo aquí, conmigo, nada ma falta. Me encuentro, me saludo, y me voy a dar una caminata conmigo sin llevarme los móviles. El camino, el frío y las estrellas se funden con la alteridad que me dañaba y todo se equilibra. Mi yoidad se reduce. Esta es mi última noche en este barrio, en el que crecí, me voy de paseo a disfrutar conmigo, sin nadie. Nada más importa. Esto no puede quitármelo nadie.
Y quedo serena y tranquila, like water in a teapot.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Abandonaícos que os tengo...

Como algunos sabéis últimamente he hecho muchísimas horas de coche. La soledad, los silencios y la música muchas veces me hacen viajar tanto o más que los kilómetros recorridos. Llevo dos semanas sin escribir y es que mi mente, mi tiempo y mis pasiones están tan atareados que los días pasan por mi disimulando, sin hacerse ver, tan llenos de momentos curiosos que merecerían ser contados que resulta difícil sentarse a escribirlos. Pero voy a hacer un esfuerzo y a iros contando cosas desde ya, a volver a actualizar más a menudo, que si no se acumulan y después no se por dónde empezar.
En las últimas semanas parece que estoy recobrando cierta capacidad de creer en lo mejor de la gente. Tal vez me equivoque pero, desde luego, me da bastante paz. Hace un tiempo, en una conversación con mi amigo Zares, empecé a entender que todo es superable. Algún tipo de germen medio mitológico sembró aquella charla en mi cabeza que, regado por mil situaciones, ha hido echando raíces en mi cerebro. Y es que, con el tiempo, lo que necesitamos viene a nosotros con naturalidad, siempre y cuando no perdamos la cabeza mientras intentamos alcanzarlo hasta el punto de que nos deje de hacer felices.
Y eso pasa mucho. Lo de perder la cabeza, digo.
Así que, en general, últimamente he dejado de estar preocupada por todo. Ese sería un buen resumen. Siento que me estoy recuperando. Que soy más yo, más lo que me da la gana, menos lo que pienso que pueda esperar nadie. Y, curiosamente, funciona.
Hay muchas cosas buenas en el mundo como para estar de morros.

viernes, 22 de octubre de 2010

Carretera abandonada EXT/DÍA

De vez en cuando hay razones para sentir una felicidad serena y efímera, insustancial y, pese a todo, completa. Son instantes en los que nada necesita tener sentido, en los que nada importa; instantes de soledad y plenitud por la vida que uno lleva. Son sólo eso, instantes, llenan huecos entre vacío vital y vacío vital, pasan como sin querer ser vistos y es muy difícil retenerlos.
Tal vez dependa de las gafas que lleve puestas ese día, pero hay veces que ni los diviso y otras que me invaden sin pudor alguno. Así ven mis ojos la realidad.
Hoy he salido a localizar a un pueblecillo abulense al sur de la Sierra de Gredos. El cortometraje de aquellas promesas de nuestro cine, del que ya os he hablado alguna vez, se va a rodar parcialmente allí.
A pesar de mi embrollo inicial con las carreteras, llegué a la M501, una carretera que no pillaba desde que, hace años, fui a conocer a la nueva chica de mi ex-cuñado Slanter. No puedo evitar recordarle con muchísimo cariño. Tras pasar Navas del Rey, la carretera se hace más carretera y menos autopista. Sonaba un CD que aún tengo que copiarle a mi amiga La Vaga, y que ya no puede menos que recordarme a nuestro Camino de Pelayo, este verano. Escribiría un larguísimo post contemplativo, pero todo era precioso. Los chopos, los pinares, los abedules, incluso algún castaño. Las hojas, los colores, el caudal sereno del Río Alberche. Y sabéis las ganas que tenía de conducir un buen rato yo sola viendo el mundo pasar a mi lado a unas cuantas decenas de kilómetros por hora.
El pueblo era, como muchos de la sierra cercana a Madrid, antiguo en el casco histórico y rematadamente nuevo en las casitas que los urbanitas se habían construido en las afueras. En la Plaza de la Villa, en la que sólo había una farola testimonial, estaba el Ayuntamiento. Allí me ha recibido el alcalde, Serafín, un señor risueño y campechano, curva de la felicidad prominente, que habla como a quien le cabe su villa en la palma de su mano. Creía que iba a pedirle dinero, claro. Le he dicho que para nada, que quería charlar, que nos conociera, que supiera que íbamos a rodar allí, que conociese el proyecto... Y que nos echara un cable con la logística que nos hiciese falta.
Como muchos puestos castellanos, aún en la serranía, este es un pueblo con castillo. Un castillo, orgullo de Don Serafín -"podéis grabar allí" decía, "es un sitio muy bonito y con mucha historia"- pero de escaso interés para nuestras necesidades narrativas. Con ciertos ojillos de decepción Serafín atendió a mis necesidades mundanas, comida, un techo, una carretera abandonada. Hizo unas llamadas y mandó a alguien a llevarme a una carretera abandonada. "Bueno, ya me dirás que necesitas para que me organice", decía al despedirse. Una charleta más acerca de su villa, del castillo y los pinares que la circundan, y el orgulloso alcalde entró, con las manos en los bolsillos, de nuevo a su despacho con banderas y mesa de madera brillante.
Llegó un buen hombre, larguirucho, con el pelo negro, la tez clara, los ojos negros y los dientes del color del tabaco que con cuatro palabras se ofreció a llevarme a ver carreteras abandonadas. Nos fuimos es su 4x4-furgonetero (extraño híbrido) y toscamente me explicaba cuáles eran los sitios que le parecían buenos. A penas sí soltaba palabras, pero era el mismo orgullo, a su estilo, de su tierra. Sólo había que alabrársela para que el hombre quisiese enseñar más y más cosas nuevas.
Hemos estado charlando, y me ha puesto en contacto con otra mujer, creo que era Margarita, que limpia en unas casitas que alquilan algunos fines de semana a grupos de senderistas. Gracias a ella, hemos llegado a Don Ricardo, una suerte de Amo de Llaves del lugar que, henchido tras unos cuantos piropos a los pinares de la zona, ha accedido a enseñarme las casas para que hiciese algunas fotos. Para allá fuimos. Me ha dado otro teléfono y me ha dicho un buen precio.
Y, mientras, Juan seguía devanándose la cabeza sobre como ayudar a estos pobres urbanitas cineastas sin un duro a que no se arruinaran dando techo y comida a veinte personas.
Era tardísimo y he tenido que pillar el coche para regresar a Madrid, donde tenía una reunión con los chicos de teatro. Como podéis imaginar, según cruzaba de vuelta el Río Alberche, he vuelto a disfrutar el paisaje, vuelto a pensar en las personas que conocía por la zona, y en las nuevas adquisiciones humanas que sumar a mi memoria, como el rosado Serafín, Juan el de los dientes ámbar, Margarita, y el casi travieso Ricardo. Y me da por pensar que cada una de esas personas es una vida, una historia. Y, encima, las hojas de los árboles tienen medio millar de colores en esta época del año.
No es sólo que me guste hacer bien mi trabajo. Es que me gusta mi manera de vivirlo. Qué le voy a hacer, cada experiencia así se me enreda en el alma y me expande un poco mi visión sobre la naturaleza humana, si es que tal concepción existe.
Y es que la vida es dolorosamente hermosa de vivir, chicos.

viernes, 30 de julio de 2010

Sigo viva

Hoy me he marchado a la montaña sola. A perderme. Ni siquiera me encontraban las ondas de mi compañía telefónica. Era una ruta que ya conocía, pero que nunca había hecho ni entera ni sola. Siempre nos quedábamos en el primer llano paradisíaco que encontrábamos.

Hoy iba sola. He pasado de largo por la orilla donde solíamos quedarnos a descansar y he seguido río arriba. Mientras más avanzaba, mas se perdía la senda entre la maleza y los helechos; hasta acabarse en un tronco caído que hacía las veces de puente para cruzar el río. Aunque la corteza retumbaba como un tren a cada paso que daba, me ha permitido llegar al otro lado, donde un par de saltos me han permitido llegar a este lugar tan idílico de la foto. Es una foto de móvil bastante ñapas -como todas las de est post-, como comprenderéis el lugar daba mucho más de sí. Desde la roca que véis en la esquina inferior izquierda podía uno saltar al agua, que tenía cerca de metro ochenta de profundidad. Cerca había cascaditas bajo las que me he sentado para sentir la corriente en los hombros. En los pies, en la espalda. Me he tirado un rato al sol, he comido algo y he seguido la marcha río arriba, casi abriendo senda, hasta que he llegado a una de las nacientes del río. Ahí me he parado, que se hacía tarde, tenía que regresar y estaba sola. Me encanta ver cómo sale agua de las rocas, como si nada. Pienso en la cueva que hay detrás, en el río que la recorre, en si podría estar bajándomela con una cuerda y un arnés. Y todo eso por unos chorros de agua naciendo de unas rocas plagadas de musgo.

Siempre falta algo. O alguien. Es curioso cómo mi cabeza tiende a ver qué es lo que falta, en vez de ver lo que hay. Es curioso cómo percibo mejor lo que no veo que lo que veo. En general, me pasa con las personas. Cuando veo algo hermoso, pienso: "ojalá pudiese enseñarle esto a X". Pero con las necesidades cubiertas, me ocurre igual. Solo veo lo que me queda por cubrir.

Cuando más me pasa, es cuando algo me hace sentir plena. Por ejemplo, hace unos días, mirando el atardecer desde los acantilados de Cuerres, sentía que no necesitaba nada más en el mundo. Sólo estar allí, escuchando la rompiente a yoquesé cuántos metros bajo mis pies colgantes de la roca, con la brisa fresca en la cara y las piernas. Hasta que en una punzada piensas en todo y todos los que son importantes aún para tí, y te replanteas si verdaderamente no necesitas nada más en el mundo.
Es algo que he estado pensando esta tarde cuando ya había emprendido el camino de regreso. Entre los tramos de río y de sendero había árboles tan viejos que parecían Ents, algunos parecía que se iban a echar a andar y a hablar de un momento a otro.

Tal vez lo más curioso de algunos de ellos es que estaban completamente huecos por dentro. Tenían unos boquetes tan grandes que era impresionate que las ramas tuviesen un follaje tan frondoso. Parecía increíle que siguiesen tan, tan vivos. Algunos, como el que os muestro, podrían albergar varias personas dentro. Ese debía tener un hueco como de dos metros de altura y casi uno de ancho.

Ahora, con perspectiva, pienso que lo que hacía excepcionales esos árboles eran precisamente esos enormes boquetes. Sin ellos, los árboles no serían TAN apasionantes. Tal vez sea así de simple. Tal vez sea el vacío -ese hueco enorme, que hace patente que algo falta, a pesar del que se sigue luchando por demostrar que aún se está muy vivo- lo que nos hace, de verdad, excepcionales.

domingo, 6 de junio de 2010

Limpieza

Hay veces que despierto con un inusual deseo de hacer limpieza. No tanto de pasar la escoba, que lo hice ayer.

Simplemente tengo ganas de hacer un backup de todo lo que tengo en la memoria. Dejar algo de espacio para cosas nuevas. Empezar de cero. Como una bulímica de recuerdos: vomitar, sentir las arcadas, tirar de la cadena, perder, olvidar, sudar, llorar. Y después irme a la cocina a sacar de la nevera una deliciosa tarta de queso coronada con confitura de frutas del bosque.
Empiezo por la habitación, ya que por mucho que meta los dedos no llego al cerebro. Ropa, sábanas, decoración, escoba. Sigo por mi propio cuerpo: ducha, suavizante, crema, pinzas y laca de uñas. Ropa nueva.

No consigo nada, pero todo el mundo me dice que estoy guapísima.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Dionisio y las gordas de Fellini

Estar sola es un ejercicio para mi. En realidad lo sabía desde hace casi una década, pero ejercer siempre exige más que pensar. Cada vez más, pienso que mejor sola. Creo que es lo único, y lo primero, que puedo aprender a manejar. Aprender, sí, porque no se hacerlo. Todo lo que me cuesta compartir con mi gente lo malo, no se aproxima a cuánto me cuesta no compartir lo bueno con alguien. Más o menos especial. No importa. En realidad ese es el problema. Esa parte de mis entrañas que me lleva a querer compartir lo bueno con quien sea, lo merezca o no, lo quiera o no... Pero compartirlo. Lo malo...
Cuando recibí la información de que hoy se iniciaba una nueva expo en la FNAC de Callao con trabajos de Mary Ellen Mark desde la época de Fellini hasta hace apenas un lustro mis entrañas me llevaron a querer compartirlo con alguien. "Y una mierda, vete sola, pasa de ellos, de todos, disfruta de ti".
Así que esta mañana, entre mi revisión médica y la comida con mi hermano, me pasé por el fórum de la FNAC a ver qué había en la expo De Fellini a Tim Burton. Es una exposición muy modesta, montada con imágenes en blanco y negro. En general, son imágenes bastante formalitas, aunque un par de ellas las tendría en casa: una típica "gorda" de un burdel de Fellini, de esas que ponía derrengadas, tirada en el suelo como un balón viejo a medio desinflar. Y, junto a ella, toda divina en sus ropajes, un par de operarios dipsonían una escalera de tijera hecha de madera. Y claro, no puedo evitar pensar qué dirían ahora los sindicatos. No puedo evitar pensar, mientras paso a las imágenes de Buñuel y Truffaut, cómo se hacía el cine entonces y cómo se hace ahora. Desde mi perspectiva actual, cada vez más centrada en los nuevos medios y en la financiación, noto que hay veces que se me olvida qué es el cine. Y allí, paseando entre mitos, a mi me viene a la cabeza cuánto puede llegar a perder el oficio cinematográfico cuando sólo vemos cifras, temas legales o audiencias. Me gusta recordar, imaginar tal vez, cómo se hacían las películas entonces. Sería casi un circo.
Una escena de cama. Un hombre desnudo encima de una mujer, apenas cubiertos por la sábana. Están semiabrazados todavía. Pero no, no se quieren, están en un plató. Tirando de los dos extremos de la cama hay dos operarios. Trasladan la cama, arrastrándola hacia la izquierda del encuadre no sin cierto esfuerzo.
Todo es mentira en el cine. Y el trabajo del actor, en su mundo, es hacer una máscara con su propia piel, haciendo veraz la farsa.
Como decía, es casi un circo.
En estas estaba cuando un hombre con acento extranjero, de unos 50 y tantos años, con un bolsito y un libro recién comprado, se me acercó pidiéndome un boli. Le gustaba una de las imágenes, y quería apuntar el título. Empezamos a charlar de nada, a hablar de las fotografías, de países diferentes, de culturas. Sin saber muy bien cuándo ni cómo, sacó de su bolsa una pequeña máscara escuplida en barro claro.

"¿Adivinas de qué país soy?", me dijo. Y me dio la mascarita. La miré anonadada, pensando que parecía entre griega y asiria, y así le dije.
Él: "te quiero hacer este regalo"
Yo esbocé media sonrisa sin saber si fiarme o no. Me preguntó mi nombre, lo escribió en el anverso, y firmó con sus iniciales. Y por fin el boli volvió a mi bolso.
Por supuesto, mi nuevo amigo resultó ser griego. "Enhorabuena, de premio, te invito a un café". Tal vez porque no se estar sola, que es lo que yo iba a hacer esta mañana, tal vez porque me inquieta saber qué mueve a una persona así, tal vez porque estoy loca, tal vez porque confío demasiado en la vida, o porque quiero descubrir por mi misma que hay que desconfiar de las personas por principio y no creermelo porque me lo han dicho siempre... Tal vez porque creo que nunca sabes de donde puedes sacar algo enriquecedor... Tal vez por mil talveces, le llevé hasta el starbucks de Callao.
Él se tomo un Latte Macchiato y yo un Capuccino. Me habló de la Pascua Ortodoxa, del perdón, de cómo las buenas acciones al final revierten sobre uno mismo en bondades, del budismo y de la muerte de su hermano más amado, hace cinco años, de cáncer de estómago. "Nunca fumó y tampoco bebía", aseguró, sin explicarse aún cómo podría haber sido aquello. Qué profundas eran las arrugas de sus ojos entonces.
Sacó de su bolsa un pequeño paquete de fotos, y me enseñó imágenes de la boda de su sobrina, de su familia, de sus amigas españolas visitando su casa en una islita griega. Me enseñó sus trabajos, porque es artista plástico y esculpe con diversas técnicas. "El arte me da para comer, pero no 'manjiares', claro". Me dijo que si algún día quería conocer Grecia, me dejaba su casa por la cara, siempre y cuando él no estuviese ocupándola, claro, porque viajaba mucho y la casa tan bonita estaba sola mucho tiempo.

Yo no se si Dionisio, "el Baco griego", como le dije cuando me intentó explicar en su trastabillado castellano de dónde venía su nombre, estaba loco o cuerdo. Yo no se si quería timarme. Yo no se qué esperaba, él dijo que simplemente "absorber cultura". Yo no se nada, pero él mismo me dijo que entendía que no me causase demasiada confianza la situación, y, sin más, me dijo que si otro día quería charlar, se lo dijese. Le dije que ya vería, y cogí su número de teléfono. Ni intentó tener el mío.

Se dio la vuelta con una sonrisa y levantó una mano, sin acercarse a despedirse, ni en un amago siquiera. Me deseó suerte en la vida y se fue, con las manos en los bolsillos, por la calle Preciados de nuevo.

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p.s.- Las imágenes son un extracto de la exposición, de Apocalypse Now, y quienes veis son Marlon Brando y Coppola, en las dos primeras... Y los locos de "Alguien voló...", en la última. Esa mirada de Jack Nicholson...

jueves, 17 de diciembre de 2009

Carta a los reyes 2009

Ayer estuve toda la mañana con esto. Siento la extensión. Quienes me conocéis bien y/o me leéis habitualmente ya sabéis de qué va. Es curioso pensar que dentro de un año lo miraré sin saber si me reiré o qué.

PEORES SENSACIONES DE 2009
1.- Rendirme. No querer salir de la cama ni para ducharme. No querer pensar. No tener expectativas. No querer trabajar, porque no veía recompensa. No querer luchar contra ello. Pasar horas y horas ahí tumbada, viendo series, sin querer salir. Sentirme una mierda por no tener ganas de salir de la mierda. Ser débil.
2.- Enviar temas todos los lunes al periódico y no recibir respuesta siquiera. Estrujarme la cabeza por mejorarlos. Ver que tampoco. Ver que alguno de esos temas finalmente salía, y no lo firmaba (cobraba) yo. Ver que trabajar más daba igual, que no me compraban temas por mucho que hiciera. RENDIRME. Encontrarme con que me habían bajado la remuneración por artículo entre un 15% y un 18% cuando llegó una factura. Decepcionarme con mis jefas por no haber dicho nada y hacerse las longuis –creía en ellas. Sentirme un fracaso.
3.- Sentir que a lo mejor verdaderamente él era incapaz de luchar contra ello. Dudar en serio por primera vez, sin dejar de quererle ni un minuto.
4.- La enfermedad de una persona a la que quiero y admiro muchísimo. Va el cuarto porque sé que hoy en día estas cosas se superan, pero siempre es un shock y una preocupación.
5.- “Vamos a tener que prescindir de ti”
6.- Descubrir que en el proyecto documental en el que me había metido no tenían dinero ni para cubrir la fase de desarrollo, cuando me habían dado a entender que sí. Por fin me había ilusionado con algo después del periódico, y salió rana. Que muchas de las expectativas que me habían propuesto, como el Sunny Side, resultasen incumplidas. Que se frustrasen mis expectativas y que la ilusión con la que trabajé fuese inútil. La desesperanza.
7.- Discutir seriamente con uno de mis mejores amigos desde hace varios años. Sentir que había sido ingenua respecto a él todos estos años. Explotar en esa discusión por toda la rabia que tenía dentro, delante de otra amiga, que lo tragó todo sin tener por qué. Querer salir corriendo. Y que, pese a arreglarlo después, lo nuestro nunca haya vuelto a ser lo mismo. La saudade.

MEJORES MOMENTOS DE 2009
1.- Que en esos momentos, de madrugada, en los que me despertaba un instante, él estuviese ahí. Abrazarle y volverme a dormir plácidamente. Los despertares junto a él. Los desayunos de café con leche y un número par de galletas, en la cama. La independencia junto a él.
2.- Que también estuviese cuando todo iba mal. Siempre, siempre, poder hablar con él. De todo. Que me mirase comprendiendo, sin decir nada. A veces diciéndolo. Ver sus ojos preocupados esforzándose por darme el tiempo que me hacía falta para estar bien. Que me ofreciese su apoyo para que hiciese lo que fuera por ser feliz. Que haya sido mi red cuando estaba en la cuerda floja. Esta sensación no la tenía cuando él lo hacía, claro. La tengo ahora, que ya todo pasó.
3.- El cumpleaños de mi madre, escuchando a mis hermanos hablar. Verla a ella feliz. Me hace tan feliz verla a ella feliz…
4.- Aprender a salir del hoyo y volver a querer tener expectativas. (Tengo que decir que las cuatro primeras han sido muy difíciles de ordenar, porque las cuatro son muy intensas, y la cuarta podría lo mismo ser la primera).
5.- Abrir la web de la escuela pensando “a ver quién es el enchufado al que le han dado la beca Ibermedia” y ver mi nombre y mis dos apellidos. Presentir que, por fin, algo podría ir bien. Que los planetas se alineaban para que tomase una decisión. Que tal vez podría haber luz al final del túnel. El apoyo incondicional que me dio absolutamente toda la gente que conozco. Y mis padres. Que el curso me sirva para dar el salto al vacío.
6.- La amistad que me une a mi querida Sara. Cómo me ha apoyado siempre, como me respeta, su forma de querer. Tener una amiga así me hace sentir orgullosa de mi misma y honrada cada vez que pienso en ella. (Te quiero zorra, ya sé que soy una petarda y todo eso, y pienso serlo muchos años más).
7.- Toda la gente deliciosa que he conocido en los últimos meses en distintas ocasiones: Alergia, el Instituto, Solita… Mi (nuevo) cuñado y su familia. Me parece que estoy empezando a volver a creer que hay gente buena y limpia en este mundo. Y tal vez esta sensación no debiera ir la sétpima.

EXPECTATIVAS (MÁS BIEN DESEOS) PARA 2010
1.- Que mi familia siga bien, salud y alegría para todos ellos.
2.- Que mi querida y admirada enfermita se ponga bien del todo.
3.- Que él pueda con ello.
4.- Ver más a mis hermanos. Ver más a mis padres.
5.- Aprender a esforzarme por ver a las personas a las que quiero y que me parecen limpias. Pasar de socializar por socializar. Aprender a priorizar a quién doy mi tiempo y a quién no.
6.- Ganar para vivir, haciendo un trabajo honrado.
7.- Hacer mis proyectos. Signifique lo que signifique eso. Tal vez lo sepa dentro de un año.