Seis de la mañana. Domingo. Me abrazo a la almohada. Diorr que bien he dormido. Me sentó espectacularmente la salidita de anoche. Mi Piéi ya está levantada y en la ducha y yo sigo ahí con lo tarde que és. ¡Arriba!

Preparo desayunos, esta vez hasta me pongo a tostar croasancitos para los primeros que llegan a desayunar. Yummi. Esta vez hay donettes para el equipo, que ayer se comían los del niño-actor. Yupi. Es domingo, hay que cuidarse. La gente va saliendo y yo voy haciendo turnos de desayuno hasta las ocho menos diez. Es el primer día que no estoy ya fuera al amanecer.
Anoche llegó el grupista (*1 mini diccionario técnico al final del post) y se instaló, refunfuñando un poco, en una de las casas de aldea. A ver qué tal humor lleva hoy. Mejor. Bueno.
Llueve.
El equipo de fotografía está montando el chiringuito. Los 72 metros cuadrados de plástico que compré ayer están siendo amarrados a chorrocientos trípodes con ceferinos (*2) para hacer un tenderete. Aquello parece el mercadillo de los miércoles. Pero poco a poco cobra forma, sobre todo porque cobran presencia dos focos francamente más grandes que yo (sobretodo con el peso que he perdido en este rodaje).
Son dos HMIs de 12.000 watios (*3). Y sí, son cinco cifras.

Al igual que al Camión de la Tramoya, no se si mirar a los HMIs con cariño por haberlos conseguido o con odio por el curro que me han dado. La idea de añadir estos focazos surgió cerca de cuatro días antes del rodaje y me volví bastante loca con el tema, con los proveedores, con los presupuestos, y con lo horrible del material que me ofrecían. Para que os hagáis una idea el precio inicial de estos focazos era de 480 euros por día. Más horas de consumo de bombilla. Por dos (porque había dos focazos). Obviamente esto se negocia y obviamente nadie sabrá de mis mnos el precio real. No me lo querían alquilar sin operarios. En fin, fue una pelea terrible conseguirlos a un precio que entrara en el presupuesto y fue sólo porque eran unos aparatos tan viejos como yo. La explicación de añadir esto tan tocho a última hora: Como iba a llover y el director de fotografía quería luz día natural, el productor pensó que sería más barato reproducir un día soleado que ir otro día con todo el equipo. Y ahí empezó mi negociación a muerte con las casas de iluminación por los HMIs.

"So you needed The Light of God, you've got it. This one is as elder, at least" Le comenté al director de fotrografía, panpanamericano, al que no se si he dicho suficientes veces que generalmente adoro. "I used to work with these... twenty years ago, in Hollywood, yeah", he said.
El Argentino y O Galego no paran de tirar cables y ajustar luces. A la media hora de estar encendidos los dos HMIs, se apaga uno. El Primer Ayudante frunce el ceño.
Yo: "¿Qué ha pasado?"
O Galego: "No funciona el balas (4*)"
Yo: "Mierda. ¿Un corto o qué? ¿El agua?"
Él: "Estamos comprobando la manga"
Minutos de tensión, no es la manga, no es la bombilla. El grupista toquetea el balastro (balas) y vuelve a funcionar. Pero petará al rato. A esas horas, obviamente, el tipo de la casa de alquiler de mterial debe tener ya doce llamadas perdidas mías. Deben de ser las nueve y media.
Tengo chorrocientos euros de material de iluminación inutilizados y como me pete el otro HMI de 12.000 suspendemos rodaje, porque el día está más cerrado que las puertas de Moria y no hay luz.
Tengo que ir a devolver el puto barco a Pelayos de la Presa a las 10:30. Lo hemos cargado en la furgo a primera hora. Agarro a Michico y nos vamos.
En la furgo voy llamando a todo el que conozco que sabe de esto a ver si conoce a alguien de una casa de alquiler de iluminación que no esté a 150 kilómetros del pueblo y que me puedan abrir un domingo. Consigo hablar con los de la casa de iluminación de Madrid en la que pillé los HMIs, pero están a hora y media del pueblo. Estoy enferma y a punto de vomitar cuando llego a lo del barco, que también me han abierto el domingo para hacerme el favor. Nos ponemos a hacer la factura y hasta al tipo de los barcos le pregunto si tiene HMIs. Yo que sé, lo mismo hay suerte y su primo hace cine. Quién sabe.
Nada. Les digo a los de Madrid que miren qué les queda en el almacén. No tienen más HMIs de 12. Les digo que me hagan una listilla de lo más gordo que tengan. Y les convenzo de que estén prevenidos y listos para ir a allí a darme otro foco. No extra-cost, of course. ¿He dicho ya que es domingo?
Mientras devuelvo el barco negocio con el de foto que otros HMIs le valdrían, hago que los de la casa de alquiler me los reserven y tengan listos. El de foto me dice que de momento se apaña con lo que tiene y que pueden seuir tirando, pero decidimos ir a por los focos a Madrid, simplemente por si acaso, porque como falle otro, finitto. Ah, y mientras voy gestionando con la gente de producción que queda en la casa qué es lo que se va a hacer de comer para el equipo. Michico y yo llegamos a Madrid sobre las 12:15, cargamos más material que el que me ha pedido el de foto (por si acaso peta otro HMI).
Conseguimos parar a hacer pis. Eso es un logro en un rodaje así.

Es la una y no hemos comido desde las seis. Suenan las barrigas. Ponemos música estúpida en la radio y bailoteamos a lo chorra en los asientos de la furgo, pero nada. Tenemos hambre. Michico hurga en sus cosas. "¡Tengo un sandwitch! ¡Y chocolate!" recuerda de pronto.
La vida es maravillosa en ese momento en la M-40. Qué fácil es ser feliz a veces. Tenemos nuestros focos y chocolate. Qué más podemos pedir.
Llueve. Pillamos la carretera de los pantanos, se acaba el chocolate, la música sintonizable en la radio y la euforia. Vamos a 60.
Un motorista lucha contra el agua en el asfalto un coche por delante de nosotros. Curva. Otra curva. Otra curva más y el motorista se cae. Sale disparado de la moto haciéndose un ovillo hacia la izquierda de la calzada (hacia el otro carril) y la moto hacia la derecha (hacia el quitamiedos). Dios que no le atropelle nadie desde el otro carril. Pongo los cuatro intermitentes. Como es una curva, curiosamente el motorista caído vuelve a nuestro carril. Dios que no lo atropelle el de delante. (Mujerdelmedico), frena; me digo. Miro al de atrás. Va súper pegado. Freno un poco. Se acerca, feno menos, más, menos, la furgo pesa, es complicado.

El de delante ha frenado en el arcén. Miro que no venga nadie de frente, giro hacia la izquierda. Adelanto al de delante y al motorista caído, me echo al arcén. Freno del todo. Miro por el retrovisor izquierdo. Los otros conductores ya me van pasando sin problemas. Miro por el derecho. La moto está incrustada en el quitamiedos y el motorista a su lado. Se mueve. Aleluia. ¿He dicho ya que es domingo?
Michico baja sin ponerse el chaleco y yo me pongo muy nerviosa por eso. Busco el chaleco, me lo pongo y salgo de la furgo. El motorista está de pie intentando levantar la moto junto a Michico. Gosh.
Llego, le doy un collejón a Michico y le digo que si quiere que lo maten a él, que no se puede salir así a la carretera por muchas ganas que se tengan de ayudar. Ve con mil ojos, no pierdas la calma.
Demasiados sucesos he vivido, tal vez.
Acabamos de ayudarle, comprobamos que está bien. Los del coche de delante están también parados con él. Yo trato de transmitir a todo el mundo calma y serenidad, de que se aparten y velen por su propia seguridad. Llamamos a quienes hay que llamar y le dejamos en manos de los otros conductores que le auxilian. Nos subimos en la furgo.
No para de temblarme la pierna derecha.
Respiro tres veces, me tranquilizo y enciendo el motor. Me concentro en la carretera, no pienso en lo que ha pasado, lo olvido. Tenemos un rodaje al que llegar.
Cuando llego aparco y bajo de la furgo. Michico va por delante, yo tardo más en bajar. Doy cuatro pasos, cierro la furgo. Doy otros cuatro, me mareo. Respiro, me abrocho el abrigo. Tengo que llegar al interior de la casa.

Subo y la gente está rodando sin problema. Compruebo que esté bien el equipo. El tema de la comida está controlado y sólo queda freir el pollo. Digo que ya está el material prevenido y me meto en la buhardilla. Que nadie me llame. Necesito un rato. Me quedo ahí sola, tirada en el sofá, dormitando veinte minutos.
Cuando despierto parece que me he tomado un Reanimator de los que anuncian en Airbag. Me pongo a hacer cuentas, a cerrar facturas, a ver que no hayamos perdido ninguna, a comprobar el flujo de caja, a preparar los contratos del personal, a perseguir a la gente para hacerme con sus DNIs y poder escanearlos para los temas legales... No se cuándo ni cómo, pero se que comí y que estaba muy rico el pollo, que había frito la de maquillaje, que ayudó con la cocina ante los líos que teníamos por la mañana y que faltábamos Michico y yo.
Así, poco a poco, pasa la tarde, se va acabando el rodaje, se van oyendo aplausos cada vez que un actor acaba una escena. Michico se va a llevar al niño-actor y a su madre a Atocha, que salen en AVE para Barcelona esa tarde. Mi Piéi y yo nos ponemos a limpiar, tenemos que dejar limpias las tres casas. Y, de pronto, nos llaman para ir a set. Es el último plano que va a rodarse.
Ya está.
Acabamos de recoger, y nos vemos obligados a pedirle a la de vestuario que acerque gente a Madrid, y la mujer se molesta, con más razón que una santa, pero les lleva. Entre medias mi Piéi y yo vamos a devolverle el generador a "Alberto el de las máquinas". Simplemente no damos más abasto. Se van sobre las ocho. Nosotros seguimos recogiendo. Mi Piéi se va a las otras casas a que la gente recoja su equipaje.

Vamos cargando todo en la furgo. Parte del equipo se quedará a dormir en la casa. Yo estoy muerta, y me apetece quedarme a dormir un poco.
A El Argentino hay que llevarle hasta Algete. En realidad podría haberle metido en el coche de Mi Piéi y que ella le llevase. Hubiese salido antes y yo hubiese podido descansar algo más.
Pero creo que Mi Piéi se merecía descansar. Que hiciese un viaje a Madrid a dejar gente y se fuese a su casa. No la iba a hacer ir hasta Algete.
El Argentino y yo subimos en la furgo. Es muy tarde. Consigo llegar a Algete a dejar a este chico sobre las dos de la mañana. Exactamente a las 2 horas 50 minutos del lunes aparco la furgo en el parking que hay frente a la casa de mis padres. No tengo llaves de mi casa porque Michico las dejó en mi coche, y mi coche lo dejó aparcado en mi barrio.
Envío un mensaje a mi equipo de producción diciéndoles que he llegado y felicitándoles por su trabajo. Descargo el material de cámara, mi maleta, mis cosas. Se me acercan dos agentes de policía nacional alertados por mis extraños movimientos de madrugada. Revisan por encima lo que llevo. Me alumbran con la linterna y me ven la cara.

"De donde viene usted"
"De trabajar"
"¿De trabajar?"
"De trabajar"
"¿A qué se dedica usted?"
"Digamos que... ¿hago cine?"
"¿Y acaba ahora?"
"Sí. Y lo peor es que empecé a las seis y media de la mañana. Deténgales, por favor. Detenga a alguien. Esto no puede ser legal".
El piccoleto se ríe. Me ofrece su ayuda y me ayuda a cargar el material y mis cosas hasta el ascensor de la casa de mi madre, que me abre el telefonillo como sólo una madre puede hacerlo.
"Gracias agente, y buenas noches"
"Buenas noches, señorita"
Subo el ascensor. Por fin sola. Mañana a las nueve en pie, que hay que devolver todo el material y pegarse con los proveedores de nuevo. Cuando se vuelven a abrir las puertas del ascensor, está mi madre ahí, en pijama y bata. "Hija, estás hecha un suspiro". Me ayuda con las cosas. "¿Quieres cenar?"
"Sí por diossss", contesto cerrando la puerta.
"Tengo ahí un cocido, pero no querrás..."
"SÍÍÍÍ"
Y me metí un cocido madrileño de mi mamá entre pecho y espalda a las tres de la mañana justo antes de meterme en la cama.
Y sin ir fumada.

Es lo que tienen ciertos rodajes. Debe ser algo de THC, que te da la risa cuando acabas.
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(*1) Grupista: Tío que conduce el grupo electrógeno (generador grande, en este caso de 40.000 W) a la localización y se pasa todo el día vigilando la furgoneta del generador de la que sale el cable que va a la localización. Aburriéndose como una mona.
(*2) Ceferinos: Un tipo de trípodes consistentes en una barra larga de la que, de abajo del todo, salen perpendicularmente tres patas en forma de "L" que giran sobre el eje del palo. Poco espacio, muy manejable, más comodo. Suelen llevar "espadas", que son unos palos metálicos de lo que se cuelgan cosas (por ejemplo focos o telas) que se encajan al trípode por unas "rótulas" articuladas con palometas.
(*3) HMI 12.000: Por resumir, para el profano: hay dos tipos de temperaturas de color, la luz de las bombillas normales (tungsteno) y la luz del Sol. No es sólo que el Sol sea más potente, es que da un color de luz diferente que las bombillas normales. Ciertos aparatos de iluminación de cine están preparados para dar este tipo de luz y que parezca que es luz natural en vez de artificial. Magia. Los HMI son focos enormes que dan "luz día" y consumen mucha electricidad, y en concreto estos son muy, pero que muy grandes. Como para reproducir (en un interior) un día de agosto cuando en realidad el día está nublado, para que nos entendamos.
(*4) Balastro o "balas" (de ballast, en inglés): Es un tipo de transformador que hace que el flujo de corriente de la lámpara (digamos la "bombilla" del foco) sea estable. En este caso, un cacharro como de 120x70x4o cm. metálico, pesadísimo, que sólo se puede levantar entre varios hombres fornidos. Hace falta uno por cada foco HMI grande.