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viernes, 28 de octubre de 2011

Welcome to America, ma'am

miami_from_my_window by ama_yukaViajar a Estados Unidos no es tan difícil. Si eres europeo, por ejemplo, y te has hecho el pasaporte en los últimos años. Si no, ahí que te quedes. En Costa Rica, sólo por entrar en la Embajada de Estados Unidos, cuentan, tienes que pagan 100 dólares. La verdad es que, a mi, con el pasaporte electrónico, ni siquiera me pidieron el ESTA para entrar. Sólo tienes que renunciar a buena parte de tus derechos antes de entrar. Así que ese dinero fue en balde al Gobierno de los USA. Con la falta que hace fuera. En fin. Otros, directamente, ni pueden entrar. O los retienen en el aeropuerto. En lo que llevo aquí, ya me han contado unas cuantas de esas historias para no dormir.
He de reconocer que salí de San José con algo más que simplemente alivio. Tal vez ya me estaba sintiendo un poco atrapada en esta ciudad, en este país, en este "hueco" como dicen los lugareños. Ver Miami desde el avión fue entre apasionante e indignante. Ninguna ciudad necesita tantas luces. Después, en inmigración hora y media porque aunque había cuarenta mostradores sólo había cinco personas atendiendo. ¿Para qué tanta infraestructura si sólo se usa el 15%? Me acordé de #cuandoeramosricos, no pude evitarlo. Ahora que, en hora y media, recuerdas muchas cosas.
Cuando conseguí llegar al hotel eran las tres y media de la mañana, y al día siguiente tenía que estar a las ocho y media en la Universidad de Arte y Diseño para el seminario. Me tumbé en aquella cama enorme y descubrí las almohadas de mi vida. Qué gozada. La almohada te abrazaba. Prácticamente te arrullaba. Qué lujo.

sunrisemiami by ama_yuka

Amaneció y era la primera vez que veía el cielo en dos semanas, porque en San José no había parado de llover. Ya no sabía ni de que color era (Nota: es azuladito, según la hora). Desde mi ventana se veía un puertecito, el bayside y, al otro lado, lo que sería South Beach (Miami Beach). La verdad es que, cuando no estaba en los seminarios, estaba trabajando o de fiesta. Así que no he visto mucho de Miami. La primera noche fuimos a una "gala" de cine español. Otro día fuimos al bayside, que me pareció una mezcla hortera entre Benidorm y Puerto Banús, si es que se puede ser tan hortera. Todo olía a nuevo rico cateto que daba grima. En fin, vi poco, mi visión es sesgada, como siempre. Salimos después por South Beach y, en fin, me pareció que los garitos estaban bien de precio para ser tan turísticos. Aunque dicen que hay sitios en los que tienes que pagar dos mil dólares para sentarte a la mesa. Asssurdo.
Eso sí, los seminarios bien, con sus más y sus menos, pero bien, y siempre se conoce gente interesante. Creo que lo mejor es eso: ir conociendo a gente maja y del sector a este lado del charco y/o con interés en el cine latinoamericano.
He vuelto con una idea más clara de cómo quiero desarrollar la película y cada vez tengo más claro qué tipos de proyecto me interesan y cuáles no. He conocido visiones nuevas, formas de aproximarse a la profesión sobre las que no había reflexionado demasiado en Europa, y creo que es siempre un buen aprendizaje. Hasta he tenido alguna idea y todo. Volví a San José destrozada pero, la verdad, con ganas de "volver a casa". Creo que fue la vez que empecé a sentir con más intensidad mi "casa" aquí. Y preparándome para una semana dura: tenía que entregar el proyecto de largo a una subvención de aquí y volver a engancharme con el trabajo el día siguiente. Ah, sí, empecé a trabajar "en serio" para una pequeña productora de aquí hace ya tres semanas. En principio tengo contrato hasta primeros de abril. El trabajo me gusta, produzco animación y hago estrategias de difusión de contenidos audiovisuales (y aledaños) en plataformas digitales. Y hasta ahí puedo leer, porque tengo cláusula de confidencialiad. Me gusta. Mucho trabajo, pero me gusta. Y aprendo.
Pero ya, por fin, la semana acaba. El Sol ha salido tres días seguidos en San José y hasta hemos visto el cielo. Dicen que estos días volverán las lluvias eternas.
No importa. Siempre intento recordar que el cielo sigue siendo azul, por más que las nubes no me dejen verlo.

domingo, 13 de febrero de 2011

El Centro de Carga Aérea de Barajas

Resulta que, hace unas semanas, tuve que encargar en Estados Unidos una réplica original del traje de Darth Vader. No, no fue por frikismo, que podría ser. Era para una serie de sketches que estoy produciendo, por eso este post va en la categoría de Low Budget Solutions For Creative Filmmakers, para ayudar al prójimo. Ingenua de mi, pensé que el paquete llegaría a la dirección a la que había pedido que me lo enviasen (la de la productora). ¡No! Lo único que recibí fue un albarán de Correos pidiéndome que fuese al Centro de Carga Aérea de Barajas. Había oído hablar de ese terrible lugar. El agujero negro de las compras por Internet que nunca llegan. Una vez oí una historia de uno que envió quesos a su familia y la familia tuvo que venir desde Galicia hasta Barajas a recogerlos... ¡Tenía que rescatar mi traje!
Me puse manos a la obra. ¿Dónde tengo que ir? Bien, en el albarán no dan señas. San Google. Google me lía aún más. Miro en el enlace de Correos que venía como referencia en el albarán. Datos que no reconocen los buscadores. Alucino. Llamo al teléfono de Atención al Usuario que viene en el albarán. Pregunto por los pasos a seguir. Me los cuentan. Me intentan vender que contrate a un agente de aduanas de Correos porque es una cosa "muy complicada", dice la operadora. Le digo que tururú, que lo hago yo, que me diga a dónde tengo que ir.
"Al aeropuerto" dice la señorita.
Yo: "¿A dónde del Aeropuerto? Es Barajas, no La Palma..."
Ella: "Ay pues no se"
Yo: "A ver esto no es el teléfono de atención para este tema de recogida de envíos internacionales retenidos en aduana"
Ella: "Sí"
Yo: "Bien, y ¿dónde puedo recoger mi paquete, donde tengo que ir con mi albarán"
Ella: "Al aeropuerto... al centro de carga aérea"
Yo: "Bien, ¿dónde está el centro de carga aérea?"
Ella: "En el aeropuerto..."
Yo: "Pero, ¿dónde del aerop...?"
Decido evitar el bucle infinito y pongo rumbo al aeropuerto. Allí me dicen que en la T2. Voy a la T2. En la T2 una señorita de información del aeropuerto me dice que "eso es en el centro de carga aérea" y yo "¿pero donde?" Y ella "Un edificio de cristal muy grande que está al lado del aeropuerto"
Con esas indicaciones salgo del aeropuerto y pronto veo un edificio con un cartel de Correos. Consigo llegar. Allí hay un edificio enorme de correos pero pregunto al guardia y ¡no es allí! Me indica una oficinucha secundaria de correos.
Veo una nave rotulada como SKYNET, y pienso que dentro estarán ensablando terminators a degüello. Llego a la oficinucha. Hago la cola, entrego mi albarán, y me entregan otro papelito, con el que tengo que ir a aduanas a pedir que me hagan una especie de "liquidación de impuestos". Me voy para aduanas. Cola. Un señor que ha venido desde Málaga a recoger un paquete que teóricamente le llegaba a casa. ¡Y resulta ser un libro! Una señora me cuenta que le pasó con un queso que le envió su hija desde Canadá. Mi turno. Me acerco a la ventanilla y un señor ocupado pero simpático me liquida, y me dice que tengo que pagar el IVA del traje, por si acaso es importación y después lo vendo... WTF? Total, un 18%... Me da otro papelito y que me vaya a un banco a pagar. Después del banco, que rerese con el justificante de ingreso, y que entonces me dará otro papelito ¡para volver otra vez a la oficinucha! Busco un banco. Entro. Cola. Pago. Bromeo con la cajera. Vuelvo a aduanas. Cola. Entrego justificante. Otro papelito.
De vuelta a la oficinucha y a esperar veinte minutos hasta que saquen mi traje de Darth Vader del fondo del almacén.
Pero luego en la oficina me hice esta foto:

Así que ya sabéis, id con tiempo y, si podéis, con el MP3 bien cargado.
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Por si a alguien le sirve, lo único que hay que hacer (desde la M40 cuando vas al aeropuerto) es seguir los carteles de "zona industrial aeroportuaria". Está muy cerca del Hotel Hilton. Y ahí empiezan los carteles del Centro de Carga Aérea.

miércoles, 5 de enero de 2011

Low budget solutions I: Cámara en el coche

Últimamente no puedo parar de crear, no puedo parar de crear. Se suele decir que el trabajo de producción no es creativo. Yo no sé aseverar nada, pero mientras más curro más me doy cuenta de que me paso los días improvisando soluciones rápidas y baratas a la par de eficientes y divertidas. Llevo bastante tiempo pensando en contar de vez en cuando alguna cosilla de estas, menos pofrunda, menos personal, más gamberra y -tal vez para alguien- más entretenida y útil. Y, para mis lectores habituales, creo que, por lo menos, curiosa.
Así que he decidido inaugurar una nueva categoría, que llamaré "Low budget solutions for creative filmmakers" -por muy largo que sea el tag- donde iré poniendo experiencias y soluciones, baratas e improvisadas, divertidas, curiosas, increíbles o simplemente que me hayan resultado útiles y haya ido aprendiendo a golpe de rodaje.
Hoy inauguro mis Low budget solutions for creative filmmakers con una de las últimas, del pasado 3 de enero, cuando intentábamos buscar una alternativa tal vez más estable que los "magic arms" para grabar unos planos con la cámara "pegada" al coche.
Muchos coches dan el "problema" de que es difícil adaptarles la lapa de la cámara porque no tienen el capó suficientemente recto. Para hacer un soporte más regulable, en el que las bases puedan rotar en varios sentidos para ajustarse más a las formas, buscamos una solución.
Este cacharro está hecho con la base metálica de una lapa, tres ventosas, tres espadas de los ceferinos y seis rótulas (y tres tochos, creo recordar, para unir las ventosas con las rótulas, lo digo para los más curiosos que lo quieran poner en práctica), y a él se puede ajustar la cámara mediante un tornillo de cámara, quizá algo más estable que agarrarlo con brazos mágicos o con pinzas de presión (lo que intentábamos era tener las dos alternativas, por si acaso, siempre porsiacasos). También llevamos una L metálica por si queremos poner la cámara a 90 grados (dependiendo de cómo ajustemos el "trípode-ventosa"). Ajustando la longitud de las patas del trípode con las rótulas podemos conseguir distintos grados de inclinación de la cámara. Es, poco más o menos, como andar ajustando un trípode sin burbuja. Y, por supuesto, mediante las rótulas podéis ajustar distintas inclinaciones de las ventosas.
También podéis armar una solución parecida usando como patas del trípode unos brazos mágicos y varios tipos de pinzas para sujetar las piezas entre sí y a la cámara (y con las ventosas).
A mi me parece un invento bastante molón, aunque obviamente siempre habrá algún tipo de vibración. Aunque lo más importante, como siempre en estos casos... DRIVE SAFELY!

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NOTA.- Para los sabidillos o interesados: Os cuento que también nos llevamos otras tres espadas y otras tres rótulas, por si necesitábamos "alargar" las patas del "trípode-ventosa" para ajustar más el plano o la inclinación o simplemente para ajustarnos a la superficie. Para alargar una pata bastaba con unir, mediante una rótula, dos espadas (otra rótula estaría en la base-ventosa y una tercera rótula (por pata) estaría en la parte de arriba, en a la base metálica para la cámara). Uséase, poner una rótula en el medio.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Diario de Rodaje. DIA 4. Casa... Y a casa.

Seis de la mañana. Domingo. Me abrazo a la almohada. Diorr que bien he dormido. Me sentó espectacularmente la salidita de anoche. Mi Piéi ya está levantada y en la ducha y yo sigo ahí con lo tarde que és. ¡Arriba!

Preparo desayunos, esta vez hasta me pongo a tostar croasancitos para los primeros que llegan a desayunar. Yummi. Esta vez hay donettes para el equipo, que ayer se comían los del niño-actor. Yupi. Es domingo, hay que cuidarse. La gente va saliendo y yo voy haciendo turnos de desayuno hasta las ocho menos diez. Es el primer día que no estoy ya fuera al amanecer.
Anoche llegó el grupista (*1 mini diccionario técnico al final del post) y se instaló, refunfuñando un poco, en una de las casas de aldea. A ver qué tal humor lleva hoy. Mejor. Bueno.
Llueve.
El equipo de fotografía está montando el chiringuito. Los 72 metros cuadrados de plástico que compré ayer están siendo amarrados a chorrocientos trípodes con ceferinos (*2) para hacer un tenderete. Aquello parece el mercadillo de los miércoles. Pero poco a poco cobra forma, sobre todo porque cobran presencia dos focos francamente más grandes que yo (sobretodo con el peso que he perdido en este rodaje).
Son dos HMIs de 12.000 watios (*3). Y sí, son cinco cifras. Al igual que al Camión de la Tramoya, no se si mirar a los HMIs con cariño por haberlos conseguido o con odio por el curro que me han dado. La idea de añadir estos focazos surgió cerca de cuatro días antes del rodaje y me volví bastante loca con el tema, con los proveedores, con los presupuestos, y con lo horrible del material que me ofrecían. Para que os hagáis una idea el precio inicial de estos focazos era de 480 euros por día. Más horas de consumo de bombilla. Por dos (porque había dos focazos). Obviamente esto se negocia y obviamente nadie sabrá de mis mnos el precio real. No me lo querían alquilar sin operarios. En fin, fue una pelea terrible conseguirlos a un precio que entrara en el presupuesto y fue sólo porque eran unos aparatos tan viejos como yo. La explicación de añadir esto tan tocho a última hora: Como iba a llover y el director de fotografía quería luz día natural, el productor pensó que sería más barato reproducir un día soleado que ir otro día con todo el equipo. Y ahí empezó mi negociación a muerte con las casas de iluminación por los HMIs.
"So you needed The Light of God, you've got it. This one is as elder, at least" Le comenté al director de fotrografía, panpanamericano, al que no se si he dicho suficientes veces que generalmente adoro. "I used to work with these... twenty years ago, in Hollywood, yeah", he said.
El Argentino y O Galego no paran de tirar cables y ajustar luces. A la media hora de estar encendidos los dos HMIs, se apaga uno. El Primer Ayudante frunce el ceño.
Yo: "¿Qué ha pasado?"
O Galego: "No funciona el balas (4*)"
Yo: "Mierda. ¿Un corto o qué? ¿El agua?"
Él: "Estamos comprobando la manga"
Minutos de tensión, no es la manga, no es la bombilla. El grupista toquetea el balastro (balas) y vuelve a funcionar. Pero petará al rato. A esas horas, obviamente, el tipo de la casa de alquiler de mterial debe tener ya doce llamadas perdidas mías. Deben de ser las nueve y media.
Tengo chorrocientos euros de material de iluminación inutilizados y como me pete el otro HMI de 12.000 suspendemos rodaje, porque el día está más cerrado que las puertas de Moria y no hay luz.
Tengo que ir a devolver el puto barco a Pelayos de la Presa a las 10:30. Lo hemos cargado en la furgo a primera hora. Agarro a Michico y nos vamos.
En la furgo voy llamando a todo el que conozco que sabe de esto a ver si conoce a alguien de una casa de alquiler de iluminación que no esté a 150 kilómetros del pueblo y que me puedan abrir un domingo. Consigo hablar con los de la casa de iluminación de Madrid en la que pillé los HMIs, pero están a hora y media del pueblo. Estoy enferma y a punto de vomitar cuando llego a lo del barco, que también me han abierto el domingo para hacerme el favor. Nos ponemos a hacer la factura y hasta al tipo de los barcos le pregunto si tiene HMIs. Yo que sé, lo mismo hay suerte y su primo hace cine. Quién sabe.
Nada. Les digo a los de Madrid que miren qué les queda en el almacén. No tienen más HMIs de 12. Les digo que me hagan una listilla de lo más gordo que tengan. Y les convenzo de que estén prevenidos y listos para ir a allí a darme otro foco. No extra-cost, of course. ¿He dicho ya que es domingo?
Mientras devuelvo el barco negocio con el de foto que otros HMIs le valdrían, hago que los de la casa de alquiler me los reserven y tengan listos. El de foto me dice que de momento se apaña con lo que tiene y que pueden seuir tirando, pero decidimos ir a por los focos a Madrid, simplemente por si acaso, porque como falle otro, finitto. Ah, y mientras voy gestionando con la gente de producción que queda en la casa qué es lo que se va a hacer de comer para el equipo. Michico y yo llegamos a Madrid sobre las 12:15, cargamos más material que el que me ha pedido el de foto (por si acaso peta otro HMI).
Conseguimos parar a hacer pis. Eso es un logro en un rodaje así.
Es la una y no hemos comido desde las seis. Suenan las barrigas. Ponemos música estúpida en la radio y bailoteamos a lo chorra en los asientos de la furgo, pero nada. Tenemos hambre. Michico hurga en sus cosas. "¡Tengo un sandwitch! ¡Y chocolate!" recuerda de pronto.
La vida es maravillosa en ese momento en la M-40. Qué fácil es ser feliz a veces. Tenemos nuestros focos y chocolate. Qué más podemos pedir.
Llueve. Pillamos la carretera de los pantanos, se acaba el chocolate, la música sintonizable en la radio y la euforia. Vamos a 60.
Un motorista lucha contra el agua en el asfalto un coche por delante de nosotros. Curva. Otra curva. Otra curva más y el motorista se cae. Sale disparado de la moto haciéndose un ovillo hacia la izquierda de la calzada (hacia el otro carril) y la moto hacia la derecha (hacia el quitamiedos). Dios que no le atropelle nadie desde el otro carril. Pongo los cuatro intermitentes. Como es una curva, curiosamente el motorista caído vuelve a nuestro carril. Dios que no lo atropelle el de delante. (Mujerdelmedico), frena; me digo. Miro al de atrás. Va súper pegado. Freno un poco. Se acerca, feno menos, más, menos, la furgo pesa, es complicado. El de delante ha frenado en el arcén. Miro que no venga nadie de frente, giro hacia la izquierda. Adelanto al de delante y al motorista caído, me echo al arcén. Freno del todo. Miro por el retrovisor izquierdo. Los otros conductores ya me van pasando sin problemas. Miro por el derecho. La moto está incrustada en el quitamiedos y el motorista a su lado. Se mueve. Aleluia. ¿He dicho ya que es domingo?
Michico baja sin ponerse el chaleco y yo me pongo muy nerviosa por eso. Busco el chaleco, me lo pongo y salgo de la furgo. El motorista está de pie intentando levantar la moto junto a Michico. Gosh.
Llego, le doy un collejón a Michico y le digo que si quiere que lo maten a él, que no se puede salir así a la carretera por muchas ganas que se tengan de ayudar. Ve con mil ojos, no pierdas la calma.
Demasiados sucesos he vivido, tal vez.
Acabamos de ayudarle, comprobamos que está bien. Los del coche de delante están también parados con él. Yo trato de transmitir a todo el mundo calma y serenidad, de que se aparten y velen por su propia seguridad. Llamamos a quienes hay que llamar y le dejamos en manos de los otros conductores que le auxilian. Nos subimos en la furgo.
No para de temblarme la pierna derecha.
Respiro tres veces, me tranquilizo y enciendo el motor. Me concentro en la carretera, no pienso en lo que ha pasado, lo olvido. Tenemos un rodaje al que llegar.
Cuando llego aparco y bajo de la furgo. Michico va por delante, yo tardo más en bajar. Doy cuatro pasos, cierro la furgo. Doy otros cuatro, me mareo. Respiro, me abrocho el abrigo. Tengo que llegar al interior de la casa.
Subo y la gente está rodando sin problema. Compruebo que esté bien el equipo. El tema de la comida está controlado y sólo queda freir el pollo. Digo que ya está el material prevenido y me meto en la buhardilla. Que nadie me llame. Necesito un rato. Me quedo ahí sola, tirada en el sofá, dormitando veinte minutos.
Cuando despierto parece que me he tomado un Reanimator de los que anuncian en Airbag. Me pongo a hacer cuentas, a cerrar facturas, a ver que no hayamos perdido ninguna, a comprobar el flujo de caja, a preparar los contratos del personal, a perseguir a la gente para hacerme con sus DNIs y poder escanearlos para los temas legales... No se cuándo ni cómo, pero se que comí y que estaba muy rico el pollo, que había frito la de maquillaje, que ayudó con la cocina ante los líos que teníamos por la mañana y que faltábamos Michico y yo.
Así, poco a poco, pasa la tarde, se va acabando el rodaje, se van oyendo aplausos cada vez que un actor acaba una escena. Michico se va a llevar al niño-actor y a su madre a Atocha, que salen en AVE para Barcelona esa tarde. Mi Piéi y yo nos ponemos a limpiar, tenemos que dejar limpias las tres casas. Y, de pronto, nos llaman para ir a set. Es el último plano que va a rodarse.
Ya está.
Acabamos de recoger, y nos vemos obligados a pedirle a la de vestuario que acerque gente a Madrid, y la mujer se molesta, con más razón que una santa, pero les lleva. Entre medias mi Piéi y yo vamos a devolverle el generador a "Alberto el de las máquinas". Simplemente no damos más abasto. Se van sobre las ocho. Nosotros seguimos recogiendo. Mi Piéi se va a las otras casas a que la gente recoja su equipaje. Vamos cargando todo en la furgo. Parte del equipo se quedará a dormir en la casa. Yo estoy muerta, y me apetece quedarme a dormir un poco.
A El Argentino hay que llevarle hasta Algete. En realidad podría haberle metido en el coche de Mi Piéi y que ella le llevase. Hubiese salido antes y yo hubiese podido descansar algo más.
Pero creo que Mi Piéi se merecía descansar. Que hiciese un viaje a Madrid a dejar gente y se fuese a su casa. No la iba a hacer ir hasta Algete.
El Argentino y yo subimos en la furgo. Es muy tarde. Consigo llegar a Algete a dejar a este chico sobre las dos de la mañana. Exactamente a las 2 horas 50 minutos del lunes aparco la furgo en el parking que hay frente a la casa de mis padres. No tengo llaves de mi casa porque Michico las dejó en mi coche, y mi coche lo dejó aparcado en mi barrio.
Envío un mensaje a mi equipo de producción diciéndoles que he llegado y felicitándoles por su trabajo. Descargo el material de cámara, mi maleta, mis cosas. Se me acercan dos agentes de policía nacional alertados por mis extraños movimientos de madrugada. Revisan por encima lo que llevo. Me alumbran con la linterna y me ven la cara.
"De donde viene usted"
"De trabajar"
"¿De trabajar?"
"De trabajar"
"¿A qué se dedica usted?"
"Digamos que... ¿hago cine?"
"¿Y acaba ahora?"
"Sí. Y lo peor es que empecé a las seis y media de la mañana. Deténgales, por favor. Detenga a alguien. Esto no puede ser legal".
El piccoleto se ríe. Me ofrece su ayuda y me ayuda a cargar el material y mis cosas hasta el ascensor de la casa de mi madre, que me abre el telefonillo como sólo una madre puede hacerlo.
"Gracias agente, y buenas noches"
"Buenas noches, señorita"
Subo el ascensor. Por fin sola. Mañana a las nueve en pie, que hay que devolver todo el material y pegarse con los proveedores de nuevo. Cuando se vuelven a abrir las puertas del ascensor, está mi madre ahí, en pijama y bata. "Hija, estás hecha un suspiro". Me ayuda con las cosas. "¿Quieres cenar?"
"Sí por diossss", contesto cerrando la puerta.
"Tengo ahí un cocido, pero no querrás..."
"SÍÍÍÍ"
Y me metí un cocido madrileño de mi mamá entre pecho y espalda a las tres de la mañana justo antes de meterme en la cama.
Y sin ir fumada.Es lo que tienen ciertos rodajes. Debe ser algo de THC, que te da la risa cuando acabas.
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(*1) Grupista: Tío que conduce el grupo electrógeno (generador grande, en este caso de 40.000 W) a la localización y se pasa todo el día vigilando la furgoneta del generador de la que sale el cable que va a la localización. Aburriéndose como una mona.
(*2) Ceferinos: Un tipo de trípodes consistentes en una barra larga de la que, de abajo del todo, salen perpendicularmente tres patas en forma de "L" que giran sobre el eje del palo. Poco espacio, muy manejable, más comodo. Suelen llevar "espadas", que son unos palos metálicos de lo que se cuelgan cosas (por ejemplo focos o telas) que se encajan al trípode por unas "rótulas" articuladas con palometas.
(*3) HMI 12.000: Por resumir, para el profano: hay dos tipos de temperaturas de color, la luz de las bombillas normales (tungsteno) y la luz del Sol. No es sólo que el Sol sea más potente, es que da un color de luz diferente que las bombillas normales. Ciertos aparatos de iluminación de cine están preparados para dar este tipo de luz y que parezca que es luz natural en vez de artificial. Magia. Los HMI son focos enormes que dan "luz día" y consumen mucha electricidad, y en concreto estos son muy, pero que muy grandes. Como para reproducir (en un interior) un día de agosto cuando en realidad el día está nublado, para que nos entendamos.
(*4) Balastro o "balas" (de ballast, en inglés): Es un tipo de transformador que hace que el flujo de corriente de la lámpara (digamos la "bombilla" del foco) sea estable. En este caso, un cacharro como de 120x70x4o cm. metálico, pesadísimo, que sólo se puede levantar entre varios hombres fornidos. Hace falta uno por cada foco HMI grande.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Diario de rodaje. DIA 3. Lago y jardín

Un terrible ruido atronador me devuelve a la realidad desde el sueño. Es el despertador de Mi Piéi. Jesuschrist!
Se levanta (supongo) y se mete en la ducha (supongo). Supongo tanto porque no me puedo separar de mi almohada. "No me ducho, me meto a guarra, no me ducho, no desayuno, no nada, solo quiero cama y además ni siquiera acompañada, toda pa mi..." Mi Piéi vuelve a entrar por la puerta con las ojeras hasta las tetas y el pelo empapado. Se ve tan desvalida que me levanto y me meto en la ducha. Empiezo a preparar desayunos. La de vestuario ha pasado toda la noche enferma.
Misma rutina, gente que va y viene, ir al campamento base, ver al Primer Ayudante estresao, que nos meta prisa, subir en la furgo (esta vez sí que recuerdo que iba acompañada de O Galego y El Argentino -su eléctrico-) en persecución absoluta del director y su ayudante, que van a velocidades de las que prefiero no dejar constancia por escrito. A todo esto, hemos vuelto a cargar el puto barco en la Nueva Furgo. Por cierto, no os conté que la noche anterior tuvimos un problema con el embarcadero que teníamos gestionado y tuvimos que arreglarlo para llegar a otro. Un acaloramiento terrible con mi Balsero. Pero se solucionó.
Llegamos a "La Gasolinera" que hay junto al Pantano de San Juan, creo que término municipal de Pelayos. El Argentino, O Galego y yo aún tenemos los huevos de corbata del viaje. Las ocho. Está amaneciendo y eso no congratula al Primer Ayudante.
Llega a recogernos El Ayudante del Balsero, nos vamos burmburm a su embarcadero.
Hay semejante cuesta para bajar a su oficina, junto al lago, que casi me hace llorar. No quiero romper otra furgo y hacer otros cuatrocientos kilómetros a por otra nueva, si la hay y los de la casa de alquiler no me arrancan los ovarios. O Galego baja de la furgo y me indica. El Argentino y yo rezamos a Cthulhu todo lo que sabemos. Bajamos la primera cuesta, hasta la oficina. La cuesta que baja hasta lo que es la arena y el embarcadero en sí la baja su madre. Aparco donde puedo y me pongo a coordinar la descarga y bajada de la barca hasta la orilla. Arte me viene absolutamente desesperada, que se ha perdido LA TAPA DEL AZUCARERO, y que hay que remover cielo y tierra para encontrarla por el raccord. Jesuschrist qué días llevo.
Al bajar la barca (me dijo el barquero) vemos que tiene un remache de silicona. "Por favor que no le entre agua". Decido meterla al agua y probarla. Para eso primero le quito todo lo que tenía encima, la limpio y la seco. Aparece la tapa del azucarero (nadie sabe qué coño hace ahí...). Nos subimos MI Piéi y yo. Ella se empapa los pies porque a estas alturas está tan hasta los pies de todo que todo le toca los pies. Yo salgo seca. No entra agua. Aleluia.
La cuesta de bajada/subida a la Furgo/Oficina es breve pero intensa, la subiré y bajaré tantas veces este día que mi culo se endurecerá hasta alcanzar la categoría de balón de reglamento.
Se me acerca O Galego, que está jodido el generador pequeño. Lo necesitamos. Gestiono con el Ayudante del Balsero que nos deje tirar cables desde su oficina. OK. Me pongo a buscar chalecos para los actores que irán en la balsa. Mientras, los directores, el Dire de Foto Panpanamericano, y el Canonguy (operador de cámara) estarán en una motora. Yo no paro de pensar en la mala mezcla que suponen cámaras y agua. Jesuschrist. Encuentro un chaleco para el niño y otro tamaño adulto. Mantas y toallas. Se los pruebo y ajusto.
Parten hacia el lago y les despedimos desde el muelle con pañuelos. Arte es feliz con su tapa.
Preparamos el catering. Mi Piéi está comprando café calentito pa todos. Preparo bocatas y sandwitches de nocilla. El niño actor decide que puede compartir con el resto del equipo las chuches que le hemos comprado (que debían ser quince euros de chuches). Me alegro porque no me apetece que el chaval coja lombrices.
"Todos necesitamos energía, todos estamos trabajando muy duro y a todo el equipo nos hacen falta chucherías para seguir adelante" me suelta el crío, tó empático y saliéndose de generosidad. Colocamos un par de puñados en un plato.
Tengo una conversación de hombremotivador a mujerestresada con mi dire de produ. Recargo pilas y vuelvo a subir la cuesta por enésima vez, pero feliz por mi trasero. Michico está recogiendo a más actores en Madrid y acercándoles a la localización.
El resto de la mañana transcurre tranquila, recogemos rápido, subimos la barca, vamos al Campamento Base. Metemos la barca por el garaje hasta el jardín de atrás. Me pongo a hacer la comida. Una pasta con boloñesa. Michico me trae orégano y me ha picado la cebolla. Así da gusto. Ponemos la mesa, la gente come, el Canonguy no se por qué pero se queda con media ración porque llega muy tarde y cuando quiere tener el plato servido no le da tiempo a comer más. Es sábado y tengo que encntrar plásticos gigantes, porque al día siguiente lloverá estará todo cerrado, y tenemos que tenerlos previstos para que fotografía monte un chiringuito que proteja los HMI de 12.000 watios (sí, son cinco cifras) que habremos de montar en el jardín para que iluminen la cocina (repito, el domingo). En estas se jode el tirador del otro generador pequeño. Guay. Lo arregla el jefe de eléctricos. Me acerco a unos super almacenes de ferretería que he visto a la entrada del pueblo. En el almacén tienen rollos del plástico que quiero de 6 metros de ancho por "los que quieras" de largo. Compraré 72 metros cuadrados. "¿Oye tú no tendrás generadores de alquiler?" "No, yo sólo los vendo", "Vaya, es que estaos rodando y necesitamos... (le cuento la historia)"
El ferretero me cuenta que en el pueblo de al lado hay un tal "Alberto el de las máquinas" que sí que tiene "cosas de esas". Que vaya a "donde el eroski" y "por ahí recto" pregunte. Er.... Vale.
Me voy al "pueblo de al lado" y me dedico a preguntar a hombres fornidos con cara de querer generadores por "Alberto el de las máquinas". Finalmente le encuentro, me atiende, lo más que tiene es un generador de 4.ooo watios, es poco pero pué valer. Lo tiene para venta. Le pongo pucheros. Me mira por encima de la montura de sus gafas de cerca y decide alquilármelo. Su hijo me ayuda a cargarlo al coche. Feliz.
Vuelvo a la casa. Me limpio. Bajo unos bocatitas a los compañeros que están en set. Hago cuentas a ver cómo vamos de pasta. La gente acaba de rodar y se va a sus casas a ducharse y relajarse.
Me pongo a hacer un pisto y arroz, tardaré cerca de hora y media o dos horas. Estoy muerta, ni yo ni mi equipo hemos parado en dos días. El dire de foto, Panpanamericano, que es un amor, lo ve y me sirve un poco de vino tinto en un vaso de plástico. Brindamos "clonck clonck", pero me da la vida que me quide un poco. Mi Piéi y yo ponemos la mesa, servimos la cena según la gente va llegando, están citados para cenar a las ocho y media. El dire de produ está ahora haciendo huevos en la cocina. Le aplauden cuando sube. Una persona se mosquea conmigo y se me pone digna porque he servido al director (ejem) y al canonguy (que no ha comido casi nada) antes que a ella. De verdad está a punto de poder con mis nervios. Me da un bajón, entre a presión de ese día la la del día anterior, la falta de sueño y el no haber comido casi nada. Me retiro un instante, pero tengo que volver a seguir sirviendo. Como un huevo y un poco de pisto. Nada me sabe a nada. Me pongo a recoger los platos de las mesas. Ahora ellos acaban, pero nosotros de nuevo no paramos y lo tenemos que dejar todo recogido y limpio. Mi dire de produ me dice que pare, pero yo necesito estar activa para que no me afecten estas cosas. Pero me tomo otro vaso de vino sentada en la terraza tranquilamente con Panpanamericano. Siempre me da paz este hombre.
Recojo, limpio, y Mi Piéi acerca a la gente a las casas rurales en coche porque no quieren ir andando. Yo prefiero ir caminando. Hace una noche estrellada preciosa y no hay ni diez minutos a pie entre un sitio y otro. Acabo de limpiar y pongo rumbo a las casas. Me sienta bien caminar. Llego a las casas a las once menos diez. Me llama Mi Piéi. La pobre está preocupada y buscándome con el coche en el Campamento Base. Llega y nos miramos a los ojos. Estamos muertas. Silencio.
Yo: "Necesito una copa".
Ella: "Pff... Y yo. Vámonos a tomar algo".
Yo: "¿A dónde?".
Ella: "Hay un irlandés en el pueblo".
Yo: "¿Se puede saber cuándo has tenido tiempo tú de hacer scouting de garitos en este pueblo perdido?"
Ella: "Me dio una tarjeta Ricardo, el de las casas rurales"
Yo: "A ver (...) Vale. Y dónde está esto"
Ella: "Al girar a la derecha al lado de la plaza del pilón".
Yo: "¿Sabes? Me encanta la palabra pilón. Es taaan ordinaria".
Silencio. Miradas fijas.
Las dos: "Jajajajajaja..."
Nos agarramos la una a la otra y ponemos rumbo al irlandés. Ella pide un GynTonic y yo un Brugal con Cola. Risas, conversaciones insustanciales, y buen rollo. Hace frío porque la zona de fumadores está fuera, pero Aitor, el camarero, que viene desde Zamora o Salamanca (no recuerdo bien) todos los días, nos enciende una seta calefactora. Cada copa vale 4,5 euros. Hay un botecito con palitos de plástico de colores para removerlas. Todo es extremadamente naif.
Nos sentaron mejor que si hubiésemos estado tomándolas en un ático de Nueva York viendo un desfile de Blahnik mientras nos masajean los hombros unos hombres forzudos y los pies unas mujeres delicadas y hermosas.
Esta noche también duermo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Diario de rodaje. DIA 2. Carretera.

Nos desplazamos por turnos hacia la casa que hemos establecido como campamento base. A las 07:04 minutos llega mi turno, que es el último, y nos cruzamos con dos coches blancos al entrar en la calle del Campamento Base. En uno van los directores, y más gente, y en el otro el primer Ayudante, y obviamente más gente. Para a nuestro lado y nos mete prisa. Hay que llevar todo el material, que está en la furgoneta, a la carretera en la que vamos a rodar. Y hay que llegar antes que la Guardia Civil, para recibirles. Me bajo del coche y pillo lo que en adelante llamaré El Camión de la Tramoya. Pedazo bicho. Estoy tan frita que para cuando llegue el momento de escribir estas líneas no recordaré si hice el viaje sola o acompañada.
Todavía se ven las estrellas.
Llegamos a la localización. Empezamos a descargar. Dejo a fotografía con lo suyo y voy a lo mío: chalecos reflectantes para todo el mundo, señales, mesas de maquillaje, de produ y de catering. lega la Guardia Civil. Un par de agentes majísimos. Les explico cómo procederemos. Se van a tomar un café mientras nosotros vamos arrancando. Cuando regresan, comenzamos a definir áreas de colocación de los conos y demás señalizaciones de peligro. Nos comunicamos con dirección por los walkies del Primer Ayudante. No se dónde narices engancharlo porque no se agarra al plumas. Me río sola mirando las señales de triángulos con una exclamación dentro, que parecen querer decir "WTF!" "¡Pero que cóño hace esta gente aquí a estas horas!"
Se acerca Arte. Está haciendo pruebas de "marca de frenazo sobre la carretera". No se que tintas usa. "[Mujer del médico], dice la Guardia Civil que tenemos que dejar la carretera limpia. Lo estoy intentando con agua, pero no sale. A ver si podemos traer unos cubos, pero lo ideal sería agua a presión..." Mi cerebro comienza a funcionar a toda caña. Llamo a mi contacto en el Ayuntamiento, que hice en uno de mis varios viajes de localización. Le cuento la historia. "Verás, estaba pensando a ver si tú conocías a alguien que tuviese algo así como una karcher o similar...". Él: "No hace falta, [Mujer del médico]. En el Ayuntamiento tenemos un furgón de limpieza". Y yo: "¿Crees que podríamos disponer de él?". "En principio vale, pero vemos". El problema es que nos econtramos en otro término municipal, por lo que en realidad no le correspondería a él. Pero da igual. Lo gestiono y en unos minutos tenemos los OK necesarios. Le digo a Arte que, cuando falte media hora para limpiar, me avise para llamarles. Llamo a protección civil del Ayuntamiento, que serán quienes vengan, les doy intrucciones sobre cómo llegar y les aviso para que estén prevenidos.
En estas, el fantástico Técnico de Vídeo me pide el cargador de mi portátil. Le mando a freir espárragos educadamente porque estoy hasta las narices de que me roben cargadores en rodajes. Me pone pucheros. veo su cargador destrozado y pienso "venga, vale" y llamo a Mi Piéi, que ha ido a por desayuno y a por un microondas (que irá enchufado a un generador que tenemos allí, para el que hay que comprar más bidones de gasolina). Le pido que traiga mi cargador, que está en mi mochila naranja.
Llega mi piéi y empezamos a preparar el catering. Todo va bien. En hora. Cortamos el tráfico de forma intermitente. La Benemérita colabora que te pasas. Buen rollo. Pongo el mircoondas encima de la mesa y lo enchufo. Giro la ruedecita a ver que funciona y que podremos calentar café. Lo dejo dos segundos... Perfecto. Abro la portezuela y... voila! dentro está el cargador de mi portátil. Mi Piéi se pone súper sorry por no haberme avisado. Los cables se han fundido un poco y el cargador no funciona. Ha muerto. Esta es la última, ahora sí que ni pucheros y amenazas, mis cargadores no se usan en producción.
A todo esto, tengo que ir a recoger un barco al pantano de San Juan que tiene que figurar en el jardín de la casa. Bueno, es más bien una balsa, de esas con remos. Descargamos el Camión de la Tramoya al completo. Llamo a mi contacto de las balsas, en adelante Balsero, y mi auxiliar y amigo al que en adelante llamaré (todo junto) Michico, por anécdotas que no vienen al caso. También tenemos que recoger el remolque del barco, pero no podemos remolcar el barco porque no está matriculado con la furgo, y hay que meterlo dentro. Contamos con ello.
De improviso, llegan los operarios de protección civil con un pick up que tiene encima una máquina de agua a presión. "Muchísimas garcias, chicos. Todavía no nos hace falta, si queréis marcháos, porque va a haber que esperar bastante... dejadme un móvil y os aviso", digo. "No, no", me contestan "si no te importa nos quedamos aquí mirando". No sólo no me importa sino que dejo a Mi Piéi órdenes de que les cuide un poco y les deje acceder al cátering de desayuno que tenemos ya montado.
Michico y yo nos subimos en la furgo y vamos camino a Pelayos de la Presa. 40 minutos. Cargamos el barco con ayuda de los del muelle, más majos que nada. No cabe de largo, cosa que ya sabíamos. Tenemos que alzar la proa en el interior de la caja del Camión de la Tramoya para que, formando una transversal vertical, entre. Cogemos espumas de poliuretano para que no se dañe. Me pongo a amarrarlo. Cuerdas. Me acuerdo de Zor y su expresión "like a marinero" y de lo "indigno" de usar las cuerdas para estas cosas. Finalmente queda tan bien el barquito que ni un takatekote de tres cuerdas amarra con más ganas. Sonrío, bajo de la caja del Camión de la Tramoya, doy la mano a mi Balsero, me subo al volante y arranco. Vámonos.
Carretera de los Pantanos p'abajo, llegamos a nuestra localización Carretera (ext/día) y, al llegar, un crrrrack suena por debajo del morro de mi Camión de la Tramoya. Se acercan a toda leche nuestros amigos de Protección Civil, que allí siguen, esperando tranquilamente. "Apaga el motor", me dicen, "es el radiador". Apago y bajo. Un líquido caliente y asqueroso chorrea de debajo del capó. Levanto el teléfono y me pongo a llamar a la casa de alquiler, a la casa de garantía y al seguro del coche. Mientras, les convenzo de que me ayuden a encontrar a un mecánico. Me hablan de uno que está a la entrada de la bifurcación que lleva a nuestra localización.
Michico se mete debajo del capó apoyándose en una bolsa de plástico. Ya se ha acabado el chorreo. Los cuatro de Protección Civil también se acercan. Que si es un radiador. Que si es un manguito. Llega un mecánico. En efecto es la caja del radiador. Estamos sin furgoneta.
En la casa de garantía no me ponen coche de sustitución y en el seguro, tampoco. En la casa de alquiler de la Furgo me dicen que pueden ponerme otra, pero que tengo que ir a por ella. A Alcalá de Henares.
Mi Piéi se va encargando de que haya comida para todos.
Y el barco, claro, sigue aún amarrado dentro del Camión de la Tramoya. Lo desato. No se ha movido un ápice. Lo descargo junto a los amigos del Ayuntamiento. Tengo un barco y cerca de mil kilos de material eléctrico y de iluminación en los márgenes boscosos de una carretera. Yupi.
Llega la paella. Como un plato de pie atropelladamente. Mientras, gestiono con el Ayuntamiento que nos presten una furgonetilla para ir llevando material. Los de la pickup con el agua a presión me dicen que podrían remolcar la barca con el remolque que hay. Pido permiso a la Guardia Civil para que nos dejen transportar el remolque sin matricular. Nos lo dan, a condición de que pongamos señales luminosas de emergencia para avisar. Empezamos a cargar. Harán falta dos viajes de furgoneta, uno de pick up, doce manos y tres horas y media de carga y descarga y tensión para resolver esto. Entre medias me doy una leche de aúpa desde el terraplén de la carretera. Uno de los Guardias Civiles me pregunta "¿Qué haaceeeees?" Y yo, pues caerme, narices...
Finalmente sobre las siete y media de la tarde, cuando ya todo el mundo ha acabado de rodar y está calentito en casa, conseguimos salir del pueblo, mi Piéi y yo, en su coche, medio fritas, camino a Alcalá para recoger la Furgo nueva. Pero primero paramos a por leña para llevar al Campamento Base. Antes de salir explico cómo se distribuye la gente en las casas rurales alquiladas y que mi Piéi y yo dormiremos cada una en una casa para controlar. Salimos.
A las 21:31 compramos una coca cola en la estación de servicio del polícono industrial de Alcalá. Llegamos a la casa de alquiler sobre las diez menos veinte. Ella el coche, yo el Nuevo Camión, y de regreso a La Adrada. Llegamos cerca de las doce y media. El dire de produ nos recibe en el Campamento Base. Comemos algo rápido, yo un poco de crema de calabaza y mi Piéi un poco de tortilla de patatas y nos vamos a nuestro alojamiento. Recogemos desayuno para la gente de las otras casas para la mañana siguiente.
Cuando llegamos, nadie le ha comunicado al equipo que vamos a dormir allí. Encontramos las puertas cerradas por dentro. Es la una menos cuarto, estamos en la calle, sin dormir y heladas. Nos abre una puerta el de sonido, pero en esa casa (teníamos tres casas en total) está todo lleno. Tengo que salir al jardin interior de la otra casa, que está en la parte de atrás y llamar a la ventana de la habitación de abajo deseando que haya alguien dentro. Llamo tres veces. Otras tres. Mierda, otra más y pareceré Sheldon Cooper.
Suena una vocecilla acojonada al otro lado. "¿Siii?"
Es la pobre de maquillaje, que se ha dado un susto de aúpa con gente llamando a su ventana. Damos la vuelta a la casa y nos abre la puerta de alante. Mi Piéi y yo conseguimos entrar a las 00:54. Me caliento agua y pongo dos bolsas de tila.
Esta noche duermo, por mis narices.
Subo las escaleras y mi Piéi está ya medio frita. Está alucinando con generadores y gasolina y habla en sueños de las cosas que hay que llevar al rodaje. La contesto tranquilamente y bebo a sorbos mis tilas.
Acaba el día. Seguro que me estoy dejando por contar medio millón de anécdotas, pero esto es grosso modo.
Pongo el desperador a las seis de la mañana y me acurruco bajo las mantas.
Consigo dormirme.

martes, 16 de noviembre de 2010

Diario de rodaje. DIA 1.

Jueves, dos menos cinco de la tarde. Vuelve a sonar mi teléfono. El pobre ya tiembla, aún con el modo “vibración” apagado. Y es que lleva sonando desde las ocho de la mañana, y en las últimas cinco horas ha realizado 43 llamadas.
En la pantalla aparece un número que empieza por 92. “[Mujer del médico]. Soy Vicente. A ver, ya tengo esto. No te entra el fax, y yo me voy a las dos. Consígueme otro que me has hecho tener un día de aúpa.” Llamo a Arthegarn, ante la mirada vengativa de mi móvil. Arth me recibe el fax en su oficina. A los diez minutos, me llama. Lo tengo. Hemos conseguido que en diez días nos dejen permiso para rodar en una carretera, cortarla y que nos ayude la Guardia Civil a redirigir el tráfico. Me lee las especificaciones. Increíble. Lo tenemos.
En esos diez minutos de espera he aprovechado para gestionar las recogidas de los materiales de iluminación y electricidad con los proveedores con los que llevo toda la semana negociando. Mi teléfono sigue enchufado a su cargador. Si no, ni de coña. Llamo a mi gente para darles la nueva. Miro la hora. Comienzo a imprimir guiones y copias de órdenes de rodaje y story-boards. Hablo con el jefe de eléctricos, a quien llamaré O Galego por razones obvias. Le recojo en la estación de tren de mi ciudad con mi coche. El pobre viene desde Galicia. Pasamos por un McAuto a por unas hamburguesas. Me pido un Royale Deluxe, no es cinefilia tarantiniana, es que es la única hamburguesa que soporto de ese sitio. Me pongo a gestionar las órdenes de transporte de la gente al pueblo. En principio el equipo humano estaba citado en La Adrada, localidad abulense donde rodaremos buena parte del cortometraje, a las 7 de la mañana del viernes. Pero a última hora he conseguido negociar un sitio donde pueden quedarse a dormir la noche del jueves de gratis y así descansar más. Yupi.
O Galego y yo vamos a recoger la furgo. Mientras, él me va dando las patatas fritas de mi menú. Son cerca de las cuatro y media de la tarde. Llegamos a la casa de alquiler.
Pa’que os hagáis una idea de lo que tenía que conducir la nena… (1)O Galego, que es un encanto, ha accedido a llevar mi coche hasta vallecas, siguiendo a mi furgo. Atascazo increíble. Cargamos los generadores, vamos a por el material eléctrico. Charlas eternas sobre las luces, probar que funcionen, cargar, dejarle mi coche a mi auxiliar de producción para que pueda ir a recoger a más gente para llevarles al pueblo. Son las 21:00 horas. O Galego y yo ponemos el GPS de mi padre con destino al pueblecito de Ávila. Marca una hora y 38 minutos. Serán dos horas y media. Mientras, mi queridísima e imprescindible ayudante de producción, a la que en adelante llamaré Mi Piéi (pronucieision de “P.A.” en inglis), se encarga de conseguir desayuno para el día siguiente desde el pueblecillo. Ya ha recogido el material de cámara y el material auxiliar para rodar la carretera, y está en la localización con parte del equipo humano. Mientras, el dire de foto, Papanamericano, cocina un rancho fabuloso para todos en la casita de pueblo. Qué hambre llevo.
Llegamos al pueblecillo a las once y media de la noche. Realizo la última llamada para informar de que he llegado bien. Son las 23:48 horas. Mi móvil ha llamado un total de 154 veces a lo largo del día. Reviso los guiones y órdenes de producción. Reviso que haya algo para desayunar al día siguiente. La una menos cuarto. Me meto en la cama e intento dormirme. Sin éxito. No paro de repasar las necesidades que quedan por cubrir al día siguiente. Y tengo frío. A las cinco de la mañana y un minuto escribo un SMS a mi director de producción, que recoge a los actores a las cinco y media. Me quedo tirada en la cama intentando dormir.
A las seis menos cuarto de la mañana decido levantarme a lavarme, colocar mi ropa y preparar el desayuno para mi equipo. La cafetera es italiana y tarda un ratito. Empiezan a levantarse sobre las seis y cuarto. Un café, galletitas…
Time to shoot, my frends…

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(1) No es exactamente ese modelo, pero se parece mucho. Es un furgón carrozado de 17 metros cúbicos. Amos, mu grande.

martes, 5 de octubre de 2010

Octubre de proyectos

Hay veces que pienso que lo único que tengo en mi vida son proyectos. Proyectos de algo, realidades de casi nada. Pero tampoco es algo grave: mientras los haya, afortunada me siento.
De momento sigo en la productora, aprendiendo cada día algo nuevo. En teoría acabo el viernes pero mi jefe, que está de viaje y me dejó con una serie de 'tareas', no para de decirme "eso lo vemos la semana que viene". Así que he decidido ser maja y venir, al menos, el lunes también. Y luego ya se verá.
Ya se verá, digo, porque en breve empezaré a colaborar en el nuevo proyectillo cortometrajil de unas personas que, con todo, creo que son unas de las grandes promesas del cine de nuestro país. A su estilo. Pero es que lo básico, para estas cosas, es tener estilo. Les conocí en otro rodaje del que ya os conté mis andanzas el año pasado, del que salí "bien, aprendiendo" y que dio por resultado un cortometraje que a mi, personalmente, me puso los pelos de punta el día que lo vi por primera vez en una sala de cine. Que está por todos lados y que espero que llegue aún a más. Y que, si no habéis visto, deberíais ver.
Por otra parte, estoy a pachas con un par de compañeros de la diplomatura de producción para intentar rodar un videoclip a un grupo. Es en 8 mm, mola; como siempre no hay un duro, y la semana pasada estuve charlando con uno de ellos acerca de la creatividad y viablidad del proyecto. A ver en qué queda. De momento estoy rompiéndome un poco la cabeza con la cadena de contratación, porque los procesos no son exactamente los mismos que en cine y la legislación también tiene sus matices, pero vamos a intentar que todo salga con la menor cantidad de "problemas potenciales" posibles. Y si además nos lo pasamos bien con el 8 milímetros (espero no sufrir mucho por los rollos), pues una experiencia nueva.
Y finalmente, esta semana he empezado a escribir también para un par de blogs; uno de cine y otro fundamentalmente sobre cortometrajes. El primero es más por mantenerme informada, pero con el segundo me lo paso pipa diciendo lo que me da la gana. Eso también me ayuda a mantenerme ocupada, pese a que mi curro en esta producción (en la oficina de la productora) esté a punto de concluir, y me preocupe.
Y sentimentalmente estoy exhausta y sigo bastante filofóbica (excepto hacia mi familia, gracias al Cthulhu). Me apetece pirarme de este país una temporada y olvidarme de todo el mundo menos de mi misma. Ya, sé que suena horrible. Pero en fin, va a ser que no tengo tantos huevos como me pintan. De momento parece que me quedo, no se muy bien esperando qué.
Sigo mareándome la cabeza con la política de este país, el paro vuelve a subir y ya no es noticia que la vida está jodida. Así que, como digo siempre, a mantenerse activos. O eso intento, pero vamos, que pa' mi lo complicado es no perder el norte y pensar que quizá al menos dos de cada cinco proyectos salgan adelante de forma apropiada y que al menos la mitad de estos acabarán sirviendo para algo. A ver si octubre un de proyectos hace un diciembre de realidades...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Movie-das

Diez días después saco un ratico para daros señales de vida.
Para empezar os digo que sigo en la oficina. No se lo que durará esto, pero la verdad es que está todo tan en constante cambio (ahora sí, ahora no, y de nuevo ahora sí, ahora tal vez, ahora seguro, ahora no se) que ya paso de ponerme nerviosa porque como te de por darle vueltas a todo este curro puede acabar con los nervios de cualquiera.
Sobrevivimos al preestreno, a los vips, al sitting y a todo lo demás con bastante dignidad. Luego por fin se estrenó la peli y yo ayer empecé a ver los resultados de taquilla, que parece que se salvan los muebles, así que buen rollo. Después de eso, yo vine el viernes a la ofi (cesaba) a llevarme mis cosas y "liquidarme".
Mi jefe me dijo que estaba contento con la experiencia y que, por él, me quedaba. Y cuando vió mi nómina (mi liquidación), le pareció poco dinero y decidió pagarme más. Dijo que eso lo había estimado antes de saber nada de mi, que las cosas cambian, y decidió darme el doble. Rompió la nómina y mandó a que la gestoría hiciese otra nueva. Me quedé absolutamente flipada (estas cosas NO PASAN, es como para contarlo) y me creí más lo de que él quería que me quedase. Además creo que esto habla bastante de cómo es este tipo a nivel personal (normalmente te dan una palmadita, como mucho, las gracias si están que se salen, pero la gente no suele gratificarte cuando están contentos contigo). Así que happy.
Quedamos en hablar el martes (ayer) y, de momento, me quedo con él, ya veremos cuándo y por cuánto y cuándo cobro. Es todo muy precario todavía, cada tres horas cambia la cosa, pero de momento me mantengo aquí, o cerca, para los próximos proyectos que vayan surgiendo.
Me dice la secre de produ, que se está portando muy bien conmigo, que yo me agarre a la silla de la productora que ella no cree que falte mucho para que salgan cosas nuevas, y que tengo que permanecer aquí para estar en el momento apropiado en el lugar oportuno. Así que he decidido quedarme aquí, a riesgo de no invertir tiempo en buscar otras cosas... Suele decirse que quien no apuesta no gana... Creo que puede ser una buena inversión pero, como siempre que se toman decisiones, estoy un poco fuera de mi misma todo el día.
Así que aquí sigo, agarraíca a la silla y pensando que tal vez falte un pasito menos para empezar a afianzarme en lo que me gusta. Pero sin fiarme demasiado... En mi línea, vamos.
En una semana tendré bastante más que contaros. Calculo que para el día 22 ó 23 el sarao estará bastante claro. Hasta entonces no sabremos si esto cuaja o no...

sábado, 4 de septiembre de 2010

Me quedo en Madrid

Bueno, al final ayer no me fui a Pamplona y Bilbao, y por lo visto el lunes no me iré a Valencia. Me ha dicho el boss que mejor permanezca en Madrid que hay mucho curro, y la verdad es que es un desahogo porque hay tanto quehacer aún... Finalmente he decidido unilateralmente que el coche de alquiler no se devuelve hoy, sino el martes, porque nos sale más barato que volverlo a alquilar y el día que no se usa (domingo) nos sirve para sumar kilómetros (porque el límite diario es de 350...) y no pagar kilómetros adicionales de todo el periplo nacional. DAAAHHH cómo no se me había ocurrido antes... Ahora estoy con la lista de politiqueo invitado -estoy aprendiendo protocolo a marchas forzadas- y con cosas de registros y papeles diversos. Que agustito se trabaja desde casa.
Pero esta tarde me voy a la peluquería, que mirad cómo tengo ya el pelo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Auxiliar irremediable (Vol. 3): Badalona / Ripollet

Hoy ha sido un día acrobático.
Sí, como véis, hoy tocaban dos ciudades. Cada semana hay al menos una jornada en la que debemos grabar dos ciudades. Una paliza, para los profanos; diez minutos por pieza por ciudad. Para los profanos, una paliza. Además, hoy se ha sumado que veníamos desde Tortosa.
Al (previsible) atasco mañanero de salida de la localidad tarraconense, se han sumado dos horas y pico hasta Badalona, lluvia, y un viento que me ha dejado las manos sin curculación de tanto apretar el volante. Eso tiene más px que un balrog.
Y ¿qué implica que medio país esté en paro? Sí! Aunque sea por la ilustradura ilustración (que pa eso está) lo habéis adivinado. ¡Obras! El GPS de mi cuñao -que es muy majo (mi cuñao, se entiende, no el gps...) y me lo dejó para esta semana - Es un garmin con una voz muy graciosa de una señora que cuenta como un niño pequeño y dice "continúe siete-cientos metros y mantínga-de a la derecha". Nos reímos mucho con ella. Pero claro, cuando hay obras, la pobre señora no nos ayuda. No podemos atravesar calles cortadas. Y venga a hacer acrobacias para saltar de un sitio a otro a la mayor brevedad posible...
Se ha perdido tiempo por eso en Badalona. Juer! Qué ciudad! No había por dónde pillarlo ni había forma de aparcar. Para mi se convirtió en una ciudad con tres tipos de calles:
a) En obras.
b) Prohibidas y cortadas.
c) Atascadas.
Quelle horreur! Fue difícil arrancar a grabar y, encima, en la mitad de las localizaciones "bonitas" que habíamos elegido también había obras. Argh!!! Que hermosura de planos se hacen con todo lleno de vallas y boquetes en el suelo, qué bueno el racor de sonido entre taladros, martillos y voces (esta vez sí, catalanas), qué sencillo llegar a los sitios. Ahhh, la delicia de cualquier equipo.
Se hizo lo que se pudo en el paseo marítimo y fuimos pitando a grabar a un hombre (nuestro prota del día) que tenía que hacer acrobacias aéreas en unas telas colgadas en un árbol de un parque emblemático de la ciudad. En cinco minutos teníamos allí a la vigilante, desesperada. Llamando al Ayuntamiento. Después a la Guardia Urbana. Yo "chicos: corred, corred, corred". "Quitad las telas". Como decía, ¡Qué delicia!
Pero en realidad al final en Badalona se portaron muy bien con nosotros con el tema del parque, al final, lo que me hace perdonar a la ciudad por tantas obras y quererles un poquito más. En realidad, el parque era considerablemente bonito y los parkings no eran tan-tan-caros. Y la gente era maja y eso.
Comimos de menú y pitando a Ripollet. Allí nos esperaba otro prota, que hace acrobacias en bicicleta (BMX, vamos, pa los iniciados). A mi personalmente me gusta mucho el BMX. Me alucina. Más acrobacias. Contamos la historia y la verdad es que después de toda la tensión de la mañana el equipo, al completo, respondió estupendamente. Todos al 100% en los momentos más bajos (en los altos se me rompe el escalímetro), ajustándose a la realidad que encontrábamos, los recursos que teníamos y el tiempo que nos quedaba. Después, casi 30 señoras nos hicieron un baile country en línea. Yo no se por qúé me acordé de mi madre, que es la caña ella y lo mismo se lo había pasao bien y todo ahí haciendo la córeo country con las mujeres... Ahora que con lo poco que le gusta la tele hubiese pasado de salir (y más aún de firmarme la cesión de derechos de imagen, ja!).
Pero en Ripollet también había obras y nos costó 15 minutos empezar a salir de la ciudad hacia el hotel. Nos confundimos, además, en una salida de autopista y claro... Al final la media hora de traslado al hotel de El Prat (donde, por cierto, la avenida principal que llevaba al hotel... también estaba en obras!) se convirtió en 50 minutos y llegamos hechos polvo.
Es curioso, en este hotrel no hay gel y champú para el baño pero hay dos bolsitas de aseo, una marcada con un símbolo masculino y otra con uno femenino. En la masculina obviamente se adivinaba la cuchilla de afeitar (además del cepillo de dientes) y menos obviamente tal vez había un abrillantador de zapatos. Yo esperaba encontrar compresas y tampax en la de mujer pero ¡mucho mejor! Unos discos desmaquillantes y una esponja exfoliante. Yuju!
A lo que iba, llegué cansá y me metí en la habitación, otra vez casi quitándome la ropa por el camino. Puse a llenar el baño. Mientras, revisé mis redes sociales.
Puf que baño me dí. Salí nueva.
Después, aunque estuve apunto de apalancarme, salí a cenar a un italiano con el resto del equipo técnico. Unos ravioli de espinaca a la carbonara regados con un buen vino de Toro.
Y aquí estoy, pa no defraudaros, escribiendo las últimas líneas tras la cena. Mañana vuelvo a Madrid. Mmmm mi caaaasaaaa...

martes, 4 de mayo de 2010

Auxiliar irremediable (Vol.2): Tortosa

Esta mañana a las nueve estábamos todos, los seis del equipo, a las puertas del hotel de Cornellá. Partíamos rumbo a Tortosa, dos horas y cuarto de las que el 80 por ciento estuvo lloviendo... Pero ya pasado Tarragona arreció el temporal y nos sorprendió el atino que tuvo la aemet al decir que, en Tortosa, tendríamos nubarrones, pero sin lluvias.
Llegamos 15 minutos tarde al hotel respecto a lo que yo había previsto, por lo que en vez de tener media horita de check in y descanso tuvimos quince minutos (uséase, sólo check in...) y salimos pitando a la localización. Llegamos en hora, empezamos a tirar planos... Todo bien. El mercado. Un mercader que se pone un gorro verde de mejicano y se lanza a cantar, las pescaderas encantadas con el jolgorio... Hasta una tele local que venía a vernos porque habíamos llegado al Valle del Ebro... Que por cierto, y por meter el dedo en la llaga, caudaloso, lo que se dice caudaloso, como que no iba el pobre río...
Nuestros protagonistas de hoy eran un grupo de hombres de entre 25 y 35 años que hacen percusión con o primero que encuentran. Llegamos a su tienda-escuela de música... Y empezaron a tocar con lo que había por allí. El tacatá de la máquina de escribir. El clinclin de la tacita de té. Unos cuantos ffssssttt de folios rasgados y el patapam! de un cajón cerrándose... Luego fuimos a la cocina de un restaurante... piezas musicales con cicharones, cuchillos cortando verdura, ollas y tapas, estropajos y sartenes... Una escandalara, vamos... Después, en la mesa: vasos, tenedores, platos, cuchillos y con sus propias voces...
Pero en realidad hoy no estoy satisfecha. El hotel de Tortosa resulta que le ha parecido un truño a la mitad del equipo, las camas son pequeñas y el sitio donde fuimos a comer resultó insuficiente a parte del equipo. Y entre eso y que siempre tengo que estar mirando la hora para que no nos alarguemos demasiado, me siento un poco ogro, la verdad... Así que ahora estoy triste, por qué no decirlo, y ahora mismo tengo unas ganas locas de llamar vuestra atención y que me digáis que no esté triste que no pasa nada. Pero ya me voy -y me váis- conociendo, perdono errores... menos los míos propios... incluso aunque tal vez ni sean míos... A mi nunca puedo justificarme.
Así que ahora toca un rato de rabia conmigo misma de esas que desgarran porque no me gusta tener que ser el ogro para nadie... Aunque se que es lo que toca. Por muchas horas de trabajo que le ponga y mucho que corra y luche porque los demás estén bien... Antes o después se encuentra algo que echar en cara a producción.
En fin, ahora me lavo a la cara y a salir a cenar con una sonrisa, impasible el ademán.

Auxiliar irremediable (Vol.1): Cornellà

Aquí en Cornellà no habla catalán ni pirri. De momento en este viaje sólo lo he oído entre dos trajeados ejecutivos en el ascensor del aeropuerto de El Prat. Allí pillé un C4 de alquiler. Me recuerda mucho a hermana. Hasta tengo más cuidado con el cochecito y todo.
Hoy no ha parado de llover. Claro, cuando tú lo que tienes planificado es un rodaje todo en exteriores para un programa estilo veraniego esto viene a ser, habitualmente, lo que se viene a llamar, un imprevisto, amos una jodienda irremediable, pa que nos entendamos, a cambiarlo todo y buscar soluciones rápidas y eficaces.
Así que tras toda la tarde echando chispas he llegado al hotel caladita, quitándome los pantalones -empapados de rodillas para abajo- casi sin haber cerrado la puerta de la 616.
Yo no se si en el hotel se lo veían venir o algo, pero la cuestión es que las habitaciones vienen equipadas con un kit buenrollero que consta de dos paquetes de galletitas, dos vasos, dos sobres de café, dos de té, dos bolsas de azúcar... Claro la habitación es para dos, aunque yo esté solita, -eso en los hoteles sólo te hace aún más gocha y tomarte las dos- y sólo viene una botella de agua (nota mental, con 50 cl tienes pa' dos cafés solubles y hasta uno o dos tés en esas tacitas...).
En cada habitación hay un calientaleches. No hay minibar, curioso, pero sí una jarra de plástico y metal que calienta el agua en segundos. Así que, como ayer, me he puesto un té calentito (se me ha doblado la cuchara de plástico al remover!) y he repasado la jornada.
Hoy nuestro personaje era un hombre tocaba las castañuelas haciendo playback de flamenco con un traje de gitana y una espectacular peluca negra con un floripondio en un lado. Mu majo, estaba un poco nervioso, pero vinieron mogollón de señoras, que le adoran, a animarle, y claro eso fue lo más bonito, como siempre, la gente...
Yo creo que será lo más que voy a sacar de estos viajes. Una panorámica de las gentes de España. A ver si llegamos hasta el final y puedo hacerme un dibujo mental de en qué país vivo...
Hoy conocí a un camarero apellidado "Camarero Camarero". No es coña, lo decía su DNI. Qué cosas. Y cuando grabábamos un plano en el que nuestro protagonista se iba del bar, Mr. Camarero Camarero suelta "ey, y la cerveza qué, me la pagas, me la pagas" "Hombre esto es pa la tele...", "Ni tele ni tela, la cerveza..." Y claro es que el hombre era camarero, camarero. Ocho horas llevaba tras la barra, decía, de pie todo el día. Un tanto nervioso ante las cámaras. Cuando el pilotito rojo le apuntaba le entraba una de esas risillas inocentes que tanto se echan de menos en la gente adulta.
Y otro señor, extremeño, se arrancó a cantar porque no llevaba la bandurria encima.
Siento que estoy recuperando mi capacidad de leer en la gente que me encuentro durante unos pocos minutos. Ya iba siendo hora de pararse a mirar un rato...

sábado, 1 de mayo de 2010

Diario de una auxiliar irremediable (Vol.0)

Hacía una tarde preciosa en Valdesquí cuando, sentada sola en un telesilla que llevaba hacia donde se unían blanco y azul, vi que tenía varias llamadas perdidas. No reconocía el número, y la jornada estaba demasiado placentera como para preocuparse por eso.
Cerca de tres horas más tarde aterrizaba de nuevo en la rutina de Madrid. Abrí el portátil, comprobé mis correos. Entre ellos, un antiguo profesor me escribía algo así como "¿Quieres un trabajo de auxuliar de produccion a razón de (tanto) al mes? Pues haz el favor de contestar a mis llamadas".
Claro llamé en seguida...
Cerca de tres semanas después empezó la batalla. En líneas generales, se trata de un talent show de castings. Mi equipo recorrerá los pueblos de España buscando talentos. No todos, claro, según mis cálculos iremos a 58 pueblos en 12 semanas.
Mañana parto hacia Barcelona. Tocan Cornellà, Ripollet, Badalona y Tortosa (Tarragona). El viernes mi compañero y yo lo dejamos todo preparado para el viaje. Esta tarde haré las maletas.
Empiezo el viaje con prudencia, pero con energía. No tengo grandes expectativas, salvo hacer mi trabajo de forma tal que todo fluya para el equipo y trabajemos lo mejor posible. Y ahorrar un poco, a ver si a finales de año puedo irme a Xiamen a ver a mi hermana, a la que adoro, y que el otro día se puso a intentar leer los paquetes de comida asiática que compré en un súper especializado de la calle Embajadores.
En mi lista de mejores momentos de 2009 había una persona, una gran amiga, que ayer emprendió su propio viaje personal y profesional. Por fin le dieron el trabajo que le correspondía, pero se traslada a Zaragoza. Se que echaré de menos todo lo que fue para mí el año pasado... La gente sigue desapareciendo de mi camino, y me cruzo con caminos y seres humanos nuevos. Otros, viejos amigos que consideraba perdidos, reaparecen más radiantes que nunca. No paro de sorprenderme.
Así que ahora empieza mi viaje, voy a pasar muchísimo tiempo sola y cada vez que pise mi casa será para lavar, planchar, hacer maleta y volver a salir de viaje. A penas tendré vida más allá de mi trabajo, apenas veré a mi gente y no se quiénes desaparecerán de nuevo... Y recuerdo aquella canción que decía...

Después de todo se que nada es permanente
y que al impaciente
se le olvida la miel del presente
nada es tan urgente, nena
nada tan importante
nada merece más la pena
que el instante
que tenemos delante
y el siguiente
y la oportunidad de haerlo diferente

Así que voy reduciendo expecativas... No me asustan, me producen incertidumbre. Las personas en mi vida tienden a ser como los Ojos del Guadiana, aparecen y desaparecen, pero siempre quedan presentes en estratos más profundos. Os echaré de menos, no os quepa duda.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Aprendiendo, vol.III

Y sigo por donde iba. En el último mes, debo haber hecho como tres o cuatro entrevistas de trabajo. Obviamente no salió ninguna; de lo contrario, hubiera posteado.
Hace tiempo empecé a pensar que estoy perdiendo el tiempo en mi trabajo. Estoy echando nueve horas por 750 euros -sin seguridad social- en un sitio que está a hora y media de mi casa, que no es el trabajo de mi vida, en el que no tengo proyección (sólo habría opción a quedarme 6 meses o un año cobrando lo mismo y repito sin cotizar por lo que después no tendría paro, y después a la calle, seguro, porque el año que viene hay ERE y no estarán para contratitos) y que, además, empieza a cargarme de bastante más responsabilidad de la que correspondría a mi cargo y salario.
Me están cayendo muchísimos marrones a un nivel al que no deberían caerme, para empezar porque hablo inglés y aquí muchos de los jefes de división no saben ni utilizar la ese de la tercera persona del singular -en los verbos-, por no hablar de cambios de sintaxis (pf!) o conjugaciones...
Ha habido días de lluvia absoluta de marrones desde mi departamento (aunque muchos no eran competencia mía), lo que más o menos sobrellevo. Pero hacer además el trabajo de otros cuando estoy saturada con el mío pues me toca los pies (por lo que me pagan, y sin seguridad social).
Lo que yo quiero es desarrollar mis proyectos personales.
Así visto, parece lógico.
Hace dos meses, como apuntó acertadamente Laura en uno de sus comentarios a una entrada descubrí lo que NO quería.
Desde entonces, me he dedicado a reflexionar sobre lo que SÍ quiero.
Y lo que yo quiero es desarrollar mis propios proyectos. Hacer películas.
Así que me piro. Vence mi contrato el día 18 y, aunque me han pedido que renueve, no voy a hacerlo. No en las mismas condiciones, ni de coña, y sé que no pueden ofrecerme otras. Pero es que para estar como estoy me apunto a la vertiente "cajera del lidl" que proponen tanto Laura como Patri. Curro cerca de casa, cobro lo mismo, y tengo seguridad social. Y, mientras, desarrollo mis proyectos personales y busco trabajo.
He estado echando cuentas y tenía por ahí un dinero guardado del que voy a disponer hasta que encuentre otro medio remunerado de subsistencia, circunstancia que espero que se produzca de aquí a finales de febrero, y espero que se aproxime lo mas posible a "hacer películas". Para estar en algo que me distraiga de ese fin, me voy al lidl y persigo ese fin en horas extra. Pero no pienso dejar de perseguirlo.
En fin, parece que voy a echar toda la carne en el asador, a dejarme de gilipolleces y a intentar dedicarme a hacer películas. Cueste lo que cueste. Sé que va a doler, a desesperar, que no voy a poder tener un duro y que puede salir mal. Sé que me estoy metiendo en algo muy duro, que por si acaso 2009 no me había hecho ya bastante daño (que lo ha hecho, y mucho), voy a hacer que 2010 sea incluso más duro.


Pero para mi próximo (no)cumpleaños me quiero regalar la responsabilidad de estar luchando con todas mis fuerzas por una sola cosa. Que, en mi próximo no-cumpleaños, cumplo DIEZ años desde mis Sweet Sixteen. Es ahora o nunca. Luego no podré arriesgarme. Y no quiero estabilizarme en un trabajo "simplemente cómodo" antes de quemar todos los cartuchos.
Siempre me han dicho que el día que ponga todas mis fuerzas en algo lo conseguiré.
Siempre he dicho que el que la sigue la consigue, aunque sea por estadística.
Así que, con dos cojones y acojonada, en este mes de silencio he decidido echarle un pulso a mi vida. No permitir que sea ella quien me viva a mi y marque mi camino. He decidido tomar decisiones.
Cada narración tiene sus personajes. Para mi, los personajes pasivos sólo consiguen que se abandone la lectura, que no se entienda por qué actúan, dan sensación de no tener motivos ni bagaje, te dejan indiferente al final de la historia.
Y, joder, no pienso quedarme indiferente ante mi misma ante el final de mi propia historia. Quiero leer en mí un personaje memorable, aunque nadie más lo entienda.
Así que, en fin, como os anticipaba. En este mes de silencio todo ha ido como siempre: "bien, aprendiendo".

martes, 24 de noviembre de 2009

Aprendiendo, vol.II

Os merecéis más explicaciones. Un mes sin noticias, en la red, es un milenio. Y es que no sólo ha sido el curso y las nueve horas diarias de curro. En este mes, para más INRI, me metí en un rodaje. De ayudante, por primera vez en bastante tiempo, durante un par de fines de semana.
Rodamos en el plató de una mítica empresa de efectos especiales y conocí a alguna gente estupenda (sobre todo en producción, claro, quedaron pendientes unas copas que espero que se materialicen un día de estos). Sentí que era útil y además no recaía tanta responsabilidad sobre mis hombros (lo que, de vez en cuando, se agradece).
El primer fin de semana las jornadas de rodaje fueron matadoras. No sé lo que pasó, prácticamente no pisaba el set (estaba todo el rato corriendo en avanzada o echando cuentas en oficina), pero el primer día llegué a mi casa pasada la medianoche y el segundo una hora u hora y media antes. Cuando me levanté para ir a trabajar el lunes estaba exhausta.
El segundo fin de semana fue... singular... Empezó ya con un presagio, el viernes, cuando me mandaron a buscar al de fotografía a la T1 y el hombre llegó a la T2. Venía con su nena de 3 años. Yuju. La nena se puso mala el sábado. Tenía unas décimas. Y él, preocupado. Y, en producción, preocupados porque el rodaje fuese lento por eso ya que él, intermitentemente, se marchaba del set a ver a la nena. Total, que el domingo acabé en el hospital con la ex-mujer (or whatever she was) y la nena sin entender (yo) muy bien qué hacía yo allí. Creo que ese día tampoco había tenido tiempo de comer. Pero en fin, una es tan idiota que se siente feliz cuando cree que está solucionando problemas... Para seguir, fui a por una furgoneta, resultó ser pequeña, tuve que volver al sitio a devolverla y a coger una más grande, para acabar la joranada rayé el lateral derecho (menos mal que estaba a todo riesgo) y debido a todo esto no pude encajar las facturas de rodaje en el excel, por lo que tuve que ir avanzándolo durante la semana. Pero vamos, todo bien. Aprendiendo.
Ese fin de semana, además, una persona del equipo me levantó la voz. Y, joder, descubrí lo tranquila que puedo llegar a ser. Pensé "be water my friend" y dejé las cosas fluir. He aprendido bastante de mi misma con esta experiencia, sobre mis paranoias y sobre mis propios límites. Que me complico demasiado. Que puedo transmitir mucha más tranquilidad de la que siento. Lo importante de dar soluciones cada vez que encuentras un problema, y no de quejarte y quedarte pensando "tenemos un problema". El cerebro tiene que funcionar a 1000xhora y cada problema ha de tener de apellido soluciones rápidas.
Esto, sumado a unas cuantas conversaciones maravillosas con algunas personas del equipo, se traduce en que todo me fue bien, pese a que a ojos no iniciados puda parecer un desbarajuste.
Por eso si me preguntábais qué tal de rodajes os contestaba, como siempre: "bien, aprendiendo".

lunes, 23 de noviembre de 2009

Bien, aprendiendo

Que hasta La vaga haya posteado más que yo en el último mes me ha hecho despertar de golpe. Ayer cumplí un mes sin posts y esto no puede seguir así. Y mira que he pensado en vosotros y que tenía que contaros cosas... Pero entre el curro, el máster, rodajes y distris... Mal, mal, mal. Así que, copilefteando la iniciativa de mi hermano Arthegarn, os iré contando qué es de mi vida, que últimamente se ha traducido en mi beca de estudios, mi curro, el Ficod, cortos, festivales y teatro.
Pero empecemos por el tejado.
Hace aproximadamente un mes arrancó mi curso en Producción de Cine y Televisión, aquel para el que estaba becada y que iba a pillar con tantas ganas. No se si será porque está focalizado, pero por primera vez en muchos años siento que aprendo algo en clase. A veces más, a veces menos. Pero siempre algo.
La coordinadora de la diplomatura es nueva, pero maja. Nos da clase de vez en cuando, y gracias a ella he entendido por primera vez y de verdad cuáles son las funciones de cada uno en rodaje. También he visto que muchas cosas de gestión de equipo se hacen de verdad exactamente como yo las hago. Entiendanme, es gratificante ver que la intuición de una era acertada. Nos ha explicado todos y cada uno de los puestos que intervienen en el rodaje, desde los aclamados jefes de equipo hasta el último "meritorio de...", y a mi eso me ha servido a descubrir lo difusos que son los límites entre la ayudantía/auxiliación de dirección y la de producción. Nos ha explicado todos los procesos y quién es quién en ellos y a mi me ha puesto en claro todo el flujo de trabajo que ya intuía.
El curso me ha hecho plantearme lo poco que se de sonido, y cuestrionarme el por qué de si hice "comunicación audiovisual" jamás tuve una asignatura de sonido en condiciones. Qué vergüenza.
Por lo demás, las clases están estructuradas en pequeños bloques que dan diferente profestores especialistas en una materia, a modo de "seminarios" de profesionales.
Me impresionó que el profesor de "Empresa", al que en adelante me referiré como Gilderoy Lockhart por razones obvias (ese pelo...) se pusiese a contar todo aquiello que se supone que nadie te enseña. Para que os hagáis una idea, yo me refiero a él como "el profe de Chanchullos". Todo lo que está al borde de la ley, los trucos, las mañas... Un personaje: relativista moral, cínico y descarado, que en ocasiones se las da de naive pero que en general no dirime entre el bien y el mal como todos nosotros... Entre los compañeros ya existe la expresión "Ha hablado el pequeño (nombre de pila del profe de Chanchullos) que habita en ti".
La profesora de "Derecho", también conocida por algunos como "Dominatrix", es estupenda y me encanta su bloque temático: derechos de autor y contrataciones. El apelativo se lo adjudicó un compañero (¿lo soñaría?) dada la forma de ella de dar clase. Pero aquí estamos todos encantados, nos encanta que nos metan caña.
Pero con otros profesores no ha habido tanta suerte. Algunas clases han sido una pérdida de tiempo. No todo es magia.
Por fin me he leido la ley del cine. Y me estoy leyendo otras leyes relacionadas. En mi cabecita las cosas van estando cada vez mas limpias y claras.

Pero, sobre todo, tengo la sensación de que he encontrado el rumbo. De que ya no hay marcha atrás, que este es mi camimo y aquí me quedo.
Me encanta salir de clase y hablar con mis compañeros. Últimamente siento que encajo bien con los dos costarricenses, uno de los peruanos, y uno de los colombianos. Sé que con ellos (al menos con algunos) me puedo poner a hablar de presupeustación, de financación o de desarrollo de proyectos sin que me miren con cara de "¿me habé dejado la lavadora puesta?". Me gusta esa afinidad. Me gusta que hagamos pequeños cinefórums de cada cosa que vemos. Que sean críticos, que rasquen defectos en estructuras de guión, en localizaciones o en personajes que no hay quien se crea. Me gusta que podamos hablar con "pasión" del futuro audiovisual, postulando cada uno nuestros propias expectativas y "profecías" para el sector. Me gusta ver sus puntos de vista, hablar de "productos audiovisuales", me gusta que les guste discutir, debatir, que no sólo estudien el temario, sino que se lo cuestionen (nos lo cuestionemos) y quieran exprimir todo lo que puedan sacar de él en todos los ámbitos posibles y que además esa actitud la tengan ante la visda misma. Me gusta que sepan ser relativistas y que, como yo, jueguen a ser el abogado del diablo cada vez que abren la boca. Me gusta que estén en España arriesgando, luchando, siguiendo las directrices del Carpe Diem. Me contagian. Me motivan. Son el tipo de personas que yo esperaba encontrar en la Universidad y que no aparecieron (salvo un par de honrosas excepciones).
Y eso es lo que quiero decir cuando contesto "bien, aprendiendo" cada vez que me preguntáis qué tal me va el curso o cómo me trata la vida.
I'm dancing on my desktop.