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miércoles, 31 de agosto de 2011

Little sister

En el aeropuerto de Barajas, me encontré al hermano que siempre había querido tener y que tanto eché en falta de niña y adolescente. Mi madre me echó una bendición, porque es creyente. Mi hermano, que se declara agnóstico con esperanza, apareció por sorpresa y me trajo un libro que me tenía prometido desde hacía tiempo, dedicado con una bendición irlandesa.

May the road rise up to meet you
may the wind be ever at your back
may the sun shine warm upon your face
and the rain fall softly on your fields.
And until we meet again, may God hold you in the hollow of his hand.

And remember, little sister... "stick them with the pointy end!"1

Hoy le echo en falta más que cuando creía que no estaba ahí, porque sé que ese hermano existe.

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1 Si no lo habéis pillado, empezad a leer Juego de Tronos, ¿a qué esperáis? Si queréis, me pedís el pdf. Mejor el libro, pero por la recrisis. Hasta entonces, os dejo esto.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El arte de amar (Fromm)

Diréis que últimamente sólo leo libros de amores y desamores. Pero hace ya un par de semanas que terminé con El arte de amar, de Erich Formm, que llevaba en mi librería intacto más tiempo del que soy capaz de admitir en público.
He de reconocer que aquí tampoco hay mucho que coincida con mi forma de ver las cosas. Fromm habla de la necesidad del hombre de romper la "separatidad" como origen de la necesidad de amar. Bueno. Dice que no tenemos ni idea, que la mayoría de la gente se preocupa por ser amado, no tanto por amar. Eso tal vez. Desde luego coincido en que la gente se pasa mucho más tiempo buscando cómo ser amado que amando. Pero, en general, me ha parecido un libro con unas ideas del amor demasiado convencionales y bastante dañinas, sobre todo a la hora de describir los "tipos" de amor (paternal, materno, a uno mismo, erótico y a Dios).
Algo que plantea el libro y que sí me ha resultado interesante es la idea del caracter mercantilista del amor en la actualidad: postula que el sistema capitalista liberal hace que "demos a cambio de algo (que queremos)". Pero vamos, que lo pinta como algo malo. Y creo que yo no podría estar más en desacuerdo. No entiendo por qué ha de ser negativo querer correspondencia. OK, puede ser negativo si te hace daño no ser correspondido. Pero es que creo que el quid está en entender que la gente puede no amarte como tú a ellos, que al igual que tú decides a quién amas y a quién no, ellos deciden. Si les das ese derecho, no tiene lógica sufrir porque no correspondan. Pero no veo por qué debería alguien dejar de requerir algún tipo de retorno positivo de las personas a las que ama. Y para seguir... dudo mucho que el carácter mercantilista del amor sea algo moderno.
Pero, bueno, el libro está bien para pasar un rato teorizando acerca del amor, aunque sólo sea mientras se rebanten las ideas de Fromm.
Ahora que yo últimamente estoy un poco filofóbica, cada vez llevo peor lo de establecer lazos con la gente que puedan generar cualquier tipo de dependencia del retorno que entregan a cambio del amor que pueda dar yo. Tiendo a ser distante, ya se me pasará.

domingo, 22 de agosto de 2010

Enamorarse... o no

Todo empezó cuando mi queridísimo amigo Yei-yei, colombiano, me dijo: "espérame un momento, voy a hablar con Carlos".
Me acerqué a la estantería y pensé en cuál sería un buen libro para esperar a un colombiano intentando convencer a un artistazo.
Cogí Anna Karenina.
Alguien me dijo entonces que se supone que era "la mejor historia de amor de todos los tiempos".
Hoy, más de dos meses después, he conseguido acabarlo.
Aviso: spoilers. Aunque la historia es mucho más enrevesada, haré un microresumen de cómo interpreto yo la historia de Anna:
Anna es una mujer hermosa de alta sociedad con una vida repleta de bienestar material. Casada. Se enamora de otro tipo, un tal Vronski. Se lían. Se queda embarazada de él. Deja a su marido. Vuelve con su marido. Abandona al marido y a su hijo legítimo. Se va con Vronski y su reciente hijita, a la que no quiere. Viven un idilio romántico. El marido no le da el divorcio. Ella es repudiada por toda su sociedad y familia por haberse ido con Vronski. Está absolutamente sola.
En su soledad, vive por y para Vronski. Sus miedos de que él deje de quererla son tan terribles que tiene celos de todo. Acaba tirándose a las vías del tren pensando que Vronski ha dejado de amarla y la abandonará, y lo hace sólo para castigarle con su recuerdo.
Anna Karenina es una niñata, egoísta, inconsecuente, sin escrúpulos. Me cae fatal este personaje. Aunque me haya podido sentir algo identificada con la historia, sobre todo en las primeras, digamos, quinientas páginas; me ha parecido superficial y mal justificada.
A ver, la tipa esta, apenas conoce a Vronski cuando empieza a echarle los trastos. A mi modo de entender, lo único que lleva a Anna Karenina a enamorarse de Vronski al principio de la historia es que se trata de un hombre nuevo, venido de otra ciudad, que la colma de atenciones y está absolutamente embobado con ella sin ni siquiera conocerla. Esta tía es idiota. Si no te conoce, por mucho que te diga que te ama, ¿no ves que no sabe nada de ti? ¿Qué es lo que ama? El señor Tolstoi nos podría haber explicado qué narices ve Anna Karenina en Vronki, pero no lo hace. Así que, desde el principio, no puedo entenderla. Lo siento Tolstoi pero, para mi, no tienes ni idea de cómo se enamora una mujer. Yo, desde luego, no entiendo que uno pueda enamorarse así.
Las cosas no son así. Una no deja toda su cómoda vida sin una razón porque un fulano le baile el agua. Y menos una mujer como Anna Karenina, a la que todo el mundo admira. Anna no se enamora de Vronski. Él la convence de que tengan una aventura porque él se enamora de toda la superficie de Anna (su modo de andar, sus vestidos, su elegancia, su belleza). Y ella va y cae. Y luego, claro, todo se descontrola. Será lela.
Yo lo siento pero a mi Tolstoi no me ha convencido de por qué esta mujer se enamora de este tipo. Cuéntame, Tolstoi, de qué hablan en el rincón durante la fiesta. No me digas "hablaban en el rincón como si no pasase el tiempo". Dime qué se dicen. Qué tienen en común. Qué piensan de música, de filosofía, de religión, de arte; cuál es su alma, qué piensan que es el bien y qué creen que es el mal. Cuál es la Verdad en este mundo para ellos. Así es como yo me enamoro. Qué comparten. Qué es lo que les hace ver que están hechos el uno para el otro. Cómo la mera existencia del otro les ayuda a que la vida merezca la pena, a que sea menos dolorosa la realidad de la muerte. Cuéntamelo. Y entonces que se líen. Así sí me creeré que Anna Karenina verdaderamente se enamora y tendré un personaje inolvidable.
Pero, ¿esta chica? Esta chica se deja enredar como una idiota por un encantador de serpientes como Vronski, que encima durante todo el libro es un capullo superficial, que se tira trescientas páginas persiguiendo a una mujer casada que pasa de él hasta que la mujer cae, que sólo se interesa por las carreras de caballos y la sociedad y que lo máximo que admira de Anna Karenina ¡es lo bien que le queda el escote del vestido nuevo y cómo se contonea al caminar!
Yo no me enamoro así. Y creo que no he visto a ningún hombre verdaderamente enamorado que me hable de su amada en esos términos. Ni Vronski sabe lo que es amar ni Anna se enamora de él. Y eso me cabrea. Luego, una vez están juntos, todo arrastra a que Anna dependa cada vez más de él. Y él la admira enormemente y ambos están en deuda el uno con el otro (él abandona su carrera militar para quedarse junto a ella). Está tan sola... Lo único bueno en su vida pasa a ser Vronski. Y es ahí donde yo empiezo a entender a Anna Karenina.
Está tan sola que pasa a amarle de forma desesperada. Sólo quiere que él la ame. Y pasa a actuar de una forma terriblemente femenina: se pone a intentar cumplir todo lo que cree que Vronski espera de ella, sin darse cuenta de que Vrinski se había ido con ella por ella misma. Se pone a actuar según cree que él desea, pero ella no puede saber lo que él desea, porque él sólo la quería a ella en su esencia. Y en el momento en el que Anna Karenina se "adultera" con lo que ella considera que son "los deseos de Vornski", se convierte en otra persona, y mucho más dependiente de la aprobación del él. Y eso espanta a Vronski, aunque sigue con ella esperando que tras el divorcio Anna vuelva a ser la misma de antes. Pero nunca lo será.
Y eso es terrible. Ahí el señor Tolstoi sí lo clava, ahí si hace sufrir al lector.
Pero para mi no es una historia de amor, sino de fatalidades y errores de interpretación. De silencios mal escuchados. De celos y de miedo.
Para mi lo más terrible de "enamorarse" ciegamente y sin razón es esa sensación de vulnerabilidad ante el otro que se te queda. La sensación de que haga lo que haga, seguirás amándole. Esa es la forma más oscura de enamorarse, porque te puede hacer volverte contra tí mismo. Eso sí lo narra bien el señor Tolstoi. Y es precisamente contra eso contra lo que hay que protegerse.
Si bien no entiendo cómo Anna empieza a enamorarse de Vonski, sí entiendo lo de después: entiendo la soledad de Anna y entiendo que empiece a desconfiar de Vronski. Entiendo que pasa a necesitarle de una forma tan intensa y que sienta que depende tanto de él que la coman los celos. Entiendo, incluso, que llegue a ir contra sí misma.
Pero lo siento, no está enamorada. No ama a ese hombre. Cuando ella decide tirarse a las vías del tren, no ama a nadie. Antes, incluso, sólo piensa en que como Vronski ya no la ama igual, en que como Vronski ya no la hace el mismo caso, tiene que castigarle. Piensa que, si se mata, Vronski verá lo que ha perdido y la amará más intensamente que nunca, y que Vronski se arrepentirá de cada una de las veces que la dejó sola en casa o que no se giró a decirle unas palabras antes de acostarse. Lo que mueve a Anna es el ego. Eso no es amor.
Y eso también me cabrea.
No quiero decir que el libro no me haya gustado, siempre compartes trozos con las personalidades de los infinitos personajes que tiene (la trama de Anna Karenina es sólo una de las dos tramas principales del libro, que narra dos historias de dos parejas en paralelo, por cierto, y la de la otra pareja es una historia mucho más próxima a lo que yo entiendo por enamorarse, esto es, enamorarse de lo que una persona es y no de lo que representa). Me gusta. Pero me hace pensar sobre cómo amamos, y me hace definir qué soy y qué -desde luego- no soy.
Supongo que por eso son clásicos los clásicos. Quién sabe.

sábado, 29 de agosto de 2009

La increíble historia de Voltaire

Hacía años que no ponía semejante cara de idiota. Me quedé helada, pese a los 40 grados. Hablábamos de literatura. De qué leíamos. Obviamente éramos diferentes, creo que en general tiendo a ser diferente en esta materia porque cuando otras leían... ... ... (¿no leían?) yo leía Scott Card, Orwell y Huxley. Creo que aquel día, frente a mi plato de verduras a la plancha, comprendí por qué años ha dejé de hablar de literatura con mis semejantes.

Yo:
- Por ejemplo, Voltaire, ¿has leído Voltaire?
Ella:
- No
Yo:
- Sí porque suena súper serio, dices "Voltaire" y, joder, qué arcaico, que clásico, que rollazo suena ¿no?
Ella:
- Pues sí
Yo:
- Pues no. Lo lees y es genial. Es dinámico, irónico, divertido incluso. Sorprendente, genial.
Ella (allá va):
- Sí. Eso es lo que digo yo. Por qué le ponen ese título. "Volteer". Pff, no llama nada la atención. Si por ejemplo lo hubiesen llamado "La increíble historia de 'Volteer'", pues vale, es un toque, llama más la atención, pero un libro que se llama simplemente "Volteer" no entiendo cómo alguien lo coge de la estantería en la tienda.
Yo
- ...

Creo que por eso hace años decidí dejarlo. Odio quedarme con cara de idiota, la boca entreabierta y los músculos faciales anestesiados ante una persona a la que justo antes de esa conversación consideraba interesante. Me resulta físicamente doloroso llegar a sonar simpática de nuevo.

Mejor cortar un poco más de berenjena y calabacín y llenarme la boca de nuevo.