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lunes, 2 de enero de 2012

Pasar a la acción

Un amigo, de aquellos que se quedaron en Madrid, me ha recordado que los propósitos no valen nada si no se traducen en acciones. Sí, es obvio. Pero a mi se me olvida a veces.
Seré muy simple, pero con el cambio de año estoy pasando a la acción. Entre ayer y hoy he llevado a cabo una serie acciones, ninguna exenta de riesgo, para confrontar algunas de las apuestas más importantes para mi este año, tratando de fortalecer mi sentido de la honestidad, coherencia y capacidad de ser consecuente con lo que digo y hago. Para hacer tabla rasa, dejar las cosas claras, ir de frente y dejar de tener miedo a decir, a hacer, a pensar, a sentir.
Me quedo un poco con la sensación de haber puesto las cartas sobre la mesa, y siento el riesgo de que podría perder mucho con los movimientos que he realizado.
Sin embargo, una parte de mi siente un enorme alivio de haberse enfrentado a todos esos miedos, porque ya no tengo esas cargas, ya las apuestas están hechas y deseo con todas mis fuerzas conseguir aquello por lo que he pujado. Y voy a seguir trabajando en ello, cuando merezca la pena, y a dejarlo ir, en los casos en los que descubra que no.
Tengo la esperanza de que puedo ganar muchísimo más de lo que puedo perder. Y creo que lo que puedo ganar merece la pena.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Little sister

En el aeropuerto de Barajas, me encontré al hermano que siempre había querido tener y que tanto eché en falta de niña y adolescente. Mi madre me echó una bendición, porque es creyente. Mi hermano, que se declara agnóstico con esperanza, apareció por sorpresa y me trajo un libro que me tenía prometido desde hacía tiempo, dedicado con una bendición irlandesa.

May the road rise up to meet you
may the wind be ever at your back
may the sun shine warm upon your face
and the rain fall softly on your fields.
And until we meet again, may God hold you in the hollow of his hand.

And remember, little sister... "stick them with the pointy end!"1

Hoy le echo en falta más que cuando creía que no estaba ahí, porque sé que ese hermano existe.

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1 Si no lo habéis pillado, empezad a leer Juego de Tronos, ¿a qué esperáis? Si queréis, me pedís el pdf. Mejor el libro, pero por la recrisis. Hasta entonces, os dejo esto.

martes, 22 de marzo de 2011

Black holes and revelations

Últimamente tengo menos que contar, porque he estado dedicando mis esfuerzos a buscar un curro. Está la cosa muy complicada, pero de momento sobrevivo, aunque cada vez menos, la verdad.
Estoy bastante cansada ya de luchar contra los elementos. Parece que las matemáticas de la malaria están acabando de derrotarme. Y lo más jodido es que no hay hacia dónde ir.
Aún así, desde diciembre, cuando me mudé al piso en el que vivo ahora, he estado muy contenta viviendo en Madrid. Ha sido, pese a todo, una etapa buena. Mis compañeros de piso han resultado un alivio cuando las cosas daban asco. Me he acercado a un montón de gente nueva y, algunos de ellos, que casi siempre me dan buen rollo aunque a veces las cosas se les vengan encima.
Siempre pensé que las relaciones eran opuestas a la distancia, y parece increíble que ya hayan pasado los meses complicados y vaya a acabarse la distancia, y hayamos sobrevivido.
Aún así, estoy cansada. Estoy tomando una serie de decisiones importantes, de las que iréis sabiendo según vaya sacando el valor, pero que desde luego parecen irreversibles, y me dedico a pensar que estoy peligrosamente cerca del horizonte de sucesos, que es ese momento en el que la velocidad de escape es tan alta como la de la luz, por lo que nada escapa de la gravedad que todo lo absorbe. En realidad, aún no estoy en ese punto. Pero sé que está cerca, y sé que no puedo mirar qué hay dentro o detrás, porque no transmite nada que yo pueda captar desde fuera.
Y no es fácil.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Cuando todo era más fácil

Resulta que he recibido un email de Windows Live Spaces, que van a eliminar mi "space". Es el primer "blog" que tuve, antes de Mis Ojos A Través de Mis Manos, cuando no había crisis, trabajaba para dos periódicos, estudiaba dos carreras, vivía con mis padres, empezaba a producir cortos en alta definición y, en definitiva, la vida me sonreía y todo eran expectativas. He estado releyendo, y he de reconocer que echo de menos el periodismo. Al menos hoy, que veo más el lado romántico y menos las noches sin dormir y las fuentes interesadas.
He decidido añadir en este blog, aunque sea trampa, algunas entradas que escribí en aquella época.

Así que aquí os dejo los vínculos a ese puñado de textos que escribí cuando todo era, simplemente, más fácil:



Y he decidido conservar estos textos aquí, porque desde luego forman parte de lo que soy ahora.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Carta a los reyes 2010

PEORES SENSACIONES DE 2010
1.- Sentir que estar muerto no puede ser tan malo, porque no puede ser tan doloroso. El 17 de julio de 2010. La incapacidad de formatear la memoria. Creer firmemente que en realidad no debe de doler tanto chocarse con la mediana de la autopista a 140. Odiarme. La sensación de irrealidad.
2.- Sentir que mi familia le quería más a él que a mi; que hablaban con él, no conmigo; que nadie respetaba mi decisión. Que me importase su aprobación.
3.- Verle sufriendo. Intentar estar cerca de él. Fracasar. Recordarle y recordar lo felices que fuimos, mucho tiempo. Echar de menos cosas. Ver fotos. Aprender a reconocer que tal vez podríamos haber sido felices juntos, pero que se acabó y no lo conseguimos. La rabia de saber con certeza que nunca más seremos felices juntos, que no puede ser ya más, que ya no me hace feliz, que es una putada, pero que lo que tuvimos es irrecuperable e irrepetible. Que se acabó, que yo no puedo seguir siendo feliz así, for reasons unknown, no soy ni seré lo que fui.
4.- Los lazos echados al otro lado del océano. No saber qué hacer, ni qué ser, para que él se diera cuenta de lo que tenía entre manos. La desconfianza. El miedo. La vulnerabilidad. La indignación. El orgullo. La falta de atención. La soledad. La soledad. La soledad. El miedo. Los saltos no dados por miedo a caer por el precipicio. La desconfianza. Mirarme al espejo y sentirme envejecida y cansada.
5.- Querer ser alguien para alguien, sin ver que yo era yo para mi. Las crisis de ansiedad.
6.- Ver a mi madre sufrir constantemente por mi ruptura y por mi, mirándome como si fuese un animalillo vulnerable.
7.- Perderme. Desorientarme y que cayesen la niebla y el Sol en la montaña. Qué susto.

MEJORES MOMENTOS DE 2010
1.- Bárbara y todo lo que aprendí de mi misma con ella. Reconocer mis derechos, y los de los demás. Limpiar la culpa. Quererme con mis errores y todo. Pasar de aprobaciones a parte de las mías propias, que bastante tengo. Posiblemente sea lo mejor que he sacado de este año.
2.- El Camino de Pelayo. Las caminatas, las playas, la marea que subió y no nos dejaba volver a la civilización, la montaña que subía a Torimbia, aquel atardecer en Barru, los acantilados de Cuerres, el cobijeru, la salsa de cabrales en el Pachu y lo bien que me come mi niña. La Vaga. Su comprensión. Nuestra complicidad para no juzgarnos. Pasear por Gijón pensando en quien había estado en Gijón... Llegar, tras la paliza de caminata y montaña, al pico Pienzu, y que la nube que me envolvía en la subida se dispersase como una cortina para dejarme ver los Picos de Europa a un lado, y el Atlántico y la costa de Llastres al otro. Bañarme absolutamente sola en un rincón paradisíaco del ríu Casañu. La paz que sentí al alcanzar la impresionate Llosa de Viango tras bajar desde el alto del Mazucu y sentarme sin más compañía que las montañas, los animales y el verde. No necesitar nada más en el mundo que respirar ese aire y beber ese agua que había cogido de la roca.
3.- Respetar muchísimo más mi gente. Ganar confianza.
4.- Volver a abrazarle. Volver a tenerle ahí. Todo lo que le quería en ese momento. Aprender a mirar lo mejor de la gente a la que quiero.
5.- Trabajar para un productor de cine excepcionalmente empático y didáctico. Aprender cada hora. Trabajar en lo que deseaba. El trabajo en la tele, aunque se truncara. Llevar mis propios proyectos. Que me contacten para que haga realidad los proyectos de otros, y poder elegir si quiero hacer sus proyectos míos. Sentir que parece que la rueda trabajada con tanto esfuerzo empieza a girar. (Ojalá esta sensación se vuelva un continuo)
6.- Descubrir un tipo de conexión excepcional al preparar con alguien especial una exposición para Buenos Aires. Discutir de arte con él, de religión, de Cthulu, de tu Hamster. Lo mismo reír que filosofar lo mismo compartir nostalgias que tonterías. Visitar sitios, hacer planes.
7.- Las vacaciones con mi hermana mayor. Pasar tiempo con mis sobrinos. Reír, reír todo el rato.
8.- (*lo siento pero tengo que decirlo) Volver a sentir que tengo algo que contar. Volver a escribir.

EXPECTATIVAS (MÁS BIEN DESEOS) PARA 2011
1.- Que mi familia siga unida, feliz y sana.
2.- Conservar a mi lado a aquellos amigos especiales que merecen la pena y me cuidan, y que hoy por hoy puedo contar con los dedos de una mano. Aprender a identificarlos. Estar a su lado, que me sientan ahí, cuidarles.
3.- Vivir por mi cuenta como nunca he hecho hasta ahora. Ganar autonomía.
4.- Trivializar más, reír más, hacer reír más. Disfrutar.
5.- No permitir que nadie se aproveche de mi inmerecidamente.
6.- Hacer mis proyectos, cada vez más míos; trabajar bien, en mi área, ganando para vivir honradamente.
7.- Confiar más, mereceidamente, no de forma ingenua. En mí, en otros. En la vida, el Universo y todo lo demás.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Assessing my life, 2010

Quienes me conocéis desde hace tiempo sabéis que diciembre me remueve las tripas. Ya lo dije hace un año (*1).
Pero este año, curiosamente, no duele diciembre. Y mirad que suele hacerlo. Y mirad que 2010 ha sido, probablemente, el año más duro que he sobrevivido.
Como va siendo tradición, antes de escribir la Carta a los Reyes de 2010 quería hacer un repaso de la carta que le escribí en diciembre de 2009, cuando 2010 eran esperanzas y futuro aún por construir. Qué deseaba, qué temía. Verlo un año después, con el tiempo que entonces era futuro ya sobre mis espaldas.
Y me he dado cuenta de que, pese a todo, todo bien. Cuando lo hice, no sabía que saltar al vacío fuese a ser tan duro. Ahora que cuando escribí aquello no sabía hasta qué punto estaba a punto de saltar al vacío. Salté mucho más de lo que podría haber imaginado.
Y sí, me refiero a dejar una relación de más de siete años con el hombre que fue todo para mi, durante casi tres de cada diez de los días de toda mi vida. Asusta la porporción, ¿eh?
Me refiero tambén a decidirme por el cine y el audiovisual, costara lo que costase.
Me refiero a tomar decisiones, a intentar cogerle las riendas a mi vida sin que me descabalgue. Y he de reconocer que casi me tira al suelo. Que me ha tirado, de hecho. Y varias veces.
Pero si miro lo que deseaba yo hace un año, he de reconocer que fue duro, pero salió bien. Aquí la carta de 2009 para que sepáis qué es cada punto.
1.- Lo más importante para mi, mi familia, sigue ahí, completa y feliz. Agradecida.
2.- Mi amadísima enfermita superó el cáncer e incluso ha vuelto ya al trabajo. Gracias, gracias...
3.- Sinceramente creo que él ha acabado superando aquellos demonios que le hacían daño y además nos separaban. Sinceramente creo que también ha sido, en buena parte, a costa de separarnos. Pero creo que él lo ha superado, o que al menos va por el mejor de los caminos. Y me hace feliz, aunque me entre cierta congoja por aceptar que yo no pude ayudarle y que le dejé sólo ante el peligro. Así que, de forma inesperada, pero misión cumplida.
4.- He profundizado en la relación con mi hermano Arth, también me hace feliz. Y con Zylgrin. Hasta estuve de vacaciones con Andruin. Otra misión cumplida...
5.- Aún estoy aprendiendo a priorizar con quién compartir mi tiempo, pero, eis, no se puede tener todo.
6.- Intento ganar para vivir siendo honrada. No lo consigo. No gano para vivir, casi. Pero mi gente me apoya. And I'm still alive.
7.- Pues parece ser que poco a poco sí que lo estoy consiguiendo. Selecciono en qué me meto y en qué no. No me vale todo. Soy más selectiva y los proyectos, por tanto, son cada vez más míos.

Evaluando, y comparando con 2009-2008... ¡En realidad se han cumplido muchas más cosas!

Que mis deseos se hayan cumplido, probablemente, tiene que ver en su mayoría con que, en general, como decía Zylgrin, mi Carta a los Reyes de 2009 para 2010 estaba llena de deseos que no eran para mi, sino para mi gente. Porque me hago vieja y cada vez son para mi más importantes. Pero, aunque siempre estaba el riesgo de la autocompasión, al final, éste sólo puede ser un post optimista, ya que, con todo, lo que deseaba en 2009 para 2010 ha sido bastante satisfecho por la realidad.

Eso sí, he envejecido diez años de golpe, todo sea dicho. Así que ya sabéis. El 17 de diciembre, como cada año, mi carta estará aquí. Hasta entonces, iré pensandola.

___
(*1) "Soy así de típica. De idiota. De simple, de poco original, de nostálgica, de ingenua. Lo soy. Soy de esas que repasa su vida cuando acaba el año y ve las luces de navidad por las calles. (...) Algo típica, algo idiota, algo masoca. Algo de todo, mucho de nada."

lunes, 8 de noviembre de 2010

Good Riddance

Debía tener trece o catorce años la primera vez que escuché Good riddance, gracias a un amigo, Nakaly, que en un viaje a Gran Canaria me descubrió Nimrod y muchísimas cosas más. Entre ellas, me llevó a caminar por primera vez por un desierto. Nos cayó la tarde allí tirados, entre dunas, hablando de lo divino y, sobre todo, de lo humano. Quien me conoce sabe lo que es para mi el desierto. El camino, la soledad, las expectativas, una duna detrás de otra duna. Parece increíble, pero hace media vida ya de aquello. Para mi Good Riddance sigue siendo una forma de tomarse la vida. Absolutamente mutable, pero acaba bien, sin razón.
El último sábado de octubre, caminando por las Bardenas Reales, en Navarra, me agarró de nuevo. Mucho más sutil, más desgastado, menos puro en definitiva. Tampoco es que las Bardenas sea desértico, pero tiene sus reminiscencias de aquello.
Hay algo que me impide creerme que todo pase, pese a todo. Tal vez pienso demasiado en el tiempo. Estoy intentando comprender que cada momento es eterno. Que permanece para siempre, como la caminata por Maspalomas con Nakaly. Trato de entender que, a su vez, cada momento es pasajero e irrepetible. Pero hay tiempos en los que detesto pensar que ese momento, ese en concreto, pueda llegar a acabarse y perderse. Y no entiendo muy bien por qué creo que el paso del tiempo supone pérdida, cuando el tiempo me ha demostrado que los momentos que merecen la pena permanecen en tí hasta que mueres o son superados por otros.
Ese fin de semana me ha dado un puñado de recuerdos de aquellos. Recuerdos como charlar y reír bajo la lluvia nocturna, por las calles de Pamplona; para llegar a casa calada de agua y felicidad hasta los huesos; después de cenar en pareja. En realidad no necesito mucho. Las olas romper en San Sebastián. Las tumbas de soldados sin nombre en el cementerio de los ingleses. Reflexiones al aire. Hay ciertas conexiones que se establecen solas, como si fueran magnéticas. O existen, o -simplemente- no existen. Creo que huelga daros más explicaciones.
Es difícil tomar esa actitud que dice Billie Joe Amstrong de tatoos of memories and dead skin on trial, y seguir el viaje hacia otro sitio. Y mientras más vieja me hago, más me cuesta recordar que for what it's worth it was worth all the while.

viernes, 22 de octubre de 2010

Carretera abandonada EXT/DÍA

De vez en cuando hay razones para sentir una felicidad serena y efímera, insustancial y, pese a todo, completa. Son instantes en los que nada necesita tener sentido, en los que nada importa; instantes de soledad y plenitud por la vida que uno lleva. Son sólo eso, instantes, llenan huecos entre vacío vital y vacío vital, pasan como sin querer ser vistos y es muy difícil retenerlos.
Tal vez dependa de las gafas que lleve puestas ese día, pero hay veces que ni los diviso y otras que me invaden sin pudor alguno. Así ven mis ojos la realidad.
Hoy he salido a localizar a un pueblecillo abulense al sur de la Sierra de Gredos. El cortometraje de aquellas promesas de nuestro cine, del que ya os he hablado alguna vez, se va a rodar parcialmente allí.
A pesar de mi embrollo inicial con las carreteras, llegué a la M501, una carretera que no pillaba desde que, hace años, fui a conocer a la nueva chica de mi ex-cuñado Slanter. No puedo evitar recordarle con muchísimo cariño. Tras pasar Navas del Rey, la carretera se hace más carretera y menos autopista. Sonaba un CD que aún tengo que copiarle a mi amiga La Vaga, y que ya no puede menos que recordarme a nuestro Camino de Pelayo, este verano. Escribiría un larguísimo post contemplativo, pero todo era precioso. Los chopos, los pinares, los abedules, incluso algún castaño. Las hojas, los colores, el caudal sereno del Río Alberche. Y sabéis las ganas que tenía de conducir un buen rato yo sola viendo el mundo pasar a mi lado a unas cuantas decenas de kilómetros por hora.
El pueblo era, como muchos de la sierra cercana a Madrid, antiguo en el casco histórico y rematadamente nuevo en las casitas que los urbanitas se habían construido en las afueras. En la Plaza de la Villa, en la que sólo había una farola testimonial, estaba el Ayuntamiento. Allí me ha recibido el alcalde, Serafín, un señor risueño y campechano, curva de la felicidad prominente, que habla como a quien le cabe su villa en la palma de su mano. Creía que iba a pedirle dinero, claro. Le he dicho que para nada, que quería charlar, que nos conociera, que supiera que íbamos a rodar allí, que conociese el proyecto... Y que nos echara un cable con la logística que nos hiciese falta.
Como muchos puestos castellanos, aún en la serranía, este es un pueblo con castillo. Un castillo, orgullo de Don Serafín -"podéis grabar allí" decía, "es un sitio muy bonito y con mucha historia"- pero de escaso interés para nuestras necesidades narrativas. Con ciertos ojillos de decepción Serafín atendió a mis necesidades mundanas, comida, un techo, una carretera abandonada. Hizo unas llamadas y mandó a alguien a llevarme a una carretera abandonada. "Bueno, ya me dirás que necesitas para que me organice", decía al despedirse. Una charleta más acerca de su villa, del castillo y los pinares que la circundan, y el orgulloso alcalde entró, con las manos en los bolsillos, de nuevo a su despacho con banderas y mesa de madera brillante.
Llegó un buen hombre, larguirucho, con el pelo negro, la tez clara, los ojos negros y los dientes del color del tabaco que con cuatro palabras se ofreció a llevarme a ver carreteras abandonadas. Nos fuimos es su 4x4-furgonetero (extraño híbrido) y toscamente me explicaba cuáles eran los sitios que le parecían buenos. A penas sí soltaba palabras, pero era el mismo orgullo, a su estilo, de su tierra. Sólo había que alabrársela para que el hombre quisiese enseñar más y más cosas nuevas.
Hemos estado charlando, y me ha puesto en contacto con otra mujer, creo que era Margarita, que limpia en unas casitas que alquilan algunos fines de semana a grupos de senderistas. Gracias a ella, hemos llegado a Don Ricardo, una suerte de Amo de Llaves del lugar que, henchido tras unos cuantos piropos a los pinares de la zona, ha accedido a enseñarme las casas para que hiciese algunas fotos. Para allá fuimos. Me ha dado otro teléfono y me ha dicho un buen precio.
Y, mientras, Juan seguía devanándose la cabeza sobre como ayudar a estos pobres urbanitas cineastas sin un duro a que no se arruinaran dando techo y comida a veinte personas.
Era tardísimo y he tenido que pillar el coche para regresar a Madrid, donde tenía una reunión con los chicos de teatro. Como podéis imaginar, según cruzaba de vuelta el Río Alberche, he vuelto a disfrutar el paisaje, vuelto a pensar en las personas que conocía por la zona, y en las nuevas adquisiciones humanas que sumar a mi memoria, como el rosado Serafín, Juan el de los dientes ámbar, Margarita, y el casi travieso Ricardo. Y me da por pensar que cada una de esas personas es una vida, una historia. Y, encima, las hojas de los árboles tienen medio millar de colores en esta época del año.
No es sólo que me guste hacer bien mi trabajo. Es que me gusta mi manera de vivirlo. Qué le voy a hacer, cada experiencia así se me enreda en el alma y me expande un poco mi visión sobre la naturaleza humana, si es que tal concepción existe.
Y es que la vida es dolorosamente hermosa de vivir, chicos.

martes, 12 de octubre de 2010

...sueños son

Estaba en la vieja casa de piedra de mi bisabuela. No tenía la misma entrada, ni la misma fuente en el jardín, ni siquiera las escaleras de granito que llevaban al porche. Pero yo sabía que era la misma casa. Aquella en la que pasé tantísimo tiempo de niña. Y tan bueno.
Estaba sola. Llamaban a la puerta y yo salía a ver quién era. Un señor mal rasurado me decía que venían a llevarse la chatarra vieja de la parte de atrás del caserón, que si no me habían avisado. Yo sonreía, decía que no sabía nada, y el me explicaba que era para dejar la casa en mejor estado y que ellos venderían la chatarra vieja para sacar algo de dinero, con lo difícil que está la cosa, sabe usted...
Le acompañé entonces a la parte de atrás, sin cerrar la puerta, y él empezó a sacar hierros viejos, somieres oxidados, barras inservibles. Llegaron unos cuantos compañeros suyos a ayudarle a sacar todo aquello que para mi era basura. En estas, me di cuenta de que no había comprobado lo que me contaba, y cogí el teléfono para llamar a alguien y preguntar. Me alejé del lugar de los somieres rotos, fui hacia la puerta principal, donde le había encontrado por vez primera.
En la entrada de la casa de mi bisabuela había una larga hilera de operarios, todos con la misma pinta que el primero, con la barba a medio rasurar, el mono mal cerrado, la camiseta blanca sucia y sudada... Todos sacando los muebles del interior de la casa. Un sofá verde. La lámpara de pie. Una mesilla. Todos. En fila.
Yo les decía que no podían llevárselo, pero no me escuchaban. Intentaba pararles, pero se lo llevaban todo sin titubear. Todos tenían media sonrisa, como si supieran algo que yo no sabía.
Mientras intentaba conseguir que no desvalijaran la casa, me acerqué a la furgoneta de fondo eterno en la que metían todo el mobiliario. Escuché un golpe atronador.
Cuando me di la vuelta, una enorme bola de acero, suspendida por una cadena de Dios sabe dónde, pendulaba directamente hacia el edificio. Unas grúas tiraban algo indescriptible encima. En dos minutos la casona, vacía, era escombros. Sólo quedaba en pie la vieja verja verde de la entrada. Y la valla de red que separaba la parte de atrás, donde mi tío solía guardar la moto y donde hasta hacía cinco minutos estaban los somieres oxidados.
Los operarios ya no estaban. Se habían ido. Llegó mi madre, en coche, se puso a intentar solucionarlo, a hablar por teléfono con gente insospechada.
Y yo no paraba de decirle con mi mente que no podía hacer nada, que la casa ya no estaba, y que nunca más estaría.
Verdaderamente, a veces el subconsciente es tan poco sutil que resulta casi obsceno.

martes, 15 de diciembre de 2009

Duele diciembre

Sí. Soy así de típica. De idiota. De simple, de poco original, de nostálgica, de ingenua. Lo soy. Soy de esas que repasa su vida cuando acaba el año y ve las luces de navidad por las calles. Que se plantea objetivos nuevos, aunque sabe que no tienen por qué cumplirse. De esas que nunca para de analizarse, aunque duela. Algo típica, algo idiota, algo masoca. Algo de todo, mucho de nada.

Este año duele diciembre. Jamás imaginé la magnitud de la tormenta que ya presagiaba en enero. Y, antes de escribir mi Carta a los Reyes de 2009, he hurgado en mi Carta de 2008. Para hacer balance. Para ver qué deseaba entonces. Para analizarme más, si cabe. Quienes me seguís hace tiempo sabéis que 2009 ha sido para mi especialmente duro. Vamos, que este año me costará escribir mi Carta a los Reyes, que será mi próximo post, por supuesto. Ahora, antes de eso, quería poner 7 respuestas reales a los 7 deseos que anhelaba el 17 de diciembre de 2008 (si os interesa, aquí tenéis la carta de 2008 en ventana paralela).
1.- Mi mayor deseo, el más importante, se ha cumplido sólo parcialmente, ya que una persona muy querida mía está luchando contra un cáncer siendo aún bastante joven. Pero sigo dando gracias por lo bien que estamos todos y, pese a todo, esto sube la nota media de mi 2009.
2.- Jaja. Qué equivocada estaba. Qué naive, qué triste me ponía saber que nunca sería una más allí. Qué idiota fui por no afrontar antes que jamás podría luchar contra las ventajas que daban a quienes entraban allí por máster.
3.- Promesa incumplida, como todos los años.
4.- Sí, claro, jaja, lo más gracioso es que verdaderamente creía que si me iba bien y me mantenía en el periódico podría haberlo hecho…
5.- Bueno, tanto como que se acabe la crisis… Lo dudo. Pero en fin… He aprendido a buscar horizontes nuevos pese a que haya crisis y comprendido que en realidad es nuestra propia cabeza y la obsesión con lo mal que nos va la vida lo que nos impide muchas veces salir adelante con nuevos proyectos. Así que sí, me he hecho capaz de buscar mis propios horizontes, contra viento y marea, que es de lo que iba la vaina.
6.- Pues nada, que siguen metiéndole una caña increíble. Pero él cada vez lo lleva mejor. Qué grande es.
7.- Bien, objetivamente este deseo se ha cumplido. Donde no hay relación, no hay injusticia. Looking at the bright side…

...

Uf. Ya está. No ha sido tan duro.

Vamos, a por el siguiente.

viernes, 17 de octubre de 2008

Urgencias

No, no voy a hablar de Hospitales.

Solía escuchar Los Piratas en el Ipod que me robaron el otro día del coche.

Unos versos de "Teching":

"...Tengo que empezar a decidir
si el día de hoy es solamente urgente..."

Me hace pararme a pensar.



Cada día lo percibimos como urgente. La urgencia está definida por la velocidad de resolución de un conflicto en el sentido amplio del término. Y así vamos, día tras día, solucionando urgencias hasta el último aliento. Yo al menos tengo la sensación de que llevo años de urgencia en urgencia. Solucionando el día a día sin apenas mirar al pasado mañana.

Antes de que las Urgencias dominasen mi vida yo no era así. Siempre miraba al largo plazo. O al medio. Tenía prisa, sí, pero era otro tipo de velocidad la que movía mi devenir. Creo que últimamente estoy aprendiendo a diferenciar entre la prisa y la urgencia y no se cuál me gusta menos.

Me abruma la fragilidad de la vida. No me asusta. Me agobia, me persigue, me acosa. El "mañana puede acabar y ya no existiré más". Eso es una constante en mi vida, que no cambia y que no se si debe cambiar.

El otro día Zylgrin se preocupaba en su journal sobre el deseo-necesidad de destacar en algo, lo que sea, lo que yo concibo como la trascendencia humana. Esa sensación de querer "dejar algo en el mundo tras mi paso". Yo antes siempre tenía esa sensación. Por eso tenía prisa. Tenía prisa por crecer, por amar, por escribir, por ilustrar, por hacer que la gente concibiese la vida de otra forma cuando yo me cruzase en sus vidas. Tenía la sensación de que tenía mucho que decir, de que la gente tenía queconocer la fragilidad de la vida, la importancia del amor, de la política, de la coherencia, de las buenas intenciones, de las malas, del dominio y la esclavitud, la belleza y la fealdad y, sobre todo, la libertad. Quería cambiar el mundo. A mi modo, escribiendo, quería ser yo capaz de cambiar cosas dejando que mis ojos hablasen a través de mis manos. Y la prisa me oprimía el pecho como una losa de diez toneladas.



Luego empecé a pensar que aquello de querer dejar huella era una arrogancia. Que somos polvo de estrellas y que lo único que permanece constante es la materia. Que no merece la pena luchar por trascender porque el esfuerzo es mucho y la trascendencia ficticia y efímera. Que yo no tenía que enseñar nada a nadie, sino que aprender todo lo que pudiera. Que no importa lo que se aporte al mundo, porque seguirá habiendo maldad, dominio, manipulación y y una terrible esclavitud moral y de pensamiento del ser humano. Que por mucho que nos esforcemos en trascender, un día la raza humana se extinguirá y cualquier esfuerzo habrá sindo en balde. Que lo único que importa es mi universo y dejar huella en quienes amo. Y dejé de tener prisa. Y los días pasaron a convertirse, poco a poco, en días urgentes.

No se cuál de las dos visiones es peor. Parece, a simple vista, que la segunda, porque es una visión mucho más pesimista de la vida. Más derrotista diría. Aquello de que desde que nacemos estamos condenados a perder. También es una visión más realista. Que ayuda a bajar tu nivel de expectativas sobre ti mismo y, por tanto, ayuda a que te decepciones menos contigo mismo. Ayuda a ver que lo único que realmente existe es el presente, tu presente, y disfrutarlo. A lo mejor os parece extraño pero es una visión que conduce al carpe diem.

Que me roben la mitad de mi patrimonio de dentro de mi coche ha sido una hostia descomunal que me ha hecho despertar de un letargo de urgencias. Estoy cansada de ir corriendo a todos lados, si no fuese corriendo tendría tiempo para tener el cuidado suficiente con mis cosas como para nunca dejar nada a la vista dentro del coche para que no me roben. Estoy harta de que lo único que importe cada día sea solucionar el día a día sin querer mirar más allá.



La urgencia es menos dolorosa que la prisa y sus gratificaciones son inmediatas. Creo que es la diferencia entre la literatura y el periodismo.

Y ahora qué. Estoy sumida en una rueca de urgencias en la que no pienso seguir corriendo. Y sigo sin creer que tenga nada que enseñarle a nadie. Pero estoy tan harta de incompetentes engolados... Hasta qué punto es pecar de arrogante querer cambiar el mundo? Dónde está el equilibrio entre la desidia y la soberbia?

Entré en la carrera porque quería cambiar el mundo escribiendo. Pero ya no creo en que merezca la pena cambiar el mundo. Y lo único que hago es reflejarlo con un espejo imperfecto. En qué estaría pensando Larra.