jueves, 8 de abril de 2010

Desaparecida

Quisiera encontrar una buena excusa. Quisiera una, sólo una, que, al menos, fuese una verdad a medias. Pero hoy con cada minuto que pasa me doy mayor cuenta de que no encontraré ninguna.
No tengo excusas para llevar un mes sin escribir por aquí.
Y es que hoy cada minuto que pasa me pesa más la certidumbre de que, desde el 5 de marzo, lo único que he hecho ha sido perder el tiempo.
No tengo nada. Lo único que tengo, en realidad, es tiempo. Lo mejor que puedo dar, es tiempo.
Estoy cansada de la gente que sólo valora su tiempo, sin ver que el de quien está frente a ellos vale, por lo menos, lo mismo. Cansada de invertir mi tiempo para después ver como todo -siempre- se derrumba por su propio peso, sin pueda hacer yo nada por evitarlo.
Así que hoy, o mañana, cuando tengáis cerca a alguien que os de desinteresadamente su tiempo... Dadle las gracias. Verdaderamente, uno se ve muy idiota cuando echa la vista atrás y siente que lo ha desperdiciado en ingratos.
Aunque siempre nos quedará el placer presente -ya pasado, ya memoria, ya perdido- que vivimos entregándolo sin esperar cobro alguno.