martes, 22 de marzo de 2011

Black holes and revelations

Últimamente tengo menos que contar, porque he estado dedicando mis esfuerzos a buscar un curro. Está la cosa muy complicada, pero de momento sobrevivo, aunque cada vez menos, la verdad.
Estoy bastante cansada ya de luchar contra los elementos. Parece que las matemáticas de la malaria están acabando de derrotarme. Y lo más jodido es que no hay hacia dónde ir.
Aún así, desde diciembre, cuando me mudé al piso en el que vivo ahora, he estado muy contenta viviendo en Madrid. Ha sido, pese a todo, una etapa buena. Mis compañeros de piso han resultado un alivio cuando las cosas daban asco. Me he acercado a un montón de gente nueva y, algunos de ellos, que casi siempre me dan buen rollo aunque a veces las cosas se les vengan encima.
Siempre pensé que las relaciones eran opuestas a la distancia, y parece increíble que ya hayan pasado los meses complicados y vaya a acabarse la distancia, y hayamos sobrevivido.
Aún así, estoy cansada. Estoy tomando una serie de decisiones importantes, de las que iréis sabiendo según vaya sacando el valor, pero que desde luego parecen irreversibles, y me dedico a pensar que estoy peligrosamente cerca del horizonte de sucesos, que es ese momento en el que la velocidad de escape es tan alta como la de la luz, por lo que nada escapa de la gravedad que todo lo absorbe. En realidad, aún no estoy en ese punto. Pero sé que está cerca, y sé que no puedo mirar qué hay dentro o detrás, porque no transmite nada que yo pueda captar desde fuera.
Y no es fácil.

1 comentario:

Unknown dijo...

La gran putada es que toda la inteligencia, el tesón y el trabajo duro no garantizan nada. Coadyuvan, sí, pero al final todo depende de los demás. Esa es una lección que no nos enseñaron en casa (de hecho más bien nos enseñaron la contraria), enfatizaron siempre mucho el valor del trabajo personal y de la autosuperación, lo que es bueno, pero no lo suficiente hasta qué punto es imposible ser simpático y conocer gente. Al menos esa es una lección que tú sí que has aprendido, porque a mi lo de desenvolverme en sociedad me sigue resultando igual de violento que hace veinte años (por eso me retiro entre las sombras con los otros desheredados, ¡¡¡¡¡¡¡Muahahaahahaha!!!!!!)

Es como la física cuántica. Un cuanto, en teoría, puede estar en un momento aquí y al siguiente en cualquier lugar del universo. No hay limitaciones para un cuanto. Pero a la hora de la verdad la teoría de los grandes números se impone, la función de onda colapsa y el universo funciona como si, a todos los efectos, estuviera en un momento y al siguiente… exactamente en el mismo sitio. ¡Ah, la teoría! ¡Ah, “tú puedes llegar a donde quieras”!, ¡Ah, el sueño americano (tengo que escribir ese artículo)!

Por lo demás, las decisiones no son tan irreversibles como parecen. Mírame a mi, tomé una decisión hace ya seis años y ahí está Reich Hell colgando en mi muro de Facebook que le repite su jefe que le encajé mucho y que tiene pendiente llamarme, y yo dándole vueltas a qué hacer.

Lo que tienen los agujeros negros es que cuanto más cerca estás del horizonte de sucesos más se alarga el tiempo y más despacio pasa, menos cambian las cosas y menos parece que vayan a cambiar. Und das ist eine Scheisse, que diría Einstein. Pero, al final, todo cambia y, en mi humilde opinión, estamos equipados para que todo cambie a mejor.

Lo peor es la desesperanza. Cuando la dejamos atrás, todo va para arriba. Créeme.