martes, 16 de noviembre de 2010

Diario de rodaje. DIA 1.

Jueves, dos menos cinco de la tarde. Vuelve a sonar mi teléfono. El pobre ya tiembla, aún con el modo “vibración” apagado. Y es que lleva sonando desde las ocho de la mañana, y en las últimas cinco horas ha realizado 43 llamadas.
En la pantalla aparece un número que empieza por 92. “[Mujer del médico]. Soy Vicente. A ver, ya tengo esto. No te entra el fax, y yo me voy a las dos. Consígueme otro que me has hecho tener un día de aúpa.” Llamo a Arthegarn, ante la mirada vengativa de mi móvil. Arth me recibe el fax en su oficina. A los diez minutos, me llama. Lo tengo. Hemos conseguido que en diez días nos dejen permiso para rodar en una carretera, cortarla y que nos ayude la Guardia Civil a redirigir el tráfico. Me lee las especificaciones. Increíble. Lo tenemos.
En esos diez minutos de espera he aprovechado para gestionar las recogidas de los materiales de iluminación y electricidad con los proveedores con los que llevo toda la semana negociando. Mi teléfono sigue enchufado a su cargador. Si no, ni de coña. Llamo a mi gente para darles la nueva. Miro la hora. Comienzo a imprimir guiones y copias de órdenes de rodaje y story-boards. Hablo con el jefe de eléctricos, a quien llamaré O Galego por razones obvias. Le recojo en la estación de tren de mi ciudad con mi coche. El pobre viene desde Galicia. Pasamos por un McAuto a por unas hamburguesas. Me pido un Royale Deluxe, no es cinefilia tarantiniana, es que es la única hamburguesa que soporto de ese sitio. Me pongo a gestionar las órdenes de transporte de la gente al pueblo. En principio el equipo humano estaba citado en La Adrada, localidad abulense donde rodaremos buena parte del cortometraje, a las 7 de la mañana del viernes. Pero a última hora he conseguido negociar un sitio donde pueden quedarse a dormir la noche del jueves de gratis y así descansar más. Yupi.
O Galego y yo vamos a recoger la furgo. Mientras, él me va dando las patatas fritas de mi menú. Son cerca de las cuatro y media de la tarde. Llegamos a la casa de alquiler.
Pa’que os hagáis una idea de lo que tenía que conducir la nena… (1)O Galego, que es un encanto, ha accedido a llevar mi coche hasta vallecas, siguiendo a mi furgo. Atascazo increíble. Cargamos los generadores, vamos a por el material eléctrico. Charlas eternas sobre las luces, probar que funcionen, cargar, dejarle mi coche a mi auxiliar de producción para que pueda ir a recoger a más gente para llevarles al pueblo. Son las 21:00 horas. O Galego y yo ponemos el GPS de mi padre con destino al pueblecito de Ávila. Marca una hora y 38 minutos. Serán dos horas y media. Mientras, mi queridísima e imprescindible ayudante de producción, a la que en adelante llamaré Mi Piéi (pronucieision de “P.A.” en inglis), se encarga de conseguir desayuno para el día siguiente desde el pueblecillo. Ya ha recogido el material de cámara y el material auxiliar para rodar la carretera, y está en la localización con parte del equipo humano. Mientras, el dire de foto, Papanamericano, cocina un rancho fabuloso para todos en la casita de pueblo. Qué hambre llevo.
Llegamos al pueblecillo a las once y media de la noche. Realizo la última llamada para informar de que he llegado bien. Son las 23:48 horas. Mi móvil ha llamado un total de 154 veces a lo largo del día. Reviso los guiones y órdenes de producción. Reviso que haya algo para desayunar al día siguiente. La una menos cuarto. Me meto en la cama e intento dormirme. Sin éxito. No paro de repasar las necesidades que quedan por cubrir al día siguiente. Y tengo frío. A las cinco de la mañana y un minuto escribo un SMS a mi director de producción, que recoge a los actores a las cinco y media. Me quedo tirada en la cama intentando dormir.
A las seis menos cuarto de la mañana decido levantarme a lavarme, colocar mi ropa y preparar el desayuno para mi equipo. La cafetera es italiana y tarda un ratito. Empiezan a levantarse sobre las seis y cuarto. Un café, galletitas…
Time to shoot, my frends…

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(1) No es exactamente ese modelo, pero se parece mucho. Es un furgón carrozado de 17 metros cúbicos. Amos, mu grande.

1 comentario:

Unknown dijo...

Eres impresionante.
Yo también te ha dado patatas mientras conducías!