Jueves, dos menos cinco de la tarde. Vuelve a sonar mi teléfono. El pobre ya tiembla, aún con el modo “vibración” apagado. Y es que lleva sonando desde las ocho de la mañana, y en las últimas cinco horas ha realizado 43 llamadas.En la pantalla aparece un número que empieza por 92. “[Mujer del médico]. Soy Vicente. A ver, ya tengo esto. No te entra el fax, y yo me voy a las dos. Consígueme otro que me has hecho tener un día de aúpa.” Llamo a Arthegarn, ante la mirada vengativa de mi móvil. Arth me recibe el fax en su oficina. A los diez minutos, me llama. Lo tengo. Hemos conseguido que en diez días nos dejen permiso para rodar en una carretera, cortarla y que nos ayude la Guardia Civil a redirigir el tráfico. Me lee las especificaciones. Increíble. Lo tenemos.
En esos diez minutos de espera he aprovechado para gestionar las recogidas de los materiales de iluminación y electricidad con los proveedores con los que llevo toda la semana negociando. Mi teléfono sigue enchufado a su cargador. Si no, ni de coña. Llamo a mi gente para darles la nueva. Miro la hora. Comienzo a imprimir guiones y copias de órdenes de rodaje y story-boards. Hablo con el jefe de eléctricos, a quien llamaré O Galego por razones obvias. Le recojo en la estación de tren de mi ciudad con mi coche. El pobre viene desde Galicia. Pasamos por un McAuto a por unas hamburguesas. Me pido un Royale Deluxe, no es cinefilia tarantiniana, es que es la única hamburguesa que soporto de ese sitio. Me pongo a gestionar las órdenes de transporte de la gente al pueblo. En principio el equipo humano estaba citado en La Adrada, localidad abulense donde rodaremos buena parte del cortometraje, a las 7 de la mañana del viernes. Pero a última hora he conseguido negociar un sitio donde pueden quedarse a dormir la noche del jueves de gratis y así descansar más. Yupi.
O Galego y yo vamos a recoger la furgo. Mientras, él me va dando las patatas fritas de mi menú. Son cerca de las cuatro y media de la tarde. Llegamos a la casa de alquiler.
Pa’que os hagáis una idea de lo que tenía que conducir la nena… (1)
Llegamos al pueblecillo a las once y media de la noche. Realizo la última llamada para informar de que he llegado bien. Son las 23:48 horas. Mi móvil ha llamado un total de 154 veces a lo largo del día. Reviso los guiones y órdenes de producción. Reviso que haya algo para desayunar al día siguiente. La una menos cuarto. Me meto en la cama e intento dormirme. Sin éxito. No paro de repasar las necesidades que quedan por cubrir al día siguiente. Y tengo frío. A las cinco de la mañana y un minuto escribo un SMS a mi director de producción, que recoge a los actores a las cinco y media. Me quedo tirada en la cama intentando dormir.
A las seis menos cuarto de la mañana decido levantarme a lavarme, colocar mi ropa y preparar el desayuno para mi equipo. La cafetera es italiana y tarda un ratito. Empiezan a levantarse sobre las seis y cuarto. Un café, galletitas…
Time to shoot, my frends…
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(1) No es exactamente ese modelo, pero se parece mucho. Es un furgón carrozado de 17 metros cúbicos. Amos, mu grande.
1 comentario:
Eres impresionante.
Yo también te ha dado patatas mientras conducías!
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