viernes, 19 de noviembre de 2010

Diario de rodaje. DIA 3. Lago y jardín

Un terrible ruido atronador me devuelve a la realidad desde el sueño. Es el despertador de Mi Piéi. Jesuschrist!
Se levanta (supongo) y se mete en la ducha (supongo). Supongo tanto porque no me puedo separar de mi almohada. "No me ducho, me meto a guarra, no me ducho, no desayuno, no nada, solo quiero cama y además ni siquiera acompañada, toda pa mi..." Mi Piéi vuelve a entrar por la puerta con las ojeras hasta las tetas y el pelo empapado. Se ve tan desvalida que me levanto y me meto en la ducha. Empiezo a preparar desayunos. La de vestuario ha pasado toda la noche enferma.
Misma rutina, gente que va y viene, ir al campamento base, ver al Primer Ayudante estresao, que nos meta prisa, subir en la furgo (esta vez sí que recuerdo que iba acompañada de O Galego y El Argentino -su eléctrico-) en persecución absoluta del director y su ayudante, que van a velocidades de las que prefiero no dejar constancia por escrito. A todo esto, hemos vuelto a cargar el puto barco en la Nueva Furgo. Por cierto, no os conté que la noche anterior tuvimos un problema con el embarcadero que teníamos gestionado y tuvimos que arreglarlo para llegar a otro. Un acaloramiento terrible con mi Balsero. Pero se solucionó.
Llegamos a "La Gasolinera" que hay junto al Pantano de San Juan, creo que término municipal de Pelayos. El Argentino, O Galego y yo aún tenemos los huevos de corbata del viaje. Las ocho. Está amaneciendo y eso no congratula al Primer Ayudante.
Llega a recogernos El Ayudante del Balsero, nos vamos burmburm a su embarcadero.
Hay semejante cuesta para bajar a su oficina, junto al lago, que casi me hace llorar. No quiero romper otra furgo y hacer otros cuatrocientos kilómetros a por otra nueva, si la hay y los de la casa de alquiler no me arrancan los ovarios. O Galego baja de la furgo y me indica. El Argentino y yo rezamos a Cthulhu todo lo que sabemos. Bajamos la primera cuesta, hasta la oficina. La cuesta que baja hasta lo que es la arena y el embarcadero en sí la baja su madre. Aparco donde puedo y me pongo a coordinar la descarga y bajada de la barca hasta la orilla. Arte me viene absolutamente desesperada, que se ha perdido LA TAPA DEL AZUCARERO, y que hay que remover cielo y tierra para encontrarla por el raccord. Jesuschrist qué días llevo.
Al bajar la barca (me dijo el barquero) vemos que tiene un remache de silicona. "Por favor que no le entre agua". Decido meterla al agua y probarla. Para eso primero le quito todo lo que tenía encima, la limpio y la seco. Aparece la tapa del azucarero (nadie sabe qué coño hace ahí...). Nos subimos MI Piéi y yo. Ella se empapa los pies porque a estas alturas está tan hasta los pies de todo que todo le toca los pies. Yo salgo seca. No entra agua. Aleluia.
La cuesta de bajada/subida a la Furgo/Oficina es breve pero intensa, la subiré y bajaré tantas veces este día que mi culo se endurecerá hasta alcanzar la categoría de balón de reglamento.
Se me acerca O Galego, que está jodido el generador pequeño. Lo necesitamos. Gestiono con el Ayudante del Balsero que nos deje tirar cables desde su oficina. OK. Me pongo a buscar chalecos para los actores que irán en la balsa. Mientras, los directores, el Dire de Foto Panpanamericano, y el Canonguy (operador de cámara) estarán en una motora. Yo no paro de pensar en la mala mezcla que suponen cámaras y agua. Jesuschrist. Encuentro un chaleco para el niño y otro tamaño adulto. Mantas y toallas. Se los pruebo y ajusto.
Parten hacia el lago y les despedimos desde el muelle con pañuelos. Arte es feliz con su tapa.
Preparamos el catering. Mi Piéi está comprando café calentito pa todos. Preparo bocatas y sandwitches de nocilla. El niño actor decide que puede compartir con el resto del equipo las chuches que le hemos comprado (que debían ser quince euros de chuches). Me alegro porque no me apetece que el chaval coja lombrices.
"Todos necesitamos energía, todos estamos trabajando muy duro y a todo el equipo nos hacen falta chucherías para seguir adelante" me suelta el crío, tó empático y saliéndose de generosidad. Colocamos un par de puñados en un plato.
Tengo una conversación de hombremotivador a mujerestresada con mi dire de produ. Recargo pilas y vuelvo a subir la cuesta por enésima vez, pero feliz por mi trasero. Michico está recogiendo a más actores en Madrid y acercándoles a la localización.
El resto de la mañana transcurre tranquila, recogemos rápido, subimos la barca, vamos al Campamento Base. Metemos la barca por el garaje hasta el jardín de atrás. Me pongo a hacer la comida. Una pasta con boloñesa. Michico me trae orégano y me ha picado la cebolla. Así da gusto. Ponemos la mesa, la gente come, el Canonguy no se por qué pero se queda con media ración porque llega muy tarde y cuando quiere tener el plato servido no le da tiempo a comer más. Es sábado y tengo que encntrar plásticos gigantes, porque al día siguiente lloverá estará todo cerrado, y tenemos que tenerlos previstos para que fotografía monte un chiringuito que proteja los HMI de 12.000 watios (sí, son cinco cifras) que habremos de montar en el jardín para que iluminen la cocina (repito, el domingo). En estas se jode el tirador del otro generador pequeño. Guay. Lo arregla el jefe de eléctricos. Me acerco a unos super almacenes de ferretería que he visto a la entrada del pueblo. En el almacén tienen rollos del plástico que quiero de 6 metros de ancho por "los que quieras" de largo. Compraré 72 metros cuadrados. "¿Oye tú no tendrás generadores de alquiler?" "No, yo sólo los vendo", "Vaya, es que estaos rodando y necesitamos... (le cuento la historia)"
El ferretero me cuenta que en el pueblo de al lado hay un tal "Alberto el de las máquinas" que sí que tiene "cosas de esas". Que vaya a "donde el eroski" y "por ahí recto" pregunte. Er.... Vale.
Me voy al "pueblo de al lado" y me dedico a preguntar a hombres fornidos con cara de querer generadores por "Alberto el de las máquinas". Finalmente le encuentro, me atiende, lo más que tiene es un generador de 4.ooo watios, es poco pero pué valer. Lo tiene para venta. Le pongo pucheros. Me mira por encima de la montura de sus gafas de cerca y decide alquilármelo. Su hijo me ayuda a cargarlo al coche. Feliz.
Vuelvo a la casa. Me limpio. Bajo unos bocatitas a los compañeros que están en set. Hago cuentas a ver cómo vamos de pasta. La gente acaba de rodar y se va a sus casas a ducharse y relajarse.
Me pongo a hacer un pisto y arroz, tardaré cerca de hora y media o dos horas. Estoy muerta, ni yo ni mi equipo hemos parado en dos días. El dire de foto, Panpanamericano, que es un amor, lo ve y me sirve un poco de vino tinto en un vaso de plástico. Brindamos "clonck clonck", pero me da la vida que me quide un poco. Mi Piéi y yo ponemos la mesa, servimos la cena según la gente va llegando, están citados para cenar a las ocho y media. El dire de produ está ahora haciendo huevos en la cocina. Le aplauden cuando sube. Una persona se mosquea conmigo y se me pone digna porque he servido al director (ejem) y al canonguy (que no ha comido casi nada) antes que a ella. De verdad está a punto de poder con mis nervios. Me da un bajón, entre a presión de ese día la la del día anterior, la falta de sueño y el no haber comido casi nada. Me retiro un instante, pero tengo que volver a seguir sirviendo. Como un huevo y un poco de pisto. Nada me sabe a nada. Me pongo a recoger los platos de las mesas. Ahora ellos acaban, pero nosotros de nuevo no paramos y lo tenemos que dejar todo recogido y limpio. Mi dire de produ me dice que pare, pero yo necesito estar activa para que no me afecten estas cosas. Pero me tomo otro vaso de vino sentada en la terraza tranquilamente con Panpanamericano. Siempre me da paz este hombre.
Recojo, limpio, y Mi Piéi acerca a la gente a las casas rurales en coche porque no quieren ir andando. Yo prefiero ir caminando. Hace una noche estrellada preciosa y no hay ni diez minutos a pie entre un sitio y otro. Acabo de limpiar y pongo rumbo a las casas. Me sienta bien caminar. Llego a las casas a las once menos diez. Me llama Mi Piéi. La pobre está preocupada y buscándome con el coche en el Campamento Base. Llega y nos miramos a los ojos. Estamos muertas. Silencio.
Yo: "Necesito una copa".
Ella: "Pff... Y yo. Vámonos a tomar algo".
Yo: "¿A dónde?".
Ella: "Hay un irlandés en el pueblo".
Yo: "¿Se puede saber cuándo has tenido tiempo tú de hacer scouting de garitos en este pueblo perdido?"
Ella: "Me dio una tarjeta Ricardo, el de las casas rurales"
Yo: "A ver (...) Vale. Y dónde está esto"
Ella: "Al girar a la derecha al lado de la plaza del pilón".
Yo: "¿Sabes? Me encanta la palabra pilón. Es taaan ordinaria".
Silencio. Miradas fijas.
Las dos: "Jajajajajaja..."
Nos agarramos la una a la otra y ponemos rumbo al irlandés. Ella pide un GynTonic y yo un Brugal con Cola. Risas, conversaciones insustanciales, y buen rollo. Hace frío porque la zona de fumadores está fuera, pero Aitor, el camarero, que viene desde Zamora o Salamanca (no recuerdo bien) todos los días, nos enciende una seta calefactora. Cada copa vale 4,5 euros. Hay un botecito con palitos de plástico de colores para removerlas. Todo es extremadamente naif.
Nos sentaron mejor que si hubiésemos estado tomándolas en un ático de Nueva York viendo un desfile de Blahnik mientras nos masajean los hombros unos hombres forzudos y los pies unas mujeres delicadas y hermosas.
Esta noche también duermo.

4 comentarios:

M. San Felipe dijo...

Guuuaaauu!! Como si fuera tu segunda 'Piéi' lo he vivido.
¿Para cuándo el resto de días de rodaje?

Anónimo dijo...

JAJAJAJA!
Me dijiste que el día 2 era bueno, pero el día 3 es mucho mejor!
El niño que reparte las chuches porque todos necesitamos energías, los hombres fornidos que tienen aspecto de necesitar generadores y la tapa del azucarero... es genial!!

Unknown dijo...

Quince euros en chuches?

La mujer del médico dijo...

Quince euros en chuches. A mi también se me salieron los ojos de las órbitas!