Una persona -de estas que poco a poco se convierten más amigos que en colleagues- me contó el otro día una "parábola" que yo desconocía.Un leñador recibe el encargo de talar una exorbitante cantidad de árboles para el día siguiente. Empieza a trabajar todo el día, dando hachazos sin parar, hasta que se le hace de noche y, aún asi, parece que le será imposible llegar al cupo. Continúa trabajando hasta la exteuación sin ver que, con cada golpe, el hacha pierde filo. El leñador estaba demasiado centrado en que tenía que cortar árboles como pensar que tal vez debería detenerse, darse un tiempo de descanso y, mientras, afilar su hacha para que ésta cortase más con menos esfuerzo. Y que tal vez hubiese sido la única forma de llenar el cupo, y no sólo matarse a trabajar.
Mi amigo-compañero-de-trabajo me dijo que a veces me precipito a la hora de tomar decisiones. Y es verdad. Estoy tan liada solucionando los problemas que van surgiendo en cada producción que me cuesta parar y tomar perspectiva.
Esta mañana me he encontrado en mi bandeja de entrada una serie de emails que vaticinan conflictos generados por alguien que ha traicionado mi confianza.
Y, cuando iba a ponerme a intentar resolverlo, me ha resonado el la cabeza aquel consejo que él me dió: "antes de tomar cada decisión, párate y cuenta hasta diez. Afila tu hacha, Mujer del médico, y no habrá ningún árbol que se te resista".
Y, mientras me tomaba un café, he decidido escribir este post para intentar recordarlo siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario