Le gustaba fumar tabaco. Le gustaba el café. Y los coches rápidos.
A veces, cuando iba a visitarle, había comprado café de Colombia y, a escondidas, lo sacaba del armario, y ponía a hacerse unas tazas para nosotros. Cerraba siempre los ojos con el primer sorbo, y sonreía. A escondidas, claro, desde que le falló la aorta. Y es que, cuando eso ocurrió, hacía tiempo que debía haber dejado de fumar, desde que le había fallado el estómago. Al final de todo, lo que se lo llevó, fue el hígado.
También le gustaban los ordenadores. Cuando su padre, mi abuelo, decidió ponerse a escribir su libro, fue él quien más insistió en enseñarle a usarlos. Era el cómplice de mi padre para jugar wargames de estrategia en la compu. Le gustaba la Historia, los libros. Muchas veces, con el café, sacaba un libro para contar alguna anécdota, y sonreía.
Y es que, hasta para reírse, él era tranquilo. Tenía una risa chiquita e intensa como un grano de café.
Una vez me contó que había visto a mi hermana Zylgrin adelantarle por la A-6, que tenía que ir muy rápido, para haberle adelantado a él. Me pidió que no lo contara, siempre con ese tono entre el reproche y el juego infantil que le provocaba que alguien hiciera algo que a él le gustaba, aunque lo tuviera prohibido.
No sé si tiene ya sentido guardarle el secreto.
Tal vez siento que cuando uno emigra nunca piensa que nadie pueda osar morirse en su ausencia. Cuando uno migra, se marcha con la sensación de que todo seguirá allí, cuando él vuelva. Cuando uno migra, piensa que lo peor que le puede pasar, es tener que volverse.
Pero el mundo sigue su curso, sin uno.
No sé si es estúpido, pero tengo una sensación entre la tristeza y la ira por eso. Y en realidad no sé con quién estoy enfadada; tal vez con él por haberse ido tan pronto; tal vez conmigo, por haberme ido de allá demasiado pronto. Tal vez con el mundo, por seguir su curso.
Tal vez, simplemente, nunca es buen momento para irse.
2 comentarios:
Hace unos días vi que recordabais a vuestro "Tito" en las redes sociales, pero no alcancé a comprender del todo la situación. Tu texto lindo, emotivo y melancólico me lo ha aclarado y veo que ha sido una pérdida reciente. Sólo puedo llegar a imaginar ligeramente qué se debe sentir estando tan lejos de tu familia en momentos así. Sé que tarde o temprano dejaré España, no hay vuelta atrás, pero si hay algo que me inquieta no es mi vida en el nuevo país sino precisamente eso, que la vida de los que dejo atrás avance en paralelo a la mía, que no se congele, que me pierda momentos importantes y no pueda pasarlos con los que más quiero.
Sé que no existen palabras de consuelo, pero el recuerdo es un ligero alivio. Mis abuelos murieron hace años pero a menudo sueño con ellos y, sin duda, son algunos de los sueños más felices que tengo. De este modo y aunque suene a guión barato, las personas que has amado a lo largo de tu vida te acompañan siempre hasta el final. No me cabe duda.
Te mando todo mi amor y mi apoyo.
Ese día llevaba el coche de papá, y llegaba tarde: había quedado con vosotros en casa de MA. La misma semana siguiente me lo dijo: "el viernes te vi por la A6, me adelantaste".
Le gustaban los cohetes y los documentales de Egipto. Y era, entre otras cosas mucho más importantes, nuestro tío.
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