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jueves, 26 de agosto de 2010

Metiendo las narices...

Pues ayer curiosamente me llamaron para un trabajillo, que na, serán 15 días, en una productora de cine. Os lo cuento porque me dijo el productor que iba a tener que currar mucho, y si ya en la industria se curra mucho, supongo que eso sera mucho, mucho. Así que me perderéis un poco de vista, yo y mis continuas quejas del mercado laboral...
Trataré de dejarme ver por aquí y por allá porque llega septiembre y con ello más y más proyectos...
Voy a aprender un huevo trabajando para este productor, me encanta su trabajo y su forma de ver el cine. Y a ver si hay suerte y es una oportunidad para meter la naricilla donde yo quiero. Estoy muuuyyy ilusionada hoy pero, que le vamos a hacer, estoy sosa a la hora de escribir porque estoy medio frita, que ayer acabé demasiado tarde de escuchar norteñas en casa de mi amigo Mexicano. Y luego no había quien me durmiese. Qué risas nos echamos. Aquí os dejo con Paquita la del Barrio, con una canción que creo que a todas nos recordará a alguien concreto... Gandes experiencias vitales, que pasan una vez y no más, gracias al cielo.
Aunque me temo que ayer entre tintos esto tendría más gracia...

lunes, 10 de agosto de 2009

Dragones y mazmorras Vs. Verano azul

Hace tiempo una profesora nos hizo presentar un trabajo, a quienes teníamos la desfachatez de trabajar y no ir a clase, sobre el programa de TV que más nos había influido y por qué. Yo hice esto.

Dragones y mazmorras frente a Verano Azul

Resulta especialmente complicado elegir un solo programa de televisión que me haya influido esencialmente. Para mí los hitos de la televisión han sido otros, como el nacimiento de las emisoras privadas en abierto o el día que mis padres cambiaron la televisión antigua por una con mando a distancia. Creo que me influyeron más los programas que no vi que los que vi. Por ejemplo, el no haber visto nunca un solo capítulo de Verano Azul me aislaba de mis compañeras de colegio en sus animadas conversaciones, sobre todo porque yo era más de Campeones, Dragones y Mazmorras o Ranma que de Verano Azul, Pipi Calzaslargas, Heidi o el culebrón Cristal, que siempre me parecieron soberanamente aburridas y monótonas. Alguna vez intenté ver todas estas series cuando era niña, pero antes o después dejaba de ver la televisión o cambiaba de canal.

Incluso prefería hacer deberes.

Creo que no haber visto nunca Verano Azul me ha influido más que cualquier programa que sí haya visto por televisión, porque desde niña hasta hoy en día he visto que todas las personas de mi generación están en algún aspecto marcadas por dicha serie, sea en el lenguaje popular, sea en actitudes o sea en referencias culturales. Y yo no se de qué hablan, estoy fuera de su mundo. Creo que para pensar en una serie que me haya influido verdaderamente tengo que remontarme a mi infancia.

Definitivamente, me quedo con Dragones y Mazmorras, aunque para ello tenga que rechazar a Emilio Aragón o a las Mamachicos que, si bien de pequeña me impresionaron, no fueron una influencia duradera en la formación de mi carácter.

No recuerdo cuándo empezó mi veneración por Dragones y mazmorras (o Calabozos y Dragones, como decían la apertura de la serie), para mí siempre estuvo allí. Recuerdo que mis hermanos mayores tenían algunas cintas originales en VHS con capítulos de la primera temporada de la serie y que yo era francamente pequeña (tal vez tenía 5 ó 6 años) cuando prefería que me pusiesen esos vídeos a algunas películas de Disney. Para mí era una serie con solera, que habían emitido antes de que yo naciese. Hablaba de aventuras. De un grupo de chavales que, desde el parque de atracciones, llegaban a una especie de universo paralelo donde las fuerzas del bien y del mal luchaban continuamente y en el que tenían que enfrentarse a muchísimos monstruos para los que no estaban preparados en absoluto.

A principios de los años ’90 anunciaron la reposición de la serie, creo recordar que en Antena 3, con el revuelo subsiguiente en mi casa. A su hora de emisión, no se podía ver otra cadena. Cuando yo tenía cerca de ocho años, empecé a jugar en casa al juego de rol de Dragones y Mazmorras. Jugaban mis hermanos mayores, y mi hermana y yo nos acoplábamos de vez en cuando.

Recuerdo que yo siempre quería ser un mago como el de la serie de dibujos, a pesar de que el mago, Preston, fuese el más torpe del grupo siempre. Para mí siempre fue el más cercano: el torpe, el que no sabe llegar ni dar soluciones, el que no controla sus poderes pero que sabe que los tiene en el sombrero, aunque dependa más de la suerte que de sí mismo que afloren... Y creo que ese rol me sigue acompañando a veces. Mi hermano mayor era el caballero fuerte y noble tipo Hank y mi hermana mayor era una mujer hábil, fuerte y lista tipo Diana en la serie. Al menos yo los veía así. Solía asemejar a mis personas cercanas con personajes de la serie. Después, en 7º de EGB, jugaba en el recreo a Dragones y mazmorras con tres compañeros de clase, dos chicos y una chica.

Aún hoy me gustan las historias de fantasía y las que hablan de personajes que están insertos, por casualidad o error, en un mundo al que no pertenecen. Un mundo agresivo y enorme que les hace sentirse torpes y extraños. Igual de extraña que me veía yo por preferir Dragones y Mazmorras a Verano azul.

A base de mucho reflexionar, creo que mi percepción de mundo ajeno e incomprensible al que hay que enfrentarse solo (o en compañía de unos pocos, para quienes es tan ajeno como para ti) tal vez venga de entonces o se base, en buena parte, en aquellos días. La gente que me parece cercana o con la que me identifico, tanto en la ficción audiovisual como en la realidad, es aquella que se ve a sí misma en un mundo extraño pero que no desiste en luchar contra el mal que encuentra en ese mundo.

En varias ocasiones, los personajes de la serie se acercaban a un punto en el que podían volver a su realidad. En aquellos momentos recuerdo una confusión enorme: por un lado quería que llegasen a un lugar seguro, a su hogar; y por otro (perverso y egoísta) quería que continuasen sus aventuras en el mundo inhóspito.

Aún creo que la lucha para llegar a ese “lugar seguro” es constante y que, muchas veces, cuando estamos llegando, vemos que la salida se va a cerrar ante nuestras narices o preferimos darnos la vuelta para hacer otra cosa (p.e. salvar a uno de los “compañeros de viaje”) que seguir adelante hacia lo que llevamos mucho tiempo persiguiendo. No se hasta que punto esto viene motivado por lo que yo vi desde niña, pero para mí eso es lo que “está bien”, saber cuándo darse la vuelta a pesar de que casi hayas llegado. Creo que la influencia de mi gusto por este tipo de historias (lo ajeno, lo desconocido, la lucha, el compañerismo) está, en buena medida, marcada por Dragones y Mazmorras. Y, desde luego, mi gusto por este tipo de historias determina quién soy ahora, lo que hago y lo que quiero hacer en el futuro.

Creo que esta serie fue decisiva en mi “ideario audiovisual” actual. Lo que me gusta ver en televisión son historias de personas normales o con algunas dotes que se enfrentan a situaciones extraordinarias. Tal vez por eso me aburra sobremanera la tendencia de la ficción seriada española al costumbrismo y prefiera series como Lost, House M.D., o incluso Prison Break. O que elija mucho antes Futurama que The Simpson. Lo que me gusta hacer es contar historias de personas que se enfrentan a situaciones extraordinarias. No haber visto Verano Azul sino Dragones y mazmorras, determina, en cierta medida, quién soy hoy en día y cómo me relaciono con el entorno y las circunstancias y monstruos que me rodean.