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jueves, 22 de octubre de 2009

Teorema de la Injusticia y Ley de la Carlos III

Desde el verano de tercero no paré de currar. En cuarto entré en un semanario en el que no me pagaban mal (para lo que yo era), pero tenía bastante curro porque rápidamente me pusieron a cargo de una cabecera local completa y estaba todo el día haciendo todas las combinaciones posibles entre Torrejón-Fuenlabrada-Madrid-Getafe. Mi chico se vino a vivir cerca de Alcalá, por lo que cesaron los viajes de dos horas de tren hasta Galapagar. Pero vamos que en cuarto (y en quinto) lo más que hice fue currar, por lo menos tanto como estudiar e ir a clase (en horas), por lo que estaba hasta arriba. Por lo que esto vale para los dos cursos, aunque no lo diga en el título del post.
Y ahora explicaré la razón matemática de por qué empecé a saltarme clases con alevosía.

Harta de ver gente que entregaba tarde trabajos y aprobaba (o que ni los entregaba), gente que no iba a clase y aprobaba en el despacho (o a la que le ponían la matrícula pese a tener menos nota que yo simplemente por ir al despacho a llorar a los profes la MH para que no les quitaran la beca, lo que me pasó TRES VECES, me reconocieron los profesores)… gente, en definitiva, que curraba menos que yo y no obtenía resultados mucho peores. Me empecé a sentir pardilla y le busqué una lógica a todo esto. Allá voy.

La nota final tiene una relación esfuerzo-recompensa regresiva (en lo que a puntos se refiere). Lo explico:
Busquemos la relación entre la nota que te ponen y el esfuerzo que haces (con respecto a 10).
Esto sería lo que doy en denominar “Teorema de la injusticia de la nota
  • Nota/Esfuerzo -1 = nivel de injusticia. (abreviando, n/e -1 = i)
Cuando el nivel de injusticia es = 0, quiere decir que tienes la nota justa, correspondiente al esfuerzo que has hecho.

La nota y el esfuerzo dependen del profesor, lo sé, por lo que esta relación de injusticia varía según ellos. Por eso hay profesores más y menos injustos. El “Teorema de la injusticia” lo explica todo.

Ejemplos:

a) Si te esfuerzas un 5 (lo justo, vamos), y te ponen un cinco, tienes, lo que sería, una relación esfuerzo-nota justa:
  • 5/5 – 1 = 0 injusticia
b) Si te esfuerzas un 5 y sacas un 7, tienes un grado de injusticia positivo para ti
  • 7/5 – 1 = + 0,4
y tú tan contento, es eso de “no he hecho ni el huevo y tengo un 7”

Pero si te esfuerzas un 7 y sacas un 5, se produce una injusticia negativa para ti, y te jode:
  • 5/7 = - 0,3
Eso está claro. Pero de lo que quiero hablar aquí no es de profesores injustos, que los habrá en todas las Universidades. Quiero hablar de la Carlos III.

Bien, lo que yo aprendí en la UC3M es que, en la Charlie, la relación esfuerzo-nota no sólo tiende a ser injusta con respecto a otras universidades (ellos con menos esfuerzo sacan lo mismo). Sino que, además, cada vez es progresivamente más difícil sacar un punto más. Esto sería lo que yo denominaría la “Ley de la Carlos III”, demostrada experimentalmente tantas veces como veces cae una manzana al suelo si la sueltas: La Ley de la Carlos III establece que:

O sea, a partir de un cuatro, cada vez es más difícil arañar un punto. No es en plan, para sacar un 4 invierto x; para sacar un 5, x+y; para sacar un 6, x+2y; para sacar un 7, x+3y… No. Según subimos la nota, cada punto es más caro en esfuerzo.
Siempre.
El incremento de esfuerzo preciso entre sacar un 6 y sacar un 7 es inferior al incremento de esfuerzo necesario entre sacar un 8 y sacar un 9, pese a que el incremento objetivo de la nota en los dos casos sea igual.
Si aplicamos la Ley de la Carlos III al Teorema de la injusticia de la nota, vemos que mientras más subimos la nota más negativa para nosotras es la injusticia que se comete. Que te puede parecer bien, pero vamos, que es injusto y tienes que tenerlo en cuenta.
Yo decidí hacer el pardillo hasta el 7,5. Para mí, el incremental de injusticia esfuerzo/nota entre un 7,5 y un 9 (siguiente nota necesaria para que te pusiesen un punto más en la nota media que saldrá en tu expediente, según ellos evalúan) era tal que dejaba de compensar. Un seis lo sacaba con la gorra sin ir a clase y estudiando el día antes, un siete yendo a clase y estudiando unos días, un ocho estudiando también durante el curso, un nueve sin vida social y sin dormir, y más de un nueve estando además apasionada por la asignatura en cuestión hasta el punto de que no me importase hacer ninguno de los esfuerzos anteriormente detallados. Y obviamente menos de un 5 sin ir a clase, pasando de estudiar o, en la mayoría de las ocasiones, no presentándome a la primera convocatoria directamente.
Entiéndame, el 7,5 es esfuerzo. En la UC3M sacar un 7,5 en la mayoría de las ocasiones es una injusticia negativa (con respecto al esfuerzo) bastante considerable para el alumno. Pero yo quería asumirla. O eso, o la asignatura me apasionaba y no me importaba hacer esfuerzos (por lo que mi nota daba un salto cuántico), o pasaba de presentarme hasta segunda o tercera convocatoria (bien por asignatura coñazo o bien por falta de tiempo).
Si sumáis eso a la hijoputez de la que eran capaces algunos profesores/catedráticos, podéis deducir el nivel de injusticia de la Universidad.
Eso sí, aprendes a esforzarte. Como dice Patricia, crearon una generación de Superwomen.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Tercero: el mejor año

En tercero la cosa mejoró, con algunos de los mejores profesores/asignaturas de la carrera.

Vicios: En tercero fue cuando empezó la tortura de las asignaturas de red. Hicimos un blog. Uau. Un cuatrimestre entero. Tuvimos nosecuantísimas asignaturas de red en toda la carrera en las que no aprendimos absolutamente nada de nada, en ninguna. Un poco de flash y un poco de Dreamweaver, pero estaban fatal enfocadas. Si una hubiese sido teórica, una dreamweaver y otra flash podría haber tenido sentido. Pero era imposible. Radio: una puta mierda en esta universidad. Sin ningún tipo de rubor. Eso si que eran cursos Zero y no los que daban antes de entrar. Otra vez, muchísimo curro, muchísimas horas de clase, de prácticas y mil historias, pero para mi fue más ameno porque había más cine. Empresa audiovisual (y asignaturas parejas): una puta mierda también, pérdida de tiempo total. Nada más que teoría vacía e inútil, en vez de enseñarnos cómo crear una empresa audiovisual o la legislación a la que atenernos en contratación (por ejemplo, cosas que estoy aprendiendo en el máster). Otro vicio: la falta de organización de las clases, de los horarios, de las aulas, el caos de meternos en un zulo, la falta de previsión y el desprecio que eso demostraba hacia nuestro grupo y hacia nuestra educación por parte de la Universidad Carlos III, (pongo el nombre completo para que les salga en la búsqueda exhaustiva de Google, que yo también trabajo en un gabinete).

Virtudes: En periodismo, encontramos algunos profes que estaban en activo y lo hacían notar, como Charo, que cada día de prácticas nos hacía documentarnos y escribir sobre un tema y entregarle un artículo de cierta extensión al final de la clase, que después corregía. Para mí fue un ejercicio estupendo para cuando después la tuve de jefa llamándome para que le enviase textos. “Vuela”, decía.
Para compensar algunas asignaturas inútiles de periodismo, había asignaturas de estas que sabes que tienes que dar y conocer pero que aburren sobremanera, como historia del periodismo (que no se llamaba así pero iba de eso), que, en realidad, me sirvió para ganar al cranium en la nochevieja de 2006, porque la respuesta a la última pregunta era “Meucci” y no “Graham Bell” como la gente suele creer. Y ganamos, por supuesto. Pensé que Lucía tenía razón cuando me decía (en segundo, con tanta “cultura general” que estudiábamos) que esta carrera al menos nos serviría para ganar al trivial. ¡Sirvió! En periodismo local hicimos periódicos locales y aunque faltó muchísima información tampoco estuvo mal (por lo que yo he trabajado en periodismo local hubiese contado otras cosas). Guión de cine no estuvo mal y guión de tele me sirvió mucho y me dio mucha bibliografía que se sirvió bastante.
Teoría del Cine (de la comunicación audiovisual, creo) fue maravillosa. Leí muchísimo y, sobre todo, el profesor nos hizo pensar muchísimo sobre el cine, su historia, su desarrollo, su semántica… Buah, una pasada. Recuerdo conversaciones sobre Wong-Kar Wai y Bazin en clase, porque a mi Bazin me reventaba un poco por simplista habiendo gente que hacía cine como el chino este. Después este profesor fue mi tutor en el proyecto de fin de carrera que hice sobre cine digital. Aprendí mucho y desde entonces leo sobre cine mucho más que ficción general (pero muchísimo más). Me volví a apasionar un poco con la carrera gracias a sus clases.
Y llegó Roberto con Crítica de Cine.
Para mi, desde luego, está en el podio de maestros de cine que conocí en la facultad que no creo que olvide, junto con López Izquierdo y quizá alguno más, cada uno en su estilo. Roberto era didáctico, porque te hacía reflexionar sobre intertextualidad, violencia y representación en un tono mucho más que ameno, no se le iba la pinza con teorías y palabros como paralepsis o sujet, era divertido, con clases dinámicas, muy preparadas, en las que presentaba decenas de fragmentos de películas para demostrarnos sus teorías. Y llegaba al fondo de la cuestión. Así aprendía cualquiera. Una delicia.
Era imposible tomar apuntes sin frases memorables, así que aquí os dejo algunas que encontré estudiando.
* Moulin Rouge es un desfile de muertos
* Roberto dando clase denota que Roberto da clase, pero si luego filmamos a los alumnos durmiéndose connota que el profe es un coñazo
* Y venga a matar judíos antes de la meadita matutina
* Es como un videojuego y los japos son marcianitos
* Cita impresionante (Laura esta es la nuestra): “¡Eres un sádico!!”. Y tú “No! es placer genérico…”

lunes, 19 de octubre de 2009

Primero de carrera: tercero de bachillerato

Creo que el título del post lo dice todo. Primero de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III es una suerte de Tercero de Bachillerato. De hecho este post podría valer tanto para primero como para segundo, así que así lo dejaré y el próximo será directamente de tercero.
Otra vez los dos últimos siglos de la Historia de España, otra vez Lengua española, Literatura, Historia Universal, Filosofía… Que está bien, porque esa ya me la se. Y porque tenemos que aprender en profundidad si vamos a ser los cronistas del futuro. Pero si alguien está pensando en empezar, que sepa lo que va a encontrarse.

Virtudes: Para mi fue un tiempo de leer muchísimo. Mis grandes descubrimientos: Beckett, Schnitzler, Bretch y el Lorca simbolista (Literatura). Hanna Arendt, Stuart Mill, Lomborg, Habermas, Keynes, Heidegger, Alessandra Bocchetti y decenas de filósofos y teóricos de la política por los que adoré tener asignaturas como Mundo actual: pensamiento y creencias o Teoría del Derecho, pese a que éste último profesor estuviese absolutamente chalado, abriese paraguas en clase, olvidase donde aparcaba o se saliese en mitad de su speech a continuarlo en el pasillo, para mayor flipe del alumnado. Y durante estos dos primeros años aprendí mucho de edición y documentación, a golpe de teclado (los que me daba con la cabeza cuando las cosas no salían), pero aprendí.

Vicios: Los profesores dejan bastante que desear. Son muchísimas horas de clase, muchísimas e interminables prácticas y apenas deja tiempo para irse de cañas los findes. Si quieres aprender, no será tanto en clase como leyendo por tu cuenta. Yo me despertaba a las ocho de la mañana sábados y domingos para poder estudiar unas horas y así a las 18 poder quedar. Debía tener entre 10 y 15 horas de tiempo libre a la semana, incluyendo findes. Era agotador. Ahora lo pienso y no sé si sería capaz de seguir ese ritmo de nuevo. Pocas horas en plató, poco tiempo con las cámaras, mucho en Internet.

Fuera de las aulas: (y ahora viene la parte por la que me meterán caña) El grupo más ruidoso de mis compañeros de clase (que no la mayoría) era bastante acrítico, y para mí, más roja que la sangre como siempre dice mi hermano Arthegarn, lo de que fuesen intolerantes con algunas compañeras por ir a misa o votar al PP me tocaba bastante las narices. ¿Por qué se meten con ellas? ¿Verdaderamente se creen mejores? ¿Esta panda de snobs de levis rajados se van a poner a discriminar a alguien por sus ideas simplemente por no compartirlas? Fue entonces cuando acuñé el término “Hippijo”, hippies pijos. Además, este grupo ruidoso solía coincidir con la gente a la que se la sobaban tanto Mill, como Habermas, Schitzler o el Lorca simbolista, por no hablar de lo enfermos que se ponían por tener que estudiar los teóricos de los campos del derecho y política. Gente a la que le daba igual la historia de la fotografía, el daguerrotipo, el gelatinobromuro o el nitrato de plata porque no les importaba de dónde veníamos sino hacia dónde iban ellos. Y como a mi me interesa el conocimiento por el conocimiento, no en un sentido finalista y pragmático económicamente hablando, pronto empecé a ver que allí tampoco encajaba. Recuerdo la que me liaron (no se si en primero o en segundo pero creo que en segundo) por decir que no era para tanto que un profesor nos hubiese dado dos hojas más de apuntes (dos hojas literalmente) el fin de semana antes del examen, que esto era la vida adulta y que era una forma de prepararnos para el futuro, en el que las cosas no vienen planificadas sino que caen marrones cada 2x3. Que si querían pusiesen una queja formal, que fuesen por los cauces apropiados pero que hasta entonces no era para tanto estudiar dos hojas más, que no hacía falta una revolución francesa por eso y que en realidad estaban perdiendo más tiempo en dejar a toda la clase emails incendiarios que el que invertirían en estudiarse las dos malditas hojas. Fue mi lapidación social. Aunque no fueron pocos quienes más tarde se acercaron a decirme que tenía toda la razón y que eran unos inmaduros por portarse así. Gracias al cielo mucha de sea gente desapareció en tercero o cambió su forma de entender las cosas.

Y conste que he dejado esta parte de "Fuera de las aulas" porque me parece mal cómo se trató durante aquellos tiempos a ciertas personas en la clase (no a mi en concreto, yo fui crítica con ellos, "me lo busqué" y a lo mejor me pasé en los términos o en los juicios, pero de todo se aprende) porque había un clima bastante intolerante que me parece impropio de gente que se cree "de izquierdas".

Periodismo y Audiovisuales en la Universidad Carlos III (Vicios y virtudes, I)

Mi recuerdo más preciado de los primeros días de Universidad fue conocer a mi amigo Orsonbuels. Me giré para preguntar (un poco al aire) si habían hecho algo interesante durante la primera semana de clase.

Orsonbuels levantó las cejas y me dijo, clavándome sus ojos escépticos: “No, pero he tomado apuntes. Toma”.

Con eso digo mucho de su carácter y expectativas por aquel entonces. Cuánta razón tenía.

Orsonbuels es una de las razones por las que considero que no me equivoqué, una de las razones por las que volvería a hacer lo mismo, pese a demasiadas clases dignas de “no, pero he tomado apuntes”.

Y con esta reflexión doy por inaugurada la Semana temática de la UC3M. Aquí empieza la crónica de los que se suponía que iban a ser “los mejores años de nuestra vida”. Y el anillo de blogueras participantes será:

* De 8 a 8 y media, Blanca
* Hazte un blog, Irene
* La cuenta atrás, Patricia
* Mis ojos a través de mis manos, La mujer del médico
* See your thougths take shape, Ruth
* Sin saber nada, María
* Soy parada, Laura

Mi primer paso ha sido imprimir mi expediente para subrayar las asignaturas de las que quiero hablar. Espero con esto ser capaz de escribir un post diario sobre las clases, por hacer crónica… y alguno más sobre lo que había más allá de las aulas.

À bientôt