
Sumándome a una iniciativa de mi ex-compi Patri, he decidido postear en cadena. El abuso de menores toca como muy pocos pueden llegar a imaginar una de mis fibras más delicadas. La pornografía infantil es una forma de abuso. Alguien tiene que captar esas fotos.
Muchas veces son sus padres. Incluso, sus madres.
Os deseo que nunca en vuestro trabajo os topéis con imágenes de este tipo. Yo me he topado, fotos de una ñiña entre los 6 y los 12 hechas por su padrastro y su madre. En las que salían ambos. Imágenes que jamás describiré a nadie, de las que simplemente diré que alguna parte de mi cerebro aún cree que tenían que ser el mejor fotomontaje de la historia, porque hay cosas que no se pueden ver juntas en una imagen de un menor. Y eso que eran imágenes relativamente poco explícitas. Esa niña, según me explicó un colega que se dedica a estas historias, ahora se acerca a la mayoría de edad con serios problemas para afrontar las relaciones sexuales con su pareja, con miedo, con pánico.
Por favor, denunciadlo. Por la ética. Por el libre albedrío. Por la libertad. Por lo que queráis, no me importa. Yo lo haré por la maravilla que supone poder hacer el amor con mi pareja sin tener miedo, porque nadie abusó de mi de niña.
Si navegando por la Red, alguien descubre una web o un mensaje que promueve o difunde pornografía infantil, se tiene que denunciar a la Policía, telefoneando al 902 102 112, o vía internet a través de la ePágina del Grupo de delitos telemáticos de la Guardia Civil; o bien póngase en contacto con Anesvad remitiendo un e-Correo a nopi(arroba)anesvad.org o telefoneando al 902 118 800.
Yo conozco algo de los métodos que emplean las fuerzas de seguridad, y mi opción es, casi con los ojos cerrados, el grupo de policías nacionales que trabajan contra delitos de pederastia, por buena gente que son.
Gracias de antemano.
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