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miércoles, 1 de febrero de 2012

Pues va a ser que sí...


Y sin ni una gotitica de sangre de Sierra Leona

:D

lunes, 16 de enero de 2012

Una exiliada feliz

El marido de una de mis mejores amigas de Madrid, hoy ya mi amigo, hacía hoy noche en San José, de paso hacia Tegucigalpa, por trabajo. Me contactó desde España para ver si cenábamos y llevo toda la semana entusiasmada.
Hoy le he visto y el tiempo no ha pasado. Le llegaban las ojeras hasta la sonrisa. Eso: cansado, pero divertido como siempre. Le enseñamos la moto, cenamos una hamburguesota, charlamos de trabajo, de Fraga y del habichuelín que crece ahora dentro de la barriga de mi amiga, su esposa.
Le dejamos en su hotel y nos volvimos a casa.
Me hace sentir mucho más cerca de casa.
Que las distancias no son tantas y el tiempo no importa.
Me hace feliz y me da mucha paz.
Y encima me ha traído queso, turrón y aceitunitas; para acompañar el guijuelo de recebo que me llegó esta semana.
Hoy vuelvo a ser una exiliada feliz.

domingo, 17 de julio de 2011

Mi madre

Hay veces que pensamos demasiado en la narrativa. Creo que nos ocurre a todos los que somos apasionados de las historias y de cómo se cuentan: que nos paramos a mirar con otros ojos la vida, buscándole una estructura, sabiendo que no la teme, y anhelando siempre ver desenlaces para comprender el hilo de lo que estamos viendo. Ahondando un poco, pienso a veces que no hay desenlaces, medito sobre el fin del relato como parte de la estructura y descubro que, en la realidad, los desenlaces son ficciones, porque siempre llevan a nuevos arranques.

Mi madre no puede llorar. Simplemente no le salen las lágrimas, sin saber por qué. Es imposible: aunque quiera llorar, no puede. El jueves, al despertarme, fui a la cocina a desayunar y la encontré tendiendo la ropa de una última lavadora con algunas cosas mías antes del viaje. Tras un par de minutos de conversación intrascendente, me dice que no llora porque no puede, porque estos días se acuerda de una canción de Serrat de cuando se casó con mi padre, y me recita:

Escapad gente tierna,
que esta tierra está enferma,
y no esperes mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.

(...)

Y si te toca llorar
es mejor frente al mar.

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí...

Y pienso que, por potentes que podamos a llegar a construir las historias, la realidad supera a la ficción casi siempre. Por mucho que carezca de estrucura y nunca lleguemos a comprenderla del todo.

Carpe diem.