jueves, 17 de septiembre de 2009

Perder o perder

Ayer llovía con timidez en Pozuelo cuando llegué a la entrevista. Estaba a punto de entrar a hablar con uno de los directivos de una agencia de publicidad participada por un gran grupo audiovisual de este país. El salario que ofrecían era una mierda, lo sabía, y el sitio estaba lejos. Pero el trabajo estaba bien, de secretaria de producción; una forma, pienso yo, mucho más cómoda de pasar a ser “ayudante de” sin tener que pasar por la cadena parado-meritorio-auxiliar-parado-auxiliar-consuerteayudante que define esta profesión.

Él era un ejecutivo cuarentón en vaqueros y camisa oscura; yo representaba el papel de la jovencita ambiciosa y capaz a la que no le detiene un semáforo en rojo. Solté un par de inconveniencias, un par de tacos, y un par de reflexiones sobre la publicidad y la producción como forma de vida. Así le tanteaba. A veces reía con timidez. Él, no yo. Mi timidez más bien escasea cuando me las doy de segura. Otras veces, se sonreía escandalizado. Otras, las más, me miraba con curiosidad y juicio, mientras compartía conmigo su sabiduría. Yo, de esas, lo miraba con los ojos grandes de aprendiz, y empezaba cada frase con “a mi modo de ver”, “desde mi modesta experiencia” o “tal vez podría ser que”.Pasó a describirme el puesto. Prepro, prepro, prepro. Yo, a valorarlo. Es la mejor parte. Siempre lo he dicho. Yo: “prefiero la prepro, es la mejor fase”. Él: “Sí”. Yo: “La producción en set es bastante aburrida, mucho mejor antes, ir consiguiendo que salga todo”. Él: “Sí, en set, bueno, el set es un coñazo”. Yo “Sí. Yo siempre que he hecho bien mi trabajo en set me he aburrido. Si haces bien la prepro, en set te pasas el día fumando, bebiendo café y mirando el reloj entre escenas”. Él ser ríe y asiente con los ojos entrecerrados.

Suelta que mi perfil le interesa. Que por qué a mi me interesa la producción. Yo, que simplemente me gratifica ver que el trabajo sale, coordinar el equipo, conseguir que se avance. Él, que le gusta mi enfoque de la profesión. Yo que para cuándo sería. Él que la semana que viene.
Ya estaba hecho. Que me llamará para ver cómo entro y cuándo. Que seis meses e indefinido.
Pero…
Todo tiene un pero.
Caigo en que el horario coincide con mi beca Ibermedia. Nunca tuve el don de la ubicuidad. Si salgo de trabajar a las siete de Pozuelo, no podré estar a las siete en Príncipe Pío, recibiendo formación para trabajar en esto. No puedo coger el trabajo.
Pero…
No digo nada de horarios. Le alargo la mano. Mientras, él acerca la cara, yo “bueno dos besos”, él “lo siento” (mientras me toma el hombro para acercar su cara). Me marcho. Al coche. Atasco. Pienso. Atasco. Pienso. A las 19:00. A las 19.00.
Pero…
Atasco.
¿No es, acaso, la formación un medio para el trabajo? ¿No es “saltarse un paso” empezar a trabajar ya en esto? Mal salario. Publicidad. Horas extras. Pero es asomar mi naricilla profesional por fin por el lugar donde quería asomarla.
Atasco.
Perder mi beca Ibermedia o perder una oportunidad de trabajo en el campo que me gusta, un campo en el que las oportunidades escasean y en una gran empresa.
Perder o perder.
Atasco. Haga lo que haga voy a arrepentirme.
¿Qué hago?
Esperar. Esperar a que me llame y negociar el horario. Y tener paciencia. I know how to play, voy a negociar con el jefe de ventas de la agencia. Estoy perdida, con esta gente nunca se gana, y menos aún si te sacan 20 años.
Pero…
En fin, ya volverá la oportunidad si ha de hacerlo, en un año, dos, o los que sean menester. Me arrepentiré, pero de momento, por lo que he meditado, si he de elegir me quedo con la beca Ibermedia. Por fin va fluida la M40.
Pero...

Me quedo con la certeza de que da igual lo que decida. Haga lo que haga, me estaré equivocando.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Zapateros, Salgados, Montescos y Capuletos

Todo empezó en primero de carrera. Apasionada por las letras, estudiaba periodismo a un nivel cuasienfermizo. Leía los periódicos, comparaba las noticias según las contaban distintos grupos, just for fun. Empezó por diversión, mas acabó como decepción: que El Mundo tratase de manipularme, vale, lo entiendo, era de derechas. Pero qu me intenten manipular los míos, en quienes confiaba...
Después empecé a analizar los titulares de lo que para nosotros era el periódico por excelencia, El País. A mirar su agenda setting, su forma de organizar la información, la redacción de sus periodistas. Después, empecé a prestar especial atención a distinguir entre qué contaban y qué no contaban (qué criterio seguían para confeccionar el diario). Aprendí que, desde el mometo en que empiezas a escribir, a contar, estás fijando la atención del lector en unos aspectos y no en otros. Parece obvio, pero descubriréis que no lo es tanto.
Descubrí que el periódico, mi periódico, también pretendía manipularme con sus formas. Me cabreé al ver que todo, absolutamente todo, eran intereses políticos y económicos. Que si no cuento esto (porque perjudica a esta empresa que tiene tanto porcentaje de las acciones del grupo), que si no cuento esto otro (por mi anunciante), que si esto no es para tanto (porque si no lo cuento el gobernante corrupto que lo ha hecho va a estar contento conmigo)...
Me cabreé tanto que dejé de leer los periódicos. ¡Yo!

A la mierda. Se acabó mi concepción ideadista de que sólo manipula la derecha porque la manipulación era contraria a los valores que (creía) defendía la izquierda. La izquierda también manipulaba, y para mi, más roja que la sangre como me dice siempre mi hermano Arthegarn, eso era inaceptable. No pensaba leerles ni una línea más. Fue mi particular "crisis de segundo", como decían algunos compañeros (rodeada de muchos compañeros de izquierda acríticos más papistas que el papa que pasaban de ver que la izquierda también tenía defectos, todo hay que decirlo).
Con el cambio de Gobierno, mi periódico pasó de ser un medio crítico con el poder a ser un medio servil hacia el Gobierno. Qué decepción, con mis 20 añitos, que el mundo no era como yo creía al entrar en la carrera. No existía un "periódico independiente de la mañana". La independencia jamás existiría, precisamente por lo que cuenta A. en su última entrada.
Sí, desde los 20 han pasado 5 años -e innumerables fatigas, como diría Jennifer Connelly- y hace tiempo ya que les perdoné la osadía de decepcionarme. Decidí que era mejor estar informada (procurando, eso si, mantener varias versiones) que permanecer en la ignorancia; sobre todo si cada vez que leía una noticia analizaba por qué esa persona/medio me estaba contando eso. Qué interés tenía. Así, no sólo conseguiría informarme, sino conocer la calaña con la que trataba. Sacaría el doble de información de cada noticia.

Os hago toda esta reflexión debido a un artículo que he leído esta mañana en mi periódico, bajo el título Donde dice digo... digo impuestos. Sorprendido me ha, en primera instancia: Un artículo en profundidad, bien escrito, documentado y con tono veraz sobre las desaveniencias de la "política" económica de Zapatero (lo siento chicos pero no puedo llamar Política sin comillas a lo que considero una falta considerable de planificación/objetivos a medio plazo). Uau, me dije, por fin, mi periódico despierta. Por fin hacen críticas a doble página al poder y van más allá de alguna crítica escondida en un artículo secundario para disimular un poco. "¡Por fin!", me dije, "¡este es mi periódico!"
Pero como suele decir mi madre poco dura la alegría en la casa del pobre. Las palabras "TDT de pago" vinieron a mi cabeza de forma ineludible.

Y ya que puedo hacer poco más, decidí hacer un post denunciando, a mi forma, la falta de independencia de los medios de información. Y su loable sutileza manipuladora, por supuesto.
Amigos, haré un resumen novelado y simplificado de la situación, por si alguien está perdido.

Cual Montesco y Capuleto, Mediapro y Prisa -grupo al que pertenece mi periódico- combaten en una guerra inagotable.
El Gobierno, cuyos logros siempre han ensalzado los miembros de la familia Capuleto -Prisa- ha favorecido, con la aprobación de la TDT de pago, los intereses de los Montesco -Mediapro- en el reino. La familia Capuleto a recogido el guante lanzado por la osadía del Gobernante y, mientras los Montesco loan la independencia del mandatario del Estado, los Capuleto han decidido vengar su infamia sacando a la luz aquello que antes acallaban: la crítica. Así, renace aquel lema que reza que la pluma hace más daño que la espada.


Hermosa novela que viene a decir que, si dañas los intereses de los Capuleto, los Capuleto van a por ti. Pasaría lo mismo con los Montesco, no lo duden. Una maravillosa forma de presionar a un Gobierno que no ha querido seguir los intereses de un grupo (otro día os explico los intereses que hay detrás de los de la TDT de pago, que haberlos haylos, of course).
Así que, amigos, una vez más vemos que incluso cuando un medio da signos de "independencia" respecto al poder al que suele adular, tiene una explicación matemática. El imperio de la lógica, amigos, siempre está ahí, esperándoles. Así que, estimados todos, cuando lean ustedes los papeles, por favor, no se dejen sorprender. Todo, absolutamente todo, responde a sus intereses. Infórmense, contrasten, lean la prensa extranjera si pueden, vayan a las fuentes de las fuentes de las fuentes. Se lo pido de corazón. Es abominable verlo así, lo se, pero desde mi pequeño atril seguiré defendiendo fastidiarles a ustedes toda la candorosa ingenuidad que pudiera quedarles respecto a esta aberración de sistema y de "división de poderes".
Lo siento, soy así de zorra.

sábado, 29 de agosto de 2009

La increíble historia de Voltaire

Hacía años que no ponía semejante cara de idiota. Me quedé helada, pese a los 40 grados. Hablábamos de literatura. De qué leíamos. Obviamente éramos diferentes, creo que en general tiendo a ser diferente en esta materia porque cuando otras leían... ... ... (¿no leían?) yo leía Scott Card, Orwell y Huxley. Creo que aquel día, frente a mi plato de verduras a la plancha, comprendí por qué años ha dejé de hablar de literatura con mis semejantes.

Yo:
- Por ejemplo, Voltaire, ¿has leído Voltaire?
Ella:
- No
Yo:
- Sí porque suena súper serio, dices "Voltaire" y, joder, qué arcaico, que clásico, que rollazo suena ¿no?
Ella:
- Pues sí
Yo:
- Pues no. Lo lees y es genial. Es dinámico, irónico, divertido incluso. Sorprendente, genial.
Ella (allá va):
- Sí. Eso es lo que digo yo. Por qué le ponen ese título. "Volteer". Pff, no llama nada la atención. Si por ejemplo lo hubiesen llamado "La increíble historia de 'Volteer'", pues vale, es un toque, llama más la atención, pero un libro que se llama simplemente "Volteer" no entiendo cómo alguien lo coge de la estantería en la tienda.
Yo
- ...

Creo que por eso hace años decidí dejarlo. Odio quedarme con cara de idiota, la boca entreabierta y los músculos faciales anestesiados ante una persona a la que justo antes de esa conversación consideraba interesante. Me resulta físicamente doloroso llegar a sonar simpática de nuevo.

Mejor cortar un poco más de berenjena y calabacín y llenarme la boca de nuevo.

jueves, 20 de agosto de 2009

Post frívolo

He conseguido caber en un vestido en el que no cabía desde antes de cumplir los 20. Y me he rizado el pelo. Hale, ya lo he dicho.

lunes, 10 de agosto de 2009

Dragones y mazmorras Vs. Verano azul

Hace tiempo una profesora nos hizo presentar un trabajo, a quienes teníamos la desfachatez de trabajar y no ir a clase, sobre el programa de TV que más nos había influido y por qué. Yo hice esto.

Dragones y mazmorras frente a Verano Azul

Resulta especialmente complicado elegir un solo programa de televisión que me haya influido esencialmente. Para mí los hitos de la televisión han sido otros, como el nacimiento de las emisoras privadas en abierto o el día que mis padres cambiaron la televisión antigua por una con mando a distancia. Creo que me influyeron más los programas que no vi que los que vi. Por ejemplo, el no haber visto nunca un solo capítulo de Verano Azul me aislaba de mis compañeras de colegio en sus animadas conversaciones, sobre todo porque yo era más de Campeones, Dragones y Mazmorras o Ranma que de Verano Azul, Pipi Calzaslargas, Heidi o el culebrón Cristal, que siempre me parecieron soberanamente aburridas y monótonas. Alguna vez intenté ver todas estas series cuando era niña, pero antes o después dejaba de ver la televisión o cambiaba de canal.

Incluso prefería hacer deberes.

Creo que no haber visto nunca Verano Azul me ha influido más que cualquier programa que sí haya visto por televisión, porque desde niña hasta hoy en día he visto que todas las personas de mi generación están en algún aspecto marcadas por dicha serie, sea en el lenguaje popular, sea en actitudes o sea en referencias culturales. Y yo no se de qué hablan, estoy fuera de su mundo. Creo que para pensar en una serie que me haya influido verdaderamente tengo que remontarme a mi infancia.

Definitivamente, me quedo con Dragones y Mazmorras, aunque para ello tenga que rechazar a Emilio Aragón o a las Mamachicos que, si bien de pequeña me impresionaron, no fueron una influencia duradera en la formación de mi carácter.

No recuerdo cuándo empezó mi veneración por Dragones y mazmorras (o Calabozos y Dragones, como decían la apertura de la serie), para mí siempre estuvo allí. Recuerdo que mis hermanos mayores tenían algunas cintas originales en VHS con capítulos de la primera temporada de la serie y que yo era francamente pequeña (tal vez tenía 5 ó 6 años) cuando prefería que me pusiesen esos vídeos a algunas películas de Disney. Para mí era una serie con solera, que habían emitido antes de que yo naciese. Hablaba de aventuras. De un grupo de chavales que, desde el parque de atracciones, llegaban a una especie de universo paralelo donde las fuerzas del bien y del mal luchaban continuamente y en el que tenían que enfrentarse a muchísimos monstruos para los que no estaban preparados en absoluto.

A principios de los años ’90 anunciaron la reposición de la serie, creo recordar que en Antena 3, con el revuelo subsiguiente en mi casa. A su hora de emisión, no se podía ver otra cadena. Cuando yo tenía cerca de ocho años, empecé a jugar en casa al juego de rol de Dragones y Mazmorras. Jugaban mis hermanos mayores, y mi hermana y yo nos acoplábamos de vez en cuando.

Recuerdo que yo siempre quería ser un mago como el de la serie de dibujos, a pesar de que el mago, Preston, fuese el más torpe del grupo siempre. Para mí siempre fue el más cercano: el torpe, el que no sabe llegar ni dar soluciones, el que no controla sus poderes pero que sabe que los tiene en el sombrero, aunque dependa más de la suerte que de sí mismo que afloren... Y creo que ese rol me sigue acompañando a veces. Mi hermano mayor era el caballero fuerte y noble tipo Hank y mi hermana mayor era una mujer hábil, fuerte y lista tipo Diana en la serie. Al menos yo los veía así. Solía asemejar a mis personas cercanas con personajes de la serie. Después, en 7º de EGB, jugaba en el recreo a Dragones y mazmorras con tres compañeros de clase, dos chicos y una chica.

Aún hoy me gustan las historias de fantasía y las que hablan de personajes que están insertos, por casualidad o error, en un mundo al que no pertenecen. Un mundo agresivo y enorme que les hace sentirse torpes y extraños. Igual de extraña que me veía yo por preferir Dragones y Mazmorras a Verano azul.

A base de mucho reflexionar, creo que mi percepción de mundo ajeno e incomprensible al que hay que enfrentarse solo (o en compañía de unos pocos, para quienes es tan ajeno como para ti) tal vez venga de entonces o se base, en buena parte, en aquellos días. La gente que me parece cercana o con la que me identifico, tanto en la ficción audiovisual como en la realidad, es aquella que se ve a sí misma en un mundo extraño pero que no desiste en luchar contra el mal que encuentra en ese mundo.

En varias ocasiones, los personajes de la serie se acercaban a un punto en el que podían volver a su realidad. En aquellos momentos recuerdo una confusión enorme: por un lado quería que llegasen a un lugar seguro, a su hogar; y por otro (perverso y egoísta) quería que continuasen sus aventuras en el mundo inhóspito.

Aún creo que la lucha para llegar a ese “lugar seguro” es constante y que, muchas veces, cuando estamos llegando, vemos que la salida se va a cerrar ante nuestras narices o preferimos darnos la vuelta para hacer otra cosa (p.e. salvar a uno de los “compañeros de viaje”) que seguir adelante hacia lo que llevamos mucho tiempo persiguiendo. No se hasta que punto esto viene motivado por lo que yo vi desde niña, pero para mí eso es lo que “está bien”, saber cuándo darse la vuelta a pesar de que casi hayas llegado. Creo que la influencia de mi gusto por este tipo de historias (lo ajeno, lo desconocido, la lucha, el compañerismo) está, en buena medida, marcada por Dragones y Mazmorras. Y, desde luego, mi gusto por este tipo de historias determina quién soy ahora, lo que hago y lo que quiero hacer en el futuro.

Creo que esta serie fue decisiva en mi “ideario audiovisual” actual. Lo que me gusta ver en televisión son historias de personas normales o con algunas dotes que se enfrentan a situaciones extraordinarias. Tal vez por eso me aburra sobremanera la tendencia de la ficción seriada española al costumbrismo y prefiera series como Lost, House M.D., o incluso Prison Break. O que elija mucho antes Futurama que The Simpson. Lo que me gusta hacer es contar historias de personas que se enfrentan a situaciones extraordinarias. No haber visto Verano Azul sino Dragones y mazmorras, determina, en cierta medida, quién soy hoy en día y cómo me relaciono con el entorno y las circunstancias y monstruos que me rodean.

viernes, 17 de julio de 2009

Mi declaración

No. No voy a hablar de hacienda. Sigo erre que erre con la crisis de valores y mi generación. Últimamente no paro de darle vueltas a la Revolución francesa. Y he concluido algo obvio: que somos herederos de la burguesía. Aceptando el reinado de la burguesía empezamos a definirnos a nosotros mismos según nuestra relación con la producción. Soy ingeniero. Soy periodista. Soy informático. Soy una puta de la información. Tiene parte de sentido, a mi modo de ver somos más lo que hacemos que lo que sentimos o decimos ser. Pero, planteándonoslo en serio, eso es algo MUY importante.
Tanto produces, tanto vales. Hablo de producción social, claro. Me explico, y ahí va el primer punto de mi declaración.
La producción ya no se mide materia o servicio creado en términos monetarios, sino sociales. Las medidas monetarias derivan, del "valor social". Ya no tiene que ver con fabricar útiles o dar servicios de valor económico a consecuencia de un trabajo concienzudo. La medición monetaria de la producción ahora la determina el impacto mediático/social del productor, útil o servicio. La producción social. En ese sentido digo lo de que tanto produces, tanto vales.
Las grandes máquinas de venta de la producción social son los medios de comunicación social. Hasta ahora había identificado los medios con la libertad. Desde que existe internet, cada vez más veo los medios como perpetuadores de un sistema social de clases. Como algo conservador, la agenda setting establece qué y quién es importante en nuestro mundo. Qué productos humanos merecen atención social y, por tanto, derivan en obtención de capital. Y discrimina todo lo que no atrae su atención. Yo estoy cansada del poder de la agenda setting y de lo que deriva de ella: que un "producto social" como JLo o David Beckham (o Íker Casillas, querido Arth) sea el modelo a seguir a nivel productivo. No creo que lo que hacemos (nuestro trabajo) pueda o deba dejar de definirnos, pero creo en la limitación de los ingresos derivados de la "producción social" de una persona.
Nos han acostumbrado a desear ser más ricos. A desear más y más para nosotros mismos. Y nos dijeron que aquello derivaba del esfuerzo, lo que no voy a entrar a valorar de nuevo. Creo en algunos principios liberales, por ejemplo, que la gente cuida menos los bienes comunes que los personales, y por eso no me parece mal la propiedad privada derivada del trabajo productivo (vamos, que hay cosas que me separan del comunismo utópico y que por eso creo en el esfuerzo a nivel individual con compensaciones personales).
Pero también creo que hay que poner un límite por arriba a los indecentemente ricos. Que, en un mundo sin gente indecentemente rica, el planeta y la humanidad serían drásticamente más sostenibles (y felices).
Tenemos que empezar a pensar en el consumo como acción de consumir, por obvio que parezca: Consumir, según la RAE, Destruir, extinguir. El consumismo excesivo destruye.
Habría que implantar algún tipo de ley que limitase el exceso de capital (no que lo gravase, sino que no lo permitiese) para evitar el hiperconsumo. Habría que prohibir el hiperconsumo individualista o, al menos, controlarlo mucho y muy bien. No sé cómo, ya lo pensaré. En la Revolución francesa se derramó mucha sangre por una serie de valores que hoy nos parecen fundamentales. ¿Qué tipo de humanidad queremos legar? ¿Qué generación queremos ser, cómo queremos que se recuerde nuestra era? ¿Como la era del consumismo insostenible y, además, deseado? Porque nosotros pasaremos, pero detrás vendrán más. ¿Queremos que de verdad la humanidad del futuro se base en la "producción social"? ¿No hay ninguna forma de poner algún límite por arriba que no sea descabellado ni cape la iniciativa pero que limite la remuneración tan desorbitada de la "producción social"?
Seguro que sí. Julio Verne decía que todo lo que un ser humano puede imaginar, otros lo pueden crear. Y yo puedo imaginar mucho.

jueves, 25 de junio de 2009

Mi generación

El otro día Arthegarn me pasó un artículo de José Luis Barbería que hablaba de nuestra generación. En él, se preguntaba si había nacido una generación apática1. Tras días mascando el concepto, digiriéndolo y regurgitándolo en ciclos breves, he decidido responderle desde este humilde foro que probablemente él jamás leerá. Pero que vosotros, mi generación, tal vez leáis. Serán dos artículos sobre cómo lo veo yo. Y no pienso pedir disculpas por la extensión. Menos aún por el contenido. Nadie obliga a la lectura.

Somos una generación acomodada.

No hemos pasado hambre. No hemos pasado frío. Incluso muchos somos hijos de quienes no conocieron la miseria más cruda. Nuestra educación fue ley, no privilegio. Teníamos más de un par de zapatos. Varios pares, incluso, en cada temporada. Luz eléctrica. Agua corriente potable incluso para ducharnos. Nevera. Cocina. Jabón. Supermercados. Sanidad pública. Vacunas. Discúlpenos, señor Barbería. Discúlpanos, Historia.

Nos ha llegado el momento de arrepentirnos. De arrepentirnos de haber nacido en este sistema, en este tiempo. Porque ahora no podemos mantenerlo.

Hemos mamado que, lo bueno, es "vivir bien". Tener tu casa, enorme, a ser posible tu casa en la playa. Tener más, cada vez más. Muchas veces nuestros padres tenían más de lo que tuvieron los suyos y nos hicieron creer que nosotros podríamos lograr más y más. Nos han transmitido la importancia de poseer y poseernos2.

Nos han hecho -la cultura actual, no tanto los padres- desear más y más. Tus chalés, tus viajes, tu yate, tus fiestas privadas, tu spa, tu todo. Nos quieren hacer desear vivir como Bekham. Como Carla Bruni. Como Bill Gates. Como quieras, pero con todo lo que puedas.

Nos han educado en la cultura del esfuerzo. Si te esfuerzas, lo consigues. Pero nadie nos ha enseñado por qué cosas merece la pena esforzarse y, como hemos tenido tanto al alcance de nuestras manos, hemos perdido la perspectiva sobre lo que significa el esfuerzo por la LIBERTAD durante nuestra juventud. Y nos hemos creído que, por lo que había que esforzarse, aquello por lo que merecía la pena el esfuerzo, era "vivir mejor". Porque, en los últimos 30 años, los de MI GENERACIÓN, ha aumentado la calidad de vida cada vez más, como bien indicaba usted, señor Barbería.

Pero mientras la calidad de vida crecía, la calidad laboral descendía. Y ya no vale el "qué-quieres-ser-de-mayor" con el que crecimos, porque todos sabemos que, con suerte, seremos pulgas que saltan de empleo inestable a empleo inestable. Todo el esfuerzo que nos habían inculcado, el que hicieron nuestros padres para estar donde están, el que nos habíamos creído que nos ayudaría, no ha servido para nada. En parte precisamente porque la educación está al alcance de todos. Ya no vale sólo con esforzarse. Nos encontramos con salarios insuficientes para precios exorbitados3.
La cultura del esfuerzo ha muerto. De hecho, nunca existió. Y no existirá hasta que dejen de existir los ricos. No hablo de comunismo, por Dios. Digo los ricos de verdad. Hablo de limitar el liberalismo rampante. Hablo de los indecentemente ricos. Hablo de la cultura que subyace en nuestra sociedad. Hablo de que mientras exista este sistema de valores, el de educar hacia querer ser archihipermegarico, no será viable la cultura del esfuezo. Nos han hecho creer que tenemos que llegar a ser como ellos4, cuando, en realidad, no hace falta. Nos han hecho creer que limitar la riqueza de una persona está mal. Que si tiene "su" dinero, mejor para él. Que si fuera "nuestro" dinero no querríamos que nos pusieran límites por arriba. Por debajo sí. Eso es fácil y populista. Pero, ¿por arriba? No, eso mataría la cultura del esfuerzo.

Estoy empezando a pensar que eso es mentira. Todo el sistema de valores que nos han creado está mal. No hablo ya de capitalismo-comunismo-liberalismo-socialismo-blablaismo. No. Hablo de valores. De lo que nos hacen pensar que está bien o mal, de lo que nos han enseñado que debemos desear u odiar.

Perdónenos, señor Barbería, nos hicieron creer que "desear vivir mejor que nuestros padres" significaba "desear tener más y mejor que nuestros padres". Perdónenos por habernos creído que merecía la pena estudiar/trabajar y por habernos decepcionado cuando hemos llegado a una realidad en la que no existe la recompensa, sino la suerte; mientras nuestros padres no paran de decirnos "lo duro que era antes". Discúlpenos por ser tan jodidamente apáticos. Pero es que ya no nos lo creemos.

Y que nos perdone la Historia si nos perdemos entre los posos de esa desidia que nos han quedado en nuestra taza vacía -ni siquiera medio vacía- cuando dejamos de creer en las recompensas. Que nos perdone si permitimos que la apatía nos venza y pensamos que no podemos cambiar la realidad. Que no merece la pena el esfuerzo. Perdónanos, Historia, si se nos olvida cómo se lucha. Perdónanos si resultamos ser una generación perdida, que asume la realidad como inamovible y desiste de intentar cambiarla. Hacia dónde irás, Historia, si empezamos nosotros a perder la fe en que merezca la pena plantearnos qué será del futuro. Cómo deslumbrarás si nosotros nos creemos que no podemos fraguarte.

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1 Empieza hablando de lo que él define como "ni-ni", jóvenes que ni estudian ni trabajan, para después adentrarse en una reflexión sobre la crisis de valores de la juventud actual. Lo de los "ni-ni" y el titular quedan en mera anecdotilla de intento curiosón del periodista, al que, por lo general, admiro bastante como profesional.
2 Sólo poseyéndonos a nosotros mismos podremos ser libres.
3 Y a mí, que me lo expliquen: en qué momento un euro empezó a valer 100 pesetas en el mercado, y cuándo 100 euros se convirtieron en 10.000 pesetas. Y por qué el Gobierno no controló ni hizo amagos por amarrar el TIMO absoluto que ha supuesto la implantación del euro en relación a los precios.
4 No hablo sólo de "famosos", también hay inventores, brokers, estafadores, científicos y artistas inmensamente ricos, por enumerar algunas opciones.