sábado, 4 de septiembre de 2010

Me quedo en Madrid

Bueno, al final ayer no me fui a Pamplona y Bilbao, y por lo visto el lunes no me iré a Valencia. Me ha dicho el boss que mejor permanezca en Madrid que hay mucho curro, y la verdad es que es un desahogo porque hay tanto quehacer aún... Finalmente he decidido unilateralmente que el coche de alquiler no se devuelve hoy, sino el martes, porque nos sale más barato que volverlo a alquilar y el día que no se usa (domingo) nos sirve para sumar kilómetros (porque el límite diario es de 350...) y no pagar kilómetros adicionales de todo el periplo nacional. DAAAHHH cómo no se me había ocurrido antes... Ahora estoy con la lista de politiqueo invitado -estoy aprendiendo protocolo a marchas forzadas- y con cosas de registros y papeles diversos. Que agustito se trabaja desde casa.
Pero esta tarde me voy a la peluquería, que mirad cómo tengo ya el pelo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Piano, piano; si va lontano

Avisé de mi desaparición bajo toneladas de trabajo, y en efecto, haberlas, haylas. Pero es que una semana sin pasar por el blog ya se me hacía demasiado.
Por fin, hoy he conseguido acabar la jornada bien satisfecha. Y no sólo porque he llegado a casa a una hora decente para cenar, sino porque por fin se empiezan a ver resultados. Por fin tenemos las paredes empapeladas. Y es que estábamos sumidos en un par de agendas de prensa, preestrenos, pases, viajes, copias danzando por el territorio nacional, subtitulados, protocolo con las butacas del preestreno, sobres, invitaciones e invitados, facturas y demás pajas mentales que parecía no tener fondo.
Pero es que a mi me encantan los líos. A mi la gente me dice que por qué me gusta la producción. Yo que sé. Ya no es solo la capacidad de hacer que las cosas salgan, que es de lo más gratificante, aunque siempre se dice que no está reconocido...
Es que no entiendo cómo no me iba a gustar. Aunque sólo fuese por entretenimiento: ir resolviendo asuntos te deja una sensación similar a cuando encuentras la cadena del collar jodidamente enredada y no paras hasta que la desenredas y la miras extasiado. Por esos instantes es por los que merece la pena.
Mañana salgo de viaje. Visitamos Pamplona y Bilbao, y pasado mañana volvemos a Madrid. Estoy bastante tranquila porque ya está todo cerrado y yo no tengo casi trabajo de campo allí, así que avanzaré oficina en los ratos libres.
Nunca he estado en el País Vasco y me hace una ilusión especial ir por fin al lugar del que viene mi nombre y que fue patria de parte de mi familia. Es una ilusión absurda, pero ridículamente adulta. Hay algo de solemne para mi en ello.
Mi hermana se va a China el día 13 y la voy a echar muchísimo de menos. Y apenas saco tiempo para verla. Y mi amiga La Vaga se irá a Leizpig a finales de mes. No tengo ninguna gana de que se acabe el curro, estoy feliz con todo como está ahora. No se yo muy bien que voy a hacer yo sin ellas, ni sin curro, cuando llegue el momento.
Pero en realidad ahora mismo no me importa. Me encanta saber que las tengo aquí al lado. Me encanta trabajar con quien trabajo -para quien trabajo llamadlo como queráis-. Aprendo algo nuevo cada rato. Y las cosas, al final, salen. Ahora mismo estoy tan tranquila que no me importa demasiado lo que venga, ya me ocuparé... Piano, piano; si va lontano. Ya las echaré de menos cuando falten. Los huecos de los árboles, que decía hace un mes...
Simplemente hay algo que me dice "disfrútalo mientras dure". Abro fuerte los ojos para retenerlo todo y respiro profundo. Ya se que siempre digo lo mismo, pero es que... Carpe Diem. Poco a poco, una cosa detrás de la otra. Constancia, que las cosas salen. Y viviendo intensamente...

jueves, 26 de agosto de 2010

Metiendo las narices...

Pues ayer curiosamente me llamaron para un trabajillo, que na, serán 15 días, en una productora de cine. Os lo cuento porque me dijo el productor que iba a tener que currar mucho, y si ya en la industria se curra mucho, supongo que eso sera mucho, mucho. Así que me perderéis un poco de vista, yo y mis continuas quejas del mercado laboral...
Trataré de dejarme ver por aquí y por allá porque llega septiembre y con ello más y más proyectos...
Voy a aprender un huevo trabajando para este productor, me encanta su trabajo y su forma de ver el cine. Y a ver si hay suerte y es una oportunidad para meter la naricilla donde yo quiero. Estoy muuuyyy ilusionada hoy pero, que le vamos a hacer, estoy sosa a la hora de escribir porque estoy medio frita, que ayer acabé demasiado tarde de escuchar norteñas en casa de mi amigo Mexicano. Y luego no había quien me durmiese. Qué risas nos echamos. Aquí os dejo con Paquita la del Barrio, con una canción que creo que a todas nos recordará a alguien concreto... Gandes experiencias vitales, que pasan una vez y no más, gracias al cielo.
Aunque me temo que ayer entre tintos esto tendría más gracia...

domingo, 22 de agosto de 2010

Enamorarse... o no

Todo empezó cuando mi queridísimo amigo Yei-yei, colombiano, me dijo: "espérame un momento, voy a hablar con Carlos".
Me acerqué a la estantería y pensé en cuál sería un buen libro para esperar a un colombiano intentando convencer a un artistazo.
Cogí Anna Karenina.
Alguien me dijo entonces que se supone que era "la mejor historia de amor de todos los tiempos".
Hoy, más de dos meses después, he conseguido acabarlo.
Aviso: spoilers. Aunque la historia es mucho más enrevesada, haré un microresumen de cómo interpreto yo la historia de Anna:
Anna es una mujer hermosa de alta sociedad con una vida repleta de bienestar material. Casada. Se enamora de otro tipo, un tal Vronski. Se lían. Se queda embarazada de él. Deja a su marido. Vuelve con su marido. Abandona al marido y a su hijo legítimo. Se va con Vronski y su reciente hijita, a la que no quiere. Viven un idilio romántico. El marido no le da el divorcio. Ella es repudiada por toda su sociedad y familia por haberse ido con Vronski. Está absolutamente sola.
En su soledad, vive por y para Vronski. Sus miedos de que él deje de quererla son tan terribles que tiene celos de todo. Acaba tirándose a las vías del tren pensando que Vronski ha dejado de amarla y la abandonará, y lo hace sólo para castigarle con su recuerdo.
Anna Karenina es una niñata, egoísta, inconsecuente, sin escrúpulos. Me cae fatal este personaje. Aunque me haya podido sentir algo identificada con la historia, sobre todo en las primeras, digamos, quinientas páginas; me ha parecido superficial y mal justificada.
A ver, la tipa esta, apenas conoce a Vronski cuando empieza a echarle los trastos. A mi modo de entender, lo único que lleva a Anna Karenina a enamorarse de Vronski al principio de la historia es que se trata de un hombre nuevo, venido de otra ciudad, que la colma de atenciones y está absolutamente embobado con ella sin ni siquiera conocerla. Esta tía es idiota. Si no te conoce, por mucho que te diga que te ama, ¿no ves que no sabe nada de ti? ¿Qué es lo que ama? El señor Tolstoi nos podría haber explicado qué narices ve Anna Karenina en Vronki, pero no lo hace. Así que, desde el principio, no puedo entenderla. Lo siento Tolstoi pero, para mi, no tienes ni idea de cómo se enamora una mujer. Yo, desde luego, no entiendo que uno pueda enamorarse así.
Las cosas no son así. Una no deja toda su cómoda vida sin una razón porque un fulano le baile el agua. Y menos una mujer como Anna Karenina, a la que todo el mundo admira. Anna no se enamora de Vronski. Él la convence de que tengan una aventura porque él se enamora de toda la superficie de Anna (su modo de andar, sus vestidos, su elegancia, su belleza). Y ella va y cae. Y luego, claro, todo se descontrola. Será lela.
Yo lo siento pero a mi Tolstoi no me ha convencido de por qué esta mujer se enamora de este tipo. Cuéntame, Tolstoi, de qué hablan en el rincón durante la fiesta. No me digas "hablaban en el rincón como si no pasase el tiempo". Dime qué se dicen. Qué tienen en común. Qué piensan de música, de filosofía, de religión, de arte; cuál es su alma, qué piensan que es el bien y qué creen que es el mal. Cuál es la Verdad en este mundo para ellos. Así es como yo me enamoro. Qué comparten. Qué es lo que les hace ver que están hechos el uno para el otro. Cómo la mera existencia del otro les ayuda a que la vida merezca la pena, a que sea menos dolorosa la realidad de la muerte. Cuéntamelo. Y entonces que se líen. Así sí me creeré que Anna Karenina verdaderamente se enamora y tendré un personaje inolvidable.
Pero, ¿esta chica? Esta chica se deja enredar como una idiota por un encantador de serpientes como Vronski, que encima durante todo el libro es un capullo superficial, que se tira trescientas páginas persiguiendo a una mujer casada que pasa de él hasta que la mujer cae, que sólo se interesa por las carreras de caballos y la sociedad y que lo máximo que admira de Anna Karenina ¡es lo bien que le queda el escote del vestido nuevo y cómo se contonea al caminar!
Yo no me enamoro así. Y creo que no he visto a ningún hombre verdaderamente enamorado que me hable de su amada en esos términos. Ni Vronski sabe lo que es amar ni Anna se enamora de él. Y eso me cabrea. Luego, una vez están juntos, todo arrastra a que Anna dependa cada vez más de él. Y él la admira enormemente y ambos están en deuda el uno con el otro (él abandona su carrera militar para quedarse junto a ella). Está tan sola... Lo único bueno en su vida pasa a ser Vronski. Y es ahí donde yo empiezo a entender a Anna Karenina.
Está tan sola que pasa a amarle de forma desesperada. Sólo quiere que él la ame. Y pasa a actuar de una forma terriblemente femenina: se pone a intentar cumplir todo lo que cree que Vronski espera de ella, sin darse cuenta de que Vrinski se había ido con ella por ella misma. Se pone a actuar según cree que él desea, pero ella no puede saber lo que él desea, porque él sólo la quería a ella en su esencia. Y en el momento en el que Anna Karenina se "adultera" con lo que ella considera que son "los deseos de Vornski", se convierte en otra persona, y mucho más dependiente de la aprobación del él. Y eso espanta a Vronski, aunque sigue con ella esperando que tras el divorcio Anna vuelva a ser la misma de antes. Pero nunca lo será.
Y eso es terrible. Ahí el señor Tolstoi sí lo clava, ahí si hace sufrir al lector.
Pero para mi no es una historia de amor, sino de fatalidades y errores de interpretación. De silencios mal escuchados. De celos y de miedo.
Para mi lo más terrible de "enamorarse" ciegamente y sin razón es esa sensación de vulnerabilidad ante el otro que se te queda. La sensación de que haga lo que haga, seguirás amándole. Esa es la forma más oscura de enamorarse, porque te puede hacer volverte contra tí mismo. Eso sí lo narra bien el señor Tolstoi. Y es precisamente contra eso contra lo que hay que protegerse.
Si bien no entiendo cómo Anna empieza a enamorarse de Vonski, sí entiendo lo de después: entiendo la soledad de Anna y entiendo que empiece a desconfiar de Vronski. Entiendo que pasa a necesitarle de una forma tan intensa y que sienta que depende tanto de él que la coman los celos. Entiendo, incluso, que llegue a ir contra sí misma.
Pero lo siento, no está enamorada. No ama a ese hombre. Cuando ella decide tirarse a las vías del tren, no ama a nadie. Antes, incluso, sólo piensa en que como Vronski ya no la ama igual, en que como Vronski ya no la hace el mismo caso, tiene que castigarle. Piensa que, si se mata, Vronski verá lo que ha perdido y la amará más intensamente que nunca, y que Vronski se arrepentirá de cada una de las veces que la dejó sola en casa o que no se giró a decirle unas palabras antes de acostarse. Lo que mueve a Anna es el ego. Eso no es amor.
Y eso también me cabrea.
No quiero decir que el libro no me haya gustado, siempre compartes trozos con las personalidades de los infinitos personajes que tiene (la trama de Anna Karenina es sólo una de las dos tramas principales del libro, que narra dos historias de dos parejas en paralelo, por cierto, y la de la otra pareja es una historia mucho más próxima a lo que yo entiendo por enamorarse, esto es, enamorarse de lo que una persona es y no de lo que representa). Me gusta. Pero me hace pensar sobre cómo amamos, y me hace definir qué soy y qué -desde luego- no soy.
Supongo que por eso son clásicos los clásicos. Quién sabe.

martes, 10 de agosto de 2010

Las redes sociales


Yo había vuelto a Madrid tan feliz de mis vacaciones. Descansada. Plácida. Feliz. Con pajarillos y mariposas flotando a mi alrededor, oliendo a eucalipto y lavanda. Pacifista de nivel cinco: incapaz de matar un tomate. Vamos, perfectamente dispuesta a ser paciente y comprensiva con mi búsqueda de empleo, paciente y comprensiva conmigo misma y paciente y comprensiva con todas las personas a las que mi existencia les influye.
Pero ha sido llegar a Madrid y que se asfixien las mariposas. Y es que estoy bastante hartita ya del facebook de los cojones. Bueno de las redes sociales en general. Con lo feliz que estaba yo sin cobertura en la montaña, joder.
Nada más llegar, sin haber deshecho aún la maleta, ya empezaron a contarme historias de gente que estaba metiéndose en asuntos de mi vida en los que no tenían absolutamente nada que hacer ni opinar. Claro y pensaréis, "tú te lo has buscado, no tengas facebook, no tuitees, no lleves un blog abierto".
Ah-ah... pero no. El problema no son las redes sociales, somos los usuarios. He estado pensando en la política de privacidad del facebook. Sí, ese texto infiniiito escondido tras un vínculo que nunca pulsaste y junto al que pusiste un hermoso 'tic' rápidamente cuando te hiciste de facebook porque alguien había subido una foto tuya y tenías curiosidad por verla. De ser algo honesta, la política de privadicad debe de empezar diciendo algo así: "Estimado usuario: poniendo este 'tic' entras en una de las plataformas de comunicación más importantes del planeta. No obstante, FACEBOOK (R) no garantiza la calidad ni veracidad de su contenido. Cualquier riesgo de bocachancla queda asumido por el usuario: sea esta bocachanclez propia o ajena, el usuario asume que formará parte de su 'identidad virtual'. Ni Facebook ni sus usuarios se responsabilizarán de las repercusiones de las bocachancleces ajenas en el normal funcionamiento de la vida del usuario...".
Bueno, y es que la gente es increíble. Ha sido llegar a Madrid y empieza el conocido bzzz de los moscones mentales en vez de el frufrú de mis mariposas: "Oye que me ha dicho Pepita que ha visto una foto tuya con este tío, que ya te vale haberla subido, por si la ve tu ex". "Oye que dice Fulanita que eres una zorra sin escrúpulos por haber subido la foto abrazándote al maromo ese al que te tiras".
Y oye, yo que ni sé de que foto me hablan.
Luego resulta que entre la gente con la que tienes que ser 'paciente y comprensiva' hay uno de tus 288 amigos que ha subido aquella foto que os hicísteis una vez medio borrachos en... en... (foto con un fondo negro). Y oye, que se le ha ocurrido etiquetarte. Y tú: 'ehm... ¿en qué parte de la foto dice que me estoy tirando yo a este tío?'
Y a los cinco minutos, la recontrallamada:
"Oye he visto una foto de tu ex con tu hermana, ¿es que habéis vuelto?, que fuerrrrteeee"
Y tú 'he visto a tu novio con tu perro, ¿es que os lo montáis con animales?, que fuerrrrteee'
Y es que los ex y las redes sociales son como las bombas de las pelis malas (música de intriga chinchinchinchin): un frasquito con un líquido azul y otro con un líquido rojo. Un tubo que los une. Una combinación explosiva. He aquí a la protagonista, empeñada en mantener los frasquitos quieteciiitos, quieteciiitos. Una gota de sudor recorre su frente. ¡Pero no! Tienen 78 amigos en común, 78 putos tubitos de los cojones transfiriendo información de un lado para otro. ¡¡Horroooor!! ¡Morado, morado, peligro, peligrooooo!
Claaaro y diréis: "Bloquéale". Já! ¿Y arriesgarte a que tu ex llame diciendo 'me has bloqueado en el facebook, después de todo lo que hemos pasado juntooos, no quieres saber más de mi?'
Ni hablar. Yo paso. No hay escapatoria posible.
Y eso cuando no te salta por chat un compañero de profesión:
- "Oye tu hermano ha subido unas fotos en las que sales vestida de cuero, no sabía que te iba el sadomasoquismo, que fuerte, tía (chorrillo de baba binario)". Y tú pensando 'encima de pegajoso eres simple, chaval'.
O alguien a quien adoras pero con cierta manía persecutoria:
- "Que tu prima ha posteado lo bien que os lo pasásteis el sábado, ¿no dijiste que no salías?, ¿eh, eh? qué fuerte, tía". Y tú 'sí, del sábado PASADO'
O peor:
- "Es que puse en mi estado que estaba triste y no comentaste nada, que fuerte, tía". Y tú 'WTF! ¡Pero cuántos años tienes!'
Así que te quedas, con cara de idiota, sin tener ni idea de qué hacer con las redes sociales. Y la gente erre que erre a colgar fotos de tu ex.
Y tú: Que no, que no quiero saber que se ha hecho una foto con Isabel. Que no la subáis, que no me dejéis verla, que la bloqueéis para mi... (siguiente foto) Que no me importa que se vayan de barbacoa. (otra) Que no me importa que la estuviese metiendo mano... Espera, ¿con Isabel? ¿Con Isabel-Isabel? Qué fuerte, tía.

Hay que ver lo que se aburren los usuarios, cojones. Y a mi que lo que me preocupa es encontrar trabajo. Por cierto, si lees este post y tienes un curro para mi, no dudes en dejarme un comment, un mensaje por FB, un reply, un correo o en buscarme por skype. Abrazos:

viernes, 30 de julio de 2010

Sigo viva

Hoy me he marchado a la montaña sola. A perderme. Ni siquiera me encontraban las ondas de mi compañía telefónica. Era una ruta que ya conocía, pero que nunca había hecho ni entera ni sola. Siempre nos quedábamos en el primer llano paradisíaco que encontrábamos.

Hoy iba sola. He pasado de largo por la orilla donde solíamos quedarnos a descansar y he seguido río arriba. Mientras más avanzaba, mas se perdía la senda entre la maleza y los helechos; hasta acabarse en un tronco caído que hacía las veces de puente para cruzar el río. Aunque la corteza retumbaba como un tren a cada paso que daba, me ha permitido llegar al otro lado, donde un par de saltos me han permitido llegar a este lugar tan idílico de la foto. Es una foto de móvil bastante ñapas -como todas las de est post-, como comprenderéis el lugar daba mucho más de sí. Desde la roca que véis en la esquina inferior izquierda podía uno saltar al agua, que tenía cerca de metro ochenta de profundidad. Cerca había cascaditas bajo las que me he sentado para sentir la corriente en los hombros. En los pies, en la espalda. Me he tirado un rato al sol, he comido algo y he seguido la marcha río arriba, casi abriendo senda, hasta que he llegado a una de las nacientes del río. Ahí me he parado, que se hacía tarde, tenía que regresar y estaba sola. Me encanta ver cómo sale agua de las rocas, como si nada. Pienso en la cueva que hay detrás, en el río que la recorre, en si podría estar bajándomela con una cuerda y un arnés. Y todo eso por unos chorros de agua naciendo de unas rocas plagadas de musgo.

Siempre falta algo. O alguien. Es curioso cómo mi cabeza tiende a ver qué es lo que falta, en vez de ver lo que hay. Es curioso cómo percibo mejor lo que no veo que lo que veo. En general, me pasa con las personas. Cuando veo algo hermoso, pienso: "ojalá pudiese enseñarle esto a X". Pero con las necesidades cubiertas, me ocurre igual. Solo veo lo que me queda por cubrir.

Cuando más me pasa, es cuando algo me hace sentir plena. Por ejemplo, hace unos días, mirando el atardecer desde los acantilados de Cuerres, sentía que no necesitaba nada más en el mundo. Sólo estar allí, escuchando la rompiente a yoquesé cuántos metros bajo mis pies colgantes de la roca, con la brisa fresca en la cara y las piernas. Hasta que en una punzada piensas en todo y todos los que son importantes aún para tí, y te replanteas si verdaderamente no necesitas nada más en el mundo.
Es algo que he estado pensando esta tarde cuando ya había emprendido el camino de regreso. Entre los tramos de río y de sendero había árboles tan viejos que parecían Ents, algunos parecía que se iban a echar a andar y a hablar de un momento a otro.

Tal vez lo más curioso de algunos de ellos es que estaban completamente huecos por dentro. Tenían unos boquetes tan grandes que era impresionate que las ramas tuviesen un follaje tan frondoso. Parecía increíle que siguiesen tan, tan vivos. Algunos, como el que os muestro, podrían albergar varias personas dentro. Ese debía tener un hueco como de dos metros de altura y casi uno de ancho.

Ahora, con perspectiva, pienso que lo que hacía excepcionales esos árboles eran precisamente esos enormes boquetes. Sin ellos, los árboles no serían TAN apasionantes. Tal vez sea así de simple. Tal vez sea el vacío -ese hueco enorme, que hace patente que algo falta, a pesar del que se sigue luchando por demostrar que aún se está muy vivo- lo que nos hace, de verdad, excepcionales.

martes, 27 de julio de 2010

...y el resto es tierra conquistada

Doce días llevo ya sin pasar por aquí. Poco después de mi último post vinieron momentos difíciles. Mucho. Quiero decir, aún más. De esos que no pueden contarse porque ni siquiera se comprenden.
Sin saber muy bien cómo, llegué hasta el día 21. Abandoné Madrid y puse rumbo al norte.

Ahora estoy en una habitación azul, en una segunda planta de una casa de una aldea perdida, con los Picos de Europa al sur y el Cantábrico al norte, tras seis días tan intensos como sanadores. Os puedo salpicar unos pocos recuerdos, pero aún así sería tópico. No me quiero olvidar de los acantilados, de las cabras perfiladas entre la montaña y el cielo como posando para un chroma key, del atardecer desde la casa abandonada a lo alto de una colina, de la ruta de las playas, del pescaero, de los reflejos en el agua de la orilla de Cudillero, de la subida al picu, de cómo respira el mar a través de la tierra en los bufones de Llanes, de la malaquita en las profundidades de aquella cueva -llena del agua vaporizada de la rompiente del mar- iluminada por los haces de luz marcados entre las rocas...

Y es que los mejores recuerdos es difícil guardarlos en jpg.

P.s.-La imagen es del móvil de La Vaga, del primer día de nuestro particular "Camino de Pelayo".