viernes, 28 de octubre de 2011

Welcome to America, ma'am

miami_from_my_window by ama_yukaViajar a Estados Unidos no es tan difícil. Si eres europeo, por ejemplo, y te has hecho el pasaporte en los últimos años. Si no, ahí que te quedes. En Costa Rica, sólo por entrar en la Embajada de Estados Unidos, cuentan, tienes que pagan 100 dólares. La verdad es que, a mi, con el pasaporte electrónico, ni siquiera me pidieron el ESTA para entrar. Sólo tienes que renunciar a buena parte de tus derechos antes de entrar. Así que ese dinero fue en balde al Gobierno de los USA. Con la falta que hace fuera. En fin. Otros, directamente, ni pueden entrar. O los retienen en el aeropuerto. En lo que llevo aquí, ya me han contado unas cuantas de esas historias para no dormir.
He de reconocer que salí de San José con algo más que simplemente alivio. Tal vez ya me estaba sintiendo un poco atrapada en esta ciudad, en este país, en este "hueco" como dicen los lugareños. Ver Miami desde el avión fue entre apasionante e indignante. Ninguna ciudad necesita tantas luces. Después, en inmigración hora y media porque aunque había cuarenta mostradores sólo había cinco personas atendiendo. ¿Para qué tanta infraestructura si sólo se usa el 15%? Me acordé de #cuandoeramosricos, no pude evitarlo. Ahora que, en hora y media, recuerdas muchas cosas.
Cuando conseguí llegar al hotel eran las tres y media de la mañana, y al día siguiente tenía que estar a las ocho y media en la Universidad de Arte y Diseño para el seminario. Me tumbé en aquella cama enorme y descubrí las almohadas de mi vida. Qué gozada. La almohada te abrazaba. Prácticamente te arrullaba. Qué lujo.

sunrisemiami by ama_yuka

Amaneció y era la primera vez que veía el cielo en dos semanas, porque en San José no había parado de llover. Ya no sabía ni de que color era (Nota: es azuladito, según la hora). Desde mi ventana se veía un puertecito, el bayside y, al otro lado, lo que sería South Beach (Miami Beach). La verdad es que, cuando no estaba en los seminarios, estaba trabajando o de fiesta. Así que no he visto mucho de Miami. La primera noche fuimos a una "gala" de cine español. Otro día fuimos al bayside, que me pareció una mezcla hortera entre Benidorm y Puerto Banús, si es que se puede ser tan hortera. Todo olía a nuevo rico cateto que daba grima. En fin, vi poco, mi visión es sesgada, como siempre. Salimos después por South Beach y, en fin, me pareció que los garitos estaban bien de precio para ser tan turísticos. Aunque dicen que hay sitios en los que tienes que pagar dos mil dólares para sentarte a la mesa. Asssurdo.
Eso sí, los seminarios bien, con sus más y sus menos, pero bien, y siempre se conoce gente interesante. Creo que lo mejor es eso: ir conociendo a gente maja y del sector a este lado del charco y/o con interés en el cine latinoamericano.
He vuelto con una idea más clara de cómo quiero desarrollar la película y cada vez tengo más claro qué tipos de proyecto me interesan y cuáles no. He conocido visiones nuevas, formas de aproximarse a la profesión sobre las que no había reflexionado demasiado en Europa, y creo que es siempre un buen aprendizaje. Hasta he tenido alguna idea y todo. Volví a San José destrozada pero, la verdad, con ganas de "volver a casa". Creo que fue la vez que empecé a sentir con más intensidad mi "casa" aquí. Y preparándome para una semana dura: tenía que entregar el proyecto de largo a una subvención de aquí y volver a engancharme con el trabajo el día siguiente. Ah, sí, empecé a trabajar "en serio" para una pequeña productora de aquí hace ya tres semanas. En principio tengo contrato hasta primeros de abril. El trabajo me gusta, produzco animación y hago estrategias de difusión de contenidos audiovisuales (y aledaños) en plataformas digitales. Y hasta ahí puedo leer, porque tengo cláusula de confidencialiad. Me gusta. Mucho trabajo, pero me gusta. Y aprendo.
Pero ya, por fin, la semana acaba. El Sol ha salido tres días seguidos en San José y hasta hemos visto el cielo. Dicen que estos días volverán las lluvias eternas.
No importa. Siempre intento recordar que el cielo sigue siendo azul, por más que las nubes no me dejen verlo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Qué es de mi vida

Hola familia blogera.
Ante la insistencia de algunos de mis friends voy a hacer un update.
Sorry por estar missing pero aquí en el trópico nos tomamos las cosas con calma.
Yo no, así que voy a dejar de hablar en spanglish.
Aquí todo el mundo se sorprende de que llevando apenas dos meses viviendo en el país esté "haciendo cosas". Y digo yo, ¿esta gente ha probado a estar todo el día en su casa sin hacer nada de nada? No, thank you.
Como leísteis, agosto fue el mes de la nostalgia. El 5 de septiembre nació mi sobrina y la llamada desde España me pilló en una reunión. Cuando acabó, me metí en una cafetería Spoon donde ponen unos desayunos muy europeos y contacté con mi familia por skype. Se habían llevado el ordenador y un pintxo de interné para presentarme a la nena. Gorgeous.
Esa semana fue difícil.
Después empecé a tomarme las cosas con calma. Con calma, para mis estándares, claro.
En agosto empecé a trabajar con un productor de aquí en un proyecto documental que estaba a medio hacer. Como el proyecto está a medias, y dado el carácter documental, aún no puedo daros una premisa clara. Costa Rica está exportando pianistas de primer nivel a a las mejores escuelas de piano del mundo, hay un nivel pianístico increíble entre jóvenes y niños, y eso me llamó la atención, más en un país "en desarrollo" y tan pequeño. Pensé que podría haber una historia. El responsable es un pianista y maestro ruso que llegó aquí hace 18 años huyendo de una URSS descoyuntada, desorientada y sin un rublo en el bolsillo. Un pianista ruso, con lo que eso supone, de estructura, disciplina, competitividad... de carácter en definitiva. En el trópico. Y de lo que un puñado de chavales costarricense aprendieron de su figura. Y, por supuesto, él de ellos. De cómo viajan por todo el mundo dando conciertos, en Moscú, en París, en Nueva York, en Lituania... Hemos estado grabando con ellos y aún estamos empezando a producir el proyecto. De aquí a un mes espero tener algunos materiales y un plan en condiciones.
Gracias a una amiga, conocí a una directora costarricense casada con un guionista italiano que tenía en el bolsillo los bosquejos de lo que algún día podría ser una feature film. Nos hemos puesto a trabajar en ello. No puedo contar mucho, porque obviamente está protegido y tenemos una serie de claúsulas de confidencialidad que, en esta etapa del proyecto, no me permiten ir de bocachlancla por la vida. Pero, en general, puedo contaros que es una historia sobre género, indigenismo, privación de libertad y extrañamiento. Iba a decir que con tintes sociales, pero "tintes" me parece demasiado eufemístico. De momento me parece que la directora y yo hacemos un buen tándem.
Con todo esto en la espalda, pedí una plaza en un seminario de desarrollo de proyectos cinematográficos para productores profesionales en Miami. Con gran alegría, hace poco me comunicaron que tenía plaza y que, no sólo eso, sino que además nos otorgaban una beca completa, que cubre la estancia allí y la matrícula del taller. Me ilusioné muchísimo. Ahora estoy más tranquila, con más inquietud que ilusión, y con muchísimas cosas que preparar para intentar optar a más historias de este tipo e ir haciendo networking para coproducir la película.
Obviamente estos son procesos largos e inciertos, tanto el del documental como el de la película, y en un momento tan incipiente es más que probable que alguno de los proyectos muera por falta de financiación. Pero, en fin, la idea es trabajar para que eso no pase.
Voy a intentar dar algunas clases de producción audiovisual, pero parece que eso es más bien a medio plazo, por temas de agendas y programas. Ya tengo los contactos y las reuniones agendadas, simplemente es trabajar en ello e ir esperando a que se acomode todo en condiciones. Ojalá acabe de concretarse para el año entrante.
Por lo demás, mi chico y yo estamos bastante felices. Mi familia tica es encantadora y poco a poco voy tratando de encajarme aquí. Tengo una buena amiga que vive en esta ciudad y hemos conocido a una pareja de españoles simpatiquísimos que también van a estar por aquí al menos un año.
Veremos en qué queda esto, supongo que habrá altos y bajos, pero poco a poco. No puedo evitar echar de menos Madrid y a mi gente.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Little sister

En el aeropuerto de Barajas, me encontré al hermano que siempre había querido tener y que tanto eché en falta de niña y adolescente. Mi madre me echó una bendición, porque es creyente. Mi hermano, que se declara agnóstico con esperanza, apareció por sorpresa y me trajo un libro que me tenía prometido desde hacía tiempo, dedicado con una bendición irlandesa.

May the road rise up to meet you
may the wind be ever at your back
may the sun shine warm upon your face
and the rain fall softly on your fields.
And until we meet again, may God hold you in the hollow of his hand.

And remember, little sister... "stick them with the pointy end!"1

Hoy le echo en falta más que cuando creía que no estaba ahí, porque sé que ese hermano existe.

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1 Si no lo habéis pillado, empezad a leer Juego de Tronos, ¿a qué esperáis? Si queréis, me pedís el pdf. Mejor el libro, pero por la recrisis. Hasta entonces, os dejo esto.

viernes, 12 de agosto de 2011

Lo más irritante

Hay veces, como anoche, que hasta lo más irritante de las personas me hace falta. Echo de menos hablar con mi hermana mayor, y que, mientras le cuento algo, se gire a media frase y regañe a uno de sus hijos como si no me estuviera haciendo caso. Echo de menos a Zylgrin, y su forma de empanarse de repente, incluso su forma de quitarte toda la razón con una frase mientras levanta una ceja escéptica. Echo de menos ver a mi padre tirado en el sofá, simplemente, ahí, tranquilo; echo de menos las discusiones insostenibles con Arthegarn. Hasta echo de menos ver a mi madre refunfuñando por el estado del país mientras ve Intereconomía.
Podría quedarme horas mirándoles por el ojo de una cerradura, incluso en esos momentos.
Eso es la nostalgia.

martes, 9 de agosto de 2011

Acosta, las carreteras y la piedra de la ignorancia

Mi primer fin de semana en Costa Rica lo pasamos en Chirraca de Acosta, con mi familia tica. La carretera es bastante jodida pero, con perspectiva, no es para tanto. Es una carretera de montaña, de subida, con muchísimas curvas, aunque posiblemente lo más peligroso es que algunas partes del pavimento están resquebrajadas (e inhabilitadas con señalización), tengo entendido que debido a las fuertes inundaciones que se dieron el año pasado, que causaron desprendimientos y aludes de tierra por la zona. Es de dos direcciones y hay que ir con muchísimo cuidado para ver a quién le toca el turno de paso por la parte de la calzada que no está hundida. Parece que cuando uno está de viaje, si es que a esto mío lo puedo considerar viaje y no vida en sí, se empeña en mostrar sólo imágenes bellas de todo.
Creo que una de las principales carencias de este país son las infraestructuras de transporte. No sólo porque haya inundaciones y lluvias tropicales y terremotos y esas cosas, que también. Pero no. No es sólo eso. Hay un importantísimo factor humano. Mientras más tiempo paso aquí más me convenzo de que no se puede culpar a la naturaleza del subdesarrollo.
Para empezar, tengo entendido que hace entre quince o veinte años (no sé la fecha exacta) algún gobernante en el clímax de su lucidez decidió clausurar buena parte de la infraestructura ferroviaria del país (me cuentan que debido a la corrupción, ya que él tenía intereses compañías de autobuses), que lo atravesaba de este a oeste. Cuando los siguientes gobernantes quisieron recuperarlo, la selva había devorado las vías, por lo que se hace prácticamente imposible recuperarlas, y la inversión necesaria para reconstruirla es elevadísima, ya que no tuvo mantenimiento durante lustros. Y sigo con mi disertación sobre el subdesarrollo:
La carencia de infraestructura ferroviaria, como es lógico, supone que el transporte de mercancías se realice en su mayoría por carretera. Por si no lo sabéis, el firme de la carretera se construye con una resistencia limitada (lógicamente), que se calcula en función de la presión que ejercen los neumáticos sobre el asfalto, que a su vez depende de la presión de inflado de las ruedas, que es más alta cuando más peso lleva el transporte (por rueda) y que, como imaginaréis, es muy alta en los camiones. Los camiones desgastan muchísimo las carreteras (esto también podéis observarlo en España, que las carreteras más desgastadas son las que tienen mayor tránsito de camiones) y en un país forzado al transporte por carretera (como es este) el firme sufre muchísimo y necesitaría un mantenimiento claramente impagable. Las carreteras duran poquísimo en buen estado, y claro, son muchísimo más caras, no da tiempo a que se amorticen. Además, tardan décadas en contruir vías anchas (estilo autovías), por lo que el tránsito para el que estaban calculadas en su proyecto (a lo mejor hace 30 años) no tiene nada que ver con el tránsito que soportan cuando se acaban (ahora). Cuando sufre el transporte de mercancías y personas, sufre absolutamente toda la economía del país de una forma aberrante.
Todo impulsado por un caprichito de mala gestión humana.
Al fin, conseguimos llegar a Acosta. Debían de ser las ocho de la tarde del sábado cuando empecé a quedarme dormida en el sofá. Aún me cuesta acostumbrarme a tantas horas de noche cerrada antes de que llegue la hora de acostarse.
La zona es preciosa y, por primera vez, estuve entre cafetales, en una caminata matutina. Yo ni siquiera sabía que aquella planta tan común era café. La vegetación era impresionante, pero desde entonces hasta hoy ha pasado tiempo, y en realidad he encontrado nuevos favoritos. La que muestro a la entrada del post es una "bandera" entre otros arbustos, esa es enorme, debía de tener cerca de un metro de largo.
El domingo hice uno de mis famosos arroces, y pasamos la tarde tomando café, mimosas y margaritas, mientras jugábamos a una especie de "Trivial" tico, pero lineal, de forma que avanzas hacia la meta si sabes la respuesta a la pregunta. La familia había añadido al juego "la piedra de la ignorancia", que jugaba como un jugador invisible y avanzaba cuando nadie conocía la respuesta a las preguntas. Así, el juego no era sólo contra los otros, sino más bien de todos contra la ignorancia. Creo que esto expresa mucho sobre ellos. Verdaderamente, la ignorancia es una piedra -no sólo cultural, sino humana y política- que avanza por nuestros errores y prácticamente imposible de derrotar si no es entre todos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Historia y cuentos

Casi siempre es mejor reducr el nivel de melodrama vital cuando intenta asediarnos. Por ejemplo, el suburbio donde vive mi familia tica se llama Desamparados. Pero es, simplemente, "Desampa". Tal vez simplemente siento que aquí los nombres de las ciudades hablan más que en Europa, eso las ciudades que no se refieren directamente a Europa, como Cartago, Antenas o Florencia; o las que no tienen un origen claramente orográfico o tribal.
Por ejemplo, camino al Pacífico hay una pequeña población, llamada Parrita. Parrita no es una parra pequeña. Es un lugar en mitad de ningún sitio, entre el océano y la capital, que servía de paso. Se dice que allí, desde el principio de los tiempos, había una casa de putas, al que iban mucho los marineros tras descargar en el puerto de Quepos. El lupanar estaba regentado por una Madamme en toda regla, al parecer, una tal Rita. Y, cuando en el puerto de Quepos preguntaban a dónde iban los hombres que salían de allí por tierra, ellos decían "Voy pa'Rita". Y todo el mundo sabía a dónde iban. Aunque esta historia se cuenta por lo bajinis, porque por lo visto indigna mucho a los habitantes de la zona, que no quieren ni oírla.
Hay otro lugar, creo que cerca de Cartago, que se llama Taras, dicen ahora que por el Cacique Taras; pero mucha la gente es escéptica, y se cuenta que el Cacique Taras no existió jamás y que es un invento de los habitantes de la zona para no asumir que allí era a donde enviaban a los cojos, los ciegos y los demás lisiados. Para no admitir que descienden de los "tarados" del caciquismo.
Yo no sé hasta qué punto estas historias serán verdad, pero desde luego me resultan verosímiles.
Es curioso vivir en un lugar en el que los nombres de los sitios no tienen tantos siglos que sus habitantes hayan olvidado de dónde vienen. Siento que aquí se me difuminan las fronteras entre la Historia, la geografía humana, el "wannabe", y la leyenda indígena. Y, cada vez más, me convierto en una convencida de que la Historia, definitivamente, nunca es unívoca.

viernes, 29 de julio de 2011

Escenas Madrid - San José


Una chica colombiana, de 31 años, se sentó a mi lado en el avión en Barajas, mientras yo le daba a la nostalgia y ojeaba ese cielo del julio madrileño -ese azul grisáceo, uniforme, sin una gota de agua flotando- con un nudo en la garganta. Cuando me habló, no pude articular respuesta. Mas tarde me contaría que ella regresaba a su país tras cinco años. Iba al funeral de su padre.
(...)

Llegábamos, y yo veía desde lo alto el final de Los Andes, eternos.
El aeropuerto de Bogotá está plagado de policías-perro que guían canes que olisquean bolsas. No me tomé el café de Colombia que me había prometido para cuando pisase el país de García Márquez. Agarré mis maletas y me senté a esperar sin mirar a nadie, mimetizándome con la actitud reinante.
Cuando llegué a San José, a las once de la noche, pude sentir cómo el calor húmedo se agarraba a mis alvéolos para no soltarlos. Poco después, encontré que no encontré los 46 kilos de mi vida que había facturado en Barajas: se habrían perdido entre policías-perro-policía. Agarré mi equipaje de mano y pasé la aduana. Le busqué al otro lado de la cristalera, y ahí estaba. Señalé mis no-maletas para ejemplo de extrañamiento. Su madre llevaba una bienvenida en ramo, con rosas naranjas y rosas.
No sé cuánto tardamos en llegar a casa, pero sí que para mi aquel coche era una nave espacial aterrizando, alunizando, o el verbo que corresponda a 'simplemente cayendo sobre alguna roca espacial desconocida'.
Ahora estaba allí mi casa.