lunes, 16 de enero de 2012

Una exiliada feliz

El marido de una de mis mejores amigas de Madrid, hoy ya mi amigo, hacía hoy noche en San José, de paso hacia Tegucigalpa, por trabajo. Me contactó desde España para ver si cenábamos y llevo toda la semana entusiasmada.
Hoy le he visto y el tiempo no ha pasado. Le llegaban las ojeras hasta la sonrisa. Eso: cansado, pero divertido como siempre. Le enseñamos la moto, cenamos una hamburguesota, charlamos de trabajo, de Fraga y del habichuelín que crece ahora dentro de la barriga de mi amiga, su esposa.
Le dejamos en su hotel y nos volvimos a casa.
Me hace sentir mucho más cerca de casa.
Que las distancias no son tantas y el tiempo no importa.
Me hace feliz y me da mucha paz.
Y encima me ha traído queso, turrón y aceitunitas; para acompañar el guijuelo de recebo que me llegó esta semana.
Hoy vuelvo a ser una exiliada feliz.

miércoles, 4 de enero de 2012

Navidad en Costa Rica

Sois varios quienes me habéis preguntado qué tal mis navidades fuera de casa.
Todo bien, chicos, aquí también, cada vez más, está mi casa. He intentado no pensar demasiado que era navidad. Ha sido fácil, porque en San José ha salido en Sol, ha dejado de llover y hay un clima que me recuerda a todo menos al invierno. Además a mediados de diciembre estuvimos en el Caribe, en Puerto Viejo, de ahí es la imagen que os dejo, y esa figurilla que camina en la playa desierta de personas soy yo. Ese atardecer paseamos por playas tan vírgenes que daban pudor, y encontré una poza, en la orilla, en la que vivían pequeños peces de colores. Meti los pies y allí estuve, mirándolos revolotear tranquilamente entre mis tobillos, como media hora. Tranquila, disfrutando. Vimos aves de zancos largos y bandadas de polluelos en tierra. Disfruté muchísimo caminando prácticamente sola por la orilla (prácticamente, con mi chico a lo lejos, echando fotos, como siempre que puede).
Nada más lejos de una estampa navideña, así que la nostalgia no hizo estragos los días previos a navidades.
Y llegaron los días clave.
El día 24 fuimos a cenar con la madre de mi chico (y su pareja, al que he ascendido a "padre honoris causa" de mi chico) y el día 25, invitamos a comer al padre de mi chico y a su esposa, hermano (+1) a casa.
En Nochebuena cocinó el "honoris causa", que es una persona dulce, meticulosa y un tanto ácrata, que estoy aprendiendo a querer mucho. Estuvo todo delicioso, pero fue una comida tan diferente que tampoco me supo a navidades. También comimos tamales que había cocinado mi suegra. Eché de menos las cenas en casa de mi tío Miguel, y a los locos de mis primos haciendo chistes entre verdes y amarillos, a mis primas, mis sobrinos y sobre todo los guisos y las salsas de mi tía Cris y mi madre. Y a mi madre, claro. Pero nada grave, tampoco.
Para el 25 hice un pavo, al horno. Hice el relleno el 24, lo rellenamos, le hicimos un takatekote y lo guardamos, para hacerlo despacio (durante 4 horas) el día 25. Quedó tan rico que no sé si sabré repetirlo en otra ocasión.
En realidad sí noté que me faltaba mi familia pero de forma subconsciente, porque, por primera vez desde que mi familia tica me recibió aquí, en navidades no tenía ganas de verles. Sentía ganas de estar sola con mi chico, de no acercarme a nada que pareciera una familia. Ahora, unos días después, imagino que eso era una (injusta) reacción a que, en realidad, echo de menos estar con mi familia, su forma de ser, su forma de pensar y de sentir, de ver el mundo en general, y no quiero que ese papel intente siquiera suplirlo nadie más.
En nochevieja tomamos las uvas, pero como a las doce y diez de costa rica, y dando las campanadas en una botella de chardonnay espumoso riquísimo que me había regalado la directora de la película que estoy desarrollando y que decidí llevar ese día a compartir con la familia tica. Fue muy bonito que la madre de mi chico se acordara de comprarlas. Y fue genial ver sus caras de alucine tomándose una uva cada cinco segundos, como algo suuuper raro, y mi chico, con el cronómetro, dando cucharadazos en la botella de chardonnay, y olvidándose de dar el duodécimo: él se comió la uva número doce sin darnos el toque, y todos nos quedamos como bobos mirándole como diciendo "¿¡y el 12º chin!? ¡Me salté uno!".
El día 25 subimos a Acosta y, de regreso a San José, estaba el cielo tan estrellado que le hice prometer a JotaPe que me llevaría a ver las estrellas una noche. El 26 volvimos a Acosta, bien abrigados y equipados, y nos detuvimos entre los caminos de cafetales a mirar el cielo. Es hermoso ver estrellas que no se ven en España, pero me dio rabia que no estuvieran algunas de las que yo reconozco con facilidad. Estuvimos mirando el cielo y haciendo fotos, varias horas. Vimos bichejos y escuchamos coyotes. Las luces dispersas de las casas bajas de las montañas, a lo lejos, parecían también estrellas, pero pegadas en la superficie de la tierra.
El 16 de febrero vienen mis padres a visitarme a Costa Rica. No sé cómo explicar el torrente de sensaciones que me produce su visita. Este año es bisiesto, y querían estar conmigo en mi cumpleaños.
Creo que arranco con decisión y energía. Creo que va a ser un gran año. Pero en fin, poco a poco.
Piano, piano, si va lontano.

lunes, 2 de enero de 2012

Pasar a la acción

Un amigo, de aquellos que se quedaron en Madrid, me ha recordado que los propósitos no valen nada si no se traducen en acciones. Sí, es obvio. Pero a mi se me olvida a veces.
Seré muy simple, pero con el cambio de año estoy pasando a la acción. Entre ayer y hoy he llevado a cabo una serie acciones, ninguna exenta de riesgo, para confrontar algunas de las apuestas más importantes para mi este año, tratando de fortalecer mi sentido de la honestidad, coherencia y capacidad de ser consecuente con lo que digo y hago. Para hacer tabla rasa, dejar las cosas claras, ir de frente y dejar de tener miedo a decir, a hacer, a pensar, a sentir.
Me quedo un poco con la sensación de haber puesto las cartas sobre la mesa, y siento el riesgo de que podría perder mucho con los movimientos que he realizado.
Sin embargo, una parte de mi siente un enorme alivio de haberse enfrentado a todos esos miedos, porque ya no tengo esas cargas, ya las apuestas están hechas y deseo con todas mis fuerzas conseguir aquello por lo que he pujado. Y voy a seguir trabajando en ello, cuando merezca la pena, y a dejarlo ir, en los casos en los que descubra que no.
Tengo la esperanza de que puedo ganar muchísimo más de lo que puedo perder. Y creo que lo que puedo ganar merece la pena.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Carta a los Reyes, 2011

PEORES MOMENTOS DE 2011
1.- Despertar en la noche de un golpe, junto a mi chico, en San José, tras soñar que mi padre moría y yo estaba a 8.800 kilómetros. Que el teléfono me despertase, otro día, durante la noche, y temer que les hubiera pasado algo. Despertarme de pesadillas donde algo pasaba a mi madre, o a mi padre, o a mi hermana Zylgrin y su niña, y no saber aún lo que es real y lo que es ficción. Y tener miedo, claro, de que un día pueda no ser un sueño y yo siga aquí, tan lejos. El insomnio.
2.- Los ataques de desconfianza e inseguridad que me producía tener a mi pareja a 400 kilómetros, rodedado de mujeres listas, guapas y simpáticas. La frustración por ser tan imbécil de sentirme así. Discutir, dormir sola en mi cumpleaños, sentirle lejos cuando no se conectaba por skype y había quedado conmigo, cuando apenas hablábamos 5 minutos al día por teléfono. Sentirnos lejos y alejándonos.
3.- Llegar, el 16 de mayo, a la puerta del Sol, tras las concentraciones del día 15. Ver que allí, pese a todo, éramos como doscientas personas. Descorazonarme. Sentir que mi generación estaba muerta políticamente, ver que en la calle Preciados había más gente comprando que concentrados en Sol luchando por una política más justa. Volver a casa, en Plaza de España, junto a mi chico, enfadada con mi genreración, que en vez de estar cortando cabezas políticas estaba comprando en el Zara. El terrible desamparo de ver que sólo eramos 200 los conscientes de que teníamos que ser agentes de cambio para que las cosas cambiaran.
5.- Mirar al atlántico, desde la Pousada de Setúbal, en la preciosísima boda de mi hermana Zylgrin. Saber que mi camino hacia el otro lado, ahora "este lado", estaba definido, saber que iba a irme lejos de todos ellos, saber todo lo que iba a perderme por esta decisión. Sentir que estaba decidido y que allí no había sitio para mi, que no podía hacer nada, porque hiciera lo que hiciera siempre una parte de mi estaría a cada lado del Atlántico.
6.- Que mi ayudante, mi amiga, mi ahijada profesionalmente, me fallase, me traicionase y me negase tres y treintaitrés veces. El desgarro de sentir que mi intención de protegerla de los abusos que yo había sufrido se había vuelto en mi contra. Sentir que a un "aprendiz" no se le puede proteger y cuidar. Que tal vez fuera la mejor opción abusar del entusiasmo de la gente y quemarles, que enseñarles y cuidarles. Que tal vez merecía más la pena ser una hija de puta con mis subalternos que intentar que no se comprometieran más de lo que yo podía pagarles.
7.- Pensar que no sé si volveré a España. Recordar a mi madre, destrozada, los últimos días que estuve allí. No saber si volveré a ver a mi hermana Zylgrin allí, si volveremos a convivir juntas un tiempo, porque ella también va a marcharse de España, tal vez en 2012, y que no sé cuando podré, simplemente, tomarme un café con ella.

MEJORES SENSACIONES DE 2011
1.- Que el bebé de mi hermana fuese bebé. Cuando nos aclararon que el embarazo iba bien, después del susto que pasamos.
2.- Que, al levantarme frustradísima por tener que ir a un trabajo que odiaba, que no era de lo mío, y que sólo servía para "ganar los frijoles", él me abrazara y me mirara, entendiendo, apenado pero orgulloso de que yo fuera suficientemente fuerte para seguir adelante. Esos abrazos eran lo que me hacían levantarme de la cama con buen humor, pasara lo que pasara, con lo complicadas que estaban las cosas en España.
3.- Mis amigas y sus bodas. Los zapatos de todas reunidos en círculo por la boda de Tamara. Mis chicas de la Uni, el 16 de julio, reunidas en torno a Tamara. Reunirme con Ana (La Vaga) en la estación de Santander, tras el viaje en FEVE, y abrazarla tras tanto tiempo. Todas juntas por primera vez en mucho tiempo, y por última en quién sabe cuánto. Mis chicas del Joyfe, Ana, None y Anabel, y su forma de ser, durante la boda de Laura.
4.- Llegar el 17 de mayo a Sol y ver que éramos como dos mil personas. La emoción de que la gente saliera a la calle. La comunión con la gente allí por luchar por algo mejor. Toda esa semana, llegar del trabajo, ir a Sol, sentir que se estaba produciendo algo, que estaba naciendo el impulso para un cambio que yo estaba deseando desde hacía tiempo. Que consiguieran convencerme de que, tal vez, sí serviría la vía pacífica.
5.- Nosotros, en Manuel Antonio, viendo el cielo caerse y los rayos tronar, con unas tapas de queso y aceitunas, en nuestra terracita privada. Nuestros viajes a la montaña, aquí y en Madrid. JotaPe aprendiendo a esquiar hasta no caerse en nuestra pista azul del pirineo francés. El cráter del volcán Poás echando humo a mansalva.
6.- La Mazmorra, mis compañeros de piso, mi hermano Arthegarn, y su capacidad de estar siempre ahí, aunque muchas veces en silencio. Las partidas de Catán, Munchkin y el juego aquel de cartas de matar monstruos en el que era tan fácil hacer trampas. Ana, Ernesto y Arth. Las cenas. Los chuletones. Hasta las extrañas comidas con recetas milenarias de Jaso. Las series, la FOX. En general, la pequeña familia mazmorril. Simplemente, tener de nuevo un lugar que sentía como un hogar, donde respetaban mis tendencias y decisiones, tras tanto tiempo sintiéndome fuera de lugar.
7.- La madurez que ha tomado mi relación con mis padres. Es fantástico.

EXPECTATIVAS (MÁS BIEN DESEOS) PARA 2012
1.- Volver a abrazar a mis padres, a mis hermanos y a mis sobrinos (y demás). Y a La vaga. Conocer a Vicky en persona (y a sus pies). Y que todos estén (y sigan) sanos, claro.
2.- Viajar a España, aunque sea una temporada, y trabajar allí, de lo mío, claro.
3.- Sacar adelante alguno de los proyectos cinematográficos en los que estoy trabajando aquí, de forma independiente, ver resultados, sentir que el genial proceso de creación y gestación que estoy viviendo se acaba de materializar en algo que produce emociones al mundo.
4.- Que mi ex y yo podamos llevarnos bien. Más bien que él pueda llevarse bien conmigo. Mi parte está hecha.
5.- Que, cuando mis padres vengan a Costa Rica, lleguen a entender un poquito ese país, a quererlo un poco y, sobre todo, aprendan a querer a mi familia tica.
6.- Seguir viajando, aquí y fuera, y conociendo gente, mundo, y formas.
7.- Que el proyecto personal que he emprendido aquí siga adelante y se fortalezca cada vez más.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Assessing my life, 2011

Tras las rejas de los porches de las casas josefinas habitan estos días hinchados muñecos de nieve de plástico, impávidos renos de felpa tiñosa, catetos abetos con hojas de aguja sintéticas, papanoeles vestidos como nórdicos que anuncian Coca Cola. Aquí coexisten en su falta de contexto, recordándome a mi misma mi propio descontexto. Por mucho que el diciembre se disfrace de septiembre, el tiempo pasa, también aquí aunque aquí no haya ni frío, ni nieve, ni hielo, ni bufandas de lana gruesa, ni mazapán, ni turrón, ni jamón ni nada que se les parezca y por mucho que el planeta parezca dispuesto para que en Centroamérica se olvide que el tiempo pasa, que los años cambian, que el mundo envejece y que nada en esta vida es inmutable.
Acaba 2011 y, como cada año, para el día 17, toca escribirle la carta a los Reyes. ¡Yo! Republicana española federalista confesa. Pero, primero, toca evaluar el ya casi pasado 2011, lo que aquí os presento, como siempre, con referencia a mi carta del año pasado. Pronto parto hacia La Habana, Cuba es Cuba, así que mi nivel de comunicación estará más que restringido. Así que, por ahora, aquí os dejo mis reflexiones, unos días antes de lo estipulado, por si feedbacks.
1.- No puedo dejar de estar feliz porque todos estén bien. Incluso ahora, que por primera vez falta Carmenchu, por mucho que llevara años ausente, se la echa de menos. Pero mi gente está bien, es lo más importante, y lo son más aún desde la distancia. Creo que somos una piña, y me siento mucho más “piñón” que hace un año. Pese a los kilómetros.
2.- Mis amigos, siguen ahí. Tuve una enorme decepción a principios de año, que no creo que olvide jamás, sobre todo a nivel profesional. Pero allí estuvieron mi hermano Arthegarn y mi chico, para remediarlo. Mis hermanos y mi mejor amiga se que siguen aquí, aunque no les vea. Y en Costa Rica estoy tratando de identificar amigos, colegas y compañeros en cajones diferentes de mis niveles de estima. A ver si no me lío, con tanto cambio.
3.- Jajajaja, esta es una de esas cosas que lees con perspectiva y piensas ¿No querías caldo? ¡Pues toma dos tazas!
4.- Pues yo creo que sí a todo. Tengo mis momentos “Dramaya”, pero desde luego en 2011 he reído, trivializado y hecho reír bastante más que en 2010.
5.- Aquí sigo fallando. No sé como evitarlo.
6.- Ha sido un año muy duro profesionalmente. Y, cuando decidí irme, empezaron a salir trabajos. Creo que, en al menos un 70%, he conseguido “vivir de lo mío”. En este momento, además, sí llevo mis propios proyectos, y me hace muy feliz. Verdaderamente para mi la realización profesional ayuda muchísimo a la estabilidad emocional y a la realización personal.
7.- Aquí cumplo más bien poco. Confío muchísimo menos en el 99% de la gente. Algo más en mi. Y muchísimo más en los míos. Pero, la verdad, no fiarme “del mundo”, en este momento, tampoco me agobia.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mal de patria

Tal vez necesitamos vivir preocupados.
Cuando tu familia te quiere, tu pareja te adora y te cuida, tu jefe es una buena persona, te gusta tu trabajo, te ríes con tus amigas y puedes permitirte cenar fuera una o dos veces en semana... cuando todo va bien, vamos, siempre encuentras con qué fastidiarte.
Hace unas semanas que todo va bien aquí. Que estoy feliz, sin tregua. Y aún así, estoy triste.
Me duele España más que nunca. Me duelen mis amigos emigrando, otros que ya están fuera y no quieren volver jamás, los que me dicen que no se me ocurra volver; me duele ver previsiones que mandan el país a la mierda hasta dentro de cuatro o cinco años. Me duele pensar que, de verdad, a lo mejor estoy mejor aquí.
No.
No es eso.
Lo que me duele, de veras, es pensar que a lo mejor, en el futuro, voy a seguir estando mejor aquí. Pensar que no veo próximo el momento en que pueda ser buena hora para volver, porque cada vez va a peor.
Cada semana yo, en el correo de mi productora personal, recibo al menos un CV de un español dispuesto a venirse a trabajar a Costa Rica. Es una puta sangría aquello. Aún peor que cuando yo me vine, apostando por mi pareja, a este país tan loco. "Un año", pensé. ¿Ahora? Ahora no sé. El tiempo dirá.
Aquí todo va bien. No dan ganas de volverse.
Cuando todo va bien, duele aún más pensar que va "mejor" que allí, donde tengo mi alma. Porque, qué le voy a hacer, mis pensamientos estos días están más en España que nunca. Me falta España. De verdad deseo que el país mejore y tenga algo que ofrecerme per se. Porque me desgarra muchísimo tener a mi familia tan lejos. Es un vínculo demasiado fuerte. Me faltan. Mal de patria, lo llaman.
¿Mal de patria? Mi mal de patria es que me hace mal que España esté enferma.
No. Yo lo que tengo no es mal de patria.
El mal de patria está en España.
Yo lo que tengo es una rabia inmensa de que no se cure, la muy puta.
De que no sepa cómo parar de desangrarse.

viernes, 28 de octubre de 2011

Welcome to America, ma'am

miami_from_my_window by ama_yukaViajar a Estados Unidos no es tan difícil. Si eres europeo, por ejemplo, y te has hecho el pasaporte en los últimos años. Si no, ahí que te quedes. En Costa Rica, sólo por entrar en la Embajada de Estados Unidos, cuentan, tienes que pagan 100 dólares. La verdad es que, a mi, con el pasaporte electrónico, ni siquiera me pidieron el ESTA para entrar. Sólo tienes que renunciar a buena parte de tus derechos antes de entrar. Así que ese dinero fue en balde al Gobierno de los USA. Con la falta que hace fuera. En fin. Otros, directamente, ni pueden entrar. O los retienen en el aeropuerto. En lo que llevo aquí, ya me han contado unas cuantas de esas historias para no dormir.
He de reconocer que salí de San José con algo más que simplemente alivio. Tal vez ya me estaba sintiendo un poco atrapada en esta ciudad, en este país, en este "hueco" como dicen los lugareños. Ver Miami desde el avión fue entre apasionante e indignante. Ninguna ciudad necesita tantas luces. Después, en inmigración hora y media porque aunque había cuarenta mostradores sólo había cinco personas atendiendo. ¿Para qué tanta infraestructura si sólo se usa el 15%? Me acordé de #cuandoeramosricos, no pude evitarlo. Ahora que, en hora y media, recuerdas muchas cosas.
Cuando conseguí llegar al hotel eran las tres y media de la mañana, y al día siguiente tenía que estar a las ocho y media en la Universidad de Arte y Diseño para el seminario. Me tumbé en aquella cama enorme y descubrí las almohadas de mi vida. Qué gozada. La almohada te abrazaba. Prácticamente te arrullaba. Qué lujo.

sunrisemiami by ama_yuka

Amaneció y era la primera vez que veía el cielo en dos semanas, porque en San José no había parado de llover. Ya no sabía ni de que color era (Nota: es azuladito, según la hora). Desde mi ventana se veía un puertecito, el bayside y, al otro lado, lo que sería South Beach (Miami Beach). La verdad es que, cuando no estaba en los seminarios, estaba trabajando o de fiesta. Así que no he visto mucho de Miami. La primera noche fuimos a una "gala" de cine español. Otro día fuimos al bayside, que me pareció una mezcla hortera entre Benidorm y Puerto Banús, si es que se puede ser tan hortera. Todo olía a nuevo rico cateto que daba grima. En fin, vi poco, mi visión es sesgada, como siempre. Salimos después por South Beach y, en fin, me pareció que los garitos estaban bien de precio para ser tan turísticos. Aunque dicen que hay sitios en los que tienes que pagar dos mil dólares para sentarte a la mesa. Asssurdo.
Eso sí, los seminarios bien, con sus más y sus menos, pero bien, y siempre se conoce gente interesante. Creo que lo mejor es eso: ir conociendo a gente maja y del sector a este lado del charco y/o con interés en el cine latinoamericano.
He vuelto con una idea más clara de cómo quiero desarrollar la película y cada vez tengo más claro qué tipos de proyecto me interesan y cuáles no. He conocido visiones nuevas, formas de aproximarse a la profesión sobre las que no había reflexionado demasiado en Europa, y creo que es siempre un buen aprendizaje. Hasta he tenido alguna idea y todo. Volví a San José destrozada pero, la verdad, con ganas de "volver a casa". Creo que fue la vez que empecé a sentir con más intensidad mi "casa" aquí. Y preparándome para una semana dura: tenía que entregar el proyecto de largo a una subvención de aquí y volver a engancharme con el trabajo el día siguiente. Ah, sí, empecé a trabajar "en serio" para una pequeña productora de aquí hace ya tres semanas. En principio tengo contrato hasta primeros de abril. El trabajo me gusta, produzco animación y hago estrategias de difusión de contenidos audiovisuales (y aledaños) en plataformas digitales. Y hasta ahí puedo leer, porque tengo cláusula de confidencialiad. Me gusta. Mucho trabajo, pero me gusta. Y aprendo.
Pero ya, por fin, la semana acaba. El Sol ha salido tres días seguidos en San José y hasta hemos visto el cielo. Dicen que estos días volverán las lluvias eternas.
No importa. Siempre intento recordar que el cielo sigue siendo azul, por más que las nubes no me dejen verlo.