Sin saber muy bien cómo, llegué hasta el día 21. Abandoné Madrid y puse rumbo al norte.
Ahora estoy en una habitación azul, en una segunda planta de una casa de una aldea perdida, con los Picos de Europa al sur y el Cantábrico al norte, tras seis días tan intensos como sanadores. Os puedo salpicar unos pocos recuerdos, pero aún así sería tópico. No me quiero olvidar de los acantilados, de las cabras perfiladas entre la montaña y el cielo como posando para un chroma key, del atardecer desde la casa abandonada a lo alto de una colina, de la ruta de las playas, del pescaero, de los reflejos en el agua de la orilla de Cudillero, de la subida al picu, de cómo respira el mar a través de la tierra en los bufones de Llanes, de la malaquita en las profundidades de aquella cueva -llena del agua vaporizada de la rompiente del mar- iluminada por los haces de luz marcados entre las rocas...Y es que los mejores recuerdos es difícil guardarlos en jpg.
P.s.-La imagen es del móvil de La Vaga, del primer día de nuestro particular "Camino de Pelayo".
5 comentarios:
Envidia.
Aasturias, patria querida... Envidia me das a mí también
Bonito viaje, el norte siempre relaja mucho y Asturias tiene un algo que siempre te hace sentir bien.
La semana pasada estuve yo también en Llanes viendo el mar. Y en Potes mirando al cielo. Y en el Desfiladero de la Ermida, entre dos tierras, la cántabra y la asturiana. ¡Aishhh, que bonito el norte!!!
Hermida, con H. ¡Por dios! Se nota que esta última vez iba mirando más la carretera para no piñarme que el paisaje XD
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