jueves, 6 de mayo de 2010

Auxiliar irremediable (Vol. 3): Badalona / Ripollet

Hoy ha sido un día acrobático.
Sí, como véis, hoy tocaban dos ciudades. Cada semana hay al menos una jornada en la que debemos grabar dos ciudades. Una paliza, para los profanos; diez minutos por pieza por ciudad. Para los profanos, una paliza. Además, hoy se ha sumado que veníamos desde Tortosa.
Al (previsible) atasco mañanero de salida de la localidad tarraconense, se han sumado dos horas y pico hasta Badalona, lluvia, y un viento que me ha dejado las manos sin curculación de tanto apretar el volante. Eso tiene más px que un balrog.
Y ¿qué implica que medio país esté en paro? Sí! Aunque sea por la ilustradura ilustración (que pa eso está) lo habéis adivinado. ¡Obras! El GPS de mi cuñao -que es muy majo (mi cuñao, se entiende, no el gps...) y me lo dejó para esta semana - Es un garmin con una voz muy graciosa de una señora que cuenta como un niño pequeño y dice "continúe siete-cientos metros y mantínga-de a la derecha". Nos reímos mucho con ella. Pero claro, cuando hay obras, la pobre señora no nos ayuda. No podemos atravesar calles cortadas. Y venga a hacer acrobacias para saltar de un sitio a otro a la mayor brevedad posible...
Se ha perdido tiempo por eso en Badalona. Juer! Qué ciudad! No había por dónde pillarlo ni había forma de aparcar. Para mi se convirtió en una ciudad con tres tipos de calles:
a) En obras.
b) Prohibidas y cortadas.
c) Atascadas.
Quelle horreur! Fue difícil arrancar a grabar y, encima, en la mitad de las localizaciones "bonitas" que habíamos elegido también había obras. Argh!!! Que hermosura de planos se hacen con todo lleno de vallas y boquetes en el suelo, qué bueno el racor de sonido entre taladros, martillos y voces (esta vez sí, catalanas), qué sencillo llegar a los sitios. Ahhh, la delicia de cualquier equipo.
Se hizo lo que se pudo en el paseo marítimo y fuimos pitando a grabar a un hombre (nuestro prota del día) que tenía que hacer acrobacias aéreas en unas telas colgadas en un árbol de un parque emblemático de la ciudad. En cinco minutos teníamos allí a la vigilante, desesperada. Llamando al Ayuntamiento. Después a la Guardia Urbana. Yo "chicos: corred, corred, corred". "Quitad las telas". Como decía, ¡Qué delicia!
Pero en realidad al final en Badalona se portaron muy bien con nosotros con el tema del parque, al final, lo que me hace perdonar a la ciudad por tantas obras y quererles un poquito más. En realidad, el parque era considerablemente bonito y los parkings no eran tan-tan-caros. Y la gente era maja y eso.
Comimos de menú y pitando a Ripollet. Allí nos esperaba otro prota, que hace acrobacias en bicicleta (BMX, vamos, pa los iniciados). A mi personalmente me gusta mucho el BMX. Me alucina. Más acrobacias. Contamos la historia y la verdad es que después de toda la tensión de la mañana el equipo, al completo, respondió estupendamente. Todos al 100% en los momentos más bajos (en los altos se me rompe el escalímetro), ajustándose a la realidad que encontrábamos, los recursos que teníamos y el tiempo que nos quedaba. Después, casi 30 señoras nos hicieron un baile country en línea. Yo no se por qúé me acordé de mi madre, que es la caña ella y lo mismo se lo había pasao bien y todo ahí haciendo la córeo country con las mujeres... Ahora que con lo poco que le gusta la tele hubiese pasado de salir (y más aún de firmarme la cesión de derechos de imagen, ja!).
Pero en Ripollet también había obras y nos costó 15 minutos empezar a salir de la ciudad hacia el hotel. Nos confundimos, además, en una salida de autopista y claro... Al final la media hora de traslado al hotel de El Prat (donde, por cierto, la avenida principal que llevaba al hotel... también estaba en obras!) se convirtió en 50 minutos y llegamos hechos polvo.
Es curioso, en este hotrel no hay gel y champú para el baño pero hay dos bolsitas de aseo, una marcada con un símbolo masculino y otra con uno femenino. En la masculina obviamente se adivinaba la cuchilla de afeitar (además del cepillo de dientes) y menos obviamente tal vez había un abrillantador de zapatos. Yo esperaba encontrar compresas y tampax en la de mujer pero ¡mucho mejor! Unos discos desmaquillantes y una esponja exfoliante. Yuju!
A lo que iba, llegué cansá y me metí en la habitación, otra vez casi quitándome la ropa por el camino. Puse a llenar el baño. Mientras, revisé mis redes sociales.
Puf que baño me dí. Salí nueva.
Después, aunque estuve apunto de apalancarme, salí a cenar a un italiano con el resto del equipo técnico. Unos ravioli de espinaca a la carbonara regados con un buen vino de Toro.
Y aquí estoy, pa no defraudaros, escribiendo las últimas líneas tras la cena. Mañana vuelvo a Madrid. Mmmm mi caaaasaaaa...

martes, 4 de mayo de 2010

Auxiliar irremediable (Vol.2): Tortosa

Esta mañana a las nueve estábamos todos, los seis del equipo, a las puertas del hotel de Cornellá. Partíamos rumbo a Tortosa, dos horas y cuarto de las que el 80 por ciento estuvo lloviendo... Pero ya pasado Tarragona arreció el temporal y nos sorprendió el atino que tuvo la aemet al decir que, en Tortosa, tendríamos nubarrones, pero sin lluvias.
Llegamos 15 minutos tarde al hotel respecto a lo que yo había previsto, por lo que en vez de tener media horita de check in y descanso tuvimos quince minutos (uséase, sólo check in...) y salimos pitando a la localización. Llegamos en hora, empezamos a tirar planos... Todo bien. El mercado. Un mercader que se pone un gorro verde de mejicano y se lanza a cantar, las pescaderas encantadas con el jolgorio... Hasta una tele local que venía a vernos porque habíamos llegado al Valle del Ebro... Que por cierto, y por meter el dedo en la llaga, caudaloso, lo que se dice caudaloso, como que no iba el pobre río...
Nuestros protagonistas de hoy eran un grupo de hombres de entre 25 y 35 años que hacen percusión con o primero que encuentran. Llegamos a su tienda-escuela de música... Y empezaron a tocar con lo que había por allí. El tacatá de la máquina de escribir. El clinclin de la tacita de té. Unos cuantos ffssssttt de folios rasgados y el patapam! de un cajón cerrándose... Luego fuimos a la cocina de un restaurante... piezas musicales con cicharones, cuchillos cortando verdura, ollas y tapas, estropajos y sartenes... Una escandalara, vamos... Después, en la mesa: vasos, tenedores, platos, cuchillos y con sus propias voces...
Pero en realidad hoy no estoy satisfecha. El hotel de Tortosa resulta que le ha parecido un truño a la mitad del equipo, las camas son pequeñas y el sitio donde fuimos a comer resultó insuficiente a parte del equipo. Y entre eso y que siempre tengo que estar mirando la hora para que no nos alarguemos demasiado, me siento un poco ogro, la verdad... Así que ahora estoy triste, por qué no decirlo, y ahora mismo tengo unas ganas locas de llamar vuestra atención y que me digáis que no esté triste que no pasa nada. Pero ya me voy -y me váis- conociendo, perdono errores... menos los míos propios... incluso aunque tal vez ni sean míos... A mi nunca puedo justificarme.
Así que ahora toca un rato de rabia conmigo misma de esas que desgarran porque no me gusta tener que ser el ogro para nadie... Aunque se que es lo que toca. Por muchas horas de trabajo que le ponga y mucho que corra y luche porque los demás estén bien... Antes o después se encuentra algo que echar en cara a producción.
En fin, ahora me lavo a la cara y a salir a cenar con una sonrisa, impasible el ademán.

Auxiliar irremediable (Vol.1): Cornellà

Aquí en Cornellà no habla catalán ni pirri. De momento en este viaje sólo lo he oído entre dos trajeados ejecutivos en el ascensor del aeropuerto de El Prat. Allí pillé un C4 de alquiler. Me recuerda mucho a hermana. Hasta tengo más cuidado con el cochecito y todo.
Hoy no ha parado de llover. Claro, cuando tú lo que tienes planificado es un rodaje todo en exteriores para un programa estilo veraniego esto viene a ser, habitualmente, lo que se viene a llamar, un imprevisto, amos una jodienda irremediable, pa que nos entendamos, a cambiarlo todo y buscar soluciones rápidas y eficaces.
Así que tras toda la tarde echando chispas he llegado al hotel caladita, quitándome los pantalones -empapados de rodillas para abajo- casi sin haber cerrado la puerta de la 616.
Yo no se si en el hotel se lo veían venir o algo, pero la cuestión es que las habitaciones vienen equipadas con un kit buenrollero que consta de dos paquetes de galletitas, dos vasos, dos sobres de café, dos de té, dos bolsas de azúcar... Claro la habitación es para dos, aunque yo esté solita, -eso en los hoteles sólo te hace aún más gocha y tomarte las dos- y sólo viene una botella de agua (nota mental, con 50 cl tienes pa' dos cafés solubles y hasta uno o dos tés en esas tacitas...).
En cada habitación hay un calientaleches. No hay minibar, curioso, pero sí una jarra de plástico y metal que calienta el agua en segundos. Así que, como ayer, me he puesto un té calentito (se me ha doblado la cuchara de plástico al remover!) y he repasado la jornada.
Hoy nuestro personaje era un hombre tocaba las castañuelas haciendo playback de flamenco con un traje de gitana y una espectacular peluca negra con un floripondio en un lado. Mu majo, estaba un poco nervioso, pero vinieron mogollón de señoras, que le adoran, a animarle, y claro eso fue lo más bonito, como siempre, la gente...
Yo creo que será lo más que voy a sacar de estos viajes. Una panorámica de las gentes de España. A ver si llegamos hasta el final y puedo hacerme un dibujo mental de en qué país vivo...
Hoy conocí a un camarero apellidado "Camarero Camarero". No es coña, lo decía su DNI. Qué cosas. Y cuando grabábamos un plano en el que nuestro protagonista se iba del bar, Mr. Camarero Camarero suelta "ey, y la cerveza qué, me la pagas, me la pagas" "Hombre esto es pa la tele...", "Ni tele ni tela, la cerveza..." Y claro es que el hombre era camarero, camarero. Ocho horas llevaba tras la barra, decía, de pie todo el día. Un tanto nervioso ante las cámaras. Cuando el pilotito rojo le apuntaba le entraba una de esas risillas inocentes que tanto se echan de menos en la gente adulta.
Y otro señor, extremeño, se arrancó a cantar porque no llevaba la bandurria encima.
Siento que estoy recuperando mi capacidad de leer en la gente que me encuentro durante unos pocos minutos. Ya iba siendo hora de pararse a mirar un rato...

sábado, 1 de mayo de 2010

Diario de una auxiliar irremediable (Vol.0)

Hacía una tarde preciosa en Valdesquí cuando, sentada sola en un telesilla que llevaba hacia donde se unían blanco y azul, vi que tenía varias llamadas perdidas. No reconocía el número, y la jornada estaba demasiado placentera como para preocuparse por eso.
Cerca de tres horas más tarde aterrizaba de nuevo en la rutina de Madrid. Abrí el portátil, comprobé mis correos. Entre ellos, un antiguo profesor me escribía algo así como "¿Quieres un trabajo de auxuliar de produccion a razón de (tanto) al mes? Pues haz el favor de contestar a mis llamadas".
Claro llamé en seguida...
Cerca de tres semanas después empezó la batalla. En líneas generales, se trata de un talent show de castings. Mi equipo recorrerá los pueblos de España buscando talentos. No todos, claro, según mis cálculos iremos a 58 pueblos en 12 semanas.
Mañana parto hacia Barcelona. Tocan Cornellà, Ripollet, Badalona y Tortosa (Tarragona). El viernes mi compañero y yo lo dejamos todo preparado para el viaje. Esta tarde haré las maletas.
Empiezo el viaje con prudencia, pero con energía. No tengo grandes expectativas, salvo hacer mi trabajo de forma tal que todo fluya para el equipo y trabajemos lo mejor posible. Y ahorrar un poco, a ver si a finales de año puedo irme a Xiamen a ver a mi hermana, a la que adoro, y que el otro día se puso a intentar leer los paquetes de comida asiática que compré en un súper especializado de la calle Embajadores.
En mi lista de mejores momentos de 2009 había una persona, una gran amiga, que ayer emprendió su propio viaje personal y profesional. Por fin le dieron el trabajo que le correspondía, pero se traslada a Zaragoza. Se que echaré de menos todo lo que fue para mí el año pasado... La gente sigue desapareciendo de mi camino, y me cruzo con caminos y seres humanos nuevos. Otros, viejos amigos que consideraba perdidos, reaparecen más radiantes que nunca. No paro de sorprenderme.
Así que ahora empieza mi viaje, voy a pasar muchísimo tiempo sola y cada vez que pise mi casa será para lavar, planchar, hacer maleta y volver a salir de viaje. A penas tendré vida más allá de mi trabajo, apenas veré a mi gente y no se quiénes desaparecerán de nuevo... Y recuerdo aquella canción que decía...

Después de todo se que nada es permanente
y que al impaciente
se le olvida la miel del presente
nada es tan urgente, nena
nada tan importante
nada merece más la pena
que el instante
que tenemos delante
y el siguiente
y la oportunidad de haerlo diferente

Así que voy reduciendo expecativas... No me asustan, me producen incertidumbre. Las personas en mi vida tienden a ser como los Ojos del Guadiana, aparecen y desaparecen, pero siempre quedan presentes en estratos más profundos. Os echaré de menos, no os quepa duda.

jueves, 8 de abril de 2010

Desaparecida

Quisiera encontrar una buena excusa. Quisiera una, sólo una, que, al menos, fuese una verdad a medias. Pero hoy con cada minuto que pasa me doy mayor cuenta de que no encontraré ninguna.
No tengo excusas para llevar un mes sin escribir por aquí.
Y es que hoy cada minuto que pasa me pesa más la certidumbre de que, desde el 5 de marzo, lo único que he hecho ha sido perder el tiempo.
No tengo nada. Lo único que tengo, en realidad, es tiempo. Lo mejor que puedo dar, es tiempo.
Estoy cansada de la gente que sólo valora su tiempo, sin ver que el de quien está frente a ellos vale, por lo menos, lo mismo. Cansada de invertir mi tiempo para después ver como todo -siempre- se derrumba por su propio peso, sin pueda hacer yo nada por evitarlo.
Así que hoy, o mañana, cuando tengáis cerca a alguien que os de desinteresadamente su tiempo... Dadle las gracias. Verdaderamente, uno se ve muy idiota cuando echa la vista atrás y siente que lo ha desperdiciado en ingratos.
Aunque siempre nos quedará el placer presente -ya pasado, ya memoria, ya perdido- que vivimos entregándolo sin esperar cobro alguno.

viernes, 5 de marzo de 2010

El muerto al hoyo...

Cada uno se lo pasa bien como puede. Yo esta tarde he acabado, junto a dos amigos de la Escuela de Cine, en el 26º Foro Internacional de las Ciencias Ocultas y Espirituales. Uuuhhh, ¿eh?
Son cosas que pasan. Entramos en el intercambiador de Príncipe Pío. Unos puestecitos con piedras, velas, libros de autoayuda, amuletos y cacharritos varios nos reciben. En una esquina se entrevé, tras una cortina de hilos negros que caen hasta el suelo, a una bruja sentada lee las cartas. Más uuuhh, ¿eh?
Pero yo no había ido allí a ver atrezzo. Iba a una conferencia de Pedro Amoros sobre psicofonías. ¿Sabíais que existe algo tal como la Sociedad Española de Parapsicología? Yo no. Bueno pues este caballero es su director. Tiene una de esas voces dulces de párroco lascivo, que a mi no hacía sino recordarme al toniquete de Alex Angulo en El día de la bestia, pero con el contrapunto de tener la cara del alcalde de Alcalá hablando de energías y campos magnéticos y espíritus y los cabezales de los aparatos de medición.
Amorós defiende que en la concepción humana –séase, cuando papá pone una semillita en mamá- se unen dos energías que se transforman en una nueva, que es la nueva vida, y que esa energía está en nosotros hasta que morimos. Para él, en ese momento, esa energía “no puede destruirse, sólo se transforma”, por lo que se queda “pululando”, y se combina con otras para formar otro tipo de energía que “no podemos llegar a comprender ni abarcar”, que pertenecería a lo que él llama “mundo trascendental”. Obviamente veo decenas de razonamientos para tirar eso abajo. Pero incluso dándolo por válido… Hasta por esas… ¿desde cuando la energía tiene cosnciencia y memoria? ¿Cómo puedes tener la cara de decir que esa “energía” es “la voz” de mi madre muerta?

Todo ese discurso pseudocientífico me enerva. O haces ciencia o tienes fe. Elige. Pero no te las des de “escéptico” –como repitió varias veces este caballero- y de analista de hipótesis y de la realidad para “vender” credibilidad. Vende fe, vende esperanza, vende nostalgia. Pero se honesto, coño.
Yo es que no creo en el mas allá y esas cosas, claro. Pero no me causa ninguna angustia, creo que me aburriría muchísimo como alma consciente etérea en la eternidad. Y, si fuese una “energía” inconsciente pues… ¡no me importaría!
No creo que nada de eso tenga que ver con los muertos. En un momento, Amoros dio una definición que me gustó mucho, sobre cómo son las voces que graba con sus aparatos “no están producidas por una garganta humana, son voces electrónicas, son voces formadas por un montón de ruidos diferentes que están pululando en las ondas y se unen y forman una voz”. Es genial y más veraz.
La mitad de la charla fue ponernos ruidos e inducirnos lo que “decían” esas voces humanas. Antes de cada psicofonía, nos explicaba lo que decían las voces, que solían venir detrás de interferencias en la grabación. No solo pienso que la mitad de todo esto es sugestión, sino que además pienso que incluso aunque se de la casualidad de que un montón de ondas choquen y puedan conformar un sonido similar a una voz humana, esa voz no tiene nada que ver con los muertos.
En el turno de preguntas, muchos preguntaron por voces y ruidos que han oído tras la muerte de un ser querido. Ais.
Diría que me dan pena quienes creen en poder comunicarse con los muertos en un deseo desesperado de que sea así. Que me dan pena quienes se gastan dinero en eso. Pero no me dan pena. Cada uno que crea lo que quiera. Que se gaste el dinero como quiera. Si se gastan el dinero de la comida de sus hijos -como los ludópatas- en piedrecitas, incienso y brujas; sí, me darían pena. Y bastante cólera, por irresponsables.
Lo que sí me da cólera es la falta de honestidad de esta “paraciencia”, por pretender ser una fe que se las da de ciencia. Y lo que si me da pena es que quienes creen estas cosas sientan que no se comunicaron lo suficiente con los “ya muertos” mientras estaban vivos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Dionisio y las gordas de Fellini

Estar sola es un ejercicio para mi. En realidad lo sabía desde hace casi una década, pero ejercer siempre exige más que pensar. Cada vez más, pienso que mejor sola. Creo que es lo único, y lo primero, que puedo aprender a manejar. Aprender, sí, porque no se hacerlo. Todo lo que me cuesta compartir con mi gente lo malo, no se aproxima a cuánto me cuesta no compartir lo bueno con alguien. Más o menos especial. No importa. En realidad ese es el problema. Esa parte de mis entrañas que me lleva a querer compartir lo bueno con quien sea, lo merezca o no, lo quiera o no... Pero compartirlo. Lo malo...
Cuando recibí la información de que hoy se iniciaba una nueva expo en la FNAC de Callao con trabajos de Mary Ellen Mark desde la época de Fellini hasta hace apenas un lustro mis entrañas me llevaron a querer compartirlo con alguien. "Y una mierda, vete sola, pasa de ellos, de todos, disfruta de ti".
Así que esta mañana, entre mi revisión médica y la comida con mi hermano, me pasé por el fórum de la FNAC a ver qué había en la expo De Fellini a Tim Burton. Es una exposición muy modesta, montada con imágenes en blanco y negro. En general, son imágenes bastante formalitas, aunque un par de ellas las tendría en casa: una típica "gorda" de un burdel de Fellini, de esas que ponía derrengadas, tirada en el suelo como un balón viejo a medio desinflar. Y, junto a ella, toda divina en sus ropajes, un par de operarios dipsonían una escalera de tijera hecha de madera. Y claro, no puedo evitar pensar qué dirían ahora los sindicatos. No puedo evitar pensar, mientras paso a las imágenes de Buñuel y Truffaut, cómo se hacía el cine entonces y cómo se hace ahora. Desde mi perspectiva actual, cada vez más centrada en los nuevos medios y en la financiación, noto que hay veces que se me olvida qué es el cine. Y allí, paseando entre mitos, a mi me viene a la cabeza cuánto puede llegar a perder el oficio cinematográfico cuando sólo vemos cifras, temas legales o audiencias. Me gusta recordar, imaginar tal vez, cómo se hacían las películas entonces. Sería casi un circo.
Una escena de cama. Un hombre desnudo encima de una mujer, apenas cubiertos por la sábana. Están semiabrazados todavía. Pero no, no se quieren, están en un plató. Tirando de los dos extremos de la cama hay dos operarios. Trasladan la cama, arrastrándola hacia la izquierda del encuadre no sin cierto esfuerzo.
Todo es mentira en el cine. Y el trabajo del actor, en su mundo, es hacer una máscara con su propia piel, haciendo veraz la farsa.
Como decía, es casi un circo.
En estas estaba cuando un hombre con acento extranjero, de unos 50 y tantos años, con un bolsito y un libro recién comprado, se me acercó pidiéndome un boli. Le gustaba una de las imágenes, y quería apuntar el título. Empezamos a charlar de nada, a hablar de las fotografías, de países diferentes, de culturas. Sin saber muy bien cuándo ni cómo, sacó de su bolsa una pequeña máscara escuplida en barro claro.

"¿Adivinas de qué país soy?", me dijo. Y me dio la mascarita. La miré anonadada, pensando que parecía entre griega y asiria, y así le dije.
Él: "te quiero hacer este regalo"
Yo esbocé media sonrisa sin saber si fiarme o no. Me preguntó mi nombre, lo escribió en el anverso, y firmó con sus iniciales. Y por fin el boli volvió a mi bolso.
Por supuesto, mi nuevo amigo resultó ser griego. "Enhorabuena, de premio, te invito a un café". Tal vez porque no se estar sola, que es lo que yo iba a hacer esta mañana, tal vez porque me inquieta saber qué mueve a una persona así, tal vez porque estoy loca, tal vez porque confío demasiado en la vida, o porque quiero descubrir por mi misma que hay que desconfiar de las personas por principio y no creermelo porque me lo han dicho siempre... Tal vez porque creo que nunca sabes de donde puedes sacar algo enriquecedor... Tal vez por mil talveces, le llevé hasta el starbucks de Callao.
Él se tomo un Latte Macchiato y yo un Capuccino. Me habló de la Pascua Ortodoxa, del perdón, de cómo las buenas acciones al final revierten sobre uno mismo en bondades, del budismo y de la muerte de su hermano más amado, hace cinco años, de cáncer de estómago. "Nunca fumó y tampoco bebía", aseguró, sin explicarse aún cómo podría haber sido aquello. Qué profundas eran las arrugas de sus ojos entonces.
Sacó de su bolsa un pequeño paquete de fotos, y me enseñó imágenes de la boda de su sobrina, de su familia, de sus amigas españolas visitando su casa en una islita griega. Me enseñó sus trabajos, porque es artista plástico y esculpe con diversas técnicas. "El arte me da para comer, pero no 'manjiares', claro". Me dijo que si algún día quería conocer Grecia, me dejaba su casa por la cara, siempre y cuando él no estuviese ocupándola, claro, porque viajaba mucho y la casa tan bonita estaba sola mucho tiempo.

Yo no se si Dionisio, "el Baco griego", como le dije cuando me intentó explicar en su trastabillado castellano de dónde venía su nombre, estaba loco o cuerdo. Yo no se si quería timarme. Yo no se qué esperaba, él dijo que simplemente "absorber cultura". Yo no se nada, pero él mismo me dijo que entendía que no me causase demasiada confianza la situación, y, sin más, me dijo que si otro día quería charlar, se lo dijese. Le dije que ya vería, y cogí su número de teléfono. Ni intentó tener el mío.

Se dio la vuelta con una sonrisa y levantó una mano, sin acercarse a despedirse, ni en un amago siquiera. Me deseó suerte en la vida y se fue, con las manos en los bolsillos, por la calle Preciados de nuevo.

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p.s.- Las imágenes son un extracto de la exposición, de Apocalypse Now, y quienes veis son Marlon Brando y Coppola, en las dos primeras... Y los locos de "Alguien voló...", en la última. Esa mirada de Jack Nicholson...