sábado, 6 de agosto de 2011

Historia y cuentos

Casi siempre es mejor reducr el nivel de melodrama vital cuando intenta asediarnos. Por ejemplo, el suburbio donde vive mi familia tica se llama Desamparados. Pero es, simplemente, "Desampa". Tal vez simplemente siento que aquí los nombres de las ciudades hablan más que en Europa, eso las ciudades que no se refieren directamente a Europa, como Cartago, Antenas o Florencia; o las que no tienen un origen claramente orográfico o tribal.
Por ejemplo, camino al Pacífico hay una pequeña población, llamada Parrita. Parrita no es una parra pequeña. Es un lugar en mitad de ningún sitio, entre el océano y la capital, que servía de paso. Se dice que allí, desde el principio de los tiempos, había una casa de putas, al que iban mucho los marineros tras descargar en el puerto de Quepos. El lupanar estaba regentado por una Madamme en toda regla, al parecer, una tal Rita. Y, cuando en el puerto de Quepos preguntaban a dónde iban los hombres que salían de allí por tierra, ellos decían "Voy pa'Rita". Y todo el mundo sabía a dónde iban. Aunque esta historia se cuenta por lo bajinis, porque por lo visto indigna mucho a los habitantes de la zona, que no quieren ni oírla.
Hay otro lugar, creo que cerca de Cartago, que se llama Taras, dicen ahora que por el Cacique Taras; pero mucha la gente es escéptica, y se cuenta que el Cacique Taras no existió jamás y que es un invento de los habitantes de la zona para no asumir que allí era a donde enviaban a los cojos, los ciegos y los demás lisiados. Para no admitir que descienden de los "tarados" del caciquismo.
Yo no sé hasta qué punto estas historias serán verdad, pero desde luego me resultan verosímiles.
Es curioso vivir en un lugar en el que los nombres de los sitios no tienen tantos siglos que sus habitantes hayan olvidado de dónde vienen. Siento que aquí se me difuminan las fronteras entre la Historia, la geografía humana, el "wannabe", y la leyenda indígena. Y, cada vez más, me convierto en una convencida de que la Historia, definitivamente, nunca es unívoca.

viernes, 29 de julio de 2011

Escenas Madrid - San José


Una chica colombiana, de 31 años, se sentó a mi lado en el avión en Barajas, mientras yo le daba a la nostalgia y ojeaba ese cielo del julio madrileño -ese azul grisáceo, uniforme, sin una gota de agua flotando- con un nudo en la garganta. Cuando me habló, no pude articular respuesta. Mas tarde me contaría que ella regresaba a su país tras cinco años. Iba al funeral de su padre.
(...)

Llegábamos, y yo veía desde lo alto el final de Los Andes, eternos.
El aeropuerto de Bogotá está plagado de policías-perro que guían canes que olisquean bolsas. No me tomé el café de Colombia que me había prometido para cuando pisase el país de García Márquez. Agarré mis maletas y me senté a esperar sin mirar a nadie, mimetizándome con la actitud reinante.
Cuando llegué a San José, a las once de la noche, pude sentir cómo el calor húmedo se agarraba a mis alvéolos para no soltarlos. Poco después, encontré que no encontré los 46 kilos de mi vida que había facturado en Barajas: se habrían perdido entre policías-perro-policía. Agarré mi equipaje de mano y pasé la aduana. Le busqué al otro lado de la cristalera, y ahí estaba. Señalé mis no-maletas para ejemplo de extrañamiento. Su madre llevaba una bienvenida en ramo, con rosas naranjas y rosas.
No sé cuánto tardamos en llegar a casa, pero sí que para mi aquel coche era una nave espacial aterrizando, alunizando, o el verbo que corresponda a 'simplemente cayendo sobre alguna roca espacial desconocida'.
Ahora estaba allí mi casa.

jueves, 21 de julio de 2011

Hogar

Cuando llegué a mi nuevo hogar, mi chico acababa de poner la wifi hacía a penas una semana, mientras perparaba la casa para mi llegada.

Hace ya varios meses, cuando este viaje era apenas una nube en mi cerebro y aún ni siquiera vivíamos juntos en Madrid, él me leyó un relato, que hasta anoche no había vuelto a mi mente desde hacía mucho.

El desierto, de Ray Bradbury (extracto)

Miraron la bebida de chocolate como si fuese la rara pintura de un museo. La malta escasearía durante años, en Marte.

Janice buscó en su cartera, sacó lentamente un sobre, y lo puso en el mostrador de mármol.

-Es una carta de Will. Vino en el cohete-correo hace dos días. Esto me decidió. No te lo dije. Quiero que la veas ahora. Vamos, lee.

Leonora sacudió el sobre, sacó la nota, y la leyó en voz alta.

«Querida Janice. Esta es nuestra casa si decides venir a Marte. Will.»

Leonora golpeó otra vez el sobre y una imagen a colores surgió en el dorso. Era la fotografía de una casa oscura, musgosa, antigua, de color castaño; una casa cómoda, con flores rojas y un cerco verde y fresco, y una enredadera velluda en el porche.

-¡Pero Janice!

-¿Qué?

-¡Es una fotografía de tu casa, aquí en la Tierra, aquí en la calle Elm!

-No. Mira.

Y miraron otra vez, juntas, y a ambos lados de la oscura y cómoda casa, y detrás de ella, había un escenario qué no era terrestre. El suelo era de un raro color violeta, y la hierba de un rojizo pálido, y el cielo brillaba como un diamante gris, y un extraño árbol torcido crecía a un costado, como una vieja con cristales en la cabeza canosa.

-Es la casa que Will construyó para mí -dijo Janice- en Marte. Ayuda mirarla. Todo el día de ayer, antes de decidirme, y cuando sentía más miedo, sacaba la fotografía y la miraba.

Las dos mujeres contemplaron la casa cómoda y oscura a noventa millones de kilómetros; familiar, pero extraña, vieja, pero nueva, con una, luz amarilla en la ventana del vestíbulo.

-Ese hombre, Will -dijo Leonora, moviendo la cabeza-, sabe lo que hace.

Terminaron las bebidas. Afuera una multitud desconocida iba de un lado a otro, y la «nieve» caía persistentemente en el cielo de verano.


Os invito a que lo leáis entero, merece la pena.

Dicho esto, sólo quería deciros cómo ha nombrado él la wifi de nuestro piso. Se llama "Casa Marciana".

domingo, 17 de julio de 2011

Mi madre

Hay veces que pensamos demasiado en la narrativa. Creo que nos ocurre a todos los que somos apasionados de las historias y de cómo se cuentan: que nos paramos a mirar con otros ojos la vida, buscándole una estructura, sabiendo que no la teme, y anhelando siempre ver desenlaces para comprender el hilo de lo que estamos viendo. Ahondando un poco, pienso a veces que no hay desenlaces, medito sobre el fin del relato como parte de la estructura y descubro que, en la realidad, los desenlaces son ficciones, porque siempre llevan a nuevos arranques.

Mi madre no puede llorar. Simplemente no le salen las lágrimas, sin saber por qué. Es imposible: aunque quiera llorar, no puede. El jueves, al despertarme, fui a la cocina a desayunar y la encontré tendiendo la ropa de una última lavadora con algunas cosas mías antes del viaje. Tras un par de minutos de conversación intrascendente, me dice que no llora porque no puede, porque estos días se acuerda de una canción de Serrat de cuando se casó con mi padre, y me recita:

Escapad gente tierna,
que esta tierra está enferma,
y no esperes mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.

(...)

Y si te toca llorar
es mejor frente al mar.

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí...

Y pienso que, por potentes que podamos a llegar a construir las historias, la realidad supera a la ficción casi siempre. Por mucho que carezca de estrucura y nunca lleguemos a comprenderla del todo.

Carpe diem.

viernes, 24 de junio de 2011

Spreading #spanishrevolution

Era martes, 17 de mayo, y salí del trabajo súper emocionada camino hacia Sol, donde había quedado con mi chico. Según iba acercándome, temía que hubiese tan poca afluencia como el día anterior. Pero nada más llegar me dio un vuelco algún órgano vital interno al ver que había cerca de dos mil personas, la mayoría jóvenes pero de edades diversas, asegurando que los poderes políticos no les representaban. Me emocionó muchísimo pensar que verdaderamente había una corriente crítica con el sistema y cargada de sentido común, sin llegar a los extremos políticos que tanto me agotan.

Saqué la Blackberry y subí al Rodilla para empezar a inmortalizar todo aquello. Cuando bajé habían cerrado la planta baja. Me metí en el tumulto y empecé a fijarme en la cartelería. Atendí al Speaker que hablaba de la falta de representación política y de la organización de la concentración. Propusieron hacer grupos asamblearios por la noche para que todos pudiesen hablar, y después asamblea general. Me pareció genial, porque así verdaderamente se podría construir un discurso unificado a raíz de las opiniones de muchos. Estaba feliz. Por fin la gente reventaba e incluso a mi, que estaba bastante Roberpierre, me calmaron y me convencieron de que incluso siendo pacíficos podríamos cambiar algo.

Me fui a casa a cenar y a por ropa de abrigo y una manta y volví a Sol. Di una vuelta, y me senté en una de las asambleas de las comisiones. Aún se estaba decidiendo cómo se organizaría aquello y qué hacía cada comisión, así como cuáles hacían falta. Y empecé a desmontar los mitos que estaban surgiendo en el ambiente externo a Sol. En efecto, allí no había nadie que pidiese abstención, se hablaba mucho de la necesidad de un cambio en la ley electoral y de la falta de opciones políticas, así como de la cantidad de dinero destinado a los privilegios políticos y que podría aprovecharse en otro tipo de políticas. El 22M no resultaba ser más que el detonante, el contexto, en el que surgía el movimiento. Pero ya desde entonces yo tuve claro que no era una “revolución” que pretendiese nada con respecto al 22M, sino que se iba mucho más allá.

Hablábamos de la castración política que sufríamos, porque la política, en España, resultaba ser como el fútbol. No puedo hablar por España, ni siquiera por los españoles, pero sé que quienes allí pasábamos la noche en vela, nos planteábamos que esta falta de representatividad no era un problema puntual y personificado en figuras clave de la política, sino que era un problema sistémico. Y, por primera vez, nos sentamos, de un lado, de otro, tanto los habituados a la crítica como los que no, tanto los más leídos como los menos, de diferentes tendencias y, sobre todo, nos sentamos los con sentido común y no sólo los extremistas, a charlar y plantearnos, simplemente, que esta no era la forma en la que queríamos vivir nuestra faceta política. Simplemente, había hecho erupción un concepto hasta entonces sólo latente en la sociedad: que vivimos en un sistema representativo mediante el que muchos no nos sentimos representados, y que durante años habíamos otorgado a nuestros políticos lo más poderoso: la impunidad de nuestro silencio.

Aquella semana la pasé prácticamente 24/7 con el corazón en Sol y la cabeza en el Congreso. Me dediqué a hacer ver a todo el que conocía que podíamos hacer algo para cambiar el sistema y a desmontar la mitología que surgía en torno a aquello. La Junta Electoral de Madrid negó el permiso para la concentración el miércoles. Tuve que trabajar casi hasta las ocho, pero volví, y llovía, pero dio igual El miércoles me encontré a tanta gente conocida allí que no podía creer lo que estaba creciendo aquello. El jueves, sin embargo, empecé a escuchar radicalismos desde los altaoces que me parecía que iban a romper con la unión tan impresionante que habíamos conseguido (cuando les oí gritar "Hasta la viktoria" (lo gritaron con ka, seguro) desde los altavoces después de ensalzar el comunismo me llevaba las manos a la cabeza de que depsués pretendiesen argumentar que aquello intentaba recoger a todas las tendencias políticas, y de paso me acordaba de mis amig@s venezolan@s, a los que yo considero prácticamente refugiados políticos en España, independientemente de que yo sea bastante roja, creo que hay que tener cuidado y cultura con los mensajes que se expresan desde los speakers. Por otra parte ya desde el miércoles empezaba a oir hablar de la abolición del sistema de partidos y la democracia directa, lo que me parece, personalmente, muy impracticable, aunque me parece muy interesante, espero sacar el rato para explicar porqués).

Dato al margen, el día anterior a las elecciones, de hecho, trasladamos la despedida de una gran amiga a @acampadasol y la convertimos en una #despedidadereflexión.

Aún así, y aún hoy, sigo feliz de lo que ocurrió, porque se removieron conciencias. Porque hicimos lo que teníamos que hacer, y verdaderamente se construyó una masa crítica.
Yo voté en las elecciones del 22M, porque creo que, desgraciadamente, la democracia es el mejor de los sistemas excluyendo los que no existen (precisamente por eso no me parece bien que una minoría muy minoritaria bloquee las decisiones en el sistema “asambleario por unanimidad” que trataron de establecer en Sol). Pero de lo que pasó después del 22M intentaré escribir otro post, que seguramente sea el más crítico, porque adelanto desde ya que, si bien el fondo es bueno, las formas no siempre han sido las mejores. Pero tengo que darle un buen rato a ese post porque este llevaba en borrador más de un mes y me ha costado la vida acabarlo. Ahora mismo tengo la cabeza en otras muchas cosas, a ver si ahora que he resuelto mi primera deuda con este post me pongo a contároslas.


Yo, el 22M ejercí el voto responsable. Nada más identificarme, me puse la mascarilla de nuevo, agarré las papeletas y las eché, como cada año, en “urna rota”.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Before #spanishrevolution

Volvíamos de Setúbal (Portugal) mi hermano Arthegarn, mi cuñada, mi chico y yo. El día anterior había sido la boda de mi hermana Zylgrin (que fue preciosa).
Era un domingo, 15 de mayo. Para quien no lo sepa, mi chico no sólo es extranjero sino que es extracomunitario. Mi cuñada iba dormida y, no sé muy bien cómo (supongo que por las elecciones) Arth y yo empezamos a explicarle la historia de la "democracia" en España desde la transición. Cualquiera que nos conozca a Arth y a mi puede suponer que nuestras visiones tienden a ser contrapuestas en política. Pero, a la hora de la verdad, de contar lo que ya es "historia", inexplicablemente los hechos tendían a imponerse con su realidad común. Tal vez fueron dos horas de conversación. Creo que no exagero.
Y es que, si uno se para a pensarlo, hay que ver lo que ha sufrido mi país con sus políticos. No hay ni uno sólo que no haya traicionado a quienes alguna vez le apoyaron. Millones de personas dejaron de sentirse representadas por el PSOE de Felipe González (recordemos el "qué hay de lo mío, felipe"). Millones de personas (incluso quienes pensaron que lo había hecho admirablemente en su primera legislatura) se volvieron rabiosamente contrarias a la política del PP de "Ansar" en sus últimos años (¿hace falta recordar Irak y las "AMD"?) y, ahora, millones de personas nos dejamos de sentir representadas por Zapatero, en quien, en su día, verdaderamente creímos (y que nos ha respondido cruzándose de brazos).
Recuerdo que en mi paso por la Universidad tuve unas cuantas gordas por ser crítica con la política de Zapatero, porque entre ciertos grupos había tanto simplismo que criticar a Zapatero equivalía para ellos a apoyar al Partido Popular. Claro. Y yo me preguntaba, ¿TAN arraigado está el bipartidismo en España? Repetí y repetí, que estos no eran socialistas, ni izquierdistas. Que eran izquierdosos. Que no hacían la política que yo quería o esperaba. Pero seguía imperando, entre mis compañeros, la POLÍTICA del "conmigo o contra mí". "¿Y entonces qué, PP?". Y a mi me enrabietaba hasta los tuétanos esa actitud.
Ya en 2008 yo criticaba que ZP negase la crisis, para muestra, un botón. Y os puedo asegurar que había una buena panda de "izquierdosos" para quienes simplemente eso era ser "pro-PP". Y ya estaba yo cansada de que la política en España fuese como el fútbol, que o eres del Madrid, o del Barsa, o del equipo de tu pueblo. O del Atleti, tal vez, este último muy loable pero ante el que todo el mundo te responde que si "te gusta sufrir". Creo que hay un claro paralelismo con los partidos políticos (PP-PSOE-regionalistas-minoritarios).
Vuelvo al coche, por la A5, en un atasco. Hablándole a mi chico de política, de la ahora tan renombrada Ley D'hondt, del bipartidismo, de la falta de representatividad, de las tragedias de España... y nos enteramos de la manifestación por la radio, que está teniendo lugar en Madrid, de "unos cuantos miles de indignados por el sistema político". Empezamos a oír hablar del "no nos representan".
Cuando llegamos a casa, es tarde. Organizamos la cena mientras me sigue doliendo España.
Al día siguiente, lunes 16, ví los trending topics de twitter. Indagué, y me enteré de que unos cuantos seguían en Sol, y que había convocada una protesta-asamblea a las 20.00. Estaba feliz. Por fin la gente salía a la calle. Se iba a liar. "Voy para allá, a echar una mano, a ver qué hace falta". Salí lo antes que pude del trabajo, pasé a por mi chico y tiré para Sol.
Cuando llegué, había allí cerca de 300 personas junto a la cristalera de Cercanías. Menuda decepción. En el centro del corrillo, un muchacho con un megáfono. No había forma de oír nada. Se iban proponiendo cosas sobre el movimiento, se hablaba sobre la falta de representación a través de los partidos políticos, sobre la crisis, sobre los políticos. "Mierda, lo que necesitan es megafonía. Así no podemos hacernos oír. Mierda. Tendríamos que ser miles, y aquí no hay ni 500. Qué le pasa a mi generación. Cómo puede ser que no esté todo el mundo en la calle cuando deberíamos estar tomando la Bastilla. Mierda de país. Mierda, mierda, mierda". Se me empezaron a aguar los ojos. Mi chico me agarró la mano. Sabía que me dolía el alma por la decepción. Yo esperaba una "reacción", esperaba poder decirme "por fin".
Cuando nos fuimos, vi que a menos de 70 metros había un "stand" del Partido Popular (en Sol, junto al caballo) con micrófono y altavoces. Con su musiquita y su blablablá. Me dieron ganas de arrancárselo para dárselo a los ciudadanos que intentaban hacerse oír junto a la cristalera. "No tenemos los medios para competir con esto", esto está fallando, no, no, no...
Finalmente deshecha por la falta de asistencia de gente, por "todo lo que la gente pasa de lo que pasa en España", le dije "vámonos". Subimos hacia casa por la calle Preciados. Había allí más gente mirando escaparates que la reunida en Sol. Otro bajón.
El martes 17, desperté y leí que habían desalojado a los acampados de Sol. Y ya me rebelé del todo. A las siete estaba fuera del trabajo yendo hacia el centro. Esto no podía seguir así. Aunque fuésemos sólo 300.

martes, 3 de mayo de 2011

Bodas y despedidas

Resulta que ahora ha llegado el momento en el que todas se han vuelto locas y empiezan a casarse. Y resulta que entre bodas, despedidas y otros compromisos formales no doy abasto. He estado presupuestando y, pese a que acabo de empezar el mes, mi cuenta bancaria ya tiembla con lo que se le viene encima este mes. Y no me quejo, claro, ya se sabe que cuando se trata de mis amigas, a las que adoro, todo me parece poco. Y es que se casa mi hermana, mi Hermana, con la que me llevo apenas año y medio y quien, verdaderamente, es mi hermana-Hermana. Y una buena amiga del colegio, de un grupo de amigas con las que aún comparto amistad y que siempre están ahí cuando las necesitas. Y una gran amiga de la Universidad, tal vez la más lista del grupo, y no es poco que yo diga eso, de estas personas que te ponen los pies en la tierra cuando te hace falta. Cada una es completamente distinta a las otras.
Así que he estado echando cuentas y (ruinas aparte), de aquí a finales de julio, tengo exactamente tres fines de semana "libres". Y eso que la boda de junio me coincide con una fiesta a la que no quiero faltar casi bajo ningún concepto. Así que a ver cómo me apaño, porque uno de esos tres fines de semana que me quedan tendré que organizar una despedida, no de soltera, sino de viajera.
Qué cosas...