domingo, 4 de noviembre de 2012

Y los coches rápidos

Le gustaba fumar tabaco. Le gustaba el café. Y los coches rápidos.
A veces, cuando iba a visitarle, había comprado café de Colombia y, a escondidas, lo sacaba del armario, y ponía a hacerse unas tazas para nosotros. Cerraba siempre los ojos con el primer sorbo, y sonreía. A escondidas, claro, desde que le falló la aorta. Y es que, cuando eso ocurrió, hacía tiempo que debía haber dejado de fumar, desde que le había fallado el estómago. Al final de todo, lo que se lo llevó, fue el hígado.
También le gustaban los ordenadores. Cuando su padre, mi abuelo, decidió ponerse a escribir su libro, fue él quien más insistió en enseñarle a usarlos. Era el cómplice de mi padre para jugar wargames de estrategia en la compu. Le gustaba la Historia, los libros. Muchas veces, con el café, sacaba un libro para contar alguna anécdota, y sonreía.
Y es que, hasta para reírse, él era tranquilo. Tenía una risa chiquita e intensa como un grano de café.
Una vez me contó que había visto a mi hermana Zylgrin adelantarle por la A-6, que tenía que ir muy rápido, para haberle adelantado a él. Me pidió que no lo contara, siempre con ese tono entre el reproche y el juego infantil que le provocaba que alguien hiciera algo que a él le gustaba, aunque lo tuviera prohibido.
No sé si tiene ya sentido guardarle el secreto.
Tal vez siento que cuando uno emigra nunca piensa que nadie pueda osar morirse en su ausencia. Cuando uno migra, se marcha con la sensación de que todo seguirá allí, cuando él vuelva. Cuando uno migra, piensa que lo peor que le puede pasar, es tener que volverse.
Pero el mundo sigue su curso, sin uno.
No sé si es estúpido, pero tengo una sensación entre la tristeza y la ira por eso. Y en realidad no sé con quién estoy enfadada; tal vez con él por haberse ido tan pronto; tal vez conmigo, por haberme ido de allá demasiado pronto. Tal vez con el mundo, por seguir su curso.
Tal vez, simplemente, nunca es buen momento para irse.

domingo, 18 de marzo de 2012

Breve reporte

Sigo viva, y feliz. Sigo en la productora, poco a poco las cosas cambian y se diversidica el negocio, y estoy queriendo ver si acabo de cerrar un proyecto interesante en cine de cara al año que viene. Estoy impartiendo un taller de desarrollo de proyectos cinematográficos y la experiencia docente me está gustando bastante, creo que me comunico con los alumnos aunque a partir de las tres horas siento que me empieza a fallar la voz. También estoy pendiente de un par de cosillas más a nivel profesional, pero no creo que salgan todas, así que tampoco quiero concretar demasiado.
Vinieron mis padres a Costa Rica por un par de semanas y fue delicioso tenerlos aquí, creo que les gustó el país y la gente de la que estoy rodeada, y eso me pone muy feliz. Creo que se quedaron tranquilos de ver cómo iban las cosas por aquí. Estuvimos viajando un poco por el país, fuimos al Rincón de la Vieja a ver la actividad del volcán, pasamos por el Pacífico a que mi padre volviera a bañarse en él después de varias décadas sin verlo, estuvimos en el Arenal viendo más volcán y disfrutando de las aguas termales y después nos fuimos unos días a la costa Caribe con la familia de mi chico para hacer vida familiar. Y después, a organizar y celebrar la boda aquí, que fue tal y como queríamos. Vamos, todo genial.
Después tuve ocasión de ir al Festival de Cine de Guadalajara (la de Mexico), todo fue bastante bien, y además mis colegas allí me trataron como una reina y fueron unos anfitriones guays. Y me traje tequila, chocolate, dulces de picante (!?) y una máscara de luchador de esas horteras para mi chico.
Ahora voy recuperando el ritmo de trabajo en la productora y la máxima novedad es lo del taller que estoy impartiendo que, la verdad, aunque sea trabajo, viene a ser la guindita de la semana que me da energías los sábados.
Por otra parte, mi chico y yo decidimos que al menos un día a la semana íbamos a "no trabajar". Porque esto ya estaba siendo excesivo.
Por lo demás, ha habido algún momento "WTF!" de querer mandarlo todo a la mierda, claro, pero es que sin eso ya me preocuparía estar mutandome o algo.
Todo bien.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Pues va a ser que sí...


Y sin ni una gotitica de sangre de Sierra Leona

:D

lunes, 16 de enero de 2012

Una exiliada feliz

El marido de una de mis mejores amigas de Madrid, hoy ya mi amigo, hacía hoy noche en San José, de paso hacia Tegucigalpa, por trabajo. Me contactó desde España para ver si cenábamos y llevo toda la semana entusiasmada.
Hoy le he visto y el tiempo no ha pasado. Le llegaban las ojeras hasta la sonrisa. Eso: cansado, pero divertido como siempre. Le enseñamos la moto, cenamos una hamburguesota, charlamos de trabajo, de Fraga y del habichuelín que crece ahora dentro de la barriga de mi amiga, su esposa.
Le dejamos en su hotel y nos volvimos a casa.
Me hace sentir mucho más cerca de casa.
Que las distancias no son tantas y el tiempo no importa.
Me hace feliz y me da mucha paz.
Y encima me ha traído queso, turrón y aceitunitas; para acompañar el guijuelo de recebo que me llegó esta semana.
Hoy vuelvo a ser una exiliada feliz.

miércoles, 4 de enero de 2012

Navidad en Costa Rica

Sois varios quienes me habéis preguntado qué tal mis navidades fuera de casa.
Todo bien, chicos, aquí también, cada vez más, está mi casa. He intentado no pensar demasiado que era navidad. Ha sido fácil, porque en San José ha salido en Sol, ha dejado de llover y hay un clima que me recuerda a todo menos al invierno. Además a mediados de diciembre estuvimos en el Caribe, en Puerto Viejo, de ahí es la imagen que os dejo, y esa figurilla que camina en la playa desierta de personas soy yo. Ese atardecer paseamos por playas tan vírgenes que daban pudor, y encontré una poza, en la orilla, en la que vivían pequeños peces de colores. Meti los pies y allí estuve, mirándolos revolotear tranquilamente entre mis tobillos, como media hora. Tranquila, disfrutando. Vimos aves de zancos largos y bandadas de polluelos en tierra. Disfruté muchísimo caminando prácticamente sola por la orilla (prácticamente, con mi chico a lo lejos, echando fotos, como siempre que puede).
Nada más lejos de una estampa navideña, así que la nostalgia no hizo estragos los días previos a navidades.
Y llegaron los días clave.
El día 24 fuimos a cenar con la madre de mi chico (y su pareja, al que he ascendido a "padre honoris causa" de mi chico) y el día 25, invitamos a comer al padre de mi chico y a su esposa, hermano (+1) a casa.
En Nochebuena cocinó el "honoris causa", que es una persona dulce, meticulosa y un tanto ácrata, que estoy aprendiendo a querer mucho. Estuvo todo delicioso, pero fue una comida tan diferente que tampoco me supo a navidades. También comimos tamales que había cocinado mi suegra. Eché de menos las cenas en casa de mi tío Miguel, y a los locos de mis primos haciendo chistes entre verdes y amarillos, a mis primas, mis sobrinos y sobre todo los guisos y las salsas de mi tía Cris y mi madre. Y a mi madre, claro. Pero nada grave, tampoco.
Para el 25 hice un pavo, al horno. Hice el relleno el 24, lo rellenamos, le hicimos un takatekote y lo guardamos, para hacerlo despacio (durante 4 horas) el día 25. Quedó tan rico que no sé si sabré repetirlo en otra ocasión.
En realidad sí noté que me faltaba mi familia pero de forma subconsciente, porque, por primera vez desde que mi familia tica me recibió aquí, en navidades no tenía ganas de verles. Sentía ganas de estar sola con mi chico, de no acercarme a nada que pareciera una familia. Ahora, unos días después, imagino que eso era una (injusta) reacción a que, en realidad, echo de menos estar con mi familia, su forma de ser, su forma de pensar y de sentir, de ver el mundo en general, y no quiero que ese papel intente siquiera suplirlo nadie más.
En nochevieja tomamos las uvas, pero como a las doce y diez de costa rica, y dando las campanadas en una botella de chardonnay espumoso riquísimo que me había regalado la directora de la película que estoy desarrollando y que decidí llevar ese día a compartir con la familia tica. Fue muy bonito que la madre de mi chico se acordara de comprarlas. Y fue genial ver sus caras de alucine tomándose una uva cada cinco segundos, como algo suuuper raro, y mi chico, con el cronómetro, dando cucharadazos en la botella de chardonnay, y olvidándose de dar el duodécimo: él se comió la uva número doce sin darnos el toque, y todos nos quedamos como bobos mirándole como diciendo "¿¡y el 12º chin!? ¡Me salté uno!".
El día 25 subimos a Acosta y, de regreso a San José, estaba el cielo tan estrellado que le hice prometer a JotaPe que me llevaría a ver las estrellas una noche. El 26 volvimos a Acosta, bien abrigados y equipados, y nos detuvimos entre los caminos de cafetales a mirar el cielo. Es hermoso ver estrellas que no se ven en España, pero me dio rabia que no estuvieran algunas de las que yo reconozco con facilidad. Estuvimos mirando el cielo y haciendo fotos, varias horas. Vimos bichejos y escuchamos coyotes. Las luces dispersas de las casas bajas de las montañas, a lo lejos, parecían también estrellas, pero pegadas en la superficie de la tierra.
El 16 de febrero vienen mis padres a visitarme a Costa Rica. No sé cómo explicar el torrente de sensaciones que me produce su visita. Este año es bisiesto, y querían estar conmigo en mi cumpleaños.
Creo que arranco con decisión y energía. Creo que va a ser un gran año. Pero en fin, poco a poco.
Piano, piano, si va lontano.

lunes, 2 de enero de 2012

Pasar a la acción

Un amigo, de aquellos que se quedaron en Madrid, me ha recordado que los propósitos no valen nada si no se traducen en acciones. Sí, es obvio. Pero a mi se me olvida a veces.
Seré muy simple, pero con el cambio de año estoy pasando a la acción. Entre ayer y hoy he llevado a cabo una serie acciones, ninguna exenta de riesgo, para confrontar algunas de las apuestas más importantes para mi este año, tratando de fortalecer mi sentido de la honestidad, coherencia y capacidad de ser consecuente con lo que digo y hago. Para hacer tabla rasa, dejar las cosas claras, ir de frente y dejar de tener miedo a decir, a hacer, a pensar, a sentir.
Me quedo un poco con la sensación de haber puesto las cartas sobre la mesa, y siento el riesgo de que podría perder mucho con los movimientos que he realizado.
Sin embargo, una parte de mi siente un enorme alivio de haberse enfrentado a todos esos miedos, porque ya no tengo esas cargas, ya las apuestas están hechas y deseo con todas mis fuerzas conseguir aquello por lo que he pujado. Y voy a seguir trabajando en ello, cuando merezca la pena, y a dejarlo ir, en los casos en los que descubra que no.
Tengo la esperanza de que puedo ganar muchísimo más de lo que puedo perder. Y creo que lo que puedo ganar merece la pena.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Carta a los Reyes, 2011

PEORES MOMENTOS DE 2011
1.- Despertar en la noche de un golpe, junto a mi chico, en San José, tras soñar que mi padre moría y yo estaba a 8.800 kilómetros. Que el teléfono me despertase, otro día, durante la noche, y temer que les hubiera pasado algo. Despertarme de pesadillas donde algo pasaba a mi madre, o a mi padre, o a mi hermana Zylgrin y su niña, y no saber aún lo que es real y lo que es ficción. Y tener miedo, claro, de que un día pueda no ser un sueño y yo siga aquí, tan lejos. El insomnio.
2.- Los ataques de desconfianza e inseguridad que me producía tener a mi pareja a 400 kilómetros, rodedado de mujeres listas, guapas y simpáticas. La frustración por ser tan imbécil de sentirme así. Discutir, dormir sola en mi cumpleaños, sentirle lejos cuando no se conectaba por skype y había quedado conmigo, cuando apenas hablábamos 5 minutos al día por teléfono. Sentirnos lejos y alejándonos.
3.- Llegar, el 16 de mayo, a la puerta del Sol, tras las concentraciones del día 15. Ver que allí, pese a todo, éramos como doscientas personas. Descorazonarme. Sentir que mi generación estaba muerta políticamente, ver que en la calle Preciados había más gente comprando que concentrados en Sol luchando por una política más justa. Volver a casa, en Plaza de España, junto a mi chico, enfadada con mi genreración, que en vez de estar cortando cabezas políticas estaba comprando en el Zara. El terrible desamparo de ver que sólo eramos 200 los conscientes de que teníamos que ser agentes de cambio para que las cosas cambiaran.
5.- Mirar al atlántico, desde la Pousada de Setúbal, en la preciosísima boda de mi hermana Zylgrin. Saber que mi camino hacia el otro lado, ahora "este lado", estaba definido, saber que iba a irme lejos de todos ellos, saber todo lo que iba a perderme por esta decisión. Sentir que estaba decidido y que allí no había sitio para mi, que no podía hacer nada, porque hiciera lo que hiciera siempre una parte de mi estaría a cada lado del Atlántico.
6.- Que mi ayudante, mi amiga, mi ahijada profesionalmente, me fallase, me traicionase y me negase tres y treintaitrés veces. El desgarro de sentir que mi intención de protegerla de los abusos que yo había sufrido se había vuelto en mi contra. Sentir que a un "aprendiz" no se le puede proteger y cuidar. Que tal vez fuera la mejor opción abusar del entusiasmo de la gente y quemarles, que enseñarles y cuidarles. Que tal vez merecía más la pena ser una hija de puta con mis subalternos que intentar que no se comprometieran más de lo que yo podía pagarles.
7.- Pensar que no sé si volveré a España. Recordar a mi madre, destrozada, los últimos días que estuve allí. No saber si volveré a ver a mi hermana Zylgrin allí, si volveremos a convivir juntas un tiempo, porque ella también va a marcharse de España, tal vez en 2012, y que no sé cuando podré, simplemente, tomarme un café con ella.

MEJORES SENSACIONES DE 2011
1.- Que el bebé de mi hermana fuese bebé. Cuando nos aclararon que el embarazo iba bien, después del susto que pasamos.
2.- Que, al levantarme frustradísima por tener que ir a un trabajo que odiaba, que no era de lo mío, y que sólo servía para "ganar los frijoles", él me abrazara y me mirara, entendiendo, apenado pero orgulloso de que yo fuera suficientemente fuerte para seguir adelante. Esos abrazos eran lo que me hacían levantarme de la cama con buen humor, pasara lo que pasara, con lo complicadas que estaban las cosas en España.
3.- Mis amigas y sus bodas. Los zapatos de todas reunidos en círculo por la boda de Tamara. Mis chicas de la Uni, el 16 de julio, reunidas en torno a Tamara. Reunirme con Ana (La Vaga) en la estación de Santander, tras el viaje en FEVE, y abrazarla tras tanto tiempo. Todas juntas por primera vez en mucho tiempo, y por última en quién sabe cuánto. Mis chicas del Joyfe, Ana, None y Anabel, y su forma de ser, durante la boda de Laura.
4.- Llegar el 17 de mayo a Sol y ver que éramos como dos mil personas. La emoción de que la gente saliera a la calle. La comunión con la gente allí por luchar por algo mejor. Toda esa semana, llegar del trabajo, ir a Sol, sentir que se estaba produciendo algo, que estaba naciendo el impulso para un cambio que yo estaba deseando desde hacía tiempo. Que consiguieran convencerme de que, tal vez, sí serviría la vía pacífica.
5.- Nosotros, en Manuel Antonio, viendo el cielo caerse y los rayos tronar, con unas tapas de queso y aceitunas, en nuestra terracita privada. Nuestros viajes a la montaña, aquí y en Madrid. JotaPe aprendiendo a esquiar hasta no caerse en nuestra pista azul del pirineo francés. El cráter del volcán Poás echando humo a mansalva.
6.- La Mazmorra, mis compañeros de piso, mi hermano Arthegarn, y su capacidad de estar siempre ahí, aunque muchas veces en silencio. Las partidas de Catán, Munchkin y el juego aquel de cartas de matar monstruos en el que era tan fácil hacer trampas. Ana, Ernesto y Arth. Las cenas. Los chuletones. Hasta las extrañas comidas con recetas milenarias de Jaso. Las series, la FOX. En general, la pequeña familia mazmorril. Simplemente, tener de nuevo un lugar que sentía como un hogar, donde respetaban mis tendencias y decisiones, tras tanto tiempo sintiéndome fuera de lugar.
7.- La madurez que ha tomado mi relación con mis padres. Es fantástico.

EXPECTATIVAS (MÁS BIEN DESEOS) PARA 2012
1.- Volver a abrazar a mis padres, a mis hermanos y a mis sobrinos (y demás). Y a La vaga. Conocer a Vicky en persona (y a sus pies). Y que todos estén (y sigan) sanos, claro.
2.- Viajar a España, aunque sea una temporada, y trabajar allí, de lo mío, claro.
3.- Sacar adelante alguno de los proyectos cinematográficos en los que estoy trabajando aquí, de forma independiente, ver resultados, sentir que el genial proceso de creación y gestación que estoy viviendo se acaba de materializar en algo que produce emociones al mundo.
4.- Que mi ex y yo podamos llevarnos bien. Más bien que él pueda llevarse bien conmigo. Mi parte está hecha.
5.- Que, cuando mis padres vengan a Costa Rica, lleguen a entender un poquito ese país, a quererlo un poco y, sobre todo, aprendan a querer a mi familia tica.
6.- Seguir viajando, aquí y fuera, y conociendo gente, mundo, y formas.
7.- Que el proyecto personal que he emprendido aquí siga adelante y se fortalezca cada vez más.