Los periodistas contamos historias. Así es, así ha sido siempre y esperemos que así siga siendo y que no nos coma el institucionalismo sedentario.
Ya sabéis, sedentario, de estar sentado, me explique, pegado al asiento con la adherencia de la rutina, soldados con pereza al teléfono y la pantalla, con los dedos como ventosas sobre las teclas, sin ver, sin mirar, escuchar, oler y palpar la realidad de la que hablamos.
Ahora que, ya se sabe; aquí, cada uno va a su historia y la historia está en sopesar la veracidad de las histerias de quienes desean asediarte con sus historias. Descifrando trabalenguas: si quieres dormir por las noches, no adaptes la frase cristiana al "dejad que las fuentes se acerquen a mí". Mas bien yo tiraría por las de "desconfía del lisonjero", que ya se que son más duras, más del Antiguo Testamento, más de lo que tenemos en común judíos, musulmanes y cristianos que de lo que nos separa... Lo que afirma mi afirmación, vamos, valga la rebuznancia: más en común, más universal, más "que vale para todos los hombres".
Esta desconfianza yo la estoy desarrollando ahora. Tenemos una enorme responsabilidad y las letras impresas no hay forma de cambiarlas: se pueden tachar, se pueden glosar, pueden ser reinterpretadas o, incluso, rectificadas. Pero ahí quedan, no se las lleva el viento, y afectan a las personas con las que trabajamos.
Toda fuente tiene un interés cuando acude a tí. Hasta la más desinteresada. Tú serás más fuerte mientras más profundo sea tu conocimiento sobre sus intereses. No te quedes en lo superficial, indaga, ábrele las entrañas y observa lo que lleva por dentro. Por mucha lástima que te de, aunque parezca una víctima, indaga, aunque parezca un amigo: usa el escalpelo y ábrele el pecho antes de escribir palabras que puedan llevar tu incisión contra tus propias venas. "Frialdad, distancia", es lo que nos dicen en la carrera. Yo creo que se refieren a esto. No sólo a no involucrarte para no sufrir (consejo que personalmente no comparto porque prefiero seguir sintiéndome humana) sino gozar de cierta esquizofrenia que te permita empatizar y desgranar intenciones de forma simultánea. Por mucha lástima que pueda darte, repito, o muy injusta que parezca su situación. Una vez que llegas hasta ahí, hasta la comprensión de su desgracia, detente y analiza.
Esta reflexión es la más destacada de las últimas semanas. Brota de varios casos, desde la denuncia de una familia que perdió a un sexagenario, según ellos, por la lentitud de los sistemas de emergencia; hasta un grupo de jóvenes agredidos por neonazis en los últimos días. No considero que haya hecho un a mala información. Como dice mi jefa, nada de lo que cuento es mentira. Pero si algo he aprendido en este tipo de casos es a tomar distancia y a no tener miedo a las fuentes: ni de lo que digan, ni de lo que no digan, ni de lo que se enfaden por haber dicho. SIEMPRE hay intereses, por muy justa que te parezca su causa, que no deben cegarte porque te parezca justa. Sobre todo en casos de denuncia a los sistemas públicos.
miércoles, 29 de agosto de 2007
martes, 14 de agosto de 2007
De las historias de delitos
Hoy resulta que me llaman para hacer un textillo sobre robos a salas de juegos. Una cosa fácil, tengo una enorme nota de prensa de la Poli y sólo tendría que redactarlo un poco mono, pero no puedo evitar querer más porque el medio lo merece y, que hevos, para eso me pagan a mí y no ponen sólo la nota de prensa...
Dadas mis experiencias con la policía y la hora del encargo (las tres de la tarde, con los gabinetes cerrados) pienso cómo enriquecerla. "Buscando el toque humano", m digo. Es otra de las primeras lecciones de periodismo. Sé que la banda maltrataba con violencia a los dependientes de los locales de juego, les busco y consigo dar con una sala de juegos a la que habían atracado. Me confirman parte de la información, pero no me pueden dar más datos sin hablar con un superior. Voy de superior en superior, y cuando llego al encargado, me dice que me llama a lo largo de la tarde para darme más información. Espero hasta las 18:00 hasta llamar e insistirle, y me dice que los jefes no le dejan hablar. Le insisto y el hombre quiere hablar, le digo que no cito fuentes y se convence, me dice que va a insistirle al jefazo, que hablamos en 20 minutos. Espero media hora para llamarle, que estaba conduciendo y aún no había podido hablar con su jefazo. Vaaale. Otros 20 minutos y me dice que no me pude decir más, al menos no mucho más de lo que ya tenía, vamos...
Vamos que he hecho una mierda de trabajo. Se hace la hora de enviar la información, y la redacto con lo que tengo y la nota de prensa, tratando de darle algo de estilo y reportajear un poco. Me sale una seudocrónica mediocre y la envío.
Total, ante la insatisfacción con mi trabajo de búsqueda, sólo me quedó el de redacción, esa fue una lección que aprendí cuando me mandaron redactar la anterior "detención policial" de peña por mi zona. Si tienes que tirar de poco más que unas notas de prensa, al menos cúrrate un poco el texto, aunque tengas la presión del cierre. Así tu fracaso no será absoluto. Bien, he aquí la que creo que es la cuarta lección de periodismo, que he aprendido gracias a este fracaso a 2/3:
A nunca depender de una fuente (sic), cosa clara pero que a veces se olvida cuando te afirman y requeteafirman que te van a dar la información. Ni caso, no te fíes ni de tu padre. Llamar a mil sitios. Sé que han robado en 15 salas de juego de la Comunidad de MAdrid, pues busco todas las que haya y llamo, si hace falta, a todas, de una en una, hasta que de con varias de las afetadas. Después insisto en todas. Y trazo mi mapa informativo. Mi lección de hoy, dejar atrás la vergüenza de la incertidumbre, del llamar a un sitio y que te digan, no, aquí no nos han robado, y no perder la speranza por doscientos noes. Ya habrá un sí. Insistir, ser constante, no querer ir sólo a lo seguro y enfrentarme a doscientas llamadas si hace falta hasta conseguir dos fuente más, que me permita no depender de una sóla para hacer la historia humana. Mejor que sobre información que, como es el caso, te quedes con la sensación de que has perdido una gran Historia.
Dadas mis experiencias con la policía y la hora del encargo (las tres de la tarde, con los gabinetes cerrados) pienso cómo enriquecerla. "Buscando el toque humano", m digo. Es otra de las primeras lecciones de periodismo. Sé que la banda maltrataba con violencia a los dependientes de los locales de juego, les busco y consigo dar con una sala de juegos a la que habían atracado. Me confirman parte de la información, pero no me pueden dar más datos sin hablar con un superior. Voy de superior en superior, y cuando llego al encargado, me dice que me llama a lo largo de la tarde para darme más información. Espero hasta las 18:00 hasta llamar e insistirle, y me dice que los jefes no le dejan hablar. Le insisto y el hombre quiere hablar, le digo que no cito fuentes y se convence, me dice que va a insistirle al jefazo, que hablamos en 20 minutos. Espero media hora para llamarle, que estaba conduciendo y aún no había podido hablar con su jefazo. Vaaale. Otros 20 minutos y me dice que no me pude decir más, al menos no mucho más de lo que ya tenía, vamos...
Vamos que he hecho una mierda de trabajo. Se hace la hora de enviar la información, y la redacto con lo que tengo y la nota de prensa, tratando de darle algo de estilo y reportajear un poco. Me sale una seudocrónica mediocre y la envío.
Total, ante la insatisfacción con mi trabajo de búsqueda, sólo me quedó el de redacción, esa fue una lección que aprendí cuando me mandaron redactar la anterior "detención policial" de peña por mi zona. Si tienes que tirar de poco más que unas notas de prensa, al menos cúrrate un poco el texto, aunque tengas la presión del cierre. Así tu fracaso no será absoluto. Bien, he aquí la que creo que es la cuarta lección de periodismo, que he aprendido gracias a este fracaso a 2/3:
A nunca depender de una fuente (sic), cosa clara pero que a veces se olvida cuando te afirman y requeteafirman que te van a dar la información. Ni caso, no te fíes ni de tu padre. Llamar a mil sitios. Sé que han robado en 15 salas de juego de la Comunidad de MAdrid, pues busco todas las que haya y llamo, si hace falta, a todas, de una en una, hasta que de con varias de las afetadas. Después insisto en todas. Y trazo mi mapa informativo. Mi lección de hoy, dejar atrás la vergüenza de la incertidumbre, del llamar a un sitio y que te digan, no, aquí no nos han robado, y no perder la speranza por doscientos noes. Ya habrá un sí. Insistir, ser constante, no querer ir sólo a lo seguro y enfrentarme a doscientas llamadas si hace falta hasta conseguir dos fuente más, que me permita no depender de una sóla para hacer la historia humana. Mejor que sobre información que, como es el caso, te quedes con la sensación de que has perdido una gran Historia.
domingo, 12 de agosto de 2007
De los grandes monstruos del periodismo y las víctimas
El viernes por la tarde, mientras me encontraba en Alcalá, siguiendo la noticia del incendio, de la que, por cierto, conseguí bastante información y afianzar mis fuentes, me llamó mi jefa para decirme que un enorme periodista (al que llamaré en adelante y con humor Dubidei), uno de los jefes de redacción del medio, me iba a llamar a lo largo de la tarde para decirme que siguiera el caso de Escarlin. A pesar de que el suceso se había producido en mi "jurisdicción", el corredor del Henares, yo estaba feliz de no cubrirlo, después de la experiencia del lunes en el tanatorio con la familia de Cristina no me apetecía volver a otro y menos por una niña. Además, era un suceso de interés nacional y lo había cubierto otro conocido periodista de sucesos, y , al que en adelante llamaré Grissom por lo que me parece un enorme interés por las pistas policiales y por saber (al menos la teoría) de cómo se truca una pistola de 8mm de fogueo para que dispare balas reales de 6.35 mm. Uau.
Dada la enormidad de Dubidei, el tremendo orgullo que sentí de poder acercarme al tema y mi deseo de dar otro enfoque a la información, -menos policial, más de encontrar lo que algunos llaman "la historia", lo que queremos contar, la mujer, el hombre, la relación, los trucos, los engaños, las mentiras y los peligros de lo que me parecía (y parece) un claro caso de violencia doméstica, aunque se diese más allá de los muros del hogar- dije que sí, claro, gracias, jefa.
Volví a casa, de nuevo acojonada, y mientras me documentaba me llamó Dubidei, que estaban él y Grissom en el tanatorio de torejón. Yo no esaba (fuck! como diría tarantinanamente), pensaba ir directamente al entierro a la mañana siguiente. Tras colgar, se me ocurrió que a lo mejor conocía a alguien de los que estaban allí, y mi madre, que es un tesoro, me acercó al tanatorio.
Dos visitas al tanatorio en una semana y comencé a temer que se me pegara el olor del desgarro que allí se respira, y que percibes más claramente cuando tú no eres el desgarrado y observas la tragedia como un pájaro desde un poste.
Literatura aparte, allí esaban, Dubidei y Grissom, el primero sin duda una eminencia y ambos probablemente dos de los periodistas de sucesos más leídos de España, de los "perros" más grandes y con más mano izquierda a la hora de tratar con la muerte. No tengo cojones, chicos, pero se me pusieron de corbata.
Dubidei hablaba menos, fumaba más, era más duro. Grissom no quería irse sin su noticia. Mi primera impresión, al ver lo que me pareció frialdad disfrazada fue de decirme
"Yo creyendo que iba encontrar a dos monstruos del periodismo y me he encontrado simplemente a dos monstruos"
Esa noche no conseguimos nada. A mi modo de ver, la familia estaba demasiado afectada y me pareció que fueron/fumos poco empáticos y que la familia estaba demasiado hasta las narices de la prensa como para tratar de hacerles entender que quieres hacer una información seria porque trabajas en un medio serio y eres uno de los grandes monstruos del periodismo de sucesos.
He pensado mucho sobre esa noche y creo que la lección número 3 que aprendí es: nunca te confíes, se sagaz, cuidadoso con los damnificados, exprésales tu condolencia y no pierdas de vista que están desgarrados, que te están haciendo un favor (a tí y a tus lectores) ejerciendo de fuentes, trata de hacerles ver cómo el hecho de que cuenten su historia puede tal vez ayudar a muchos, si es lo que quieres, si lo que importa es reflejar la sociedad piensa en lo que puedes hacer para que esa persona entienda lo importante de tu misión, de la suya, de vuestra misión juntos. Hay veces que jurar que se quieren hacer las cosas bien no es suficiente y creo que hay damnificados que necesitan. No digas nada que pueda agredirles: es muy probable que ellos estén deseando que su caso NO SEA NOTICIA. Ni media excusa. Y se cuidadoso, no te dejes ninguna puerta cerrada antes de haberla cruzado.
Todo esto lo digo, respetando y entendiendo que, tal vez, después de 20 años trabajando en sucesos y con el olor del desgarro pegado a tu piel, llegues a la conclusión de que lo mejor es no empatizar en absoluto, llamando, eso sí, al pan pan y al vino vino. Tal vez de hecho sea la mejor opción, no lo sé, por algo son esto reflexiones de una periodista prematura. Pero francamente espero que por muchas ganas que me den de mirar a las víctimas sin empatizar (entendamos el significado de Empatizar, es algo gordo que hacer con un desgarrado), que por muchas ganas que me den de que su dolor no pueda tocar siquiera mi piel, que por muchas ganas que tenga de "hacer mi trabajo", nunca, jamás, se me quite el gusanillo a la hora de exprimir la historia de alguien que acaba de perder a un ser querido.
Dada la enormidad de Dubidei, el tremendo orgullo que sentí de poder acercarme al tema y mi deseo de dar otro enfoque a la información, -menos policial, más de encontrar lo que algunos llaman "la historia", lo que queremos contar, la mujer, el hombre, la relación, los trucos, los engaños, las mentiras y los peligros de lo que me parecía (y parece) un claro caso de violencia doméstica, aunque se diese más allá de los muros del hogar- dije que sí, claro, gracias, jefa.
Volví a casa, de nuevo acojonada, y mientras me documentaba me llamó Dubidei, que estaban él y Grissom en el tanatorio de torejón. Yo no esaba (fuck! como diría tarantinanamente), pensaba ir directamente al entierro a la mañana siguiente. Tras colgar, se me ocurrió que a lo mejor conocía a alguien de los que estaban allí, y mi madre, que es un tesoro, me acercó al tanatorio.
Dos visitas al tanatorio en una semana y comencé a temer que se me pegara el olor del desgarro que allí se respira, y que percibes más claramente cuando tú no eres el desgarrado y observas la tragedia como un pájaro desde un poste.
Literatura aparte, allí esaban, Dubidei y Grissom, el primero sin duda una eminencia y ambos probablemente dos de los periodistas de sucesos más leídos de España, de los "perros" más grandes y con más mano izquierda a la hora de tratar con la muerte. No tengo cojones, chicos, pero se me pusieron de corbata.
Dubidei hablaba menos, fumaba más, era más duro. Grissom no quería irse sin su noticia. Mi primera impresión, al ver lo que me pareció frialdad disfrazada fue de decirme
"Yo creyendo que iba encontrar a dos monstruos del periodismo y me he encontrado simplemente a dos monstruos"
Esa noche no conseguimos nada. A mi modo de ver, la familia estaba demasiado afectada y me pareció que fueron/fumos poco empáticos y que la familia estaba demasiado hasta las narices de la prensa como para tratar de hacerles entender que quieres hacer una información seria porque trabajas en un medio serio y eres uno de los grandes monstruos del periodismo de sucesos.
He pensado mucho sobre esa noche y creo que la lección número 3 que aprendí es: nunca te confíes, se sagaz, cuidadoso con los damnificados, exprésales tu condolencia y no pierdas de vista que están desgarrados, que te están haciendo un favor (a tí y a tus lectores) ejerciendo de fuentes, trata de hacerles ver cómo el hecho de que cuenten su historia puede tal vez ayudar a muchos, si es lo que quieres, si lo que importa es reflejar la sociedad piensa en lo que puedes hacer para que esa persona entienda lo importante de tu misión, de la suya, de vuestra misión juntos. Hay veces que jurar que se quieren hacer las cosas bien no es suficiente y creo que hay damnificados que necesitan. No digas nada que pueda agredirles: es muy probable que ellos estén deseando que su caso NO SEA NOTICIA. Ni media excusa. Y se cuidadoso, no te dejes ninguna puerta cerrada antes de haberla cruzado.
Todo esto lo digo, respetando y entendiendo que, tal vez, después de 20 años trabajando en sucesos y con el olor del desgarro pegado a tu piel, llegues a la conclusión de que lo mejor es no empatizar en absoluto, llamando, eso sí, al pan pan y al vino vino. Tal vez de hecho sea la mejor opción, no lo sé, por algo son esto reflexiones de una periodista prematura. Pero francamente espero que por muchas ganas que me den de mirar a las víctimas sin empatizar (entendamos el significado de Empatizar, es algo gordo que hacer con un desgarrado), que por muchas ganas que me den de que su dolor no pueda tocar siquiera mi piel, que por muchas ganas que tenga de "hacer mi trabajo", nunca, jamás, se me quite el gusanillo a la hora de exprimir la historia de alguien que acaba de perder a un ser querido.
sábado, 11 de agosto de 2007
De datos y contrastes
Pipiola, sí, así me ví cuando la suerte me visitó de nuevo y me ofrecieron colaborar, de forma eventual, en la sección local de uno de los periódicos más importantes de España. "Serán sólo breves", pensé, y al mes comenzaron a salir en las letras impresas algo más que mis iniciales. Compréndanme, me espanta. Se me viene grande, enorme, y aún cuando ya he publicado media docena de cosas que van más allá de un breve en el diario, no me acostumbro al peso de esas letras impresas. Veintitrés añitos, me digo, y lo último que quiero es que algún compañero me pregunte, oye, ¿eres tú? Y yo me pregunto, como en el chiste, ¿seré yo, maestro?
No me malinterpreten, valoro la oportunidad, pero me espanta, por la responsabilidad y por las perspectivas (humanas). Porque siento que no lo merezco, que soy muy joven, que habría cientos, si no miles; que querrían estar en mi pellejo.
Fue horrible tener que contactar con el padre de un niño que murió electrocutado en Coslada hará un mes, ¿recuerdan la noticia? Yo sí. Creo que la recordaré muchos, muchos años. Se llama Salvador, y el niño se llamaba Fernando. Y sabéis lo terrible que soy yo con los nombres.
Esta semana, en la que he trabajado con más ahínco, ha sido dura, señores, muy dura. Tanto que me ha hecho abrir una nueva categoría para poder dejar de dar la lata a mi madre soltándole a ella todos mis temores e inquietudes.
Para los eventuales, sólo hablaré de periodismo, y de mí, y de periodistas, y de personas. A veces habrá cosas malas, a veces buenas, espero.
El lunes por la mañana desperte y una mujer (Crstina) había muerto en un incendio en Alcalá. Me fui a cubrirlo y, sin demasiado esfuerzo, preguntando a los vecinos y pasando frente al edificio vacío un par de horas, conseguí enterarme de mil cosas, todos se asombraban de que la mujer estuviera en el 12 cuando ella vivía en el 11, y algunos contestaba, "es que había subido a avisar por los timbres..." y los otros "ay, qué pena". Tener una oreja a cada lado, la casualidad de las conversaciones y la suerte, me hicieron tener lo que mi jefa denominó una "exclusivilla". Que la mujer murió por entretenerse en avisar a sus vecinos. Por la tarde, a "recomendación" de mi jefa, fui al tanatorio a tratar de hablar con la familia.
¿Parece fácil? ¿No? No lo parece, claro. Pues con la cantidad de cosas difíciles que parecen fáciles, imagínense lo difíciles que serán estas cosas que per se parecen difíciles. Con tacto, logré hablar con la hermana y el cuñado de la pobre Cristina. Me acerqué a ellos teniendo en cuenta que de ninguna forma podía incurrir en el morbo.
Mis jefes me dieron cuatro columnas.
No dormí en toda la noche, pensando que todo lo había hecho mal. Señores, no es una exclusiva, sólo pregunté, pasé iempo allí y, fíjense, contrasté datos.
Datos. Señores, si quieren flipar de la mierda de periodismo que se puede llegar a hacer sigan leyendo.
El martes publiqué que la mujer que estaba ingresada grave en el hospital de la Paz era Nuria, vecina del 12, yendo a contracorriente de todos los medios que decían que era del 8ºD. El lunes por la mañana el concejal de seguridad había dicho que la ingresada vivía en el octavo D. Los vecinos decían que no. Me encontré con una chica que me dijo que se había encontrado con la hermana de la chica ingresada, y que me dio datos. También hallé a unos hombres que venían a indagar de parte del padre de la ingresada, ya que él estaba en marruecos y querían saber cosas para informarle de la desgracia. Hablé, contrasté, pregunté, cotejé los datos con el informe policial (que sólo daba las iniciales) y todos los datos me llevaban a la chica del 12, menos los de las "fuentes municipales". Las agencias de comunicación sacaron que era la del 8ºD, ergo todos los medios detrás, como borregos.
Coño, lección número 1de 1º de periodismo: contrastar las fuentes, ¿NO? Creo que en la primera clase de la carrera, la primera de todas las primeras, que impartió José María Calleja, ya se nos explicó que había que contrastar las fuentes. Pero todos, todos, fueron detrás de Europa y Efe como si ná.
¿Os suena una niña de año y medio muerta, asesinada por su propio padre, en presencia de la madre en Torrejón de Ardoz, en un parque? Alguien ha visto la noticia? ¿Sí? ¿Alguien sabe cómo se llamaba la pobre criatura?
Bien. Pues no se llamaba "Starling" como han publicado todos los grandes medios españoles. Se llama Escarlin.
Lección número 2: Ante la ignorancia no vayas de listo, pregunta, es tu trabajo. Y si suena raro, pide que te deletreen. No es un crimen y da rigor a la información.
Es una gilipollez, pero ¿os podéis imaginar el cabreo de la familia ante la cruel ignorancia de la prensa? Que vamos de listos, chicos, y ni del nodo nos enteramos. Yo no lo supe hasta que lo leí en la lápida, como todo el mundo lo decía (ABC EL MUNDO EL PAIS EUROPA PRESS EFE ANTENA3 TELECINCO LA SER en fin chicos, todo el mundo) pues pensé que era Starling. Algunos dirán "dos letras, no es para tanto". No es lo mismo, para mí no puede serlo, si fuese mi hija, dios no lo quiera, para mí no podría ser lo mismo. No sé, para mí es cuestión de respeto no? Tal vez esa sea mi lección número 3, el respeto. Respeto a las víctimas, no arroyar, empatizar, comprender, ayudar. No somos buitres, se supone que nos importan más las personas que la carroña.
Pero de eso ya os hablaré en mi próximo post que, sin duda, hablará de mi experiencia en el tanatorio con la familia de la pequeña Escarlin y con los dos periodistas con los que estuve, dos de los considerados grandes monstruos del periodismo de sucesos.
Mañana más.
No me malinterpreten, valoro la oportunidad, pero me espanta, por la responsabilidad y por las perspectivas (humanas). Porque siento que no lo merezco, que soy muy joven, que habría cientos, si no miles; que querrían estar en mi pellejo.
Fue horrible tener que contactar con el padre de un niño que murió electrocutado en Coslada hará un mes, ¿recuerdan la noticia? Yo sí. Creo que la recordaré muchos, muchos años. Se llama Salvador, y el niño se llamaba Fernando. Y sabéis lo terrible que soy yo con los nombres.
Esta semana, en la que he trabajado con más ahínco, ha sido dura, señores, muy dura. Tanto que me ha hecho abrir una nueva categoría para poder dejar de dar la lata a mi madre soltándole a ella todos mis temores e inquietudes.
Para los eventuales, sólo hablaré de periodismo, y de mí, y de periodistas, y de personas. A veces habrá cosas malas, a veces buenas, espero.
El lunes por la mañana desperte y una mujer (Crstina) había muerto en un incendio en Alcalá. Me fui a cubrirlo y, sin demasiado esfuerzo, preguntando a los vecinos y pasando frente al edificio vacío un par de horas, conseguí enterarme de mil cosas, todos se asombraban de que la mujer estuviera en el 12 cuando ella vivía en el 11, y algunos contestaba, "es que había subido a avisar por los timbres..." y los otros "ay, qué pena". Tener una oreja a cada lado, la casualidad de las conversaciones y la suerte, me hicieron tener lo que mi jefa denominó una "exclusivilla". Que la mujer murió por entretenerse en avisar a sus vecinos. Por la tarde, a "recomendación" de mi jefa, fui al tanatorio a tratar de hablar con la familia.
¿Parece fácil? ¿No? No lo parece, claro. Pues con la cantidad de cosas difíciles que parecen fáciles, imagínense lo difíciles que serán estas cosas que per se parecen difíciles. Con tacto, logré hablar con la hermana y el cuñado de la pobre Cristina. Me acerqué a ellos teniendo en cuenta que de ninguna forma podía incurrir en el morbo.
Mis jefes me dieron cuatro columnas.
No dormí en toda la noche, pensando que todo lo había hecho mal. Señores, no es una exclusiva, sólo pregunté, pasé iempo allí y, fíjense, contrasté datos.
Datos. Señores, si quieren flipar de la mierda de periodismo que se puede llegar a hacer sigan leyendo.
El martes publiqué que la mujer que estaba ingresada grave en el hospital de la Paz era Nuria, vecina del 12, yendo a contracorriente de todos los medios que decían que era del 8ºD. El lunes por la mañana el concejal de seguridad había dicho que la ingresada vivía en el octavo D. Los vecinos decían que no. Me encontré con una chica que me dijo que se había encontrado con la hermana de la chica ingresada, y que me dio datos. También hallé a unos hombres que venían a indagar de parte del padre de la ingresada, ya que él estaba en marruecos y querían saber cosas para informarle de la desgracia. Hablé, contrasté, pregunté, cotejé los datos con el informe policial (que sólo daba las iniciales) y todos los datos me llevaban a la chica del 12, menos los de las "fuentes municipales". Las agencias de comunicación sacaron que era la del 8ºD, ergo todos los medios detrás, como borregos.
Coño, lección número 1de 1º de periodismo: contrastar las fuentes, ¿NO? Creo que en la primera clase de la carrera, la primera de todas las primeras, que impartió José María Calleja, ya se nos explicó que había que contrastar las fuentes. Pero todos, todos, fueron detrás de Europa y Efe como si ná.
¿Os suena una niña de año y medio muerta, asesinada por su propio padre, en presencia de la madre en Torrejón de Ardoz, en un parque? Alguien ha visto la noticia? ¿Sí? ¿Alguien sabe cómo se llamaba la pobre criatura?
Bien. Pues no se llamaba "Starling" como han publicado todos los grandes medios españoles. Se llama Escarlin.
Lección número 2: Ante la ignorancia no vayas de listo, pregunta, es tu trabajo. Y si suena raro, pide que te deletreen. No es un crimen y da rigor a la información.
Es una gilipollez, pero ¿os podéis imaginar el cabreo de la familia ante la cruel ignorancia de la prensa? Que vamos de listos, chicos, y ni del nodo nos enteramos. Yo no lo supe hasta que lo leí en la lápida, como todo el mundo lo decía (ABC EL MUNDO EL PAIS EUROPA PRESS EFE ANTENA3 TELECINCO LA SER en fin chicos, todo el mundo) pues pensé que era Starling. Algunos dirán "dos letras, no es para tanto". No es lo mismo, para mí no puede serlo, si fuese mi hija, dios no lo quiera, para mí no podría ser lo mismo. No sé, para mí es cuestión de respeto no? Tal vez esa sea mi lección número 3, el respeto. Respeto a las víctimas, no arroyar, empatizar, comprender, ayudar. No somos buitres, se supone que nos importan más las personas que la carroña.
Pero de eso ya os hablaré en mi próximo post que, sin duda, hablará de mi experiencia en el tanatorio con la familia de la pequeña Escarlin y con los dos periodistas con los que estuve, dos de los considerados grandes monstruos del periodismo de sucesos.
Mañana más.
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