lunes, 8 de noviembre de 2010

Good Riddance

Debía tener trece o catorce años la primera vez que escuché Good riddance, gracias a un amigo, Nakaly, que en un viaje a Gran Canaria me descubrió Nimrod y muchísimas cosas más. Entre ellas, me llevó a caminar por primera vez por un desierto. Nos cayó la tarde allí tirados, entre dunas, hablando de lo divino y, sobre todo, de lo humano. Quien me conoce sabe lo que es para mi el desierto. El camino, la soledad, las expectativas, una duna detrás de otra duna. Parece increíble, pero hace media vida ya de aquello. Para mi Good Riddance sigue siendo una forma de tomarse la vida. Absolutamente mutable, pero acaba bien, sin razón.
El último sábado de octubre, caminando por las Bardenas Reales, en Navarra, me agarró de nuevo. Mucho más sutil, más desgastado, menos puro en definitiva. Tampoco es que las Bardenas sea desértico, pero tiene sus reminiscencias de aquello.
Hay algo que me impide creerme que todo pase, pese a todo. Tal vez pienso demasiado en el tiempo. Estoy intentando comprender que cada momento es eterno. Que permanece para siempre, como la caminata por Maspalomas con Nakaly. Trato de entender que, a su vez, cada momento es pasajero e irrepetible. Pero hay tiempos en los que detesto pensar que ese momento, ese en concreto, pueda llegar a acabarse y perderse. Y no entiendo muy bien por qué creo que el paso del tiempo supone pérdida, cuando el tiempo me ha demostrado que los momentos que merecen la pena permanecen en tí hasta que mueres o son superados por otros.
Ese fin de semana me ha dado un puñado de recuerdos de aquellos. Recuerdos como charlar y reír bajo la lluvia nocturna, por las calles de Pamplona; para llegar a casa calada de agua y felicidad hasta los huesos; después de cenar en pareja. En realidad no necesito mucho. Las olas romper en San Sebastián. Las tumbas de soldados sin nombre en el cementerio de los ingleses. Reflexiones al aire. Hay ciertas conexiones que se establecen solas, como si fueran magnéticas. O existen, o -simplemente- no existen. Creo que huelga daros más explicaciones.
Es difícil tomar esa actitud que dice Billie Joe Amstrong de tatoos of memories and dead skin on trial, y seguir el viaje hacia otro sitio. Y mientras más vieja me hago, más me cuesta recordar que for what it's worth it was worth all the while.

2 comentarios:

Laura dijo...

Nunca subestimes las palabras de Billie Joe. En cualquier momento pueden volver a ti y golpearte.

M. San Felipe dijo...

Me ha encantado leer el post escuchando la canción